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Coronavirus: tres de cada cuatro pacientes hospitalizados son hombres «pelados»

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Andrógenos y Coronavirus
Andrógenos y Coronavirus

Con la propagación del virus, rápidamente identificamos a los mayores de 65 años como el grupo con mayor riesgo de presentar un cuadro grave de Covid-19. Ahora nuevos reportes han descrito con mejor precisión a ese conjunto que cuenta con la mayor incidencia de infectados y fallecidos, se trata de hombres adultos y calvos.

Si bien estamos conscientes de que correlación no implica causalidad, también sabemos que los altos niveles hormonales de testosterona (la hormona masculina) sí explican en gran parte la alopecia. Una revisión de estudios publicados por la Revista Science pone en perspectiva la evidencia que demostraría que estas hormonas -y su expresión en la calvicie- sí juegan un rol en la capacidad del virus para ingresar a las células y extender el contagio en el huésped.

En ChileCientífico tradujimos este interesante artículo considerando que, según el censo del 2017 (sí, sí… ya sabemos que dirán, pero es lo que tenemos) la Región Metropolitana concentra la mayor cantidad de personas con 60 años o más, y es el territorio que, a su vez, presenta el mayor número de infectados totales de la pandemia en Chile. Los invitamos a leer la nota y, si nacieron antes de lo 70 o son de los que vivieron el mundial del 62, a cuidarse.


En enero, una de las primeras publicaciones sobre las personas enfermas por un nuevo coronavirus en Wuhan (China), informó que tres de cada cuatro pacientes hospitalizados eran hombres. Desde entonces, los datos de todo el mundo han confirmado que ellos son los que enfrentan un mayor riesgo de desarrollar una enfermedad grave y de morir por COVID-19, mucho mayor al que manifiestan mujeres y niños. Hoy, casi seis meses después, los científicos que investigan cómo actúa el coronavirus, que conocemos como SARS-CoV-2, han encontrado una posible razón: los andrógenos, sugiriendo que las hormonas sexuales masculinas (como la testosteronan) aumentarían la capacidad del virus para ingresar a las células.

A la fecha, existe una enorme cantidad de datos nuevos que respaldan esta idea, desde los resultados de COVID-19 en hombres con cáncer de próstata y hasta estudios de laboratorio sobre cómo los andrógenos regulan los genes claves en la infección. Resultados preliminares obtenidos en España sugieren que un número inusual de hombres con alopecia androgénica, también llamada calvicie común, terminan hospitalizados de COVID-19. Los investigadores ya se han apresurado en probar medicamentos que bloquean los efectos de los andrógenos, suministrándolos apenas se detecta la infección, con la esperanza de ralentizar el virus y ganar tiempo para que el sistema inmunológico lo venza.

Hide the pain Harold" está en Chile por una campaña publicitaria ...
En la calvicie común o alopecia androgénica masculina (la forma más común de pérdida de cabello entre los hombres) los folículos pilosos de la cabeza son más sensibles a la acción de los andrógenos (hormonas masculinas como la testosterona).

“Todo el mundo está buscando el vínculo entre los andrógenos y el resultado de COVID-19”, declara Howard Soule, vicepresidente ejecutivo de la Fundación para el Cáncer de Próstata (Prostate Cancer Foundation). El pasado 13 de mayo, el profesional realizó una presentación virtual de los resultados de su investigación frente a 600 científicos y médicos. La segunda presentación virtual se realizó el 4 de junio en donde se discutieron los ensayos clínicos a desarrollarse.

Los datos epidemiológicos de todo el mundo han confirmado los primeros informes sobre la vulnerabilidad masculina al SARS-CoV-2. En Lombardía (Italia), por ejemplo, el 82% de los 1.591 pacientes ingresados a cuidados intensivos (UCI) fueron hombres, según los ingresos reportados entre el 20 de febrero y 18 de marzo por JAMA. La misma organización reportó que la mortalidad masculina excedió a la de las mujeres en cada grupo de edad adulta, según el estudio que registró a 5 mil 700 pacientes hospitalizados por COVID-19 en la ciudad de Nueva York.

Actualmente, los investigadores están siguiendo el rastro del mecanismo que explicaría este sesgo masculino, esfuerzo liderado por científicos especialistas en cáncer de próstata (que cuentan con un profundo conocimiento de la acción de los andrógenos).

Christina Jamieson, de la Universidad de California (UC) San Diego, quien estudia el cáncer de próstata, recuerda que estaba en una reunión virtual para afinar ideas sobre cómo vincular su investigación con COVID-19 cuando su hermana, quien también es investigadora de la UC, le envió un mensaje de texto de una palabra: «TMPRSS2».

Era el 16 de abril, y en cuestión de minutos Jamieson había encontrado la publicación que impulsaba el texto: un artículo de Cell de Markus Hoffmann, del Instituto Leibniz para la Investigación de los Primates, y sus colegas. El documento fue como un rayo de luz para la comunidad de investigación del cáncer de próstata. El artículo demostraba que la infección con SARS-CoV-2, el virus que causa COVID-19, se basa en una enzima unida a la membrana celular: la TMPRSS2, la que tiene la función de escindir la proteína «espiga» (spike, la que le da forma de coronona al virus) en la superficie del coronavirus, permitiendo que el virus se fusione con la membrana de la célula del huésped e ingrese a la célula.

Los estudios en cáncer de próstata

Jamieson y otros investigadores del cáncer de próstata estaban familiarizados con la enzima pues una mutación de la TMPRSS2 aparece en casi la mitad de todos los canceres de próstata pues acelera el crecimiento celular descontrolado en este tejido. En la próstata, la enzima se produce cuando las hormonas masculinas se unen al receptor de andrógeno. «Investigar es como si estuvieras tratando de echar un ancla en un vasto océano de posibilidades», dice Jamieson. El descubrimiento de que la TMPRSS2 ayuda al virus a ingresar a las células «se sintió como si el ancla golpeara el suelo».

Hasta el momento, los investigadores no han observado que los andrógenos controlen la TMPRSS2 (el punto de inicio para la infección por SARS-CoV-2) tal como lo hacen en la próstata. Ello, porque los estudios en tejido pulmonar y células de ratones y humanos llegan a conclusiones contradictorias.

Sin embargo, después de que se publicó el artículo de Cell, Andrea Alimonti, directora de oncología molecular de la Università della Svizzera (Italia), demostró la relación entre los andrógenos y el SARS-CoV-2 al observar los datos de más de 42 mil hombres con cáncer de próstata en Véneto, Italia. Junto a su equipo, descubrió que los pacientes en terapia de privación de andrógenos (ADT), medicamentos que reducen los niveles de testosterona, tenían solo un cuarto de probabilidades de contraer COVID-19 en comparación con los hombres con cáncer de próstata que no estaban en ADT, según publicó los Anales de Oncología (Annals of Oncology). Además, los hombres con ADT (no tienen la testosterona en la circulación) también tenían menores probabilidades de ser hospitalizados y morir (ver tabla).

En un estudio italiano, los hombres con cáncer de próstata que recibieron medicamentos que suprimen los andrógenos tenían muchas menos probabilidades de infectarse con el SARS-CoV-2.

Dos pequeños estudios informaron que los hombres con calvicie de patrón masculino están sobrerrepresentados entre los pacientes hospitalizados con COVID-19. Este tipo de calvicie se asocia con altos niveles de dihidrotestosterona (DHT), un metabolito clave de la testosterona presente en el cuero cabelludo. Un estudio realizado en abril con 41 hombres españoles hospitalizados por COVID-19 encontró que el 71% tenía calvicie de patrón masculino; mientras que la tasa de antecedentes en hombres blancos se estima entre 31% a 53%. Un segundo estudio publicado el mes pasado encontró que el 79% de 122 hombres en tres hospitales de Madrid con COVID-19 tenían calvicie de patrón masculino.

Más evidencia circunstancial proviene del biólogo de células madre Faranak Fattahi, de UC San Francisco. Su equipo encontró un fuerte vínculo entre una medida de andrógenos activos en la sangre y la gravedad de la enfermedad COVID-19 en datos de varios cientos de pacientes masculinos en el Biobanco del Reino Unido, no encontrando este efecto en las mujeres.

Tal evidencia ya está inspirando posibles terapias. Matthew Rettig, oncólogo que dirige la investigación del cáncer de próstata en la UC en Los Ángeles, lidera un ensayo doble ciego, aleatorizado y controlado con placebo del fármaco supresor de andrógenos degarelix en 200 veteranos hospitalizados con COVID-19 en Los Ángeles, Seattle, y Nueva York. Los pacientes recibirán una inyección única que prácticamente reduce los niveles de testosterona en 3 días. Eso reduce la expresión del gen TMPRSS2, al menos en la próstata, a casi cero. Los efectos secundarios de este tratamiento incluyen sofocos y crecimiento de los senos, «similar a lo que ocurre con la castración quirúrgica», dice Rettig.

Mientras que en el cáncer de próstata estas inyecciones se administran mes a mes, “este estudio solo involucra una dosis única, por lo que su efecto es temporal «, dice Rettig. En 4 o 5 meses más se sabrá si este tratamiento ayuda a mantener a los pacientes fuera de los ventiladores y reduce la mortalidad.

Varios otros ensayos antiandrógenos están a la vista en los Estados Unidos y Europa. La investigadora del cáncer de próstata, Catherine Marshall, de la Universidad Johns Hopkins, está preparando un ensayo de bicalutamida, un bloqueador de receptores de andrógenos más antiguo y económico, en 20 pacientes hospitalizados dentro de los 3 días posteriores a la prueba de COVID-19. Su grupo comparará los resultados con los pacientes que no reciben el medicamento. «Creemos que si esto funciona, disminuirá la carga viral en los pacientes», dice Marshall. «Por eso los entregamos al inicio del curso de la enfermedad».

Las mujeres están siendo incluidas en el ensayo, agrega, porque tienen andrógenos aunque a niveles más bajos que los hombres, y porque se ha demostrado que los estrógenos ayudan a curar la lesión pulmonar aguda. La bicalutamida aumenta los niveles de estrógeno y suprime la actividad de andrógenos. Marshall dice respecto a la ola emergente de ensayos clínicos: «Todas estas ideas de ensayos han sido ‘ciencia en equipo’ en su mejor momento y, probablemente, al paso más rápido posible”.

A la promesa de los antiandrógenos se agrega evidencia de laboratorio del estudio de Fattahi. Su equipo examinó los medicamentos aprobados por la Administración de Drogas y Alimentos (FDA) en las células del corazón en el laboratorio para ver cuáles reducían los niveles del receptor esencial de SARS-CoV-2, la enzima convertidora de angiotensina 2 (ACE2). Los resultados exitosos clave incluyeron finasterida y dutasterida, medicamentos que bloquean la conversión de testosterona a DHT, según una preimpresión del 15 de mayo. La finasterida está aprobada por la FDA para tratar la calvicie de patrón masculino y la dutasterida para la hiperplasia benigna de próstata. La dutasterida también redujo los niveles de ACE2 en células alveolares sanas de pulmón humano.

Aunque los investigadores, que buscan demostrar la relación entre andrógenos y el SARS-CoV-2, advierten que a la fecha sigue siendo una hipótesis, hasta que esta relación se confirme a través de estudios clínicos y de laboratorio. Sin embargo, son optimistas al señalar que: «Cuando toda la evidencia apunta a lo mismo, es muy satisfactorio», dice Fattahi.

Traduccción. Camila Mella

Los 4 tipos de vacunas que llevan la delantera

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A 6 meses de la aparición del Sars-CoV-2 aún no se ha logrado certificar una vacuna que detenga su contagio. Y es que no es una tarea fácil. Centros de investigación públicos y privados en todo el mundo trabajan sin descanso para encontrar una vacuna que prevenga la infección viral, así como tratamientos efectivos y remisorios para el cuadro clínico del COVID-19. En esta oportunidad, RIAC analizó cuatro de los principios en que se basan el desarrollo de las posibles vacunas contra la infección de SARS-CoV-2: a partir de ácidos nucleicos; virus inactivados o atenuados; subunidades proteicas; y de vectores de virus.

Según el catastro global del Milken Institute, hoy se desarrollan 230 investigaciones diferentes para tratamientos del COVID-19 en el mundo. A pesar de esto, hasta la fecha no se ha demostrado que ningún tratamiento o fármaco puede curar o prevenir el COVID-19.

En el campo de las vacunas, desde que se publicó la secuencia genética del SARS-CoV-2, el 11 de enero de 2020, más de 40 compañías farmacéuticas e instituciones académicas de diferentes países han participado activamente en la creación de vacunas para COVID-19. Algunas de ellas ya han ingresado a la evaluación de eficacia en animales y ensayos clínicos.

Hoy, existen 143 estudios de vacunas candidatas en desarrollo a lo largo del mundo que buscan frenar los casos de contagio por el virus que, según el Centro de Ciencias e Ingeniería de Sistemas de la Universidad Jonhs Hopkins registra 5.936.145 personas contagiadas, y unas 358.067 muertas producto de COVID-19.

Vacunas de ácido nucleico

Según los antecedentes recopilados por el Milken Institute, en la actualidad existen en curso más de 30 investigaciones que incorporan ácidos nucleícos en la confección y testeo de vacunas contra el COVID-19.

Los ácidos nucleicos son grandes polímeros formados por la repetición de unidades mínimas (monómeros) llamadas nucleótidos. La unión repetida de los nucleótidos forma largas cadenas de ácidos nucleicos que pueden corresponder a dos tipos de material genético, ADN o ARN, dependiendo de qué tipo de nucleótidos los conformen. Los nucleótidos que presentan las bases nitrogenadas Guanina (G), Citosina ( C), Adenina (A) y Timina (T) formarán el ADN; mientras que los compuestos por G, C, A y Uracilo (U) formarán el ARN.

Todos los microorganismos y agentes microscópicos como lo virus, presentan material genético, ya sea en forma de ADN o ARN, que actúa como nuestro disco duro, almacenando todos los archivos con instrucciones para su posterior codificación y producción de proteínas, necesarias para el desarrollo y funcionamiento de todos los organismos vivos​ y algunos virus.

El enfoque de vacunación basado en ácidos nucleícos consiste en introducir al organismo material genético capaz de codificar el antígeno, una fracción molecular específica de un patógeno capaz de ser reconocido por nuestro sistema inmune, el que desencadenará la respuesta inmune. Cuando nuestro organismo recibe una vacuna de ácidos nucleicos, las propias células del cuerpo leen este material genético, lo procesan y producen el antígeno. Esta sustancia hace que el sistema genere anticuerpos neutralizantes, que buscarán a este antígeno y lo etiquetarán para su eliminación, como centinelas que le indican a las células inmunes la presencia de la amenaza.

Esa estrategia genera memoria inmunológica, nuestras células aprenden a reconocer al extraño y, así, cuando nos encontremos realmente frente al patógeno, nuestro organismo podrá reconocerlo y combatir rápidamente la infección, lo que evitará el desarrollo grave de la enfermedad.

Este tipo de vacunas han sido investigadas ampliamente en el pasado en la búsqueda de combatir infecciones virales de carácter mundial, como por ejemplo coronavirus del SARS (SARS-CoV) en 2003, la gripe aviar H5N1 en 2005, la gripe pandémica H1N1 en 2009 y el virus del Zika en 2016, todas ellas basadas en ADN y testeadas por el Centro de Investigación de Vacunas del NIAID.

INO-4800 versus la proteína Spike

En el contexto de la pandemia causada por la infección de SARS-CoV-2 varias farmacéuticas y compañías de biotecnología han desarrollado plataformas de estudio de vacunas basadas en ácidos nucleicos, como el Instituto Internacional de Vacunas (IVI), el Instituto Nacional de Salud de Corea (KNIH), la empresa biotecnológica INOVIO y la Coalición para las Innovaciones de Preparación Epidémica (CEPI), que ya ha generado algunos resultados en la fase de estudio preclínica.

INOVIO se encuentra desarrollando INO-4800, ADN sintético cuyo material genético es capaz de codificar información para la producción de la proteína Spike presente en la superficie del SARS-CoV-2 (lee más sobre spike en nuestra publicación previa). Los resultados in vitro, publicados recientemente en la revista Nature Communications, muestran su alta efectividad a la hora de inducir la producción de este antígeno en células humanas.

En ensayos preclínicos realizados con ratones y cobayos, la inmunización con INO-4800 desencadenó la respuesta específica de linfocitos T (células del sistema inmune) contra la proteína spike (antígeno) y la producción de anticuerpos funcionales que neutralizan de manera efectiva la infección por SARS-CoV-2. Estos anticuerpos, además, bloquearon la unión de la proteína con el receptor que le permite al virus el ingreso en nuestras células y su mantención en las vías respiratorias (para más información de este receptor y su rol en la infección ver nuestra publicación previa).

Los resultados presentados por INOVIO respaldan a INO-4800 como un posible candidato para inmunización, por lo que se están preparando para comenzar los estudios clínicos en humanos el próximo mes, convirtiéndola en la primera vacuna contra el SARS-CoV-2 basada en ADN en avanzar a fase de estudio con personas.

Vacunas de Subunidades de proteínas

En lugar del patógeno completo, las vacunas de subunidades incluyen sólo los componentes o antígenos que estimulan mejor el sistema inmunitario. Incluir solo los antígenos esenciales en una vacuna puede minimizar los efectos secundarios, como fiebre e hinchazón en el sitio de inyección.

Sin embargo, aunque este diseño puede hacer que las vacunas sean más seguras y fáciles de producir, a menudo requiere la incorporación de adyuvantes, componentes extras para potenciar una respuesta contundente, porque los antígenos por sí solos pueden no ser suficientes para inducir la inmunidad necesaria a largo plazo.

Avances en técnicas de laboratorio, como la capacidad de resolver estructuras de proteínas a nivel atómico, han contribuido a los avances en el desarrollo de vacunas subunitarias. Por ejemplo, al reconstruir la estructura tridimensional de una proteína en la superficie del virus sincitial respiratorio (RSV) unida a un anticuerpo, los científicos del NIAID identificaron un área clave de esta proteína que resultó altamente sensible a los anticuerpos neutralizantes. Con esta información, pudieron modificar la proteína del virus, aprovechando el punto débil en su estructura para potenciar su eliminación.

En el caso de los coronavirus, las vacunas de subunidades que se centran en la proteína Spike (S o S1 recombinante, es decir, producida artificialmente) del SARS-CoV y MERS-CoV, han demostrado ser eficaces en varios estudios. De hecho, existen más de 40 universidades, institutos y compañías biofarmacéuticas que se encuentran trabajando con este concepto.

Clover Biopharmaceuticals, por ejemplo, identificó la zona de unión de la proteína S del virus al receptor (RBD). Además, demostró que, pese a que el SARS-CoV tiene una menor afinidad con los receptores de las células humanas, el trabajo avanzado para desarrollar una vacuna contra esta variedad de coronavirus, sí tiene potencial para continuar el trabajo en el caso del SARS-CoV-2. Por esta razón, un consorcio en el Baylor College of Medicine se encuentra actualmente desarrollando una vacuna basada en el dominio RBD.

Vacunas de virus inactivadas o vivas atenuadas

Estas vacunas constituyen la estrategia de vacunación tradicional, y consisten en patógenos completos que han sido inactivados o debilitados para que no puedan causar enfermedades. Pueden provocar fuertes respuestas inmunes protectoras y pueden conferir inmunidad de por vida después de sólo una o dos dosis. Sin embargo, no todos los microbios que causan enfermedades pueden ser dirigidos efectivamente con esta alternativa. Para inactivar un microbio, se puede recurrir a químicos, calor, radiación, o bien puede desarrollarse en el laboratorio una versión del microbio vivo más débil, como lo es la vacuna contra el sarampión, las paperas y la rubéola (MMR).

Una novedosa técnica para generar virus atenuados se conoce como la “desoptimización de codones”, las secuencias de nucleótidos que codifican a los aminoácidos que, luego, constituyen una proteína. Esta técnica permite generar virus con secuencias nucleotídicas poco óptimas, por lo tanto, las rapidez de síntesis de las proteínas virales se ve disminuida. De esta forma se ve atenuada la infección viral y le da una ventaja al organismo hospedero en tiempo, para que el sistema inmune pueda combatirlo de manera eficaz. A su vez, la producción de anticuerpos puede otorgar la inmunidad suficiente a tiempo para combatir una eventual infección por un virus salvaje.

Se caracterizan por ser estables y presentar bajas probabilidades de la aparición de virus revertantes, es decir, que cuenta con altas precauciones para que esta versión no mute hacia el fenotipo salvaje, eliminando las modificaciones artificiales previas, como la inserción de genes adicionales o la desoptimización de codones.

Gracias a la pronta liberación de la secuencia genética del nuevo virus SARS-CoV-2, sólo días después de haberse aislado por primera vez, la empresa biotecnológica Codagenix comenzó a desarrollar vacuna basada en la tecnología de “desoptimización de codones” y ya ha diseñado múltiples genomas candidatos. Cada uno de estos virus es cultivado y probado in vivo por laboratorios adecuados para su óptima contención antes de iniciar pruebas en ensayos clínicos.

Vacunas basadas en vectores de virus

Este tipo de vacunas se basa en el uso de vectores, es decir, agentes que transporten algo de un lugar a otro. En este caso, el vector consiste en un virus de baja o nula patogenicidad que ha sido modificado para transportar genes adicionales derivados del patógeno que se busca combatir.

Este tipo de vacunas se basa en la capacidad del virus de infectar células, pues una vez infectadas, comenzarán a sintetizar las proteínas codificadas en el genoma de estos virus, incluyendo los genes adicionales que han sido incorporados, permitiendo la síntesis de antígenos del virus. Así nuestro sistema inmune detecta los antígenos virales y es posible generar inmunidad a través de la síntesis de anticuerpos específicos.

Existen vacunas de vectores replicantes y no replicantes. Los vectores no replicantes se logran con modificaciones a su genoma, eliminando regiones claves para la replicación del virus vector. En las vacunas de virus replicantes, los genomas pueden evolucionar durante el proceso de fabricación de la vacuna o durante la replicación dentro de un individuo y perder los genes adicionales que hayan sido incorporados. Por lo tanto, existe preocupación de que esta evolución pueda limitar severamente la eficacia de la vacuna. La dinámica de este proceso se estudia con modelos matemáticos. Se ha encontrado que la evolución es un problema sólo cuando el proceso de fabricación da como resultado que la mayoría del virus de la vacuna sea revertante. Aumentar el tamaño del inóculo de vacuna o reducir el nivel de revertantes en el inóculo de vacuna puede evitar en gran medida la pérdida de inmunidad asociada a la evolución.

Las vacunas basadas en vectores virales ofrecen un alto nivel de expresión de proteínas y estabilidad a largo plazo, e inducen fuertes respuestas inmunes, específicamente de linfocitos citotóxicos, que son los responsables de eliminar las células infectadas con virus. Según el Milken Institute, al día de hoy (21/05/20), se encuentran en desarrollo 16 vacunas para COVID-19 basadas en vectores no-replicantes y 14 replicantes.

La primera vacuna candidata contra COVID-19 basada en esta técnica, es la vacuna vectorizada con adenovirus desarrollada por el grupo Chen Wei (NCT04313127), que ya comenzó pruebas clínicas en humanos con una rapidez sin precedentes el 16 de marzo de 2020. La vacuna COVID-19/aAPC se está desarrollando a través de la modificación de células artificiales presentadoras de antígeno (aAPC), usando un lentivirus que incorpora minigenes del SARS-CoV-2 y genes inmunomoduladores. El ensayo clínico de fase I que consta de 100 participantes comenzó el 15 de febrero de 2020 y la fecha estimada de finalización del estudio es el 31 de diciembre de 2024 (NCT04299724).

Tenemos opciones, pero toman tiempo.

Sin importar la plataforma usada para desarrollar vacunas contra COVID-19, los investigadores deben evaluar cuidadosamente la efectividad y seguridad de su producción en cada paso. Diseñar una vacuna que genere la inducción de una fuerte inmunidad sería una de las mejores estrategias para bloquear la infección por COVID-19. Saber con claridad qué receptores humanos están involucrados en la unión de SARS-CoV-2 y cómo provoca la respuesta inmune son los puntos clave para, finalmente, generar una vacuna capaz de reducir las altas tasas de infecciones de la enfermedad.

Si deseas conocer sobre otras vacunas candidatas que han avanzado a estudios clínicos en humanos, te recomendamos revisar las siguientes publicaciones de resultados provistas por los grupos de investigación:

Fuente: RIAC

De publicar o morir, a publicar para compartir

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El impacto de la crisis sanitaria del Sars-CoV-2 en la divulgación científica.

Todos los días escuchamos hablar sobre “la curva” del coronavirus: que si la curva de casos nuevos y de fallecidos por COVID-19 ha seguido una trayectoria “exponencial”, “lineal”, o “de meseta”. Sin embargo, existe otra curva sobre la cual se habla poco: la del increíble aumento de publicaciones científicas sobre este virus (SARS-CoV-2).

Según The Economist, sólo en los últimos tres meses, han aparecido más de 7 mil artículos sobre el SARS-CoV-2, principalmente en el área de la epidemiología y la virología. Lo más impactante es que el 20% de ellos se han publicado sólo durante la primera semana de mayo. Nature hace hincapié en que este aumento exponencial ha sido poco democrático, no sólo privilegiando a ciertas disciplinas, sino que perjudicando de manera importante a las investigadoras, debido a la sobrecarga de trabajo doméstico que han significado las medidas de confinamiento. 

Este gráfico representa el aumento de publicaciones relacionadas a Sars-cov-2 y Covid-19 desde enero 2020. En azul se identifican las revistas con revisión de pares y, en celeste, la pre-impresiones, publicaciones rápidas que no requieren de una revisión tan exhaustiva como los papers. Los datos se expresan en miles y corresponden a un catastro que contempla las publicaciones hasta el 5 de mayo.

Cualquier persona que haya trabajado en la academia sabe que publicar es un proceso largo: no solo se invierte mucho tiempo y recursos en diseñar metodologías, recolectar datos, verificar resultados; sino que también en redactar los artículos para enviar a revistas académicas. Una vez ahí, comienza un largo proceso de iteraciones, evaluaciones a cargo de expertos externos, correcciones, y ediciones. Solo el proceso de publicación puede demorar, fácilmente, entre seis meses y un año. Todo eso, mientras – crucemos los dedos – no aparezca una publicación sobre el mismo tema en otra revista del área. Para muchos/as investigadores/as se trata de “publish or perish” lo cual quiere decir que, si quieres tener una carrera académica exitosa, “publicas o mueres” o “publicas para no morir” (de lo contrario “hasta ahí no más llegaste”).

¿Por qué se ha dado el aumento exponencial de publicaciones relacionadas al coronavirus? 

Pueden existir varias explicaciones, unas más optimistas que otras. Entre las primeras, es posible que el aumento en el número de publicaciones se debe a una creciente necesidad de conocimiento: vivimos una pandemia por lo que, líderes políticos, periodistas, y ciudadanos/as están ávidos de respuestas rápidas para poder manejar la crisis. Del mismo modo, también se puede señalar que las características del SARS-CoV-2 son “únicas” y “excepcionales” generando un  mayor interés de los/as científicos/as del área por estudiarlo: a diferencia de otros virus, el SARS-CoV-2 plantea un dilema apasionante entre baja letalidad, pero altísima tasa de contagio, lo que lo transforma en un coronavirus “brillante”.  

Entre las explicaciones menos optimistas, es posible sugerir la geopolítica de la pandemia. Dejando de lado las teorías conspiratorias, a diferencia de otras pandemias, el SARS-CoV-2 ha azotado primera y terriblemente a los países desarrollados y no al sur global como crisis anteriores. China, Estados Unidos, y Europa Occidental no solo son célebres porque a estas latitudes el SARS-CoV-2 “llegó primero”, sino que además constituyen los centros del conocimiento mundial. Un ejemplo doméstico: estas regiones del mundo concentran los principales destinos elegidos por nuestros/as investigadores/as para cursar estudios doctorales a través de Becas Chile

Ahora bien, los problemas de las líneas de investigación de estos centros constituyen “la primera línea” de la investigación de excelencia, concentrando las revistas de mayor índice de impacto y programas más competitivos. Es lógico, entonces, que lo que les afecte primeramente atraerá el interés de estudio, y no tanto lo que sucede acá en el sur global.

Retomando los datos publicados por The Economist, si se analizan las publicaciones realizadas durante el brote de ébola de 2014-16 y de zika de 2015-16 (que afectaron a África y América), solo se publicaron 100 artículos en Internet en formato  “primeros avances” (que se conocen como preimpresiones o preprints), en lugar hacerlo en revistas académicas con revisión de pares (ya se mencionó cuán largo este proceso puede ser).

Entre las explicaciones que oscilan entre el optimismo y el pesimismo, es posible ubicar a los aprendizajes y dinámicas de la misma comunidad científica. Por un lado, se puede postular que los/as científicas han aprendido las consecuencias negativas de sus respuestas tardías. Según cifras oficiales de la Organización Mundial de la Salud, el coronavirus “anterior” (el MERS-CoV) generó 858 muertes en 2012, mientras que el SARS-CoV-2 ya alcanza más de 300 mil. Por otro lado, el alcance de la actual pandemia coincide con un cambio en las lógicas de la publicación académica: la creciente importancia de las preimpresiones y otras formas de divulgación dentro de la comunidad científica (almetrics o DORA). 

La importancia de las preimpresiones o preprints

El artículo de The Economist muestra que los repositorios de preimpresiones están cobrando mayor importancia, relegando la publicación en revistas académicas a un lugar “menos relevante” para los/as investigadores: las preimpresiones se encuentran en servidores en línea, ofrecen la oportunidad de divulgación de la información rápidamente y con un mínimo de formalidades; lo cual ya constituye una tendencia en áreas como matemáticas, física, y epidemiología. Es importante señalar que para “subir” investigaciones a estos servidores virtuales, los manuscritos siguen una estructura de artículo académico. Una vez “arriba”, el repositorio ofrece la oportunidad de leer, descargar, y realizar comentarios gratuitamente (porque, claro, el acceso a la mayoría de las revistas científicas nunca es gratis). 

Por ejemplo, el genoma del SARS-CoV-2 fue publicado de esta manera a solo 10 días de ser aislado en un laboratorio chino en enero de 2020 (recordemos que los primeros casos reportados en Chile datan de marzo 2020). Esta rapidez ha permitido innovar en la creación y distribución de exámenes de detección, la elaboración de medicamentos para tratar la COVID-19, y una carrera mundial por el desarrollo de una vacuna, lo cual ha derivado en proyectos colaborativos internacionales. Para la investigación tanto en virus como de la enfermedad, los servidores de preimpresiones más importantes son bioRxiv (originado en 2013, orientado a ciencias biológicas) y medRxiv (originado en 2019, orientado a investigación en salud y medicina). 

Artículo enviado por grupo de investigación chileno publicado como preimpresión. El prepint se convierte así en la versión original final del borrador que se envía a la revista científica tradicional para su publicación.

Los repositorios mencionados son gestionados por el Cold Spring Harbor Laboratory de Estados Unidos (importante detalle geopolítico). Si volvemos al artículo de Nature en donde se analiza la brecha de género en el número de publicaciones durante la pandemia, las estadísticas corresponden a preimpresiones y no a artículos de revistas académicas (importante detalle contra el optimismo desmesurado). 

¿Una luz de esperanza en la carrera académica?

Los escenarios posibles oscilan entre el optimismo y pesimismo. ¿Podría comenzar a gestarse una nueva ética dentro de la comunidad científica?, uno de cuyos vicios ha sido su extrema competitividad. Si bien, puede constituir un aporte democratizador del conocimiento dentro de la comunidad científica, sus alcances pueden ser limitados debido a que no ataca otros vicios como: la brecha de género, las pobres condiciones laborales, una línea más en la lista de cosas por hacer y cumplir en la carrera académica, sobreinformación, la jerarquización de “los verdaderos científicos” y “los humanistas” (en alusión a quienes nos dedicamos a las ciencias sociales y humanidades), entre muchos otros. 

En días en que la pandemia de la COVID-19 solo parece ser sinónimo de hambre y muerte, pensemos en que no solo se ha abierto la posibilidad de cambiar la forma en que vivimos como sociedad, sino que en la que hacemos ciencia: que el publicar para no morir abra espacio al publicar para compartir (y, mientras tanto, vivir). 

Puedes conocer más sobre las preimpresiones en el siguiente video.

https://www.youtube.com/watch?v=KEw2Gk1BoPo

El coronavirus sí sabe de diferencias

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 Diez datos para el debate.

Por Camila Mella

Toda crisis sanitaria debería ser, por definición, una crisis social (crisis socio-sanitaria). Sin embargo, en la coyuntura del coronavirus, el discurso de las autoridades las ha separado, casi quirúrgica y estratégicamente como nuestras cuarentenas. Si bien la crisis sanitaria es urgente, la crisis social se reduce a la inevitable crisis económica.

Mientras la prioridad es «detener la propagación de un virus que no discrimina a nada ni a nadie», otros problemas como la violencia intrafamiliar y la salud mental son catalogados como “efectos secundarios” [1]. Pero, ¿es esto realmente así? Si el virus gatillante de la crisis sanitaria no discrimina a nada ni a nadie, ¿la crisis social también? Aunque reduzcamos la crisis social a la crisis económica, ¿son suficientes las medidas para ayudar a los chilenos más vulnerables?

El coronavirus sí sabe de diferencias.

Existe un correlato entre factores de riesgo epidemiológicos y las diferencias socioeconómicas de la población. En este sentido, la crisis sanitaria expone las desigualdades en salud, así como también la crisis social hace eco de las desigualdades sociales. No existe una causalidad entre “efectos primarios” y “efectos secundarios”, sino que la conjunta manifestación de ambos. Por ejemplo, el virus “no decidió” migrar “de los sectores más acomodados a los más vulnerables” [2], sino que su propagación respondió a las dinámicas laborales, de desplazamiento interno, de condiciones de habitabilidad y transporte de la Región Metropolitana. Todas estas situaciones conocidas no fueron evitadas al momento de tomar decisiones (cualquiera sean las razones). En este sentido, ¿qué otras manifestaciones de nuestra desigualdad social podemos identificar? Especial interés convoca la desigualdad de género en el contexto de la pandemia: ¿pueden aumentar, mantenerse, o reducirse las brechas existentes entre hombres y mujeres? Para responder esta pregunta, a continuación, se presentan 10 datos [3] que permiten sugerir que las brechas de género posiblemente aumentarán a no ser que se tomen acciones concretas que apunten a lo contrario.

1. Las mujeres representan la mayoría de los trabajadores en el área de la salud y de cuidados, por lo tanto, son el grupo con mayor exposición a pacientes con COVID-19

Según el Instituto Nacional de Estadísticas, el 72,1% de quienes se encuentran trabajando en servicios de salud son mujeres, existiendo una brecha de género de 44 puntos porcentuales. La mayor presencia de mujeres en “la primera línea” de atención del COVID-19 se suma a la falta de equipos de protección personal adecuados para ellas, ya que su diseño usualmente se basa en las medidas corporales masculinas, lo que pone expone a las mujeres a mayor riesgo de contagio.

2. La participación laboral de las mujeres chilenas es una de las más bajas de América Latina y la menor dentro de la OCDE

En 2018, la Organización Internacional del Trabajo ha destacado que la participación laboral de las chilenas es tardía, escasa, y una de las menores entre sus pares de América Latina y la menor dentro de los países de la OCDE: sólo el 48,5% de las chilenas mayores de 15 años trabaja, en comparación con el 51,5% del promedio latinoamericano. La respuesta a la crisis del COVID-19 no puede derivar en un retroceso en la participación laboral de las mujeres, y por ello se debe garantizar su acceso a los derechos económicos, si lo que se busca es atenuar los efectos de la crisis económica.

3. Las mujeres que trabajan lo hacen mayoritariamente en sectores económicamente vulnerables e inestables durante la crisis

De acuerdo a la Encuesta Nacional de Empleo (2015) el 70% de las mujeres trabajadoras lo hace en el comercio y retail, en el área de servicios o en la pequeña industria; así como también representan el 59,1% del total de ocupados en las áreas de alojamiento y servicios de comida. Estas áreas corresponden a las más afectadas por las medidas de distanciamiento social y desaceleración económica.

4. Las mujeres que trabajan reciben salarios menores que los hombres en todos los sectores económicos y ocupaciones, pese a contar con mayor capital humano

La brecha salarial en Chile es una de las mayores de América Latina. La Encuesta Suplementaria de Ingresos (realizada entre 2010 y 2017) atribuye un ingreso promedio de $450.287 a las mujeres ocupadas, mientras que para los hombres una media de $636.981, evidenciando una brecha de 29,3%. Datos de la OECD muestran que, en promedio, las mujeres tienen mayor logro educativo que los hombres: no sólo tienen mejor rendimiento si no que, también, alcanzan niveles educativos más altos. Pese a contar con mayor capital humano, la brecha salarial se incrementa a medida que avanzamos por la escala educacional: si consideramos a la población con educación superior, el ingreso de las mujeres solo representa el 65% del de los hombres, evidenciando una brecha del 35%.

5. Las mujeres representan a la mayoría de la población en situación de pobreza

La brecha salarial hace que las mujeres sean más vulnerables económica y ocupacionalmente y, por tanto, más proclives a caer en situación de pobreza y a recurrir a servicios sociales. Actualmente, las chilenas representan a la mayoría de la población en situación de pobreza, sea ésta definida como empobrecimiento material, empeoramiento de las condiciones de vida, o vulneración de los derechos fundamentales. La Encuesta Casen 2017 reveló que el 9% de las chilenas se encuentra en situación de pobreza por ingresos (versus 8,2% de los hombres), y que el 42,4% de los hogares chilenos cuenta con una mujer como jefa de hogar. Si bien existe una tendencia al alza del número de hogares liderados por mujeres, éste es un fenómeno que se da principalmente en los sectores de menor nivel socioeconómico: mientras el 48,9% de los hogares del primer quintil de ingresos es encabezado por una mujer, sólo cerca de un tercio de los hogares del último quintil cuenta con una jefa de hogar.

6. Las mujeres realizan la gran mayoría del trabajo doméstico y no remunerado

De acuerdo a la Encuesta del Uso del Tiempo de 2015, las mujeres dedican el doble del tiempo a trabajo doméstico y de cuidados en comparación a los hombres: en promedio, ellas destinan 5,89 horas diarias al trabajo no remunerado dentro del hogar, mientras que ellos 2,74 horas. Esta diferencia se acentúa entre la población en edad reproductiva (entre los 25 y 45 años), contribuyendo tanto a la inestabilidad ocupacional femenina como promoviendo la inactividad económica. Según la Encuesta Casen 2017, una de cada cinco mujeres no ingresa al mercado laboral por razones de cuidado familiar o quehaceres del hogar. Como consecuencia, las mujeres cuentan con “menos” tiempo para realizar trabajos remunerados, “menos” facilidades y garantías para ingresar al mercado laboral, lo cual limita sus oportunidades. No resulta antojadizo, entonces, que el 97% de quienes desarrollan trabajos domésticos en Chile sean mujeres.

7. Las mujeres que trabajan reportan mayor informalidad, violencia, y vulnerabilidad laboral

Una investigación realizada en 2018 demostró que las mujeres doblan en prevalencia de violencia laboral a los hombres (8% versus 4%), al igual que reportan más frecuentemente situaciones de vulnerabilidad laboral como miedo a perder su empleo o que sus condiciones de trabajo empeoren (40% versus 34%). Dicha vulnerabilidad, además, es transversal y no varía según jerarquía ocupacional o pertenecer a hogares de mayores ingresos. Cabe recalcar las denuncias de abusos laborales y sexuales aumentaron un 17% entre el 2018 y 2019. No es de extrañar que ante la crisis estas situaciones se agudicen considerando que las mujeres parten en peores condiciones para enfrentar dicha crisis.

8. Niñas, adolescentes, y mujeres son las principales víctimas de la violencia intrafamiliar, abuso y violencia sexual

El confinamiento ha intensificado este tipo de vulneraciones al obligar a mujeres, niñas, niños, y adolescentes a estar encerradas con sus maltratadores. A su vez, los organismos de atención y protección a la violencia contra estos grupos no están diseñados para responder ante la situación derivada de la emergencia COVID-19. Respecto a la situaciones de violencia contra las mujeres, se acuerdo a datos publicados en La Tercera, el Fono 1455 ha recibido un 40% más de llamados durante marzo(en comparación con febrero 2020). Una situación similar ocurre con Fono Familia 149, en donde se observa un aumento de 12,3% en 2020. En el caso de niños, niñas y adolescentes, la Línea Abierta de la Fundación para la Confianza ha reportado un aumento del 25% de llamados de menores buscando algún tipo de apoyo y acompañamiento por vivir situaciones de violencia. A su vez, el cierre de establecimientos educacionales y el uso de Internet han complicado el proceso de escolarización de niñas y adolescentes: no solo se enfrentan a la obligación de seguir rindiendo pese a estar encerradas con sus maltratadores, sino que las expone a episodios más recurrentes de ciberbullying.

9. Las mujeres están subrepresentadas en los círculos de poder y toma de decisiones

Según la Fundación Sol, utilizando los datos de la Encuesta Nacional de Empleo de 2018, el 70% de los cargos del poder Ejecutivo, Legislativo, y directivos los ocupan hombres, quienes también representan el 76% del total de empleadores en el país. Según la Dirección del Trabajo, sólo el 26,9% de las dirigencias de los sindicatos son ocupadas por mujeres. A ello, se suma que solo existen mujeres en el 10% del directorio de las empresas. No de extrañar, entonces, que el grueso de nuestras políticas públicas carezca de enfoque interseccional, identificando y respondiendo a necesidades sociales evidentes sólo para la perspectiva masculina. Las decisiones que no incluyen a las mujeres son parciales, menos efectivas e incluso pueden ser dañinas.

¿Son las medidas anunciadas durante la pandemia una excepción a esta regla? No, en la medida en que la única alocución a las mujeres sea agradecerles por “asumir solas esta responsabilidad (del cuidado), de un trabajo múltiple en beneficio de sus familias”[4] y no integrar a las expertas ni a las organizaciones de mujeres en los espacios de toma de decisiones.

10. Las mujeres reciben pensiones menores que los hombres

Chile es uno de los tres países de la OCDE que tiene una edad de jubilación diferenciada según sexo: mientras los hombres jubilan a los 65 años, las mujeres lo hacen a los 60. Si ya cinco años de cotización implicaría una pensión menor, hay que agregar que las mujeres tienen una mayor esperanza de vida, una menor y más inestable participación en el mercado laboral, y una brecha salarial negativa en todos los rubros y ocupaciones. ¿El resultado? El 94,3% de las mujeres tiene una pensión inferior a $158.000 según datos de la Superintendencia de Pensiones analizados por la Fundación Sol. En este sentido, se estima que la pandemia empeorará la situación previsional de las mujeres al afectar su estabilidad laboral al emplearse principalmente en el sector de servicios y retail.

Ahora bien, para aminorar los efectos de la crisis sanitaria y de la crisis social, considerar la perspectiva de las mujeres resulta central. Por un lado, no debe justificar el retroceso de ninguno de los derechos ganados por las mujeres en cualquiera de sus ámbitos (autonomía reproductiva, cuotas en el futuro plebiscito constitucional, etc). Por otro lado, tampoco se debe ignorar su voz y participación en las instancias de toma de decisiones, ya sean éstas de carácter estrictamente sanitario o no. En este sentido, y pese a la incertidumbre, si en algo debe devenir “la nueva normalidad” que sea la inclusión efectiva de la perspectiva de género y de derechos y el enfoque interseccional en políticas públicas.


[1] Los balances diarios se encuentran disponibles en la plataforma YouTube. Concepto tomado de la conferencia del día 15 de abril de 2020, disponible aquí.

[2] Cita tomada de la cadena nacional del 17 de mayo de 2020, disponible aquí.

[3] Nota de la autora: Explícitamente se ha privilegiado el uso de artículos académicos y periodísticos de libre acceso. No se utilizaron fuentes de acceso pagado.

[4] Cita tomada de la cadena nacional del 17 de mayo de 2020, disponible aquí.

Infodemia: la epidemia de la desinformación

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Infodemia

En tiempos de la pandemia, cerca de un tercio de la población mundial está en cuarentena (más personas que las que vivían durante la Segunda Guerra Mundial). Nuestra – muy humana – necesidad de sociabilización lucha con el aún más básico instinto de supervivencia y el punto intermedio, son las redes sociales. Leemos y vemos noticias, hablamos con amigos, colegas y familiares que sirven de apoyo en tiempos de incómoda incertidumbre. Recibimos una avalancha informativa más rápido de lo que podemos leerla, menos aún, filtrarla.

Una epidemia doble: Covid-19 y la infodemia

El 2 de febrero de 2020, la Organización Mundial de la Salud (OMS) acuñó el concepto infodemia (“infodemics” en inglés) refiriéndose a la abundancia de información existente. Por un lado, un exceso de contenido con bases científicas y objetivas, pero en desarrollo, por lo tanto no concluyente. Por otro lado, contenido divergente, de fuentes poco confiables, y muchas veces malintencionada. Algunos de estos mitos tienen su origen en noticias reales, pero son manipulados en su análisis, para obtener el máximo de clicks y atención. Por lo mismo, a veces no es simple notar cuando un mensaje es parte de la infodemia o no. 

Si bien no es la primera epidemia moderna (SIDA, SARS, MERS, Zika y Ébola), el Covid-19 ha sido el primero en causar dos de forma simultánea: una epidemia biológica y, otra de la información.  Para intentar controlarlo, la OMS llegó a un acuerdo con Google, Amazon y YouTube, entre otros, para eliminar información no basada en ciencia y promover información de fuentes como la OMS. También, han creado una sección especial para aclarar y derribar mitos sobre Covid-19

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Atentos si observas estos anuncios en Instagram.

La infodemia causa confusión y genera respuestas disímiles en la población, en un momento en el que necesitamos entender y estar unidos en el hecho de que: Sí, esto es grave y hay que tomárselo en serio.

Si bien es cierto que  la amenaza de una pandemia de envergadura estaba latente desde hace años y hubo enfermedades como SARS y MERS – también de la familia Coronavirus – que sirvieron de advertencia, no fue suficiente y esta crisis nos tomó por sorpresa. Ni la OMS estaba bien preparada, ni los distintos gobiernos centrales estaban bien preparados. Además de poseer un presupuesto anual bajo, para la cantidad de misiones que realiza en el mundo, la OMS no tiene ningún poder sobre la soberanía de los países para el control de la epidemia, ni la información que comparten, así como tampoco tiene poder de sancionar. 

La respuesta vendrá desde las ciencias, la decisión es política.

Vamos a salir de esta pandemia, como lo hicimos con la gripe de 1918 que dejó más de 50 millones de muertes. El punto es hacerlo de la mejor manera posible y aprender las lecciones que la pandemia del 2020 nos deje. Para esto, necesitamos de las ciencias naturales y de las ciencias sociales. Ambas, en paralelo, nos permitirán encontrar soluciones al problema sanitario y el manejo de la situación social, económica y política. 

Tenemos que entender cómo funciona la ciencia, toma tiempo en encontrar respuestas a nuestras preguntas. Sylvie Briand, directora de gestión de urgencias sanitarias de la OMS, lo explica claramente: “La ciencia es un proceso dinámico, todos los días aprendes un poco más, a veces te equivocas y se puede corregir. La ciencia no es una única voz, la ciencia son múltiples voces. Se alcanza una conversación armoniosa para alcanzar un consenso y eso puede tomar tiempo”.

Contamos con la ventaja de la experiencia de países que están dejando atrás la primera ola de contagios, mientras en Chile los gritos de victoria fueron apresuradas y aún no vemos la cima de la curva. No hay excusas para no poner en práctica lo que esos países nos han podido enseñar en tan poco tiempo y adaptarlo a la realidad local. Las ciencias pueden sugerir caminos a seguir, incluso puede recomendar uno. Si bien la decisión final es política, de nuestros gobernantes electos, la acción inmediata es nuestra. Quédate en la casa, lávate seguido  las manos, mantén distancia física y sobre todo, cuídate.    

¿Cómo luchar contra la infodemia?

1. Proteger y defender la libertad de prensa y el periodismo responsable. Revisa la página de Asociación Chilena de Periodistas y Profesionales para la Comunicación de la Ciencia (ACHIPEC) https://achipec.org/

2. Que tu principal fuente de información sea la página oficial de la OMS https://www.who.int/es/.

3. Recomiendo el sitio chequeado.com que hizo un esfuerzo de reunir y contrastar información de dudosa procedencia, en España y Latinoamérica, en el contexto de Coronavirus. Este sitio forma parte de la “Alianza Internacional de Fact Checkers” que incluye periodistas de más de 70 países cotejando contenido en más de 40 idiomas. 

4. Mantener tu salud mental: 
Empatiza y habla de los puntos en común (“si, los dos estamos preocupados por el papá”, “yo también tengo ansiedad”, “esto es duro para todas”, etc.). Si directamente pasas a las ofensas personales, ya se acabó el debate.
No dupliques, retwitees o le des más espacio a información falsa. Muchas veces para contrastar datos incorporamos la imagen falsa en nuestro mensaje, no lo hagas. Descríbela y confróntala. Pero no le permitas seguir propagándose, es como un virus y hay que bajar su tasa de propagación.
Conoce y acepta el límite de tus conocimientos. No lo podemos saber todo, leer todo y no tenemos todas las respuestas. A veces decir, “no lo sé” o incluso “no se sabe, pero lo están estudiando” es lo más correcto y difícil de hacer. 

A ti, gracias por leer hasta el final, ¿qué infodemia te revuelve la cabeza y te gustaría aclarar?

Sin stock: retos para el diagnóstico del Sars-CoV-2

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El desarrollo de una vacuna contra el Sars-CoV-2 no es el único desafío que enfrentan los científicos y gobiernos desde diciembre de 2019, luego de que el brote de casos por una neumonía desconocida pusiera al planeta en alerta. Ante la virulencia de este nuevo patógeno otra carrera contra el tiempo comenzó: la capacidad diagnóstica, dada la necesidad de identificar quiénes estaban contagiados para frenar la dispersión del patógeno mediante la cuarentena.

En términos prácticos ya había camino recorrido, técnicas para detectar el material genético del virus ya existían y, gracias a esfuerzos internacionales, se logró identificar la secuencia genética completa del virus en sólo 10 días. Con eso, ya sabíamos qué buscar y con qué herramienta buscarla. Sin embargo, nos encontramos con un nuevo obstáculo, es tal la rapidez de contagio y la penetración que ha tenido el Sars-CoV-2 en diversas naciones, que en algunos servicios de salud se están quedando sin los insumos básicos para realizar los exámenes, mientras que en otros el personal no da abasto para procesar todas las muestras.

Aunque muchos de los gobiernos fueron escépticos en un principio, actualmente hasta líderes como Boris Jhonson han adoptado políticas que limitan la circulación y el desplazamiento regular de las personas, manteniendolas en sus casas, con tal de prevenir un escalamiento mayor de infectados. Estas medidas, aunque duras, responden a la facilidad y rapidez con la que el virus se propaga, y a las limitaciones técnicas que existen para diferenciar aquellos individuos que están contagiados, de aquellos sanos. Esto, principalmente debido a que varios síntomas son comunes con otras enfermedades virales: fiebre, tos, dolores de cabeza o fatiga; y que la diversidad de síntomas asociados al COVID-19 está en constante aumento. 

Además, no basta con identificar y aislar a aquellos que presentan tos o fiebre, ya que se han reportado casos de pacientes asintomáticos, que contribuyen a esparcir el virus. Por eso, es fundamental corroborar su presencia a través de un examen diagnóstico.

El profesor del Instituto de Ciencias Biomédicas de la Universidad de Chile y parte de la Red de Laboratorios Universitarios para la detección del Coronavirus en Chile, Fernando Valiente, en entrevista con Chile Científico abordó las principales limitantes y desafíos para el diagnóstico de COVID-19 a través de RT-qPCR. 

El académico alertó sobre la situación vivida hace un par de semanas cuando una escasez de tórulas para la recolección de las muestras biológicas afectó a todo el mundo. Adicionalmente, advirtió sobre la posible escasez de algunos elementos para la detección del virus a través de RT-qPCR, como el kit de extracción de material genético o el kit one-step para el desarrollo del RT-qPCR de manera automatizada. Por esta razón, alrededor de cuatro laboratorios del país se encuentran diseñando nuevas estrategias que permitan obviar el  proceso de extracción de material genético  o utilizar reactivos químicos que sean independientes de los kit comerciales. La misma situación podría vivirse con la disponibilidad de los tubos plásticos que son necesarios para el examen.

En esta revisión presentamos y explicamos las dos técnicas de laboratorio más usadas para el diagnóstico de Covid-19: detección por RT-qPCR y el conocido test rápido, basado en el uso de anticuerpos. 

PCR: Lento, pero seguro

Una revisión del Centro de Prevención y Control de Enfermedades de Estados Unidos describe a la Reacción en Cadena de la Polimerasa en Tiempo Real con Transcriptasa Inversa (RT-qPCR por su nombre en inglés) como la técnica “gold standard”, es decir, aquella con la máxima fiabilidad a la hora de diagnosticar COVID-19, debido a que ofrece la mayor sensibilidad de detección y cuantificación del virus en etapas tempranas de la enfermedad. 

La técnica general de Reacción en Cadena de la Polimerasa (PCR convencional) es una técnica de biología molecular que data de fines de los 80 y que es ampliamente utilizada, tanto en laboratorios clínicos como en los de investigación, ya que permite obtener grandes cantidades de copias de una determinada región del ADN (material genético) de una muestra biológica, microorganismos o virus. Esta región corresponde a un marcador genético (una fracción única y específica, como un código de barras o una huella digital) para determinar su presencia en una muestra, aún cuando esta puede ser muy reducida.

En la técnica de PCR, la Enzima Transcriptasa Reversa lee el ARN del virus y, posteriormente, lo convierte en una secuencia nucleotídica llamada ADN complementario (ADNc), que funciona como un código de barras que permite identificarlo. Esta cadena complementaria es la que finalmente se copiará miles de veces, por otra enzima llamada ADN polimerasa quem con la ayuda de los partidores (cadenas cortas de ácidos nucleicos que le indicarán el punto de partida de la secuencia), realizarán millones de copias de la fracción de interés del ADNc del virus. 

En el caso del diagnóstico para SARS-CoV-2, se analiza una muestra biológica de fluido bucofaríngeo o amígdala, mediante una variación de la técnica convencional de PCR: el RT-qPCR. Esta técnica convierte el ARN del virus en ADN mediante la acción de la enzima Transcriptasa Reversa, lo que permite la detección y cuantificación de los nucleótidos (unidad básica del material genético) del virus. 

Cada copia que se genere de la fracción de ADNc de interés quedará unida a una molécula fluorescente (fluorocromo) que es capaz de ser detectada por un equipo de medición llamado termociclador.. Mientras más material genético de interés (del virus en este caso) tenga inicialmente una muestra, más copias de ADNc se generarán, más fluorocromos habrán y, por lo tanto, mayor será la señal que detecte el termociclador, lo que indicará la cantidad de ARN de la muestra inicial. 

Si este examen es realizado a una muestra biológica proveniente de una persona que no se encuentre infectada por SARS-CoV-2, el virus no estará presente, por lo que no se replicará la fracción que se asocia a una molécula fluorescente y el termociclador no detectará ninguna señal. 

A pesar de la alta capacidad de diagnóstico de esta técnica, no está exenta de limitaciones, que se relacionan con las extensas horas de trabajo de profesionales certificados que requiere su realización, grandes cantidades de materiales como kits de extracción de material genético, termocicladores, tubos y reactivos químicos, que ya comienzan a escasear; y materiales y equipos de transporte de las muestras, que hacen de esta técnica un método costoso de detección de COVID-19.  

Test rápidos basados en detección de anticuerpos

Las inmunoglobulinas (Ig), también conocidas como anticuerpos, son proteínas producidas por el sistema inmune cuando se encuentra en presencia de una agente infeccioso. Su función es unirse a este patógeno, inactivarlo y, además, hacer de centinela, ya que alertan a las células del sistema inmunológico para que puedan identificarlo de manera rápida y así eliminarlo. 

Este es un proceso con muchos actores involucrados. En los mamíferos existen cinco clases o isotipos de anticuerpos: IgA, IgD, IgE, IgG e IgM. Todos ellos comparten la misma estructura, pero se diferencian en las propiedades biológicas que poseen, el período en que se producen ante un patógeno, su distribución dentro del organismo y en su capacidad para reconocer a los diferentes antígenos, moléculas presentes en los patógenos que pueden ser reconocidas por el sistema inmune.

Las pruebas de detección mediante anticuerpos del COVID-19, se basan en esta capacidad de unión específica, ya que una persona que se encuentre contagiada con Sars-CoV-2 producirá anticuerpos específicos contra el virus. Estos llamados “tests rápidos” cuentan con una membrana que almacena el antígeno del virus, si la muestra biológica del paciente (una gota de sangre) presenta los anticuerpos, estos se unirán y desencadenará una reacción colorimétrica que, de manera muy similar a los test de embarazo, mostrará una marca positiva en el dispositivo. 
Esta técnica depende tanto de que el paciente infectado efectivamente haya desarrollado los anticuerpos, como también de cuándo se realizó el contagio, ya que la aparición de esta línea de defensa no es inmediata. Por ello, existen dos pruebas para la detección de SARS-CoV-2 que comparten el mismo fundamento y procedimiento, pero se diferencian en los isotipos de inmunoglobulinas que detectan: IgG y IgM.

Los anticuerpos del tipo IgM son los que más rápidamente se forman en respuesta a un estímulo antigénico y representan del 5 al 10 % de las inmunoglobulinas totales. Mientras que las IgG, que representan al 70%, se sintetizan tardíamente luego de la infección por un patógeno, por lo que su medición se asocia a etapas tardías de la enfermedad.

Cuándo se toma la muestra y de dónde se obtienen son factores claves para evaluar los resultados de esta técnica de detección, y los resultados aún son inconclusos. Por ejemplo, en un estudio realizado en China, se observaron diferencias importantes en las tasas de positividad de resultados en pacientes con COVID-19 (medida por RT-qPCR), dependiendo del tipo de muestra que se analizó: 93% en fluido de lavado broncoalveolar, 63% en hisopo nasal y 32% en hisopo faríngeo. 

Otro estudio del mismo país, analizó la carga viral en muestras de esputo y de garganta (por hisopo) en distintos puntos del transcurso de la infección y los resultados mostraron que la mayor carga viral se presentaba alrededor de 5-6 dpas (días posteriores a la aparición de síntomas) y que entre 9-12 dpas, la carga viral dejaba de ser detectable . 

Estas variaciones en la capacidad de detectar una infección por COVID-19 también se evidencian a través del testeo basado en anticuerpos. Un estudio registró que la tasa de positividad para testeos basados en IgM, aumentaron desde un 11.1% en etapa temprana (1-7 dpas) a un 78,6% en etapa intermedia (8-14 dpas). De la misma forma, los testeos basados en IgG aumentaron  su positividad desde un 3,6% en etapa temprana a un 57,1% en etapa intermedia, llegando a un 96,8% en etapa tardía (más de 15 dpas).

Limitaciones y desafíos para la detección por RT-qPCR en los laboratorios.  

A pesar de que la reacción en cadena de la polimerasa en tiempo real es considerada el gold standard para la detección de SARS-CoV-2, esta técnica tiene limitaciones importantes, ya que requiere laboratorios certificados, equipo y reactivos químicos costosos; y profesionales capacitados. Por su parte, las pruebas rápidas para la detección de anticuerpos específicos contra el SARS-CoV-2 son simples y pueden proporcionar confirmación rápida de la infección de COVID-19. No obstante, su capacidad de diagnóstico presenta mayores tasas de falsos negativos, comparadas con el RT-qPCR, especialmente cuando las muestras biológicas para el análisis se recolectan en la fase temprana de la aparición de síntomas. 

Aún no se sabe con claridad las variaciones en las respuestas inmunes de pacientes asintomáticos o con sintomatología leve. Por lo tanto, es posible que los test serológicos marquen negativo, cuando PCR puedan dar positivo. No obstante, se ha observado que pruebas combinadas de medición de IgM y IgG tienen una mejor utilidad y sensibilidad en comparación a una sola prueba de IgM o IgG. De esta manera, el estudio combinado de ambos anticuerpos puede ser de mayor utilidad para la detección rápida de portadores de SARS-CoV-2 sintomáticos o asintomáticos, en hospitales, clínicas y laboratorios de pruebas. 

Al día de hoy, los datos del Ministerio de salud de Chile cifran en 313.750 exámenes de PCR realizados en todo el país y ya se encuentra en marcha el plan piloto en profesionales de la salud para la aplicación de 500 mil test rápidos. Son 73 los laboratorios los que se encuentran registrados en Chile para realizar el examen de diagnóstico de COVID-19 a través de RT-qPCR, lo que no ha estado exento de dificultades, ya que el día de ayer seis laboratorios de clínicas privadas anunciaron el cese del servicio debido a la falta de insumos y profesionales capacitados, mientras que el Hospital Clínico de la Universidad de Chile suspendió la recepción de muestras debido a un “quiebre de stock nacional” de los materiales para la realización del examen. 
Frente a este desafío, Fernando Valiente es tajante sobre la necesidad de fortalecer la industria nacional para solventar la falta de estos insumos de manera independiente y que no afecte la capacidad del país de realizar este examen a pacientes sintomáticos, estableciendo proyecciones a mediano y largo plazo. Sin embargo, ya estamos atrasados en esta carrera: las alternativas desarrolladas por las Universidades junto al Ministerio de Ciencia Conocimiento y Tecnología, además de tomar tiempo, recursos y trabajo, requieren validar sus pruebas de diagnóstico, para posteriormente ser certificados por la autoridad sanitaria (ISP) y, sólo después de este proceso, podrá implementarse en los servicios de salud para fortalecer la red de diagnósticos.

Madres investigadoras: producir como si no tuviesen que criar

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Madres investigadoras: producir como si no tuviesen que criar
Madres investigadoras: producir como si no tuviesen que criar .

La pandemia y la gestión de ésta ha evidenciado las profundas desigualdades en nuestra sociedad. En este contexto, tener trabajo todavía es un privilegio y la Academia es de esos rubros donde menos ha impactado la cesantía, aún. Universidades, centros de investigación y laboratorios en el país, si bien no han podido realizar sus labores de la forma habitual, han podido negociar plazos, entregas y formas de seguir generando conocimiento, sin despedir a su personal de planta. Incluso algunos trabajadores a honorarios han podido proseguir en sus funciones sin recortes de sueldo.

Sin embargo la ejecución de estas labores se ha trasladado a la intimidad de nuestros hogares: reuniones y clases por video conferencia, análisis corriendo de nuestras laptops, en un escenario en donde la separación de lo público y lo privado (si es que existe) se diluye por completo [1]. En este escenario han salido los trapitos al sol de quiénes hacían la pega doméstica [2] y se agudizan aún más las diferencias entre los investigadores y las investigadoras nacionales. 

Si bien desde antes ya se manifestaban condiciones laborales y de trayectorias profesionales disímiles entre hombres y mujeres [3], en las cuales a ellas les costaba más entrar en la academia, mantenerse allí [4] y publicar a la par que los hombres, para las madres la brecha es aún mayor [5].  No por nada, muchas veces se posterga, se decide abortar la carrera investigadora o bien se les cierran puertas a las madres. Estudios han demostrado que “2/3 de las mujeres que optaron por carreras académicas de alto nivel nunca tuvieron hijos” [6]. En ambientes de alta competencia y demanda de tiempo, como lo es la investigación, tener hijos e hijas afecta el ascenso, la promoción, la adjudicación de proyectos y el liderazgo de estos, disminuyendo más la productividad científica de la mujer que la del hombre [7]. Hay investigadores que siendo padres de lactantes, logran compatibilizar perfectamente la vida académica, social e incluso política, llegando a ser autoridades en universidades y centros de investigación, a la par de seguir participando en el equipo de fútbol y el colectivo o partido.  

A las madres de lactantes, en cambio, si es que logran conciliar trabajo y familia, las verán siempre corriendo. Sí, son ellas, las que en reuniones están mirando sus teléfonos donde les avisan que su hija o hijo se metió un juguete en la nariz,  mordió a pepito, no quiso comer o vomitó. Ellas, las que nunca pueden asistir a la reunión o charla “cualquier día después de las 6 pm” [8] muy a diferencia de sus pares hombres, quienes delegan estas tareas en sus parejas, aunque estas también sean investigadoras. 

Las madres investigadoras en general rechazan asumir tareas directivas, dar conferencias, ir a congresos fuera de la ciudad o realizar pasantías en el extranjero, porque todo ello les aleja de sus tareas de cuidado y crianza; o bien les implica tensas negociaciones [9]. Son las de ojeras permanentes, que en su periodo de mayor productividad e inserción en el mundo científico o académico coincide con su periodo de maternaje (27 a 40 años) [10]. 

Aquellas que olvidan nombres, las distraídas, las multitareas. Las madres solteras, las que se divorciaron o las que crían en pareja asumiendo el doble de las tareas domésticas y de cuidados. Unas más estresadas que otras [11],  pero todas intentando conciliar el mundo familiar y el laboral, sin morir en el intento. Las que tratan de escribir el paper, el libro o la tesis mientras amamantan o se extraen leche en el baño de su primer trabajo. Son las mujeres de las que la academia no quiere hablar, porque es vulgar, precario, demasiado íntimo y subjetivo para estos ambientes asépticos, intelectuales, competitivos, indolentes y fríos de quienes se sienten llamados a pensar el país (usualmente, sin el país).  

Son las madres investigadoras que se abren camino allí, en ese espacio hecho a la medida del sujeto moderno [12]; que trabajan en universidades, centros de investigación y laboratorios, sin mudadores, salas de lactancia, guarderias o jardines infantiles en muchos casos, porque aún no son suficientes o no tienen tiempo ni para demandar o exigir mejores condiciones. 

En este contexto de maternaje diurno y teletrabjo nocturno las exigencias y mediciones siguen siendo las mismas para investigadores e investigadoras, hasta que las instituciones y comunidades científicas y políticas así lo sigan queriendo. Por mientras, las madres investigadoras seguirán trabajando para ellos (y más que ellos), produciendo como si no tuviesen criar y criando como si no tuviesen que producir. 

Referencias:

  1. https://radio.uchile.cl/2020/05/02/maternidad-trabajo-domestico-y-teletrabajo-la-triple-jornada-laboral-de-miles-de-mujeres-en-la-pandemia/?fbclid=IwAR11mT3HhV_FA3NUqHi-E6OMM4GzPJsiri026anFEOeouMAwj7PeyKWpNhs
  2. https://www.elmostrador.cl/noticias/opinion/2020/04/07/el-teletrabajo-y-los-trapitos-al-sol/
  3. http://www.genderdiversity.cgiar.org/publications/genderdiversity_WP17.pdf
  4. https://www.youtube.com/watch?v=ywm4FNhwx-8
  5. Xie, Y. y K.A. Shaumen (1998), “Sex Differences in Research Productivity: New Evidence About an Old Puzzle”, American Sociological Review, 63 (6):847-870.
  6.  Drago R., C. Colbeck, K.D. Stauffer, A. Pirretti, K. Burkum, J. Fazioli, G. Lazarro and T. Habasevich (2005), “Bias against Caregiving”, Academe, 91.
  7. http://www.genderdiversity.cgiar.org/publications/genderdiversity_WP17.pdf
  8. Frase textual escuchada por la autora a más de un padre científico, sólo entre el 3 y el 13 de marzo 2020.
  9. https://www.latercera.com/que-pasa/noticia/madre-cientifica-chile-muchas-mujeres-optan-postergar-la-maternidad-no-caer-la-productividad-cientifica/559103/
  10. http://www.ciencia.gob.es/stfls/MICINN/Ministerio/FICHEROS/UMYC/LibroBlanco-Interactivo.pdf
  11. https://www.theguardian.com/higher-education-network/2017/jan/13/im-a-single-parent-and-a-scientist-and-im-dangerously-stressed
  12. http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0188-70172009000200005#notas

Avíspate, no hay asesina de Japón

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Mosca-florícola-hermosa-Allograpta-pulchra.-Ocoa.
Mosca-florícola-hermosa-Allograpta-pulchra.-Ocoa.

Gran preocupación ocasionó en apicultores de Estados Unidos la presencia de lo que podría ser el primer caso del avispón japonés Vespa mandarinia, una especie exótica e invasora, que ha colonizado recientemente la costa oeste de dicho país. Esta especie es un importante depredador de la abeja mielera japonesa (Apis cerana) [1], ya que pueden atacar panales completos y en pocos minutos acabar con las colmenas. En las personas, el avispón puede causar hemorragias y necrosis, provocando fallo orgánico e incluso ocasionar la muerte [2].

Esta noticia ha generado una serie de reportajes en Chile, con algunos errores periodísticos y desaciertos que han provocado confusión y alarma en las personas. El primer caso es del noticiero Meganoticias.cl quién utiliza una mosca florícola de la familia Syrphidae  para ejemplificar a la avispa asiática [3].

NO es un avispón gigante asiático, es una mosca florícola (Syrphidae).

Este error puede fundamentarse en que muchas de estas especies se mimetizan con abejas o avispas, de esta forma sus depredadores las confunden con especies peligrosas, evadiendo así el ataque; el mimetismo es una estrategia vital de estos insectos para pasar inadvertidos. Hay que dejar en claro que las moscas florícolas de esta familia son esenciales para la agricultura, ya que son importantes polinizadores y controladores de plagas. Además, el portal de noticias describe las características de esta especie de forma tan general que podrían incluso confundir a la gente y llevar a eliminar cualquier tipo de avispa u otros insectos.

Por otro lado, en el portalfruticola.com cometen un error similar, esta vez destacando la imagen de una abeja [4]. Estos dos errores coinciden en que, primero, no existe claridad de los ejemplares que se está mostrando a la audiencia y en segundo lugar un desconocimiento de la diversidad de especies de insectos presentes en nuestro territorio.

NO es una avispón asesino, es una abeja (portalfruticola.com).

Desde el proyecto de Moscas Florícolas de Chile, se hace una constante difusión de las diferentes especies presentes en nuestro país, y por sobre todo, se resalta el importante rol que ellas cumplen en el ecosistema.

Hay que mencionar que recientemente, en la zona sur de Santiago, se ha detectado la aparición de Vespa orientalis (vídeo). Esta avispa es similar en apariencia a V. mandarinia, pero muchísimo más pequeña y lamentablemente no fue detectada por los servicios encargados de contener el ingreso de especies exóticas al país (SAG). 

Llamado a la tranquilidad y no actuar en represalia

El avispón japonés no ha llegado a Chile ni a Hispanoamérica. Más aún, debemos preocuparnos por las especies exóticas invasoras que sí tenemos en nuestro país como las especies Vespula germanica y Vespula vulgaris, ambas conocidas como chaquetas amarillas. Estas dos especies se encuentran ampliamente distribuidas en nuestro país causando pérdidas relevantes para la industria del turismo, agricultura, apicultura y biodiversidad nativa [5].

El llamado es a estar tranquilos, ya que el avispón japonés (V. mandarinia) no se encuentra en Chile, pero debemos incrementar los esfuerzos en las barreras zoosanitarias para impedir la entrada de nuevas invasiones biológicas al país.

Es un avispón japonés (Vespa mandarinia japonica, hembra). Yasunori Koide -Wikipedia

Autor.

Rodrigo Barahona. Investigador postdoctoral, Universidad de Los Lagos.

Imagen Principal. Mosca florícola hermosa (Allograpta pulchra). Ocoa. Foto Daniel Llavaneras.

Referencias:

[1] Ono, M., Igarashi, T., Ohno, E., Sasaki, M. (1995) Unusual thermal defence by a honeybee against mass attack by hornets. Nature 377, 334–336.

[2] Yanagawa, Y., Morita, K., Sugiura, T., & Okada, Y. (2007). Cutaneous hemorrhage or necrosis findings after Vespa mandarinia (wasp) stings may predict the occurrence of multiple organ injury: a case report and review of literature. Clinical Toxicology, 45(7), 803-807.

[3] https://www.meganoticias.cl/mundo/300727-avispon-gigante-de-asia-pone-en-riesgo-colmenas-de-abejas-en-estados-unidos-avispas-asiaticas-gigantes-1yz.html 

[4] https://www.portalfruticola.com/noticias/2020/05/05/llegan-a-america-avispones-asesinos-capaces-de-devastar-poblaciones-de-abejas/?fbclid=IwAR1w49r4-lr1EMvQxgZsCbuRG5crP3OTTtd9znm6RTxpKh52Bup2xDaNwcE 

[5] Estay, P., Ripa, R., Gerding, M., Araya, J. & Curkovic, T. (2008). Manejo integrado de la avispa chaqueta amarilla: Vespula germanica (Fabricius) (Hymenoptera: Vespidae). Instituto de Investigaciones Agropecuarias. Santiago, Chile. Boletín INIA n° 174. 70 pág.    

Todo lo científico es político

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En esta etapa de la crisis del coronavirus, las cifras oficiales en Chile indican que las autoridades aun no se ven enfrentadas al colapso del sistema de salud. Mientras tanto, países “desarrollados” – aquellos con quienes los líderes políticos insisten en compararnos – siguen encabezando las cifras negras de la pandemia a nivel mundial. Sin embargo, tanto “allá” como “acá”, los gobiernos se han rodeado de científicos para presentar distintas medidas para contener la propagación mientras se busca una forma de garantizar la inmunidad al SARS-CoV-2.

En este escenario incierto, repetidamente hemos escuchado que “se está siguiendo lo que dice la ciencia” y que, para eso, se han conformado “comités de expertos” que manejan “la mejor evidencia disponible” para tomar “las mejores decisiones”. Aunque la evidencia científica puede ser una justificación sólida para la acción (o inacción) del Gobierno, lo cierto es que la pandemia ha revelado tanto una crisis sanitaria y social, así como la compleja relación entre ciencia, política y sociedad.

Para empezar, no existe la “la ciencia”, en singular, ni “la mejor ciencia disponible». Los científicos regularmente no están de acuerdo sobre diferentes temas, discutiendo desde los enfoques teórico y metodologías utilizadas, hasta la interpretación de los resultados obtenidos. Es por ello que hacer ciencia nunca es una tarea individual, sino que un trabajo colectivo. Del mismo modo, las decisiones sobre qué tipo de asesoramiento científico se debe considerar son muy políticas. Las personas, disciplinas, e instituciones invitadas a la mesa reflejan la distribución de fondos de investigación, prestigio, e influencia, así como los valores y objetivos de los líderes políticos. En el caso de Chile, los profesionales invitados a debatir en su mayoría son médicos (principalmente, epidemiólogos e infectólogos) e ingenieros comerciales (con experiencia en la gestión de recintos de salud, en su mayoría privados). 

El propósito de los comités asesores es presentar la investigación científica existente para que los gobiernos decidan materia de política pública. El alcance de dicha asesoría, sin embargo, está limitado por las preguntas que hacen los mismos líderes políticos.

En situaciones de emergencia como la que vivimos hoy, dichas preguntas suenan más como “¿Qué tipo de intervención es probable que evite la propagación del coronavirus?” y menos como “¿Cuál es la mejor ciencia o evidencia disponible?”. El tren de acción (o inacción) es una cuestión de juicio político: “¿Qué debemos priorizar?, ¿la vida de los ancianos y los enfermos?, ¿la economía?, ¿el nivel de aprobación política?

Andrés Couve. Ministro de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación en Palacio de la Moneda (http://www.minciencia.gob.cl/)

Las respuestas a estas preguntas son, literalmente, de vida o muerte, así como también son relevantes las omisiones en esta discusión: ¿es posible que el coronavirus afecte desproporcionadamente a ciertas comunidades, minorías étnicas o culturales, a las mujeres?, ¿es posible que las medidas para evitar la propagación del coronavirus perjudiquen, de alguna manera, a ciertos grupos de la población? 

¿Decisiones políticas basadas en la evidencia?

Una vez presentada la evidencia científica, los líderes políticos tienden a decidir acorde a sus preferencias o valores, muchas veces preexistentes a la situación de emergencia. Por ejemplo, los estudios que sugieren una tasa de transmisión muy alta para el COVID19 han aparecido desde enero, mientras que investigaciones que postulan que una proporción importante de los casos de COVID19 pueden ser asintomáticos han aparecido en revistas científicas desde febrero.

La evidencia ha estado allí; sin embargo, los protocolos y las estimaciones en relación con la propagación del coronavirus han fallado: pacientes con síntomas han tomado aviones, la estimación del peak de contagios no llegó a fines de abril, medidas para resguardar el confinamiento trajeron “efectos secundarios” como problemas de salud mental y de violencia intrafamiliar. Se han provocado aglomeraciones en el transporte público y oficinas de gobierno, y el tardío reporte diferenciado de casos contagiados asintomáticos, por nombrar algunos ejemplos.

Lo anterior nos dice algo importante sobre la relación entre ciencia, política, y sociedad: la evidencia científica requiere de la voluntad política para validar el rol social del conocimiento científico. No hay que olvidar que los modelos científicos son estimaciones: los científicos son responsables de comunicar a los líderes políticos bajo cuáles condiciones es probable que sus modelos funcionen; pero, en ningún caso, son responsables de crear dichas condiciones.

No se puede culpar a los epidemiólogos porque las personas no respetan las cuarentenas si son los gobiernos los responsables de comunicar e implementar dichas medidas.

¿Medidas para quién?

Cuando se trata de políticas públicas, las consideraciones económicas y políticas tienden a tener prioridad. Es casi de consenso internacional que la tardanza en declarar cuarentena total se debió al deseo (en parte) de posponer la inevitable crisis económica. Por ello es que la autoridad en Chile habla de “cuarentenas flexibles, dinámicas y estratégicas”. Por otro lado, es casi de total desconocimiento el rol de la opinión pública – en particular de las encuestas – en estas decisiones. Tres escenarios podrían proponerse: 

  1. Es posible argumentar que la aprobación es necesaria para que las medidas sean efectivas: si las personas no están de acuerdo con ciertas medidas es más probable que las evadan.
  2. Del mismo modo, es posible sugerir que ciertas medidas pueden ser utilizadas como formas de “mejorar” o “asegurar” la aprobación hacia el gobierno.
  3. Finalmente, también es posible indicar que la aprobación hacia cierta medida está determinada por la manera en que la evidencia y los hechos se presentan a la opinión pública (como parece destacar sondeos como CADEM).

En este sentido, juegan un rol clave tanto la forma de comunicar de los políticos (con sus directrices oficiales, con el balance diario a cargo del Ministerio de Salud), como el rol de los medios de comunicación (por ejemplo, exigiendo más información) y de las comunidades científicas (demandando mayor transparencia en los datos, investigando, y presionando a favor o en contra de ciertas medidas). 

En el contexto actual, es improbable que los modelos epidemiológicos incluyan variables de aprobación y gestión política en sus estimaciones. Descansar en que éstos nos entregarán la respuesta sobre cómo superar esta emergencia es, a lo menos, ingenuo. Estos reportes omiten cuestiones de responsabilidad política y, sin embargo, no existe tal cosa como “la ciencia” en abstracto, ajena a nuestros contextos y cálculos políticos y económicos, ni tampoco de los compromisos morales e ideológicos de los políticos, sus partidos y asesores.

No es posible pensar en “la ciencia dice” como si se tratase del juego infantil “Simón dice…”, como si se tratase de una pauta de instrucciones que seguir ciegamente. Si algo debemos esperar entre las consecuencias del coronavirus para el retorno a una “nueva normalidad”, que sea la reevaluación del rol de los comités de expertos y de la evidencia científica en la sociedad y en la formulación de políticas públicas. 

Nota: El texto corresponde a una adaptación y traducción de la columna publicada en The Guardian el 28/04/2020, escrita por la Dra. Jana Bacevic sobre la respuesta del gobierno británico a la crisis del coronavirus. Los datos y ejemplos del caso de Chile han sido seleccionados por la autora y no aparecen en la versión original.

Por Camila Mella, socióloga (Universidad de Chile), candidata a doctora en política social (Universidad de Oxford). Twitter: @camilamella_s

Imagen Principal: Paz Santader.

¿Qué opinas de los organismos genéticamente modificados?

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Encuesta de percepción global sobre la utilización de herramientas genéticas

Encuesta de percepción global sobre la utilización de herramientas genéticas en animales y humanos.

Si eres chileno(a) ayúdanos participando en este breve cuestionario. La siguiente encuesta tiene por objetivo conocer su opinión y percepción de los organismos o productos que han sido modificados genéticamente y su potencial desarrollo y consumo en Chile.

La encuesta tiene carácter anónimo y las respuestas se utilizarán sólo con fines de investigación. No existe ningún tipo de repercusión negativa ni beneficio económico asociado a este instrumento.

Hoy en día la información que recibe la ciudadanía y tomadores de decisiones es confusa respecto a aspectos éticos sobre el uso, por ejemplo, de los transgénicos para consumo humano. Lamentablemente, la discusión de estos temas están quedando relegados por nuevas herramientas como la edición génica, la cual no cuenta en Chile con una clara definición y legislación respecto a su uso.

Deseamos recabar la mayor cantidad de información posible para por un lado a) determinar el nivel de conocimiento previo de definiciones genéticas, para luego b) conocer su opinión sobre la utilización con fines médicos y productivos, y finalmente c) un énfasis en especial en el uso de herramientas genéticas en el cultivo de salmones.

Las personas son libres de participar, para esto le pedimos su consentimiento a través de la primera pregunta, para luego poder continuar con el formulario el cual no le tomará más allá de 10 minutos.

Participa aquí

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