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La actual Constitución entiende los derechos como algo que se compra

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Yuc Ramón Kong, médico emergenciólogo de la U. de Chile, ha vivido in situ la crisis sanitaria, denunciando activamente en redes sociales (@doctor911_cl) y programas de televisión las falencias de nuestro sistema de salud. Está evaluando si postulará como constituyente, pero de hacerlo irá “con todo sino pa’ qué”.

Entrevista con Yuc Ramón Kong.

Después del plebiscito se instaló una especie de división pueblo / élite entre los chilenos. ¿Cómo se sitúa el gremio de los médicos dentro de esa división con miras a participar en la convención constituyente?  

@doctor911_cl: Es complejo responder en términos grupales, pero el colegio médico hoy está presidido por Izkia Siches que representa a la mayoría de los médicos que tienen una visión más social, más comunitaria, lejos de esa posición paternalista que se relaciona con la élite. Quienes tienen grados universitarios o de postítulo pertenecemos a una elite académica pero que tiene poca relación con esa élite que ha concentrado el poder durante toda la historia y que ha ido heredando privilegios de generación en generación. Haría una distinción entre quienes se destacan en un quehacer académico, deportivo o de otra índole (y por eso puedan ser considerados como cierto tipo de elite), con aquellos que pertenecen a una élite aristocrática, política y de poder. Respecto a la “élite médica”, en la actualidad se está planteando un cambio de actitud respecto al rol, siendo parte de equipos de trabajo más horizontales, compartiendo con la población y entendiendo al paciente como parte del equipo. 

¿Esa visión más comunitaria los acerca a la política?

@doctor911_cl: La medicina es servicio público. La dimensión de una persona no solo trasciende su salud física, sino que implica el completo bienestar biológico, psicológico y social. La vida saludable no es solo el medicamento, no es solo el hospital, no es solo el tratamiento. Es la prevención, la promoción, son los hábitos saludables, son los horarios de descanso, las vacaciones, una jubilación que te permita estar tranquilo, el tener tiempo con la familia. Todos esos son componentes terminan llevándote a la política, porque las decisiones de las autoridades impactan directamente en ellos. Como persona es lógico que uno termine más ligado a ese mundo cuando quiere incidir en dichos asuntos.

Dentro de esa mirada social, ¿en qué aspecto se podría mejorar la participación ciudadana en nuestro sistema de salud? 

@doctor911_cl: La participación ciudadana dentro del sistema es algo que actualmente no ocurre mucho. Están los gremios, están los sindicatos, pero no existe una participación plena de la gente en la agenda de salud. Sin embargo, hoy tenemos esta tremenda puerta que es la nueva constitución, en donde se deberán escuchar las necesidades de todos los pacientes, que al final somos todos. 

Actualmente la salud es uno de los temas más criticados de la Constitución, porque amparada en la “libertad de elegir” normaliza un sistema que segrega entre ricos y pobres. ¿Cuál sería la propuesta para cambiar esta lógica? 

@doctor911_cl: Efectivamente la actual constitución te permite escoger entre un sistema público o privado que depende de tu capacidad adquisitiva, y por tanto esa “libertad” sólo es posible para quienes tienen más dinero. Actualmente los derechos no son inherentes a las personas, sino que se compran. Vivimos en un país en que hay que rascarse con las propias uñas y por eso la propuesta en una nueva constitución es ir más allá de la libertad de elegir, cambiando ese espíritu individualista a un modelo en que la comunidad y el Estado tengan una responsabilidad mayor hacia sus ciudadanos, asegurando mayores garantías en el acceso igualitario a la atención, los tratamientos y las oportunidades en salud. Lo que nosotros promulgamos en Colmed (Colegio Médico de Chile) es un seguro único universal como línea base para todos, y si alguien quiere y puede ir a la clínica más top con la hotelería más top pagando más, que lo haga, pero dentro de un sistema que integre lo privado y lo público sin que nadie se desentienda de las prestaciones para toda la comunidad.

¿Crees que la experiencia de la Pandemia impactará en los contenidos de la Nueva Constitución? 

@doctor911_cl: Creo que absolutamente sí, un rotundo sí.  La pandemia y las consecuencias económicas de las cuarentenas nos mostró una radiografía de cómo vivimos los chilenos, que para políticos y personas que conducen el país les parecía desconocido. Nuestras propias autoridades se mostraron sorprendidas al enfrentarse a los niveles de hacinamiento con que viven las familias, la realidad de la salud de las regiones y el desamparo que tienen nuestros compatriotas. En la Región Metropolitana se evidenció la brecha entre la mortalidad y el número de enfermos graves según el nivel de ingreso de las diferentes comunas. Este año quedó al descubierto un Chile diametralmente distinto para ricos y pobres. No es posible seguir creyendo que basta con el esfuerzo individual para acceder a salud, vivienda o jubilación digna, cuando el 50% de tu población gana menos de 400 mil pesos. La pandemia mostró nuestros peores defectos, nuestras mayores miserias salieron a relucir, mientras la gente ha tenido que comer sus propios ahorros de la AFP. Todo ese diagnóstico debe verse traducido en la nueva Constitución. Cuando uno ya sabe los problemas puede trabajar sobre ellos para solucionarlos, y la convención constituyente debe hacer un compromiso para avanzar hacia una visión colectiva, de comunidad para que Chile pueda subir varios escalones en cuanto a equidad y desarrollo.  

¿Serás candidato a la Convención Constituyente? 

@doctor911_cl: Es una decisión que aún no he tomado, el llamado lo hace la gente y lo entiendo como una tarea colectiva, y aunque me gustaría hacerme cargo de esa responsabilidad todavía lo estoy evaluando, porque si entro será con todo sino pá que.  

Entrevista realizada por Dinka Acevedo @dinkaa

Glosario Constituyente

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Un malón de términos que recomendamos leer antes de disfrutar los artículos de este número.*

Legitimidad:  Etimológicamente la legitimidad se refiere cuando algo está conforme a las leyes. Referida al poder, requiere que sus gobernantes sean aceptados por un pueblo que está de acuerdo en ser gobernados por ellos, cuestión que en los últimos 200 años se ha resuelto principalmente por la vía democrática a través de las urnas. Este es el principal problema de la constitución actual, escrita durante una dictadura por personas que no contaban con la legitimidad de los ciudadanos. A partir de ese hecho, y a pesar de todas sus reformas, Chile se rige bajo un contrato social sin sentido de pertenencia entre sus ciudadanos. Pero actualmente la crisis de legitimidad no está ligada solo a la constitución, sino a la mayoría de las instituciones que conforman la estructura democrática en Chile: la prensa, la justicia, el poder ejecutivo, las fuerzas de orden y seguridad, y muy profundamente el poder legislativo. Ante esta desconfianza total, las personas decidieron en el último plebiscito del 25 de octubre redactar una nueva constitución, con representantes electos solo para ello y no por parlamentarios, diseñando un espacio democrático en que la ciudadanía (otro concepto con matices) sea lo más amplia posible, asegurando de esta manera que a mayor representatividad mayor legitimidad también (suena fácil pero no lo es). Para ello, y como veremos en este artículo se ha diseñado una convención constitucional que incluya paridad, escaños reservados, cupos para independientes, todo ello con representación territorial. 

Paridad: La nueva constitución será redactada por un grupo de personas cuya composición será 50% mujeres y 50% hombres, que significa presencia y toma de decisiones equitativas. Transitar de una constitución pensada e inspirada por y para hombres blancos heterosexuales, hacia una Carta Fundamental redactada con paridad, es un avance tan grande que no se ha logrado hacer en ningún otro país del mundo. Se trata, en pocas palabras, de un logro de nuestra sociedad. ¿Esto asegura una constitución con enfoque de género? Según Beatriz Vega, cientista política y miembro de la Red de Politólogas, “eso dependerá de cómo se articulen las demandas de género en el proceso, y cómo las mujeres conservadoras, y también los representantes masculinos, se plieguen a estas demandas. Por ejemplo, es muy probable que la equidad salarial concite apoyo de mujeres con diversas sensibilidades, no así la inclusión de derechos sexuales y reproductivos”. A partir de ese hito la convención constitucional paritaria se enfrentará a las lógicas que tenemos a diario en nuestra sociedad machista y deberá tratar de superarlas, como mujeres haciendo el trabajo ejecutivo con hombres protagonizando el discurso público, por ejemplo. 

Elite: Podemos entender una elite como un grupo selecto, minoritario y privilegiado de personas. En el pasado plebiscito del 25 de octubre las comunas de la región metropolitana que ganaron en la opción rechazo fueron interpretadas como el corazón de la elite chilena, que manifestó su conformidad con una constitución que sería funcional a sus vidas. Frente a eso, muchos han querido desmarcarse de ese grupo para participar de la convención constituyente.  Pero no es necesario haber votado rechazo para ser parte de la elite. Según Teun Van Dijk, dentro de una sociedad pueden existir distintos tipos de élites, siendo todos “grupo(s) en la sociedad que tienen mayor capital simbólico, osea «más que decir», y por ende también un “acceso preferencial a las mentes del público general”. Como líderes ideológicos de la sociedad, ellos establecen valores, metas y preocupaciones comunes; formulan el sentido común como también el consenso, tanto a nivel de individuos como también a nivel de líderes de las instituciones dominantes de la sociedad”. Por eso no es tan extraño ver figuras de la televisión, académicos, influencers, artistas y políticos ofreciéndose para redactar la nueva constitución. La paradoja será que quien se una a la convención (aparentando distancia de cualquier grupo privilegiado) automáticamente será parte de una nueva élite. 

Dos Tercios: Se refiere al quorum de votación necesario para realizar cambios y/o aprobar acuerdos. En la actual constitución el quorum de dos tercios es conocido como “uno de los cerrojos” diseñados para evitar cualquier cambio del texto redactado en 1980. Esto porque para lograr hacer cualquier reforma es necesario tener sobre un 66,6% de parlamentarios a favor, lo que según la conformación política del parlamento nunca ha sido posible, incluso eliminando el sistema binominal. Dicho de otra forma, los dos tercios sobre un texto ya escrito le entrega el poder de veto a las minorías.  Sin embargo, para escribir una nueva constitución dicho quorum deja de ser un cerrojo y se convierte en un garante de grandes acuerdos, ya que al menos el 66% de los constituyentes deberán votar a favor los artículos que tendrá la nueva carta magna asegurando una mayor legitimidad de ésta. Con esta fórmula las minorías no tendrían el poder de veto que tienen actualmente sobre una constitución ya escrita y estarían obligadas a convencer a los demás para poder aprobar sus propuestas. Este quórum no ha estado exento de críticas y hay sectores que proponen tres quintos y otros quienes proponen mayorías del cincuenta por ciento más uno. Lo cierto es que hasta ahora y según el acuerdo del quince de noviembre todo parece indicar que serán los dos tercios los que primarán en la Convención Constitucional. 

Independientes: En principio se refiere a aquellas personas que no tienen militancia política. Este concepto ha sido uno de los más discutidos en el último tiempo, con muchas preguntas que podrían incluso reconfigurar el escenario político. ¿Ser independiente es un valor en sí mismo? ¿A quién representa y rinde cuentas un independiente? ¿Ser parte de una élite económica, cultural o X, es válido para seguir manteniendo la categoría de independiente? ¿Se puede competir como independiente sin tener capital social?. Construir espacios de discusión y toma de decisiones sin órganos de control hacia sus representantes (que es el actual rol de los partidos políticos) es algo inédito en nuestra historia democrática. Hasta ahora los partidos, con sus luces y sombras, aseguraban cierta coherencia ideológica a la hora de redactar leyes y defender principios, pero hoy los ciudadanos no quieren personas sujetas a esas estructuras y están apostando a la validez identitaria y trayectorias morales para enfrentar este enorme desafío. Esta experiencia puede traer reformas innovadoras a nuestro sistema de representación, y requerirá de ajustes importantes dentro de los mismos partidos para resignificar el valor de los proyectos colectivos.  

Ciencia: ¿Y por qué este concepto? Porque estamos en el Malón Constituyente de Chilecientífico. Hay tantas definiciones de ciencia como gotas en el océano, pero tomaremos la definición de la RAE que la describe como el “conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales con capacidad predictiva y comprobables experimentalmente”. En esta oportunidad este conjunto de conocimientos será de vital importancia para defender asuntos como el cambio climático, el derecho a la salud, la equidad territorial, entre otros. Desde un punto de vista instrumental, la ciencia en sí misma no resolverá todos los dilemas que tenemos como sociedad para escribir la nueva constitución. Los derechos sexuales y reproductivos, por ejemplo, requieren algo más que observación y capacidad predictiva, sino discusiones valóricas en las cuales muchas veces la ciencia se ha utilizado al servicio de argumentaciones fuertemente ideologizadas. ¿Cómo abordaremos la ciencia entonces en la nueva constitución? El desafío es precisamente transitar desde la ciencia como instrumento argumentativo hacia la ciencia como necesidad y derecho social para el bienestar de los ciudadanos. Sin ir más lejos, una de las grandes lecciones aprendidas durante la pandemia ha sido que, sin seriedad e independencia en la construcción del conocimiento, los países se han vuelto dependientes y vulnerables frente sus necesidades, como acceso a respiradores artificiales, contar con metodologías transparentes para el conteo de enfermos y/o fallecidos, o al desarrollo local de vacunas, por mencionar algunos casos.  

*La selección y definiciones son cortesía de Dinka Acevedo, periodista científica y editora de ChileCientífico.

Pensando un nuevo modelo de generación del conocimiento en Chile

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El Manifiesto de la Asamblea por el Conocimiento y la Investigación de Chile, ACIC.

Paola Villegas*.

La Asamblea por el Conocimiento y la Investigación de Chile (ACIC) ha reunido a cientos de investigadorxs en Cabildos abiertos a lo largo de Chile. Nace al calor del Estallido Social del 2019 realizando numerosos encuentros ciudadanos. En diciembre de ese año decidimos abrir nuestras puertas a otros Cabildos y Asambleas de investigadores de la Región Metropolitana, convocando al “Cabildo de Cabildos”, el 20 de diciembre en la Casa Central de la Universidad de Chile, hasta donde llegaron más de 200 investigadores quienes discutieron sobre diversas aristas del actual modelo de investigación nacional. Uno de los resultados de dicho encuentro fue el conocido “Manifiesto” de ACIC, donde nos cuestionamos y proponemos un cambio del paradigma de generación del conocimiento para Chile. 

En el contexto de la actual crisis social y política, diferentes organizaciones e  investigadorxs nos hemos reunido para reflexionar y analizar las maneras y condiciones en que se ha venido haciendo investigación en Chile. Estamos en una coyuntura histórica que nos convoca a un proceso de deliberación y participación vinculante de la comunidad de investigadorxs para la formulación de cómo organizaremos, decidiremos y proyectaremos la producción de conocimiento en el país. A continuación, un breve resumen en seis puntos de nuestro diagnóstico y propuestas: 

1.- La investigación fue reducida por el modelo neoliberal a papers, proyectos y ránkings. La consecuencia de esto ha sido el incentivo a la competencia, la pérdida de la diversidad, y el debilitamiento del sentido y la audacia de las investigaciones. Es necesario desmontar la concepción tecnocrática y cortoplacista de la investigación e incentivar la diversidad del pensamiento y líneas de investigación, la relevancia de las Ciencias Sociales, las Humanidades y las Artes, la multidimensionalidad del conocimiento y libertad de creación, así como todos los espacios donde se crea/produce conocimiento. 

2.- Sin duda, lo anterior tiene mucho que ver con la profundización del modelo de crecimiento extractivista, que se tradujo en la reducción de la complejidad productiva, la depredación de los recursos naturales y la pérdida de la soberanía económica, cultural y política del país. Es necesario alinear el desarrollo de la investigación y la producción de conocimiento con los problemas e intereses del país, buscando conjugarlos con la necesaria libertad de creación de los y las investigadores en relación a sus objetos de estudio. 

3.- Existen inaceptables inequidades en el mundo de la investigación. Pocos investigadorxs concentran grandes presupuestos de investigación y copan los espacios de toma de decisiones, mientras los “colaboradorxs” investigadorxs -generalmente jóvenes-, de región, postdoctorantxs y estudiantxs de postgrado, permanecen sin contratos de trabajo, derechos sociales, estabilidad ni proyección. Es urgente aumentar la masa crítica de investigadorxs y al mismo tiempo dar condiciones dignas de trabajo a quienes crean conocimiento en el país. 

4.- Es necesario democratizar la toma de decisiones en todos los espacios donde se crea/produce el conocimiento. Buscar los mecanismos para que todas las áreas del saber, las disciplinas, los territorios, las comunidades y los intereses del país puedan decidir sobre las políticas, los temas y los mecanismos del desarrollo del conocimiento en Chile, considerando sus singularidades territoriales, culturales y económicas. 

5.- La investigación reproduce las inequidades, desigualdades y asimetrías de poder de nuestra sociedad, la inequidad de género es una de ellas. El enfoque productivo del modelo actual no enfrenta las diferencias entre nosotrxs, por lo que hacemos un llamado a pensar fuera del modelo, desde lxs excluídxs. Es importante erradicar el patriarcado, el machismo, la misoginia y el colonialismo de nuestros espacios de creación y cuestionarnos qué entendemos por investigación en nuestro contexto y cómo generamos dicha investigación. 

6.- Es fundamental repensar las relaciones entre los procesos educativos y la producción de conocimiento. La construcción democrática de currículum, la generación de espacios de diálogo interdisciplinar y la superación de lógicas estandarizadas y la formación en competencias entrenables que afectan de forma directa la creatividad, la autonomía y el pensamiento crítico.

*Investigo los movimientos de las poblaciones de plantas en el Atacama durante los últimos 50 mil años y su relación con los cambios climáticos. También coordino la Asamblea por el Conocimiento y la Investigación de Chile (ACIC) y pensamos en conjunto un nuevo modelo de generación del conocimiento. ¿Si quiero ser constituyente? Claro, ¿y quién no? Twitter: @villegas_pao.

Los conocimientos como comunes en la nueva constitución

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A Bastián Arriagada, doble víctima de los conocimientos como bienes privados.

Claudio Gutiérrez & Mercedes López*. Este artículo se trabajó junto a periodistas, científicas y científicos de diversas disciplinas en el marco del Taller Malón de CHC.

Estamos viviendo una crisis de la manera tradicional de abordar el ámbito de los conocimientos. Esto se refleja, entre otras cosas, en un creciente reconocimiento de la existencia de una gran diversidad de disciplinas, metodologías y saberes; en los dilemas actuales en la forma de producir conocimientos en la academia; en los intentos fallidos de reducirlos a un simple medio de producción; en la aguda crisis de la noción de propiedad intelectual; en la insostenible diferencia social entre les investigadores en diferentes roles; pero sobre todo, en el creciente reconocimiento que los conocimientos no son, ni deben ser, un asunto de elite.

Chile no está ajeno a ello. A esta crisis epocal, hay que sumarle la tradicional dependencia histórica de nuestro país de los grandes centros mundiales de producción de conocimientos y la pesada herencia mercantilista e individualista de la producción, manejo y difusión de los conocimientos impuestos durante estos últimos 40 años (sin compromiso social ni visión estratégica de país). La gesta del 18 de octubre de 2019 consolidó el plebiscito del 25 de octubre de 2020 y nos entrega la esperanzadora posibilidad de repensar y construir nuestro futuro entre todes. Los tiempos que vivimos requieren de una resignificación de los que somos y de la forma en cómo hemos estructurado nuestras sociedades. 

Desde el 18-O y durante la pandemia, la democracia, la participación y la igualdad son tres palabras que se repiten en cada rayado y pancarta. En ellas también, cómo se genera y se reproducen los conocimientos ha desempeñado un rol central. ¿Cómo cristalizar esto en la nueva constitución? ¿Cómo codificar la idea que asegure que los saberes, ciencias y conocimientos, así como su valoración, uso, promoción y desarrollo son un asunto de la comunidad? ¿Cómo desapegar los conocimientos del tratamiento clásico que se les ha dado como bienes fundamentalmente privados? Estas son las preguntas que nos interpelan y que nos invitan a repensar la manera de abordar los conocimientos en nuestro país.

Los conocimientos como comunes

En los tiempos que vivimos, han ocurridos dos movimientos que le devuelven a los conocimientos sus características esenciales. Por un lado, dejan de ser una cosa de elegidos, de especialistas, de expertos, y cada vez más personas los producen, consumen y comparten. Por otro lado, a esa élite que se había autoelegido como los dueños, custodios y gestores del saber, se le hace cada vez más complejo mantener los cercos y candados que impusieron y que impedían su goce por todes [1]. 

En este proceso, nuevas formas de sociabilidad y nuevas tecnologías (particularmente las digitales) han jugado un rol importante, abriendo la posibilidad de desarrollar los conocimientos de manera comunitaria, sin claros límites de autoría. Un ejemplo temprano es el desarrollo del software abierto, donde el código y las variantes del producto se desarrollan comunitariamente. A su vez, se hace cada vez más difícil excluir a otras personas de los conocimientos. Héroes digitales modernos como Aaron Schwartz, Julian Asange, Edward Snowden y Alexandra Elbakyan lo han mostrado pagando con su vida o con su libertad. 

Todo ello muestra que los conocimientos tienen muchas características para ser abordados como “comunes», es decir, recursos compartidos por un grupo de personas. No son directamente públicos ni privados. El lenguaje es un buen ejemplo de común. No es un recurso privado, pero tampoco es público en el sentido de un servicio institucional o gubernamental, sino que es una expresión de colaboración y es mantenido y desarrollado por una comunidad. 

Los comunes tampoco son públicos, en el sentido restringido de ser de libre acceso o goce, sino que son mucho más que eso; son creados y recreados por todes. Por otro lado, que no sean privados no significa que no sean de nadie, ni que esos recursos surjan solos, ni que se mantengan solos. Como lo definen Hess y Ostrom [2], los comunes son recursos compartidos por un una comunidad que están sometidos a dilemas sociales como la competencia, el parasitismo, la sobreexplotación o la extinción. Diseñar normas e instituciones que realcen, que mejoren, la producción y uso de comunes es, según estas autoras, un gran desafío: «un diseño efectivo requiere de exitosa acción colectiva y conductas de auto-gobierno; confianza y reciprocidad; y el diseño continuo y/o la evolución de reglas apropiadas.» 

Cuando esos recursos son grandes, complejos y diversos, como los conocimientos, esto es más relevante aún, pues las personas tienen o pueden tener una falta de comprensión común de su dinámica, y frecuentemente tienen intereses substancialmente diversos [3]. 

A propósito de la pandemia: el caso de los conocimientos sanitarios

La experiencia única de la pandemia que vivimos, nos devela con crudeza, que las prácticas y los conocimientos en salud, lejos de ser un asunto de privados y más allá de lo público, poseen todas las características de un bien común. La salud, entendida como el bienestar físico, mental y social [4], es un recurso generado, construido y mantenido por todes les miembres de una comunidad, en un espacio amplio y compartido de múltiples dimensiones que incluyen el cuidado, la educación, la comunicación y la generación de nuevos conocimientos y aprendizajes. 

Como en otros ámbitos de la experiencia humana y social, en la salud se conectan e interrelacionan distintos tipos de conocimientos: biomédicos, sociales y económicos, prácticas populares, etc. Por su enorme complejidad, el conocimiento sanitario es difícil de desagregar sin perder en ese camino una parte importante de la realidad y, de los beneficios de la aplicación de ese conocimiento para el bienestar de las sociedades. Sin embargo, en las últimas décadas el conocimiento biomédico, por ejemplo, se ha ido privatizando, entregándole su gestión a las grandes farmacéuticas y a los consorcios de salud. 

Esto ha cercado artificialmente los saberes, dividiendo la propiedad de estos en pequeños fragmentos, aislándolos de su entorno social y produciendo un aumento de la competencia por recursos sanitarios cada vez más especializados. A su vez, esto ha profundizado la creciente “molecularización” de la investigación biomédica focalizada en encontrar «balas de plata» que curen enfermedades [5]. Todo este circuito se ha estructurado bajo la lógica del lucro como incentivo principal que, lejos de lograr los beneficios que se prometían, ha encarecido la salud, incrementando las brechas entre las poblaciones más ricas y más pobres [5].

Para entender la salud como un común se requiere del diseño de un nuevo sistema público integrado al lugar donde viven, estudian, investigan y trabajan las personas. También se necesita de nuevos planes de estudios para formar les trabajadores del área sanitaria, de nuevas formas de investigar, y de la construcción de un marco ético sólido que permita la difícil gestión de los recursos sanitarios comunes. Sin duda existen otros desafíos que considerar como la brecha digital, la resignificación de los conocimientos populares (por ejemplo, el saber hacer del cuidado diario) y la organización y gestión de los recursos sanitarios. El nuevo marco constituyente abre las posibilidades de cuidar(nos) a través de redes formales e informales de apoyo mutuo y colaboración, como ya hemos visto en Chile en el último año durante la revuelta social y la pandemia. En síntesis, la salud entendida como un recurso común sería más humana, eficaz y ética que nuestro sistema actual [6].

Los conocimientos en una nueva constitución

Abordando los conocimientos de salud y de todo tipo como comunes, se podrían desbaratar los cercos, romper las jerarquías, enriquecer la experiencia humana, abordar entre todes nuestro futuro y hacer crecer la democracia. Para ello, necesitamos de una comunidad activa, que funcione de acuerdo a reglas evolutivas, comprendidas y cumplidas por todes. En particular, los «profesionales» del conocimiento, necesitamos salir de la comodidad y del poder que nos da el modelo de abordaje tradicional de los conocimientos. De este modo, los conocimientos no serán solo un asunto y patrimonio de un sector de la sociedad, sino que su ciclo formará parte integral de toda sociedad. Ello pone un gran desafío para la nueva constitución.

* C. Gutiérrez es académico de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas;
M. López es académica de la Facultad de Medicina; ambos de la Universidad de Chile. Ambos participan en la Asamblea por el Conocimiento y la Investigación (ACIC).

Citas;

  1. James Boyle. El segundo movimiento de cercamiento y la construcción del dominio público. Versión castellana y extendida de: “Fencing off Ideas” [Ponerles una cerca a las ideas], Daedalus, vol. 131, n o2, 2002, págs. 13-25.

  2. Charlotte Hess & Elinor Ostrom, Ideas, Artifacts, and Facilities: Information as a Common-Pool Resource, 66 Law and Contemporary Problems 111-146 (2003)

    https://scholarship.law.duke.edu/lcp/vol66/iss1/5

  3. Charlotte Hess and Elinor Ostrom (Editors) Understanding Knowledge as a Commons. From Theory to Practice. MIT Press 2007.

  4. Declaración de Alma Ata. Disponible en: http://www.medicina.uchile.cl/vinculacion/extension/declaracion-de-alma-ata.

  5. Richard Jones and James Wilsdon. The Biomedical Bubble. Nesta. 2018.

    https://www.nesta.org.uk/report/biomedical-bubble/

  6. Christine K. Cassel and Troyen E. Brennan. Managing Medical Resources: Return to the Commons? JAMA. 2007. 297(22): 2518-21.

¿Por qué la constitución es una tecnología (y cómo repararla)?

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Martín Pérez Comisso*. Este artículo se trabajó junto a periodistas, científicas y científicos de diversas disciplinas en el marco del Taller Malón de CHC.

Imagina que un día llega alguien a tu casa y toca la puerta. Es un oficial del Estado, con un pequeño dispositivo en su mano, más cercano a un tablet o un celular muy grueso. En este artefacto corre una avanzada inteligencia artificial la cual, durante cada elección, cruza todos los datos de los ciudadanos y busca quién representa mejor al país o región en un determinado momento. El oficial te dice: 

“Usted es el votante promedio”

Y entonces comienza una entrevista para encontrar “el factor humano” en esta oportunidad. Según la información que tú, y solo tú entregues, el algoritmo definirá todos los resultados de la elección de representantes. 

Esta situación es la premisa del relato “Sufragio Universal” (1955) del autor ruso-estadounidense Issac Asimov. Él nos invita a imaginar una realidad donde la democracia se reduce a estadísticas y algoritmos, y se parece a propuestas recientes para automatizar nuestros procesos deliberativos (como las que ha propuesto el físico César Hidalgo) [1]. En esta historia la inteligencia artificial es protagonista del proceso eleccionario. Esto no ocurre porque sea necesariamente mejor, sino porque otra tecnología contiene las reglas que hacen que en esa realidad sólo el “votante promedio” sea el único en expresar el factor humano. Esa tecnología es la Constitución.

Nos encontramos rodeados de objetos y sistemas que nos permiten realizar tareas. Algunos son físicos como un celular, un auto, una silla o hospital; mientras otros son inmateriales como una aplicación, un sistema de transporte urbano, una cadena de producción industrial o la constitución. Los sistemas tecnológicos, materiales e inmateriales, se interconectan e interrelacionan en muchísimas formas. 

La constitución

Para una nación, la constitución es la principal tecnología que articula, ordena y sistematiza el poder político y jurídicos. Es extraño situar los asuntos constitucionales desde una perspectiva tecnológica, pero es necesario; porque los poderes del Estado, los derechos y deberes de sus ciudadanos, e incluso quién y cómo puede (o no) ser ciudadano. Se articulan desde las normas y principios en este documento es el manual de instrucciones de nuestro país. 

Con esta nueva perspectiva, de que la constitución es también una tecnología, quiero proponer que una nueva constitución para Chile tiene que evitar tres problemas tecnológicos comunes para reparar la democracia: El determinismo, el solucionismo y la dependencia tecnológica. A medida que los ciudadanos tengan más acceso a las tecnologías emergentes será más evidentes las dimensiones técnicas y políticas de nuestros sistemas, artefactos, dispositivos y procedimientos. Cada uno de nosotros hemos repetido estos tres sesgos tecnológicos en nuestras discusiones cotidianas, y por lo mismo es un riesgo que nuestra futura constitución los repita y los consagre entre sus enunciados y propuestas. 

Primero, el determinismo tecnológico es asumir que la tecnología es el factor central en nuestras relaciones, y que define total o parcialmente lo que se puede hacer. La inteligencia artificial, como la del cuento, promete transformar las relaciones de producción industrial y cultural, desplazando a millones de personas de sus puestos de trabajo. A pesar de que estos sistemas han sido propuestos y estudiados desde los años 50 por la cibernética -un área del conocimiento dedicada a la automatización de proceso-. Desde la última década han vuelto a tener un renacer, que incluso ha catalizado discusiones sobre su regulación en Chile [2] y el mundo por las potencialidades y amenazas que presentan. 

No obstante, como toda tecnología, no todos tienen acceso o capacidades para el diseño y desarrollo de inteligencia artificial, así como son personas en empresas, universidades e instituciones que definen cuándo y cómo se usan. Los caminos y consecuencias que tendrán estas transformaciones tecnológicas se juegan día a día y somos incapaces de saber con certeza de qué forma impactará la vida de los chilenos y chilenas. 

Creer que el futuro será una consecuencia de los desarrollos de inteligencia artificial (o cualquier otra tecnología) es sobre simplificar las complejas relaciones que tenemos con nuestros artefactos. Una constitución debe reconocer estas posibilidades, en particular cuando políticamente estas tecnologías pueden ser promovidas o restringidas, como por ejemplo las campañas por bannear el reconocimiento facial – una aplicación de la inteligencia artificial – en Estados Unidos [3]. 

El solucionismo tecnológico

Por otra parte, el solucionismo tecnológico corresponde a establecer procedimientos técnicos como respuestas justas para problemas sociales. Un lugar común es el impacto de las tecnologías digitales en la educación. El aprendizaje digital o en línea, que se ha masificado enormemente como solución temporal frente a los desafíos de la pandemia, y que no ha sido ha sido capaz de entregar educación de calidad en muchísimos casos, a pesar de las proyecciones de muchísimos expertos mundiales desde los años 90s [4]. 

Toda tecnología debe ser evaluada en su contexto social, geográfico y temporal, y reconocer su efecto en comunidades, en particular la desigualdad material y cultural que muchísimas ciudades y pueblos tienen. En este caso, zonas remotas, rurales, islas y comunidades indígenas tienen un acceso restringido a la conectividad a internet, que les vulnera sus oportunidades y derechos humanos como a la expresión o a la educación, como ha sido denunciado en múltiples ocasiones. 

La constitución articulará los principios de cómo el Estado se organiza, así como los deberes y derechos de los ciudadanos y sus instituciones básicas. El acceso a internet suele ser una forma común de solucionismo, como en el caso de transferir trámites del Estado solo a internet o el incentivo a desarrollar apps municipales o financieras, entre otras. Pero sus riesgos y problemas han sido recientemente observados en Chile [5.6]. La constitución definirá qué entendemos como derechos en el Chile de hoy y que rol tiene el Estado para hacerse cargo.

Un último riesgo es la dependencia tecnológica, que se entiende como la incapacidad de un país o región de suplir sus necesidades básicas por sí mismo. Aquí casos como la soberanía alimentaria – que la desertificación y sequías históricas del Norte y Centro de Chile constantemente arriesgan [7]- como la estabilidad de la matriz energética – que hace poco más de una década estuvo en riesgo cuando Argentina cortó a Chile el suministro de gas [8]

– son ejemplos recientes de cómo el Estado falla en asegurar el bienestar de sus comunidades a largo plazo. 

Aquí se entremezclan elementos de capacidades científicas, inversión pública y centralización que la constitución articula. ¿Por qué el Estado no puede hacer sus propias empresas públicas como otros países? ¿Por qué las regiones no manejan su propio presupuesto? ¿Cuál es la infraestructura que cada ciudad debiese tener para ser resiliente a los cambios del futuro? Preguntas como estás, que para peor vienen apareciendo desde el Gobierno de Pedro Aguirre Cerda y la creación de la CORFO, son en las que una nueva constitución puede ofrecer nuevos caminos. El asegurar la independencia tecnológica de nuestro modelo de desarrollo, que incluye desde las exportaciones hasta nuestros datos personales, comienza en los principios, valores y responsabilidades que estén presentes o no en nuestra constitución. 

La discusión constitucional también ha estado llena de estos tres sesgos a lo largo de este misterioso año: Aquellos que argumentan que “solo si cambia la constitución cambiará el país”, son quienes toman una posición determinista; la idea de que “una constitución moderna aliviará el presidencialismo o la corrupción” es una posición solucionista; quienes dicen “la constitución debe solo ceñirse a los tratados internacionales y nuestros compromisos pasados” son quienes caen en una irremediable dependencia. 

Un momento constituyente es una oportunidad para repensarnos como país, de cuestionar nuestras decisiones del pasado y de hacernos cargo de nuestros errores. ¿Tenemos el mejor sistema de propiedad para las ideas o los recursos naturales? ¿Solo necesitamos tener 3 poderes en el Estado? ¿Cuál es el lugar de las fuerzas armadas y de los pueblos originarios en nuestro futuro? ¿Son la sangre y la tierra las únicas condiciones aceptables para la ciudadanía? Luego de este plebiscito constituyente, tenemos una ventana histórica para rediseñar y reevaluar nuestras relaciones e instituciones político-jurídicas más fundamentales. 

En conclusión, al mirar la constitución como una tecnología comenzamos a observar cómo los diversos principios, valores, derechos y deberes dibujan los caminos de lo posible y lo deseable. Como otras tecnologías, sus límites no están restringidos solo a quienes la escriben o diseñan, sino por la experiencia de todos los que viven con ella, hoy y en el mañana. Nuestra constitución de 1980 reproduce mecanismos de desigualdad social, económica y ambiental que son insostenibles e indignos. 

El determinismo, el solucionismo y la dependencia tecnológica son obstáculos para hacer nuestras instituciones, ciudades y trabajos dignos e igualitarios. Una nación que piense hacia el futuro debe reconocer en la constitución su rol dando forma nuestro país, la infraestructura central que articula nuestros sistemas públicos y privados, donde nuestra historia común cristaliza, donde todos nos volvemos iguales y libres. Como lo resume la intelectual Naomi Klein, “La comunidad es la mejor tecnología”. 

* Doctorante en Dimensiones Humanas y Sociales de las Tecnologías y las Ciencias en Arizona State University. En tremendo título, cabe su trabajo estudiando las formas en que los humanos tenemos para entender y relacionarnos con lo socio-tecnológico y lo no-humano. Vive en base a cafeína y aprendiendo a caminar con las manos, se rompió la clavícula hace unos años.

Citas;

  1. Cesar Hidalgo, 2018. A bold idea to replace politicians. TED Talk

  2. Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación. 2020. Política Nacional de Inteligencia Artificial.

    https://www.minciencia.gob.cl/politicaIA#:~:text=La%20Pol%C3%ADtica%20Nacional%20de%20Inteligencia,sobre%20sus%20consecuencias%20legales%2C%20%C3%A9ticas%2C

  3. Ban Facial Recognition Campaign, 2020.

    https://www.banfacialrecognition.com/

  4. Federico Kukso, 2016. Tecnofilia v/s Tecnofobia

    Tecnofilia versus tecnofobia: el nuevo campo de batalla cultural

  5. Gustavo Balmaceda y Alex Martinez. 2020. Ataque Informático al Banco Estado. Diario Constitucional.

    Ataque informático al Banco Estado: la precariedad de la ley chilena.

  6. Cristian Miranda. 2020. Ataque a Gobierno Digital. El Mostrador

    Vulneración de “carácter crítico”: expertos en ciberseguridad aseguran que hackeo a Gobierno Digital afectó a cuentas de 5 millones de usuarios

  7. Francisca Fernandez et al. 2020. Del Agronegocio a la agroecología. El Desconcierto.

    https://www.eldesconcierto.cl/2020/04/16/del-agronegocio-a-la-agroecologia-produccion-agricola-escasez-hidrica-y-construccion-de-alternativa/

  8. Francisca O´Ryan y Gustavo Orellana. 2019. A una década de la crisis compras de gas argentino se acercan a GLC. La Tercera

    https://www.latercera.com/pulso/noticia/argentina-explica-casi-40-gas-natural-importado-chile-lo-va-del-ano/691996/

  9. Naomi Klein, 2020. The years of Repair. The Intercept.

    https://theintercept.com/2020/10/01/naomi-klein-message-from-future-covid/

Chile despertó y requiere otra ciencia

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Bastian Lillo & Daniel Vásquez*. Este artículo se trabajó junto a periodistas, científicas y científicos de diversas disciplinas en el marco del Taller Malón de CHC.

La ciencia es un conjunto de conocimientos, que, de forma estructurada, investiga, estudia y, finalmente, interpreta los fenómenos que influyen directa e indirectamente sobre un objeto. Así, pueden ser objetos de estudios fenómenos naturales, hechos históricos y sus consecuencias, aspectos sociales y análisis artísticos [1]. 

En pleno siglo XXI, es imprescindible el conocimiento científico, es más, es debido a su importancia que hoy podamos tener comunicación en tiempo real con alguien en el otro extremo del mundo, lograr editar genéticamente alimentos para superar dificultades de distribución y, aún más importante, superar la actual pandemia provocada por el virus SARS-CoV-2 (popularmente conocido como Coronavirus) [2].

Además, la actividad científica genera evidencia mediante el empirismo, la que es fundamental para orientar decisiones en el ámbito político y económico. Así, el ejercicio de la investigación científica puede estimar la viabilidad de cuándo y cómo agregar valor a nuestras materias primas y así generar un sistema más competitivo e identificar, mediante cifras concretas, las necesidades de la comunidad, para posteriormente buscar soluciones desde la tecnología e innovación.

 Históricamente se ha entendido la ciencia en Chile, como una herramienta para corregir los defectos del mercado, mas no dirigirla a solucionar problemáticas sociales [3]. Pero hoy, es necesario comprender y ejecutar la ciencia como una herramienta de comprensión y solución de problemas.

Entonces, ante la amplia aplicabilidad de la actividad científica, apura caracterizar los distintos tipos de ciencia y, por consiguiente, los distintos tipos de investigación y desarrollo (I+D) que encuentran diferencias en los objetivos buscados y en las motivaciones que las alzan. 

Esto es importante toda vez que se quiera responder para qué hacer ciencia y, por ende, elaborar políticas públicas en el tipo de ciencia a priorizar. Así, la investigación básica, tiene la finalidad de fomentar nuevos conocimientos desde la observación de fenómenos, sin pensar en darle ninguna aplicación o utilización determinada. La investigación aplicada, en cambio, permite dirigir los conocimientos generados hacia un objetivo práctico en específico y, finalmente, el desarrollo experimental. Son trabajos sistemáticos que aprovechan el conocimiento existente obtenidos de la ciencia aplicada y básica, para dirigirlos a la producción de nuevos materiales, productos o dispositivos, fomentando nuevos procesos, sistemas y servicios [4].

Respecto a esto, poco se ha discutido sobre implementar y utilizar la institucionalidad científica para el diseño, que cuyo fin proponga fomentar una industria científica que sea gravitante en dar soluciones ante problemas aquejados en la sociedad.

Transferencia tecnológica (TT)

La TT es un proceso que involucra a la totalidad del sistema de ciencia, tecnología e innovación (CTCI), donde el conocimiento tecnológico (CT) es transferido desde una organización a otra, y son estas últimas quienes lo integran de forma exitosa en sus procesos.  Es por esto, que es de suma importancia comprender la estructura, funcionamiento y el feedback que existe en este sistema científico.

Tres son las principales entidades que participan activamente en este proceso [5]. Las (1) entidades que ofrecen conocimiento tecnológico, particularmente instituciones de educación superior, centros de investigación académica, entre otros; (2) entidades intermediarias y de soporte a la TT, como el instituto nacional de propiedad intelectual y unidades de transferencias tecnológicas y; (3) aquellas que adoptan y aplican las nuevas tecnologías que generalmente son empresas, tanto públicas y privadas, servicios públicos e instituciones privadas sin fines de lucro [6].

Así, la transferencia tecnológica responde a la eficiente interacción entre aquellos lugares donde hay producción de conocimiento, el sector privado, con y sin fines de lucro y finalmente el Estado. Es este último quien debe fomentar y articular estas relaciones, gravitando en una estrategia de desarrollo, con capacidad de proyección a largo plazo. 

El apoyo estatal a la TT en Chile y por tanto el diseño de sus políticas públicas, se limita a generar reformas legales que apoyen la protección de propiedad intelectual, el financiamiento de actividades de I+D a través de concursos públicos, fortalecer de capacidades para la TT en instituciones de educación superior y el desarrollo de mercado tecnológico.

Sin embargo, a pesar de los esfuerzos en materia de políticas públicas dirigidas a optimizar las TT, aún existen dificultades para una aplicación eficiente. Dentro de los obstáculos existentes, y que tiene importancia para el desarrollo de este trabajo, es el poco interés del Estado en actividades de I+D, principalmente en el desarrollo experimental [7]. 

Según el porcentaje de gasto en I+D por fuente de financiamiento y el sector de ejecución para el año 2018, el desarrollo experimental lo financiaron y ejecutaron principalmente las empresas, con un 55% del financiamiento y un 67% respectivamente. Relegando a un bajo aporte estatal en la materia, que es de 36% de financiamiento y un 8% de la ejecución presupuestaria [8]. 

Si se realiza un análisis comparativo, respecto a la distribución del gasto en I+D según el tipo de I+D en países pertenecientes a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), Chile es el país que menos invierte en desarrollo experimental, siendo Israel y Japón quienes más priorizan esta actividad [9].

Esto indica la poca responsabilidad y priorización del Estado en fomentar la industria científica-tecnológica en el país, favoreciendo la hegemonía de las empresas, que poco interés tiene en proporcionar e incentivar la creación de herramientas científicas en torno a la solución de problemáticas sociales, y menos aún por incluir la participación laboral de capital humano avanzado. 

Pues, ante todo, la ciencia hoy es una actividad profesional, realizada por personas que se someten a una exhaustiva formación científica, y que requieren de años de estudio para permear sus conocimientos en el ámbito laboral. 

Inserción de investigadores

Esto genera una problemática que no está pronta de tener soluciones, si es que seguimos con el actual diseño de políticas públicas. Y es que, la inserción de investigadores en el mundo laboral es una temática que ha atraído gran interés por parte de las instituciones y organizaciones que promueven y financian la generación de ciencia y conocimiento en Chile. 

Una encuesta facilitada por la Asociación Nacional de Investigadores en Postgrado (ANIP) en el 2018, y cuyo objetivo era reunir datos auto-reportados acerca de la situación académica laboral de los investigadores con posgrado, arrojó que existe un 12,9% en las tasas de desempleo en profesionales con grado de doctor en Chile [10]. Esto aún es más grave, si consideramos el porcentaje de desempleo por género, donde las mujeres con grado doctoral alcanzan el 16,4% de desempleo.

Además, en esta misma encuesta señala que quienes poseen grado de doctor y están activos laboralmente tan solo el 5,1% se desenvuelve en el sector empresarial y más de la mitad (54,7%) su trabajo principal está en Universidades Públicas o Tradicionales. Por lo tanto, la hegemonía de las empresas en el desarrollo experimental no ha implicado más oportunidades laborales para este tipo de profesionales.

Es más, en un estudio publicado en el 2014, que proyectaba la situación laboral de profesionales con grado de doctor para el año 2018, se prevé la baja capacidad de la esfera académica en la reinserción laboral. Al mismo tiempo, la empresa privada tampoco ha dado suficientes muestras de absorber y utilizar este capital humano avanzado para sus labores productivas [11].

Sin embargo, esto no se agota en las oportunidades laborales. Es importante entrar a la discusión política sobre la orientación que debe tener el desarrollo experimental ya que esta ha sido una constante en las comunidades científicas, instituciones de educación superior e incluso llegando a las dirigencias de nuestro país.

 Tanto así, que gran parte de la respuesta política se concentró en algún momento en la creación del Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación (MinCyT). Ahora bien, ¿podríamos decir que esta discusión es un problema público? ¿Ha existido en la agenda pública?

Según Harguindéguy la agenda pública es “la lista de problemas públicos a los que un gobierno tiene que dar solución” [12]. Un problema es público como resultado de procesos de interacciones entre diversos actores situados en diferentes planos tales como sociales, productivos y políticos. Por lo tanto, parte de los problemas públicos son interdependientes, subjetivos y dinámicos [13]. 

Teniendo todo esto en consideración, podemos decir que, si bien el desarrollo experimental con su respectiva orientación logró estar en boca de actores importantes, incluyendo al MinCyT, la discusión no logró traspasar el plano científico institucional.

Hacia un problema público

Mientras no exista la necesidad de discutir esta temática hacia capas sociales por fuera de la institucionalidad científica difícilmente se podría considerar que es un problema público y, por lo tanto, tampoco estará en la agenda pública y mucho menos el gobierno verá necesidad de darle solución.

La comunidad científica ha demostrado ser útil para resolver diversos problemas públicos, especialmente durante la crisis sanitaria que nos ha azotado a nivel mundial, pero paradójicamente pareciera quedar atrás de las prioridades del Estado.

Hoy, con una entidad gubernamental clara como interlocutor, parece ser necesario que nuestras demandas deben complejizarse más y hacer sentido más allá de los espacios tradicionales en que se desenvuelven los profesionales vinculados a la ciencia y tecnología. No basta con decir más financiamiento, tenemos que definir qué tipo de I+D debe priorizarse con el objetivo de impactar y dar soluciones a los problemas de la comunidad.

Para quienes escribimos este ensayo, tenemos la convicción de que la discusión respecto a la orientación pública del desarrollo experimental, no es únicamente a través del aparato estatal y que, como actores del mundo de las ciencias y tecnologías, debemos asumir la cada vez más difusa frontera entre lo privado y lo público. 

El régimen de propiedad queda obsoleto ante la complejidad de los sistemas democráticos y sus necesidades actuales. Al ver las experiencias mundiales contemporáneas de grandes avances tecnológicos, no son iniciativas exclusivamente estatales o privadas, al contrario, se alzan de la cooperación de ambos sectores.

No se puede seguir reproduciendo dicha cooperación bajo la lógica que nuestro país lo ha hecho estos últimos 30 años, donde se ha caracterizado “por una alta mercantilización de todas las esferas de la vida cotidiana que han venido minando la legitimidad del pacto social, hasta –literalmente– hacerlo estallar” [14].

Una nueva propuesta

Para ser actores claves en el desarrollo del país, la disposición de la comunidad científica debe estar en empujar un desarrollo experimental cuya orientación sea dirigida al valor público. 

El valor público desde una democracia representativa, prima por sobre todo la confianza de los resultados de las elecciones populares. En este escenario, se hace relevante asumir el poder de la política para establecer los propósitos públicos, se manifiestan principalmente en el poder legislativo y ejecutivo. Finalmente son ellos quienes definen cuáles son las aspiraciones colectivas [15].

La comunidad científica debe influir en esos representantes y también someterse a las decisiones que tengan los mismos. Esto no significa pasar por alto las falencias de las democracias representativas, por ejemplo, la corrupción, pero una comunidad que entiende los roles democráticos, puede entender sus límites y apostar, desde los diversos planos en mover esos márgenes.

En conclusión, si se consensua como comunidad científica que el Estado de Chile debe diseñar e implementar políticas públicas entorno al desarrollo experimental, es relevante en primer lugar que este debate sea un problema público. De esta manera quienes están llamados a definir el valor público, los representantes políticos, vean como ineludible la opinión de la comunidad, esto requiere esfuerzo y un llamado a los científicos no solo a la necesaria divulgación científica, también a su politización. 

No tenemos que desentendernos de la creación de un campo laboral empujado por el Estado. Donde quepan investigadores y profesionales de las ciencias y tecnologías. Esta es una postura profundamente política y sin poder permear el discurso difícilmente se lograría el objetivo.

Finalmente proponemos que, si el Estado de Chile prioriza el desarrollo experimental en el país orientado a la construcción de valor público, entregará oportunidades al capital humano avanzado en torno a una industria científica, toda vez que la inserción laboral de profesionales con grado de doctor siga siendo una problemática en la sociedad e institución científica [16].

* Bastián Lillo y Daniel Vásquez. Estudiantes nacidos y criados en Antofagasta, actualmente viven en diferentes regiones. Desde el Desierto de Atacama, Bastian busca optimizar protocolos de extracción de material genético en el desierto más antiguo y seco del planeta. Mientras, Daniel se quema las pestañas articulando con el Magíster
en Gestión y Políticas Públicas para profundizar en ingeniería organizacional,
gobernanza y la teoría del valor público. Ambos perrean al ritmo de Talisto, Tomasa del Real y Albany. @WikiVaszquezO y @eonsilvestre

Citas:

  1. Mario Bunge (1969).La ciencia, su método y su filosofía.

  2. Este quizás sea el ejemplo actual más importante de la ciencia.

  3. Pablo Astudillo (2016). Manifiesto por la ciencia en Chile.

  4. Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (2018). Encuesta de I+D: Resultados año referencia    2018 y mejoras a futuro.

  5. Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) (2014). Transferencia internacional de tecnología: un análisis desde la perspectiva de los países en desarrollo.

  6. Ministerio de Economía, Fomento y Turismo (2016).Estudio cualitativo sobre el estado actual de la Transferencia Tecnológica en Chile

  7. Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación (2020) “Caracterización de los participantes de la Transferencia Tecnológica en Chile.

  8. Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación (2020). Encuesta de I+D: resultados año referencia 2018 y mejoras a futuro.

  9. Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación (2020) “Caracterización de los participantes de la Transferencia Tecnológica en Chile.

  10.  Inserción laboral de investigadores (2018) Informe de resultados: 2da Encuesta de inserción de investigadores con Postgrado (ANIP)

  11. Horacio Gonzales, Alejandro Jiménez (2014) Inserción Laboral de nuevos investigadores con grado de doctor en Chile

  12. Harguindéguy, J. B. (2013). Análisis de políticas públicas.

  13. Osorio Ceicilia y José Miguel Vergara (2016) Políticas Públicas.

  14. Boccardo, G., Ruiz, F. y Caviedes, S. (2020). 30 años de política neoliberal en Chile.

  15. Moore, M. (1998). Gestión estratégica y creación de valor en el sector público.

  16.  Horacio Gonzales, Alejandro Jiménez (2014) Inserción Laboral de nuevos investigadores con grado de doctor en Chile

Educación artística para rehabitar la tridimensionalidad

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Las prácticas artísticas con enfoque interdisciplinar en educación escolar resultan fundamentales para la comprensión de la biodiversidad y las ciencias, además de fomentar el desarrollo cognitivo de las niñas, niños y jóvenes. No sólo eso, son también un estímulo para la construcción de procesos de cohesión social, que contribuyen a la transformación de hábitos y comportamientos, en pro de la conservación y el cuidado del medio ambiente. 

Fran Veas* Este artículo se trabajó junto a periodistas, científicas y científicos de diversas disciplinas en el marco del Taller Malón de CHC.

Existe una suerte de comunión entre lo intelectual y emocional. Así como lo señaló el profesor, psicólogo y precursor de educación artística Viktor Lowenfeld, “la educación artística puede proporcionar la oportunidad para incrementar la capacidad de acción, la experiencia, la redefinición y la estabilidad que son imprescindibles en una sociedad llena de cambios, tensiones e incertidumbres”. 

Hoy, convivimos más conscientes que nunca con esta incertidumbre. Nos tensiona, nos encierra con nuestras ilusiones y miedos. Provoca que hasta lo cotidiano se nos presente de manera inestable, pero también nos impulsa a buscar e inventar nuevas formas de expresarnos y, sobre todo, de dar sentido a lo que hacemos. 

Nuestras habitaciones, los rincones, la luz y los elementos que nos rodean, como las plantas, las cortinas, y la cocina tomaron un nuevo significado cuando re-observamos nuestro entorno. Desde una perspectiva educativa, durante la pandemia la imaginación y creación artística habitaron estos espacios: experiencias con elementos cotidianos y al alcance de la mano bastaron para explicar el mundo de afuera, especialmente en el caso de las niñas y niños.

En particular, en la etapa infantil, la concepción y valoración del mundo dependen de la interpretación de los estímulos externos, los que serán concretados y entendidos mediante un lenguaje propio del niño o niña, a través del cual expresará su sentir frente al medio. En este sentido, el lenguaje del arte les permite aproximarse al mundo, definiendo gran parte de su vida y de sus acciones futuras. 

Y es que tras la educación artística se encuentra el desarrollo interdisciplinario, se da relevancia a la comprensión de la realidad desde diversos ámbitos del conocimiento y, sobre todo, desde lo que significa el observar y ser observador de nuestro entorno. El profesor de historia del arte de la Universidad de Columbia, Jonathan Crary, describe la acción de observar cómo “«conformar la acción propia, cumplir con», como al observar reglas, códigos, regulaciones y prácticas. Aunque se trate obviamente de alguien que ve, un observador es, sobre todo, alguien que ve dentro de un conjunto determinado de posibilidades, que se halla inscrito en un sistema de convenciones y limitaciones”. 

Es posible desarrollar en la niña/o, joven, una concepción de realidad(es) que surgen en base a una experiencia cognitiva-observadora del entorno que les permite, desde cualquier ámbito, crear un nuevo lenguaje involucrando otras ramas del conocimiento. Como identificar formas geométricas al observar un panal de abejas, observar tipos de ángulos en la arquitectura y crecimiento de las ramas de los árboles y a su vez, reconocer especies de los mismos, el vuelo de las aves y su ritmo, dibujar con las estrellas las constelaciones por la noche. 

Según la profesora e investigadora de la Harvard Graduate School of Education, Verónica Boix Mansilla “los estudiantes demuestran comprensión interdisciplinaria cuando integran conocimientos y modos de pensar de dos o más disciplinas para crear productos, solucionar problemas y ofrecer las explicaciones del mundo que los rodea.” 

Este enfoque interdisciplinario a través de la educación artística, si bien va de la mano de los diversos imaginarios posibles que el arte permite, va fuertemente asociado a la potente saturación de imágenes en la cual estamos inmersos de manera profunda, pero también superficial (producto de la pandemia, el encierro, y la virtualidad). Con las nuevas tecnologías apenas rozamos la superficialidad de la otredad y perdemos la noción de la tridimensionalidad de lo que observamos. ¿Cuáles eran las expresiones faciales de mi compañera de curso? ¿cómo era su voz sin la vibración y el sonido de la virtualidad? ¿qué está pasando bajo la línea del cuello que no vemos? 

Por un lado, las imágenes nos dan acceso a información que no siempre tenemos a mano, así podemos dibujar y estudiar un coleóptero del desierto de Atacama, pero olvidamos explorar los que existen en el parque más cercano. Podemos reconocer el pelaje de un animal, pero desconocemos su textura bajo el sentido del tacto. También con la corteza de un árbol, la vemos, pero no sabemos cómo huele, si es áspera o lisa, etc.

Citando a Jonathan Gray, en su libro; Las técnicas del observador, visión y modernidad en el s XIX,” La mayor parte de las funciones históricamente importantes del ojo humano están siendo suplantadas por prácticas en las que las imágenes visuales ya no remiten en absoluto a la posición del observador en un mundo «real», percibido ópticamente. Si puede decirse que estas imágenes remiten a algo, es a millones de bits de datos matemáticos electrónicos. La visualidad se situará, cada vez más, en un terreno cibernético y electromagnético en el que los elementos visuales abstractos y los lingüísticos coinciden y son consumidos, puestos en circulación e intercambiados globalmente.”

La transformación histórica que, como observadores, hemos ido sosteniendo toma un nuevo significado, sobre todo en estos días en que el mundo virtual es parte obligada de nuestro cotidiano -y seguramente lo seguirá siendo por un largo tiempo- complejizando (o alejando) nuestras miradas del mundo que nos rodea. 

¿Cómo nos devolvemos entonces a observar la naturaleza luego de los tiempos que estamos viviendo? ¿Cómo potenciamos la comprensión y valorización de la biodiversidad a partir de prácticas artísticas interdisciplinarias, sin que se transforme la imagen virtual en un placebo de la naturaleza, sino que en un vínculo que nos devuelva a observar nuestro entorno natural con significado y pertenencia? 

Será importante entonces darle “sentido” a nuestros sentidos, a pesar de la virtualidad, para no desconectarnos de la naturaleza y recordar que vivimos en comunidad entre un sinfín de disciplinas que necesitan vincularse para evolucionar.

* Ilustradora científica con base en la región de Valparaíso. Colaboro
con diversos científicos y con mayor presencia en el Centro
Interdisciplinario de Estudios de Territorios Litorales y Rurales (CIET
-LR). Una vez, en una cita, me desgarré la pierna bailando, fue hermoso.
Mi lado emocional no supo manejar en twitter, me quedo con
Instagram @franveasiluciencia.

Citas.

  1. Viktor Lowenfeld. Desarrollo de la capacidad creadora I y II, Buenos Aires 1961 Kapelusz. 

  2. Jonathan Crary, “Las técnicas del observador, visión y modernidad en el s XIX”. Cendeac 2008

  3. Boix Mansilla, Verónica. Enfoque Interdisciplinario, Programa de los Años Intermedios (seminario.) Instituto Ballester, Buenos Aires, Argentina. 21 y 22 de septiembre de 2007.

  4. Jonathan Crary, las técnicas del observador, visión y modernidad en el s. XIX. Cendeac 2008.

Voces: científicas chilenas sobre el proceso Constituyente

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Testimonios de mujeres científicas chilenas reunidas de entrevistas por Adriana Bastías*. Este artículo se trabajó junto a periodistas, científicas y científicos de diversas disciplinas en el marco del Taller Malón de CHC.

1. ¿Qué no debería faltar en una nueva constitución?

Cory Duarte (Académica del Departamento de Trabajo social, Universidad de Atacama)

Que efectivamente se considere una igualdad sustantiva, que se prohíba cualquier tipo de violencia de género, que estén consagrados el reconocimiento a los derechos sexuales y reproductivos; y que se comprometa el respeto a la no discriminación en todos sus ámbitos. Eso está asociado también a la equidad salarial.   

Bárbara Rojas Ayala (Astrónoma, académica Universidad de Tarapacá)

Que no se invisivilice a la mujer usando frases como “los hombres del país” o “los chilenos están regidos por”. Que sea explícita la igualdad del hombre y la mujer. Es importante para lograr la equidad y para las leyes que se crearán a futuro. 

Barbarita Lara (Ingeniera, CEO Emercon)

Igualdad de derechos y condiciones para todos, en educación, salud y sistema previsional. Repensar todo el país desde las cárceles, las policías, hasta cómo se está haciendo uso y explotación de los recursos naturales, asegurando un porcentaje para la población en esto último. Asegurar la conexión a Internet, que debería ser un Derecho Humano. Asimismo, las políticas públicas de ciencia deben ser a largo plazo. 

La Constitución debe ser dinámica, que cambie según las necesidades de la población, por ejemplo, en un futuro vamos a estar discutiendo la ética de la Robótica y la Inteligencia Artificial, o la Modificación Genética. Por ejemplo, tendremos que discutir qué tanto puede interferir la Inteligencia Artificial para tomar decisiones con respecto a los humanos; también las leyes de la robótica tienen que estar aseguradas de cierta forma. La ciberseguridad y la ley de protección de datos también es importante porque la cuarta revolución industrial es la de los datos.

Gloria Montenegro (Bióloga, profesora titular emérita, Universidad Católica de Chile)

El respeto entre chilenas y chilenos; honrar las diferencias que puedan existir entre nosotros tanto de opiniones, creencias u origen. No hay mejor camino para el desarrollo de una sociedad inclusiva y próspera, que el respeto y tolerancia entre sus miembros.

Ana Luisa Muñoz (Académica, Facultad de Educación, Universidad Católica de Chile)

El reconocimiento de nuestros derechos sociales básicos: educación, salud, cultura y vivienda. De la plurinacionalidad con territorio de los pueblos y el agua. Eso es clave y fundamental, y a partir de ahí el rol del Estado en aquello.

Julia Cubillos (Socióloga, académica Universidad de Aysén)

En primer lugar, aceptar la diversidad, la diferencia entre hombres y mujeres, y otras identidades de género, y que eso no signifique desigualdades. Es recibir la multiplicidad de nacionalidades y a todas las personas migrantes que llegan al país. Respetar los pueblos originarios, sus cosmovisiones, necesidades y demandas. Es aceptarnos como sujetos y respetarnos en esa diversidad. 

El resguardo del Medio Ambiente, de modificar el modelo de producción que tenemos que solo extrae recursos naturales. 

Asegurar los derechos que están asociados a vivir una vida digna y en paz; a poder desarrollarnos y soñar. 

Rafaela Retamal (Investigadora y asesora senior gobernanza y sostenibilidad ambiental)

Debería estar la inapropiabilidad de la naturaleza, sus procesos y sus componentes ya sea por parte del Estado y sus instituciones, así como por privados. Con la sostenibilidad como eje, asegurando el bienestar de la comunidad de donde se extraen esos elementos y con compromisos serios para asegurar la mantención de los recursos que se están extrayendo o los  procesos ecosistémicos que se están utilizando.

2. ¿Cómo impulsar una nueva Constitución con enfoque de género?

Cory Duarte 

Con las constituyentes. Que los partidos políticos propicien candidaturas de mujeres del mismo peso que la de los hombres. La nueva Constitución debería tener perspectiva de género, un lenguaje no sexista, tolerancia cero a la violencia, tanto en el funcionamiento de la Convención Constitucional como en el texto mismo. Que el Estado garantice, proteja y defienda la igualdad de derechos y no discriminación. 

Barbarita Lara 

Buscar una representación diversa y multidisciplinaria de mujeres como constituyentes.

Gloria Montenegro 

Incorporar previsiones generales y legales para la igualdad de género, tales como la protección contra la violencia de género, aseguramiento del acceso a servicios públicos o educación, y cuotas en cargos públicos relevantes.

Ana Luisa Muñoz 

Es clave no solo la participación de las mujeres, dada por la paridad, sino más bien una mirada feminista de lo que significa ser mujer y hombre en un país como Chile. Una Constitución con enfoque de género requiere una mirada feminista de la conversación no solo sobre nuestros derechos -como decidir sobre nuestros propios cuerpo- sino también para desarrollarnos en un país sin discriminación. No debe ser sólo paritaria sino feminista.

Julia cubillos 

Que en un artículo inicial instale un marco de reconocimiento de hombres, mujeres y otras identidades, y que haga alusión en diferentes artículos de manera reiterada que no existen brechas, inequidades ni desigualdades.

Rafaela Retamal 

Que en sus principios esté la equidad y se incorpore la justicia social, ambiental y equidad de género.

3. ¿Cómo plasmarías la investigación, el conocimiento y las ciencias en una nueva constitución?

Cory Duarte

Que se incorpore a las Ciencias Sociales, Humanidades y Artes porque es necesario un conocimiento integral. También considerar los Estudios de Género como parte de los ámbitos de acción de la investigación científica. 

Barbarita Lara 

Faltan políticas claras con respecto al Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, y qué es lo que quiere el país con respecto a eso, es decir, invertir con objetivos claros. No puede ser que la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID) esté enfocada específicamente en elegir algunos de ellos en vez de tener una política clara con lo que se quiere a futuro con respecto a la investigación. Además, obligaría a las universidades a tener algún tipo de impacto en su ecosistema, aplicando en su entorno lo que van aprendiendo.

Los países que más invierten su producto interno bruto en ciencia e investigación son los que más desarrollo tienen. Necesitamos ciencia aplicada o seguirá pasando que no somos capaces de generar “know how” local y le pagamos a alguien que lo sepa hacer, porque no podemos generarlo o replicar soluciones desde cero. 

Gloria Montenegro 

Una nueva Constitución debe considerar el valor público que tiene el desarrollo de nuevo conocimiento, tecnologías e investigación. Garantizando canales para su realización en forma independiente y con recursos suficientes; y para la formación de nuevo capital avanzado a nivel de Magíster y Doctorado. Generar una política de becas que no dependa del gobierno de turno.  

Todos estamos preocupados y frustrados con la última propuesta del Gobierno para el presupuesto 2021, que contempla una reducción del 9% respecto del año actual en el área de ciencia, tecnología e innovación. Por esta razón, los científicos debemos ser parte de los constituyentes.

Ana Luisa Muñoz 

Debe estar plasmada la necesidad de un desarrollo cultural y científico también en lo económico, la educación y la cultura. Expandir la conversación a cómo la ciencia y la tecnología ayudan a ser una mejor sociedad, más equitativa y más justa.

Julia Cubillos

El desarrollo de la ciencia y tecnología, básica o aplicada, es una opción para un país que busca generar bienestar. Que el conocimiento que se genere tanto del ámbito natural, biológico, químico y físico, como de las ciencias sociales, apunte a develar problemáticas que puedan tener un canal de solución. Siempre con una lógica de difundir ese conocimiento al mundo. Es necesario que el desarrollo de la ciencia sea con criterios de equidad: territorial, de género y disciplinar. 

En Chile el conocimiento se concentra en una elite o fluye en ciertos círculos, pero no se extiende a todo el territorio ni a toda la comunidad. No es solo el  fomento de la ciencia en general, es ciencia para el desarrollo efectivo de las personas, las localidades, las regiones. Con un marco ético y bioético estricto.

Rafaela Retamal 

Debe haber un enfoque transdisciplinar. Una de las cosas en las que creo firmemente es que el conocimiento no tiene límites, está representado en muchas áreas, en especial en aquellas donde no se valora como el conocimiento cultural, la ciencia ciudadana y el conocimiento ancestral, deben ser considerados como un principio y no un área de trabajo. Esa perspectiva también es producto del sistema neoliberal y es necesario cambiar de mirada. 

*Entrevista realizada por Andriana Bastias. Bioquímica, Dra. en Ciencias mención ingeniería genética vegetal, profesora asistente media jornada Universidad Autónoma de Chile. Presidenta de la Asociación Red de Investigadoras. Mi twitter es @bastias_adriana.

Cuando el humor nos une en el descontento

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El humor ha cumplido un rol tanto en el estallido social como en el proceso constituyente, sobre todo por lo aceptable y unificador que es tener prejuicios hacia la clase política. Sin embargo, su uso también puede dividir y polarizar, dificultando puntos de encuentro.

Andrés Mendiburo*. Este artículo se trabajó junto a periodistas, científicas y científicos de diversas disciplinas en el marco del Taller Malón de CHC.

El estallido social estuvo precedido de malos chistes. El 7 de octubre de 2019, el entonces ministro de economía Juan Andrés Fontaine hizo referencia a las ventajas de madrugar para pagar menos en el transporte público. Al día siguiente, en un arranque creativo que resultaría poco conveniente y a propósito de la nula variación del IPC, el ministro de hacienda Felipe Larraín invitó a los románticos a comprar flores porque habían bajado un 3,7%. Como el chiste no cayó bien, el exministro declaró al día siguiente que “en Chile algunas personas han perdido el humor”.  Sin embargo, los memes y chistes respecto a estas declaraciones mostraron que el ministro se había equivocado y que algo grande se estaba gestando en la sociedad chilena.  

El humor es un vehículo de motores sociales profundos; logra tomarlos y transportarlos a otras personas, generando cohesión y dando la fuerza para botar muros. Si bien el humor no causó el estallido social, comunicó de manera importante que la gente no estaba contenta. Desde las ciencias sociales se dice que el humor tiene la posibilidad de atacar a figuras, favorecer el control social, diferenciar a grupos y, en general, expresar ideas que de otra manera serían problemáticas. En este sentido, comunicarse a través del humor podría ser una forma de mecanismo de defensa social, una herramienta para que los que no tienen poder puedan atacar a los que sí lo tienen.

El humor agresivo (el sarcasmo, la ironía o la sátira, por ejemplo) es probablemente una de las manifestaciones más claras de lo anterior. En un estudio que hicimos con muestras de 26 países [1], vimos que el uso del humor agresivo era mayor en culturas donde se valora más a la persona individual y donde el respeto por las figuras de autoridad no es un valor esencial.

¿Recuerdan a Edo Caroe en el festival de Viña del Mar? Ese año (2016) la presentación del comediante causó gran revuelo, sobre todo por el ataque sin filtro a los políticos, que causó que se escribieran cartas a periódicos, que se pronunciara el Gobierno y que incluso se considerara que afectó la aprobación de la entonces presidenta Michelle Bachelet [2]. Sin embargo, nada de eso detuvo que la crítica política y social arremetiera cada vez más fuerte en las rutinas humorísticas de los años siguientes. 

La evidencia sobre el impacto del humor político en la percepción de las personas es variable, y para estudiarla hicimos un experimento [3] usando la citada rutina de Caroe como estímulo, además de otra del mismo humorista, pero sin contenido político y un video de análisis político de Tomás Mosciatti. Lo que vimos fue que las personas que vieron el humor agresivo contra políticos bajaron sus niveles de confianza en ellos inmediatamente, pero una semana después el efecto desapareció. Eso es parecido a otros estudios que analizaron la sátira de Tina Fey a Sarah Palin en Saturday Night Live y que concluyeron que sí pudo haber afectado las actitudes hacia ella. 

En general se ha visto que el uso del humor disminuye el deseo por contraargumentar un mensaje, por lo que, si se nos dice algo de manera cómica, es más probable que aceptemos el argumento sin pelear mucho. Esto es especialmente relevante si consideramos que existe evidencia de que la gente se informa cada vez más sobre política a través de medios informales, y quienes tienen bajo interés en política se informan mejor a través de contenidos humorísticos [4]. A su vez, ver programas televisivos de este tipo puede aumentar la sensación de eficacia, haciendo que las personas se sientan más capaces de entender el mundo de la política [5]. En nuestro estudio vimos que el procesamiento de la información fue igualmente atento y consciente en el caso del humor político y la información política seria. Vale decir, el contenido se procesaba de la misma manera, pero el humor, además, hizo más agradable y fácil digerirlo.

¿Causó entonces Edo Caroe que las personas bajaran su confianza en los políticos? Probablemente no, pero sin duda su rutina fue una canalización y amplificador de un sentir social. A través de su rutina y las rutinas de muchos otros y otras comediantes (además de tantas viñetas cómicas, programas de televisión, contenidos de internet, memes, etc.) la gente tuvo acceso fácil al descontento compartido. 

Además de ayudar a “generar ambiente” previo al 18 de octubre, el humor sirvió también durante las manifestaciones a los mismos fines descritos antes. Hay muchos registros con carteles graciosos en las marchas, muchos de los cuales tenían en común la burla e ironía hacia los políticos. En gran medida, reírse de ello fue una manera de generar cohesión entre las personas. 

¡Esos locos políticos!

En un estudio publicado 2019 [6], junto Thomas E. Ford preguntamos a una muestra de chilenos qué tan de acuerdo estaban con reírse de algunos grupos sociales. Para ello nos basamos en la teoría de la ventana normativa, que plantea que los prejuicios hacia los grupos sociales varían en un continuo de aceptabilidad que se puede dividir en tres partes. La primera (“región de prejuicio justificado”) reúne a los grupos que la sociedad ha determinado que está bien manifestar prejuicios negativos. La segunda (“región de prejuicio injustificado”) son grupos hacia los cuales nadie “decente” manifestaría algo negativo. Finalmente, la tercera (“región de ambigüedad normativa”), considera a los grupos en que no existe claridad sobre mantener prejuicios: a veces está bien y a veces está mal. De acuerdo con nuestros resultados, los políticos son un grupo que está en la región de prejuicio justificado, haciendo que “esté bien” reírse de ellos. 

Pareciera entonces que la clase política es algo así como un “enemigo común”, y hacer chistes sobre ellos nos une. Sin embargo, a propósito del plebiscito y de las posturas a favor de las dos opciones (“apruebo” y “rechazo”) el humor agresivo apareció para marcar diferencias.

Mi polo negativo es tu polo positivo: el riesgo de la polarización

En un estudio correlacional que hicimos con Sonja Heintz [7] reportamos algunos resultados de una encuesta hecha en Chile. Si bien este resultado no se informó en el artículo, la correlación entre la posición política y el acuerdo con burlarse de otros mostró que las personas de derecha están más dispuestas a reírse de la gente de izquierda, feministas, pueblos originarios o minorías sexuales, mientras que las personas de izquierda lo están en el caso de personas de derecha, personas religiosas o políticos. 

El uso del humor para referirnos a los demás y qué tan correcto lo consideramos, está relacionado con algunas definiciones que hacemos de nosotros mismos. En el caso de nuestra posición política, ella también define en parte nuestra identidad, y se liga a nuestras emociones y a nuestra autoestima, tal como plantea la teoría de la identidad social de Henry Tajfel y sus derivadas. En un experimento hecho en EEUU [8], el supervisor de un trabajo ficticio contaba a personas de pensamiento conservador o liberal chistes que atacaban a alguno de los dos grupos. Lo que se vio fue que cuando el chiste atacaba al grupo político al cual la persona pertenecía, ésta se sentía más excluida, discriminada y menos capaz para hacer el trabajo. No sería sorpresa, entonces, que personas que se sienten ridiculizadas por un chiste vean atacada su identidad, se enojen, polaricen y extremen sus posiciones.

Podemos afirmar que el humor fue uno de los vehículos utilizados para expresar descontento con el sistema político, económico y social. A través de él se manifestó un sentir sobre muchas cosas que molestaban colectivamente (por ejemplo, las pensiones, el lugar que ocupa la mujer en la sociedad, el trato que damos a los niños) antes del 18 de octubre y luego en todo el proceso de manifestación que llevó al plebiscito por una nueva constitución. Ese humor estuvo enfocado en atacar a la clase política y, en general, a todos los que tuvieran una condición de poder y privilegio. Sin embargo, y justamente a propósito de las campañas por el plebiscito, apareció también el humor para remarcar diferencias entre posturas, probablemente contribuyendo a cierta polarización. 

Una marcha cualquiera en las calles de Chile.

Es imposible que no haya humor ni que éste no manifieste agresión en circunstancias como las actuales. Sin embargo, y dada la evidencia revisada, es necesario cuidar las heridas que generamos en los demás cuando estamos en medio de un proceso constituyente

No sé, eso pienso yo… 

* Humor, bienestar y métodos experimentales en el laboratorio y observatorio de lo cómico de la UNAB. Nunca he entendido por qué la bombilla del mate es de metal si conduce el calor y quema. Por otro lado, el té está sobrevalorado y me complican las palabras en las que su diminutivo es más largo que la palabra misma. Por ende, el café. Mi Twitter es @docpayaso

Las citas:

  1.  Mendiburo-Seguel, A., Páez, D. y Martínez-Zelaya, G. (2018). Humor, cultura, personalidad y bienestar a nivel colectivo. En Benavides-Delgado, J. (Ed.) Psicología y filosofía del humor. Bogotá: Ediciones Universidad Cooperativa de Colombia.

  2. https://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2016/02/29/cadem-humor-politico-golpea-a-bachelet-y-apoyo-cae-a-20/

  3. Mendiburo-Seguel, A., Vargas, S., & Rubio, A. (2017). Exposure to political disparagement humor and its impact on trust in politicians: How long does it last?. Frontiers in Psychology8, 2236.

  4. Xenos, M. A., & Becker, A. B. (2009). Moments of Zen: Effects of The Daily Show on information seeking and political learning. Political Communication26(3), 317-332.

  5. Baumgartner, J., & Morris, J. S. (2006). The Daily Show effect: Candidate evaluations, efficacy, and American youth. American Politics Research34(3), 341-367.

  6. Mendiburo-Seguel, A., & Ford, T. E. (2019). The effect of disparagement humor on the acceptability of prejudice. Current Psychology, 1-12.

  7. Mendiburo‐Seguel, A., & Heintz, S. (2020). Who shows which kind of humor? Exploring sociodemographic differences in eight comic styles in a large Chilean sample. Scandinavian Journal of Psychology.

  8. Ford, T. E., Buie, H. S., Mason, S. D., Olah, A. R., Breeden, C. J., & Ferguson, M. A. (2020). Diminished self-concept and social exclusion: Disparagement humor from the target’s perspective. Self and Identity, 19(6), 698-718.

¿Apruebo o rechazo? Las decisiones en el reino animal

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Javier Cavieres*. Este artículo se trabajó junto a periodistas, científicas y científicos de diversas disciplinas en el marco del Taller Malón de CHC.

El 25 de octubre nuestro país vivió un proceso eleccionario único en su historia. Por primera vez en 210 años de vida republicana de Chile, los ciudadanos decidieron que desean una nueva Constitución. En una muestra de democracia, los ciudadanos mayores de 18 años asistieron de forma voluntaria a los locales de votación y expresaron su opinión respecto al futuro del país.

Según un estudio del “Pew Research Center”1, en los últimos ocho años Chile ha sido uno de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) con más baja participación en las últimas elecciones (Figura 1). Es común escuchar diferentes razones para esta situación. Oír que se evaluarán los mecanismos que utilizan otros países para incentivar la participación o incluso, que se analizará reinstaurar el sufragio obligatorio. Sin embargo, no es común reflexionar sobre el significado que le damos los ciudadanos al poder de nuestro voto y en qué tanto puede aportar este al resultado final. Asimismo, es aún menos frecuente buscar la respuesta a estas preguntas en otras especies animales y cuestionarse cómo ellos toman las decisiones que involucran a toda la población.

La decisión de la mayoría

En la década de 1990, se sostenían que los grupos de animales no humanos utilizaban el despotismo para tomar decisiones comunes. El argumento era la dificultad que tendrían para sufragar o bien, contar votos. Sin embargo, estudios de comportamiento quebraron ese paradigma, señalando que varias especies animales toman decisiones considerando la opinión de su población y respetando la mayoría, dos componentes esenciales de la democracia2. Por lo general los animales, excluyendo al humano, no realizan comicios para escoger un líder; en su lugar, recurren al sufragio para decidir dónde vivir o buscar alimento. Uno de los ejemplos más conocidos son las abejas, quienes realizan elecciones para escoger el sitio de su nueva colmena. Contrario a lo que se piensa, la reina no es la encargada de ejercer esta función; en su lugar, un grupo de abejas denominadas “exploradoras” visitan árboles en diferentes localidades y evalúan si reúnen las condiciones adecuadas para su nuevo hogar, en términos del clima y su exposición a depredadores.

Una vez que las exploradoras han revisado los posibles sitios, regresan a su colmena a decidir cuál de estos será la mejor opción. El profesor Thomas Seeley de la Universidad de Cornell describe en su libro “Honeybee democracy”3, que cerca de 400 abejas exploradoras realizan un “debate” a través diversos bailes en los que entregan información sobre los árboles que visitaron. El tiempo de duración de la danza es proporcional a la distancia entre la colmena actual y el posible nuevo hogar; el ángulo de giro en estas indica la dirección en la que se encuentra el árbol y el número veces que repiten el baile informa sobre la calidad del sitio (Figura 2A). Analizando estos factores, una exploradora puede continuar con su danza o bien, sumarse al de otra abeja si considera que el sitio que visitó su compañera es mejor. Al cabo de 2 o 3 días, las opciones se reducen y todas las exploradoras bailan en torno a una opción u otra (Figura 2B). Una vez que existe “consenso” por un lugar, la colonia de abejas migra a construir su colmena como resultado de esta decisión democrática.

La democracia más allá de las abejas

En el reino animal, no solo los humanos y abejas utilizan la democracia. Palomas, cucarachas y monos son algunas especies que emplean este sistema para tomar decisiones4,5,6. En los primates, un caso llamativo son los monos babuinos, quienes viven en manadas jerarquizadas y en conjunto, se desplazan para buscar alimento o refugio. En un estudio reciente6 colocaron collares con GPS en 25 monos y se evaluó su desplazamiento. El primer hallazgo fue que el macho alfa de la manada no era el encargado de decidir hacia dónde se movería el grupo. La decisión era compartida; un mono podía alejarse y actuar como guía, arrastrando a un segundo babuino en esa dirección y por último a la manada completa o bien, podía no generar consenso con lo que retrocedía a su posición inicial. Si varios babuinos salían en diferentes direcciones al mismo tiempo, el consenso dependía del ángulo de separación entre esos caminos; si este era pequeño, la manada se movía a un camino intermedio entre los sitios posibles; si era grande, los monos se movían en dirección al grupo con mayor número de babuinos. De forma destacable, quienes habían escogido el otro camino, acataron la decisión de la mayoría y se unieron a la manada (Figura 3).

Una decisión de todos

La forma en que las abejas y los babuinos toman decisiones sobre dónde construir su hogar o hacia dónde desplazarse, nos lleva a reflexionar sobre el valor que le otorgan los animales al voto. ¿No sería más simple que la abeja reina o el babuino macho alfa tomen las decisiones? Si bien no podemos saber el motivo que lleva a estas especies adoptar este sistema democrático, es interesante analizar su implicancia en términos de sobrevivencia. El periodista James Surowiecki en su libro “The Wisdom of Crowds” señala que “con la organización adecuada, los grupos democráticos son notablemente inteligentes, y a menudo más sabios que las personas más sabias entre ellos”7. Un grupo de abejas o babuinos tendrán conocimientos más diversos que la abeja reina o el macho alfa, lo que se traduciría en una mayor probabilidad de tomar una decisión correcta y, en consecuencia, sobrevivir. Pero ¿qué lecciones nos deja esto a los humanos y sobre todo a los ciudadanos que pueden participar en las múltiples elecciones que se vienen el 2021?

De los animales debemos aprender que una elección con alta participación enriquece la decisión que resulte de esta. Después de todo, somos una especie más del reino animal que tiene la oportunidad de escoger qué es lo que quiere para su futuro. La opción es suya, mía y de todos. Por eso yo este 25 de octubre, voto.

Javier Cavieres Bioquímico, actualmente en el doctorado en Neurociencia de la Universidad de Valparaíso @Javi__Cavieres.

Edición Periodística Francisca Soto @Fran_science

Y aquí lo que citamos!

  1. Drew, D. (2018). U.S. trails most developed countries in voter turnout. Washington DC, USA: Pew Research Center. Recuperado de: https://www.pewresearch.org/fact-tank/2018/05/21/u-s-voter-turnout-trails-most-developed-countries/
  2. Conradt, L., & Roper, T. J. (2005). Consensus decision making in animals. Trends in ecology & evolution, 20(8), 449-456.
  3. Seeley, T. D. (2010). Honeybee democracy. Princeton University Press.
  4. Nagy, M., Ákos, Z., Biro, D., & Vicsek, T. (2010). Hierarchical group dynamics in pigeon flocks. Nature464(7290), 890-893.
  5. Amé, J. M., Halloy, J., Rivault, C., Detrain, C., & Deneubourg, J. L. (2006). Collegial decision making based on social amplification leads to optimal group formation. Proceedings of the National Academy of Sciences103(15), 5835-5840.
  6. Strandburg-Peshkin, A., Farine, D. R., Couzin, I. D., & Crofoot, M. C. (2015). Shared decision-making drives collective movement in wild baboons. Science348(6241), 1358-1361.
  7. Surowiecki, J. (2004). The wisdom of crowds. Nueva York, USA. Anchor Books press.
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