¿Apruebo o rechazo? Votemos como animales

El próximo 25 de octubre nuestro país vivirá un proceso eleccionario único en su historia. Por primera vez en 210 años de vida republicana de Chile, los ciudadanos decidirán si desean una nueva Constitución y a través de qué mecanismo, eventualmente, se realizará esta. En una muestra de democracia, los ciudadanos mayores de 18 años podrán asistir de forma voluntaria a los locales de votación y expresar su opinión respecto al futuro del país. Sin embargo ¿nos haremos partícipes de este proceso?

Según un estudio del “Pew Research Center”1, en los últimos ocho años Chile ha sido uno de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) con más baja participación en las últimas elecciones (Figura 1). Es común escuchar diferentes razones para esta situación. Oír que se evaluarán los mecanismos que utilizan otros países para incentivar la participación o incluso, que se analizará reinstaurar el sufragio obligatorio. Sin embargo, no es común reflexionar sobre el significado que le damos los ciudadanos al poder de nuestro voto y en qué tanto puede aportar este al resultado final. Asimismo, es aún menos frecuente buscar la respuesta a estas preguntas en otras especies animales y cuestionarse cómo ellos toman las decisiones que involucran a toda la población.

La decisión de la mayoría

En la década de 1990, se sostenían que los grupos de animales no humanos utilizaban el despotismo para tomar decisiones comunes. El argumento era la dificultad que tendrían para sufragar o bien, contar votos. Sin embargo, estudios de comportamiento quebraron ese paradigma, señalando que varias especies animales toman decisiones considerando la opinión de su población y respetando la mayoría, dos componentes esenciales de la democracia2. Por lo general los animales, excluyendo al humano, no realizan comicios para escoger un líder; en su lugar, recurren al sufragio para decidir dónde vivir o buscar alimento. Uno de los ejemplos más conocidos son las abejas, quienes realizan elecciones para escoger el sitio de su nueva colmena. Contrario a lo que se piensa, la reina no es la encargada de ejercer esta función; en su lugar, un grupo de abejas denominadas “exploradoras” visitan árboles en diferentes localidades y evalúan si reúnen las condiciones adecuadas para su nuevo hogar, en términos del clima y su exposición a depredadores.

Una vez que las exploradoras han revisado los posibles sitios, regresan a su colmena a decidir cuál de estos será la mejor opción. El profesor Thomas Seeley de la Universidad de Cornell describe en su libro “Honeybee democracy”3, que cerca de 400 abejas exploradoras realizan un “debate” a través diversos bailes en los que entregan información sobre los árboles que visitaron. El tiempo de duración de la danza es proporcional a la distancia entre la colmena actual y el posible nuevo hogar; el ángulo de giro en estas indica la dirección en la que se encuentra el árbol y el número veces que repiten el baile informa sobre la calidad del sitio (Figura 2A). Analizando estos factores, una exploradora puede continuar con su danza o bien, sumarse al de otra abeja si considera que el sitio que visitó su compañera es mejor. Al cabo de 2 o 3 días, las opciones se reducen y todas las exploradoras bailan en torno a una opción u otra (Figura 2B). Una vez que existe “consenso” por un lugar, la colonia de abejas migra a construir su colmena como resultado de esta decisión democrática.

La democracia más allá de las abejas

En el reino animal, no solo los humanos y abejas utilizan la democracia. Palomas, cucarachas y monos son algunas especies que emplean este sistema para tomar decisiones4,5,6. En los primates, un caso llamativo son los monos babuinos, quienes viven en manadas jerarquizadas y en conjunto, se desplazan para buscar alimento o refugio. En un estudio reciente6 colocaron collares con GPS en 25 monos y se evaluó su desplazamiento. El primer hallazgo fue que el macho alfa de la manada no era el encargado de decidir hacia dónde se movería el grupo. La decisión era compartida; un mono podía alejarse y actuar como guía, arrastrando a un segundo babuino en esa dirección y por último a la manada completa o bien, podía no generar consenso con lo que retrocedía a su posición inicial. Si varios babuinos salían en diferentes direcciones al mismo tiempo, el consenso dependía del ángulo de separación entre esos caminos; si este era pequeño, la manada se movía a un camino intermedio entre los sitios posibles; si era grande, los monos se movían en dirección al grupo con mayor número de babuinos. De forma destacable, quienes habían escogido el otro camino, acataron la decisión de la mayoría y se unieron a la manada (Figura 3).

Una decisión de todos

La forma en que las abejas y los babuinos toman decisiones sobre dónde construir su hogar o hacia dónde desplazarse, nos lleva a reflexionar sobre el valor que le otorgan los animales al voto. ¿No sería más simple que la abeja reina o el babuino macho alfa tomen las decisiones? Si bien no podemos saber el motivo que lleva a estas especies adoptar este sistema democrático, es interesante analizar su implicancia en términos de sobrevivencia. El periodista James Surowiecki en su libro “The Wisdom of Crowds” señala que “con la organización adecuada, los grupos democráticos son notablemente inteligentes, y a menudo más sabios que las personas más sabias entre ellos”7. Un grupo de abejas o babuinos tendrán conocimientos más diversos que la abeja reina o el macho alfa, lo que se traduciría en una mayor probabilidad de tomar una decisión correcta y, en consecuencia, sobrevivir. Pero ¿qué lecciones nos deja esto a los humanos y sobre todo a los ciudadanos que pueden participar en el plebiscito en los próximos días?

La baja participación en los procesos eleccionarios que ha tenido Chile en los últimos años debe preocuparnos. Nuestras críticas en el día a día contra el sistema político y económico del país tienen un escaso valor si es que no manifestamos nuestra opinión en las urnas. De los animales debemos aprender que una elección con alta participación enriquece la decisión que resulte de esta. Después de todo, somos una especie más del reino animal que tiene la oportunidad de escoger qué es lo que quiere para su futuro. La opción es suya, mía y de todos. Por eso yo este 25 de octubre, voto.

Javier Cavieres Bioquímico, actualmente en el doctorado en Neurociencia de la Universidad de Valparaíso @Javi__Cavieres.

Edición Periodística Francisca Soto @Fran_science

Y aquí lo que citamos!

  1. Drew, D. (2018). U.S. trails most developed countries in voter turnout. Washington DC, USA: Pew Research Center. Recuperado de: https://www.pewresearch.org/fact-tank/2018/05/21/u-s-voter-turnout-trails-most-developed-countries/
  2. Conradt, L., & Roper, T. J. (2005). Consensus decision making in animals. Trends in ecology & evolution, 20(8), 449-456.
  3. Seeley, T. D. (2010). Honeybee democracy. Princeton University Press.
  4. Nagy, M., Ákos, Z., Biro, D., & Vicsek, T. (2010). Hierarchical group dynamics in pigeon flocks. Nature464(7290), 890-893.
  5. Amé, J. M., Halloy, J., Rivault, C., Detrain, C., & Deneubourg, J. L. (2006). Collegial decision making based on social amplification leads to optimal group formation. Proceedings of the National Academy of Sciences103(15), 5835-5840.
  6. Strandburg-Peshkin, A., Farine, D. R., Couzin, I. D., & Crofoot, M. C. (2015). Shared decision-making drives collective movement in wild baboons. Science348(6241), 1358-1361.
  7. Surowiecki, J. (2004). The wisdom of crowds. Nueva York, USA. Anchor Books press.