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Esporas: diseño y creatividad para comunicar ciencia

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Carl Sagan Esporas
Carl Sagan Esporas

Las espóras son células que producen ciertos hongos, plantas y bacterias, y participan de su proceso reproductivo. A veces, las bacterias las producen como una forma de resistencia cuando se encuentran ante condiciones ambientales desfavorables como altas temperaturas.

También, es el nombre de una iniciativa que surge en condiciones particularmente desfavorables para los seres humanos. En medio de una pandemia, Fancy (diseñadora industrial de DuocUC) y Álvaro (Doctor en Microbiología de la Universidad Christian Albrecht de Kiel) lanzaron esta plataforma digital que buscar construir un lenguaje verbal y visual común para conversar sobre los fenómenos científicos con los que convivimos.

¿Cómo surge Esporas, qué los inspiró a crear este proyecto?

Esporas surgió con las noticias del brote de COVID-19. Nos informamos bastante antes de realizar la primera publicación, y nos dimos cuenta que muchas de las noticias que iban saliendo en los medios, si bien tenían mucho contenido en cuanto al tema, carecían de un enfoque más amigable o comprensible para todos. Es difícil para alguien que no está familiarizado con temas o conceptos específicos, de un momento a otro verse bombardeado de información referente a virus, bacterias, microorganismos, resistencia, incluso términos como «aplanar la curva» no son de uso cotidiano. Consideramos que teníamos las herramientas y las ganas para explicarlos y contribuir a disminuir (en ese momento) la histeria que se estaba produciendo debido a la falta de información.

¿Por qué eligen la ilustración, la infografía o la visualización para tratar conceptos y temas del ámbito científico? 

Las publicaciones científicas en su mayoría están destinadas a un público científico y, tal vez por lo mismo, no son muy amigables con el resto de nosotros, los mortales. Para mí, que soy diseñadora, las ilustraciones son un recurso gráfico excelente a la hora de contar una historia y dan también respuesta a problemas de comunicación, mediante un proceso que articula la indagación, el diseño y el pensamiento creativo. Nos ayudan a contextualizar distintas situaciones y dan ese soporte gráfico tan importante a la hora de la comprensión del texto científico. Es super difícil que alguien fuera de ese ámbito asista a un congreso, por ejemplo, y se quede con lo que leyó en un poster, pero te aseguro que sí se quedará con una gráfica bien diseñada, un diagrama o una ilustración que vio quizás en la esquina más ínfima del mismo material. 

¿Cómo es el proceso creativo para la construcción de una de sus piezas de comunicación?

Estamos constantemente leyendo e informándonos. Álvaro es microbiólogo y yo diseñadora industrial, pero nos une mucho el amor que tenemos por intentar explicar papers o conceptos que, si bien están en nuestro diario vivir, no comprendemos totalmente o no logramos identificarnos con ellos. No tenemos mayor problema al momento de elegir un tema ya que estamos «en la misma página» en ese sentido y con todo el acontecer, hay un sin fin de temáticas que se vinculan entre ellas como el COVID-19, virus y bacterias, microorganismos, vacunas etc. A veces nos tomamos la libertad de elegir temas de interés personal o efemérides, como el día mundial del microbioma o el May the Fourth de Star Wars.

Un ejercicio que nos resulta muy útil es que Álvaro realiza un primer borrador/resumen, yo lo leo, lo ilustro y le hago preguntas desde mi lado que es el de una persona «común y corriente» (sin formación científica formal) con un gran amor por las ciencias. No manejo muchos temas ni conceptos, y eso nos guía en la dirección que buscamos: simplificar los términos sin quitarle contenido a la publicación. Por ejemplo, al hablar del diseño de vacunas, tuve muchas preguntas con respecto al proceso y, conceptos que para Álvaro resultaban vocabulario del día a día, a mí me parecía necesario explicarlos para comprender mejor la publicación.

Hemos visto publicaciones que aluden a Carl Sagan, pero también alusiones a memes y películas como Star Wars en sus publicaciones, ¿cómo hacen (o por qué lo hacen) conversar la ciencia, el diseño y una pizca de humor?

El humor nos da esa unión, y también la pausa necesaria dentro de la publicación para comenzar a interiorizar lo que estoy leyendo

A medida que vamos avanzando nos hemos dado cuenta que la gente disfruta mucho las publicaciones que mezclan contenido y humor. Sobre todo, aquellas que nos ayudan a identificarnos con el contenido y poder extrapolarlo a nuestro diario vivir. Lo vemos como un juego; yo voy a leer un paper larguísimo, lo resumiré, lo ilustraré, intentaré explicarlo lo mejor posible sin quitarle nada de información relevante y lo compartiré contigo para que disfrutes. Pero si todos estos procesos no tienen una cohesión, no hay algo que los una, no funcionará. El humor nos da esa unión, y también la pausa necesaria dentro de la publicación para comenzar a interiorizar lo que estoy leyendo. Además de volverlo, por decirlo de una manera, «memorable». Hemos realizado publicaciones de diez imágenes con un meme en tan solo una de ellas. ¿Cuál es la que mencionan en los comentarios y comparten? Pues precisamente esa; el meme.

Bombardear con datos, cifras y conceptos no es lo que buscamos y el humor también es parte de nosotros, por ende, de nuestras publicaciones. Los científicos son personas normales con una formación distinta, pero se ríen y disfrutan como cualquier otro, incluso con tonteras como un meme. Es útil, además, para mostrar una imagen distinta del estereotipo del científico con bata y cara de loco encerrado en un laboratorio, recluido y sintiéndose mejor que los demás. La ciencia es trabajo duro, pero también es diversión y amor por el conocimiento. Si podemos mezclar ambos y convertirlos en una publicación que al menos una persona recordará y asociará al contenido científico, entonces estamos haciendo algo bien.

Por último, les dejamos un espacio para compartir novedades o alguna reflexión que quieran realizar personalmente.

Primero, agradecer, agradecer y agradecer. Nos sentimos sumamente agradecidos del buen recibimiento que ha tenido nuestro trabajo, de parte de otras cuentas como ustedes, de universidades y privados que nos han contactado y del cariño y mensajes de las personas que nos siguen y comparten lo que hacemos. Es una inyección de energía para seguir trabajando y avanzando. Justo ahora, nos encontramos postulando a distintos fondos y sumamos a una integrante más a nuestro equipo, Ana maría Azócar, diseñadora industrial también, quien será fundamental para la nueva etapa de este proyecto.

Nos gustaría invitar a quienes lean esto a seguirnos en nuestra cuenta de instagram (@esporas_) y estar atentos a las sorpresas que estamos preparando para la nueva etapa. 

Edición: Paz Santander.

Oportunidades y limitaciones de la IA para la pandemia

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La Data y sus aplicaciones -desde un bit (dígitos binarios 1 u 0) hasta los modelos matemáticos que trazan el origen de un brote de contagio de virus o proyectan cómo evolucionará la curva- son conceptos que pasaron de la ciencia ficción a la sobremesa virtual con amigos y familiares, y que RIAC (Repositorio de Investigación Académica) desarrolla esta semana.

Los sistemas de inteligencia artificial (IA) como la computación cognitiva, aprendizaje automático, las redes neuronales convolucionales (CNN) y el aprendizaje profundo informático, están siendo investigados a lo largo del mundo por su posible desempeño en la detección del coronavirus a diferentes escalas de seguimiento, incluso, con posibles interacciones a nuevas terapias.

¿Cómo lo hacen? Con algoritmos, una serie de reglas desarrolladas por humanos para que las computadoras identifiquen patrones a velocidades extraordinarias y, a partir de ello, infieren resultados. Para obtener resultados efectivos y útiles, las IA deben aprender a partir de cantidades masivas de datos que nosotros generamos y que plantean una primera limitante para  enfrentarse al Sars-CoV-2: nunca antes nos habíamos enfrentado a una pandemia de esta escala y con estas características.

En segundo lugar, la data disponible a menudo está plagada de prejuicios sociales y culturales.Los datos pueden no existir para ciertas poblaciones, pueden existir pero ser de baja calidad para ciertos grupos y/o reflejar inequidades en la sociedad. Como resultado, los algoritmos pueden hacer predicciones inexactas y perpetuar los estereotipos y prejuicios sociales”, advierten Genevieve Smith & Ishita Rustagi en la revista Stanford Social Innovation Review.

En último lugar, también plantea un dilema ético sobre la fuente de la data, el uso que le dan gobierno y otras instituciones, además de la transparencia con que se justifican y comparten las decisiones basadas en ella.

En este escenario, “¿Puede la Inteligencia Artificial e Internet ser la solución para prevención la exponencial expansión de COVID-19?”. Este trabajo revisó los artículos científicos en las bases de datos académicas MEDLINE, Google Scholar, Embase y Web of Knowledge para formular una visión integral que resume diferentes ideas sobre los enfoques más recientes para prevenir y controlar la propagación de COVID-19 usando IA.

Enfoques de estudios con inteligencia artificial

  1. Para la detección de COVID-19 en casos sospechosos

Para optimizar el trabajo de atención de los y las profesionales de la salud. Mediante aplicaciones en los teléfonos inteligentes se recopilan datos de los signos, síntomas, ubicaciones, historial de viajes, etc., para luego procesar y filtrar dicha información y aislar los casos sospechosos. Otra opción es usar esta herramienta para identificar rápidamente nuevas áreas de brote viral, predecir y recomendar una cuarentena en ciertas áreas. 

Adicionalmente, podría ser útil en el diagnóstico temprano de pacientes, en base a sus historiales de viaje y en la prevención de contagios con un monitoreo remoto de pacientes en cuarentena.

  1. Para detección a gran escala

Existen prototipos de IA que utilizan sistema sin contacto para medir signos y síntomas del COVID-19. Estos sistemas utilizan tecnologías como imágenes térmicas y softwares de análisis de patrones respiratorios anormales, lo que permite disminuir la presencia de trabajadores de salud y evitar el contacto estrecho entre personas. 

Las cámaras con infrarrojo visualizan en tiempo real la radiación, es decir el calor, que emiten las personas y, por lo tanto, la fiebre. Por su lado, la taquipnea (respiración anormalmente rápida y patrón respiratorio característico del COVID-19) puede ser identificada por una cámara de profundidad.

  1. Para el monitoreo y alta de pacientes con COVID-19

La recopilación e interpretación manual de grandes cantidades de datos de pacientes con COVID-19, se realiza de forma rutinaria en hospitales, aunque esos procesos pueden diferir en los distintos centros de salud. Sistematizarlo en computadores para recopilar, analizar e interpretar podría permitir la automatización total o parcial del proceso. Esto puede disminuir los riesgos de infección y la carga laboral impuesta al personal médico.

En particular, un ejemplo es el uso de vídeos analizados por algoritmos de monitoreo para el seguimiento del movimiento de pacientes con COVID-19, que puede proporcionar información objetiva sobre signos vitales (temperatura, frecuencia cardíaca, frecuencia respiratoria, presión arterial, saturación de oxígeno), así como el estado, severidad de la condición, cualquier comorbilidad existente que son determinantes para otorgar el alta médica. 

  1. Para diseño y evaluación de terapias experimentales

En el caso de medicamentos podrían identificar rápidamente posibles candidatos o evaluar la efectividad de la reutilización de medicamentos ya aprobados para tratar otras enfermedades. En los últimos años, la IA ha sido frecuentemente utilizada para diseñar nuevas drogas, sin embargo, se necesitan suficientes datos de calidad para capacitar a los sistemas de IA para este propósito. 

  1. Para la detección de neumonía por COVID-19

Se ha declarado que los radiólogos pueden distinguir la neumonía por COVID-19 de otros tipos de neumonía a través de la Tomografía Computarizada (TC) de tórax con una alta especificidad. En las primeras etapas de infección, el examen presenta una sensibilidad de detección de 56% a 98%, lo que puede ser muy útil para rectificar los falsos negativos que se obtienen mediante el examen de RT-PCR. A pesar de la gran efectividad que presenta el diagnóstico a través de TC de tórax, se requieren especialistas extremadamente capacitados para analizar los resultados arrojados por este examen. 

La exploración del análisis automatizado de neumonía a través del “Deep Learning” (aprendizaje profundo) se analiza como apoyo para este proceso. También permitiría ayudar a pronosticar la gravedad de la enfermedad para que el personal médico diseñe el protocolo de tratamientos y las evaluaciones de seguimiento por adelantado. Pese a que hay avances, aún se necesita mayor desarrollo y validaciones para que las computadoras puedan desarrollar el “ojo clínico” de la experiencia de estos profesionales.

  1. Para la predicción del comportamiento y mutaciones virales

Es crítico analizar y comprender la dinámica de la transmisión del virus. Los cambios en las estimaciones de transmisión a lo largo del tiempo podrían ofrecer información sobre situaciones epidemiológicas y determinar la efectividad de las medidas de control de brotes, además de proporcionar predicciones sobre el potencial crecimiento futuro. Por otro lado, la IA busca también predecir mutaciones genéticas para SARS-CoV-2 y análisis de sus posibles efectos, lo que permitiría comprender de forma integral la dinámica de la evolución viral.

En un estudio reciente, se estableció un nuevo modelo para prever el pronóstico de pacientes con COVID-19. Se observó que modelos de IA basados en el análisis de cinco características: edad, niveles de lactato deshidrogenasa (LDH), de proteína C reactiva (PCR), de células T CD4+ y masa de infección, son una medida ideal para pronosticar la gravedad de COVID-19 . 

Otro trabajo desarrolló un algoritmo que podría pronosticar la tasa de mortalidad en pacientes con COVID-19 con una precisión del 90% utilizando métodos de aprendizaje automático basado en los datos clínicos y epidemiológicos obtenidos previamente de pacientes con infecciones por COVID-19.

  1. Para modelado y simulación de COVID-19

Se cree que los virus son más numerosos y divergentes entre los sistemas biológicos. Sin embargo, a pesar de su diversidad, todavía hay muchos eventos compartidos y procesos comunes que se encuentran en la mayoría o quizás en todos los virus, como los ciclos de replicación. La interrupción en este paso o, incluso, antes de ingresar a la célula, puede perjudicar o prevenir la propagación del virus. Por ello, generar un modelo matemático que lo describa puede ayudar a una comprensión de su dinámica.

En teoría, el desarrollo de terapias que pueden enfocarse en pasos (únicos o múltiples) en el ciclo de replicación viral o procesos críticos, puede reducir las posibilidades de COVID-19 de desarrollar resistencia a los medicamentos administrados. Del mismo modo, si las simulaciones ayudan a comprender la base dinámica y estructural de la resistencia a los medicamentos para COVID-19, los antivirales podrían modificarse teniendo en cuenta las mutaciones.

Conclusiones

La aplicación adecuada de la IA mediante el uso de enfoques de aprendizaje automático nuevos o existentes puede ser fundamental para el combate efectivo de la pandemia por COVID-19. No obstante, su uso no está exento de errores y dificultades.

El desafío que enfrenta, más allá del ámbito técnico, radica en que su implementación tome en consideración factores relevantes como la violación de la privacidad, los sesgos algorítmicos (producidos por el uso de base de datos que no consideren factores como género, raza, etnia u  otros) y el hecho de que las personas reaccionan de manera diferente a los virus, las vacunas y los tratamientos, como lo han ilustrado brotes anteriores como el SARS y el ébola. 

Los datos disponibles sobre COVID-19 fuera de los Estados Unidos, por ejemplo, muestran que los hombres y las mujeres enfrentan diferentes tasas de mortalidad, y un trabajo de investigación reciente encontró que las pacientes ingresadas en el Hospital de la Unión de Wuhan tenían niveles más altos de anticuerpos contra el COVID-19 que los hombres. Dadas las desigualdades sistémicas que empeoran los resultados de salud para ciertos grupos raciales y étnicos, es igualmente importante comprender los resultados de salud de COVID-19 para diferentes identidades, así como las implicaciones interseccionales.

Es por esto, que el uso de IA para la toma de decisiones y automatización de procesos debe ser debida y cautelosamente implementada de manera que ésta no replique las discriminaciones y vulneraciones que existen en el mundo actual. 

Desastres socionaturales y la proyección del peor escenario

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El 2020 llegó con una serie de eventos inesperados: la pandemia mundial, el confinamiento masivo, la crisis social, y como si fuera poco, un sismo de magnitud 7.5 y de 5 km de profundidad, azotó a Oaxaca, México, el 23 de junio pasado. Parece legítimo preguntarnos cuándo nos tocará a nosotros, sobre todo en un país que sabe de terremotos, tsunamis, aluviones, erupciones volcánicas, incendios y tantos otros eventos catastróficos. 

¿Ocurrirá algún desastre natural en este sinuoso año? ¿Somos acaso un país “yeta”? Buena o mala suerte, lo cierto es que nuestro país es muy particular: se emplaza en un margen activo, perteneciente al Cinturón de Fuego del Pacífico; es lo suficientemente largo para presentar variabilidad climática tanto en ecosistemas montañosos como costeros; cuenta con territorios áridos, semi-áridos y boscosos; es propenso a desertificación, sequía y contaminación atmosférica; y con una alta susceptibilidad a desastres naturales. Todas características que, conjugadas, nos hacen, además, uno de los países más vulnerables ante el Cambio Climático [1]. 

No podemos predecir lugar, fecha y hora en la que ocurrirá un evento, más sí podemos establecer rangos, aunque quizás sean poco útiles a escala humana. Concordando entonces en que el momento sería pésimo, cabe preguntarse ¿de qué depende el cómo nos anteponemos a un futuro desastre, en tiempos de pandemia? 

Para hablar de Desastres Naturales es necesario normalizar algunos conceptos clave: 

  • Al hablar de amenaza (o peligro) nos referiremos a todo evento físico (natural o antrópico) que tiene el potencial de surtir efectos perjudiciales en personas, comunidades, propiedades o territorios. La determina su intensidad y periodicidad con la que ocurra. Por ejemplo: sismo, incendio, aluvión, huracán, tornado. 
  • Por exposición o grado de exposición, entenderemos la presencia de bienes económicos, sociales o culturales que se vean afectados por estar presentes en zonas donde existan amenazas.
  • Este término que suele confundirse con la vulnerabilidad, que refiere a las condiciones determinadas por factores tanto económicos, sociales, culturales o ambientales y la susceptibilidad a recibir algún efecto dañino. Numéricamente recibirá un valor de 0 si no hay efectos dañinos y 1 si los daños son totales. 
  • Por último, entenderemos el riesgo como un factor por pérdidas esperadas (ya sean humanas, económicas, de medios de subsistencia, entre otros) según nivel de exposición, vulnerabilidad y amenaza ocurrida. Matemáticamente el riesgo es una función de la amenaza, la exposición y la vulnerabilidad (R=f (A, e, V)).

Veamos un ejemplo concreto.

¿Recuerdan el cuento de “Los 3 cerditos” y el lobo hambriento que se los quería comer? El lobo y su soplido vendrían a ser la amenaza. Como sabemos que existe dentro del territorio de los cerditos, las tres casas representan la exposición. En cuanto a la vulnerabilidad, ésta difiere para cada cerdito: la casa de paja tiene mayor vulnerabilidad con respecto a la de madera y la de madera tiene mayor vulnerabilidad con respecto a la de concreto.

Esta última presentaría bajo riesgo (pero distinto de cero, recordar que el lobo al estar tan hambriento decide meterse por la chimenea, lo que vendría siendo un rasgo de vulnerabilidad en la casa). Esta era la casa del mayor de los cerditos que, al contar con más recursos y experiencia, logra derrotar al lobo. Los otros cerditos contaban con menos experiencia y no tenían conocimientos suficientes para anteponerse ante un evento catastrófico. 

Este ejemplo nos muestra que el problema de fondo no es la amenaza por sí sola, sino que las condiciones para hacerle frente. La condición de desastre, finalmente, queda sujeta a la suerte de cada uno, apelando a un contexto, económico (recursos) y también social (experiencia).  

Por consiguiente, existen autores que, hace ya bastante tiempo, definen un desastre ‘como el resultado de la confluencia entre un fenómeno natural peligroso y una sociedad o contexto vulnerable’ [2,3], donde la vulnerabilidad es una variable más bien social, por lo que cobra mayor sentido referirse a ellos como “desastres socionaturales”. Si consideramos que los factores de mayor vulnerabilidad son: el hacinamiento, el desconocimiento, la falta de experiencia, la falta de institucionalidad, entre un largo etcétera, que responde al momento social de cada territorio.  

Calle Blanco esquina Edwards, Valparaíso, tras el terremoto de 1906. Vistas del terremoto: 16 de agosto 1906.Valparaíso: J.W. Hardy 1906 (Valparaíso: Universo) [2], 9 p.Biblioteca Nacional (en sitio w3.memoriachilena.cl)

Sabiendo esto, veremos que no es casualidad que los mayores costos de estos eventos catastróficos los paguen los más vulnerables. En Valparaíso, por ejemplo, tras el terremoto de 1906, la ciudad vivió literalmente un infierno producto de un incendio que  consumió casi por completo El Almendral, cifrando en más de 60.000 los damnificados [4], que eran principalmente habitantes de conventillos y representaban aproximadamente a un tercio de la población porteña de ese entonces. [5]

Han pasado más de 100 años pero las vulnerabilidades siguen siendo las mismas. El terremoto y tsunami del 27 de febrero de 2010, frescos en nuestra memoria, dejaron en evidencia las falencias del Sistema Nacional de Protección Civil y de Emergencias Nacional. Chile, como país firmante del Marco de Acción de Hyogo (MAH), recibe una evaluación diagnóstica de expertos en Reducción del Riesgo de Desastres, sobre el estado de avance de las prioridades del MAH a nivel nacional.

Las conclusiones fueron lapidarias: nuestro país no contaba con la institucionalidad apropiada para enfrentar desastres, ni marcos específicos que apoyaran su funcionamiento; tampoco existía una normativa sistémica y gestión integral del riesgo [6]. Entregaron 75 recomendaciones y la principal fue conformar una plataforma nacional para la reducción de riesgos de desastres [6]. 

El MAH fue el resultado de un largo camino recorrido en materia de Riesgos de Desastres y Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas. En 1990, el lema del primer acuerdo de la ONU ‘Construir una cultura de prevención’ para la nueva década, sienta las bases para asumir compromisos a nivel mundial en materia de desastres naturales. En 1992, la famosa Conferencia de Río (algo así como la precuela de las COP) [7], destaca por incluir una agenda local que enfatiza la relevancia territorial [8]. En 1994, la ‘Estrategia y Plan de Acción de Yokohoma para un Mundo más Seguro’ [6], refuerza la responsabilidad soberana de cada país y el rol que juega la actividad humana en los desastres. Ya para el año 2000, la ONU genera la Estrategia Internacional para la Reducción de Desastres (EIRD), estableciendo un marco de acción mundial en la materia [9]. Finalmente, el MAH se sostendría entre los años 2005 a 2015.

En el año 2015, durante la 3ra Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre la Reducción de Riesgos de desastres (en Sendai, Miyagi, Japón), se elaboró un instrumento conocido como el Marco de Sendai (2015 – 2030), buscando anticiparse en materia de Reducción de Riesgos de Desastres y aumentar la Resiliencia [10], todo bajo una mirada de desarrollo sostenible y reducción de la pobreza, que también enuncia alertas ante emergencias sanitarias.

Actualmente, el Marco de Sendai propone siete estrategias en siete años (“Sendai Seven”), entre 2016 y 2022 en el día internacional para la Reducción de Riesgos de Desastres. Para el 2020 corresponde la meta 5: “Aumentar considerablemente el número de países que cuentan con estrategias nacionales y locales para la reducción del riesgo de desastres”, pero la pandemia estaría aplazando su avance.  

Sin duda la pandemia es un factor agravante en materia de Reducción de Riesgos de Desastres. Dentro del “Sendai Seven”, la meta 4 habla de reducir daños causados en infraestructura de servicios básicos, como hospitales, a fin de hacerlos más resilientes para el 2030. La meta 7 habla de incrementar la disponibilidad de sistemas de alerta temprana, sobre amenazas múltiples.

Sin embargo, pareciera ser que ambas metas no se están considerando en nuestro país. Durante febrero, el MINSAL adelantó la entrega de 5 hospitales públicos [11], pero hacerlo significó entregar una infraestructura no terminada, y esto quedó en evidencia tras la caída de un ascensor con una funcionara adentro en las nuevas instalaciones del Hospital de Félix Bulnes. Tal parece que el ejercicio de anteponerse a escenarios catastróficos no se ha tomado con la responsabilidad que merece.

Plano de Valparaíso tras el terremoto del 16 de agosto de 1906. Rodríguez. Rozas A. Y Gajardo C. La Catástrofe del 16 e agosto de 906 en la República de Chile. 

Eventos como el terremoto y tsunami del 2010 aún nos pesan, lo cierto es que tanto los gobiernos, como representantes de la sociedad civil, han concertado esfuerzos para no repetir la historia. La vulnerabilidad en materia institucional, administrativa, tanto a nivel nacional como regional y comunal es menor que hace 10 años, sin embargo, la pobreza tras el COVID crece a pasos agigantados y muchas personas viven en condiciones de hacinamiento o en hogares de alta vulnerabilidad.

Y, aunque Chile pueda estructuralmente estar más preparado para un eventual futuro desastre, hoy, nuestros liderazgos han sido reactivos ante la Emergencia Sanitaria y no han estado a la altura del desafío de anteponerse, literalmente, al peor escenario. Se necesita reforzar la institucionalidad para que ante la eventualidad de un nuevo desastre, en contexto de pandemia: con alto hacinamiento en hogares, centros de salud que no dan abasto y las precauciones respectivas que hay que tomar para evitar el contagio, pero a la vez, realizar evacuaciones efectivas. Que no nos ocurra nuevamente que no tomamos las medidas mínimas necesarias para garantizar la seguridad de las personas.  

Referencias

[1] Ministerio del Medio Ambiente (MMA), 2011a. Segunda Comunicación Nacional de Chile ante la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático. Disponible en: http://www.mma.gob.cl/1257/w3- article-50880.html

[2] García, V. (Ed.). 1996. Historia y desastres en América Latina. Volumen I. La Red, CIESAS, Colombia. 290p

[3] Maskrey, A. (Ed). 1993. Los desastres no son naturales. La Red. 137p.

[4] Alfredo Rodríguez Rozas y Cardos Gajardo Cruzat. La Catástrofe Del 16 De Agosto De 1906 En La República De Chile. 2018

[5] María Ximena Urbina Carrasco. Los conventillos de Valparaíso, 1880-1920. Fisonomía y percepción de una vivienda popular urbana. Ediciones Universitarias de Valparaíso, 2002 

[6] Política Nacional en Gestión de Riesgo de Desastres. https://www.resdal.org/caeef-resdal/assets/chile—pol__tica-nacional-en-gesti__n-del-riesgo-de-desastres.pdf

[7] Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo https://www.un.org/spanish/esa/sustdev/documents/declaracionrio.htm

[8] Agenda Local 21 https://www.un.org/spanish/esa/sustdev/agenda21/index.htm

[9] Estrategia Internacional para La Reducción de Desastres (2004): “Living with risk: a global review of disaster reduction initiatives”, Ginebra, Suiza, 398p. https://www.undrr.org/publication/living-risk-global-review-disaster-reduction-initiatives

[10] Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015 – 2030 https://www.unisdr.org/files/43291_spanishsendaiframeworkfordisasterri.pdf

[11]    Minsal acelera entrega de cinco hospitales como resguardo ante el coronavirus https://www.latercera.com/nacional/noticia/minsal-acelera-entrega-cinco-hospitales-resguardo-ante-coronavirus/1016782/

Vivir y dormir en la medida de lo posible

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En octubre de 2019, “Chile despertó”. Un aumento de treinta pesos en la tarifa de Metro remeció a miles del letargo de vivir treinta años “en la medida de lo posible”. Ocho meses después, sin embargo, Chile sigue despierto, casi sin poder dormir. A la crisis política, social, e institucional se suma una crisis económica y sanitaria en el contexto de una pandemia, que tiene a millones de personas encerradas en sus hogares y socialmente distanciadas. Mientras tanto, las autoridades exigen seguir viviendo “en la medida de lo posible” levantando un bucle de incertidumbres. 

Independientemente de la metodología utilizada, las cifras vinculadas a COVID-19 son desmoralizantes. Independientemente de la cifra que elijamos, las medidas que buscan su atenuación son casi iguales a las que les dieron origen. Independientemente de la medida analizada, la forma de debatir e implementar políticas públicas sigue estando en los recovecos de “la medida de lo posible”, desnudando no solo la debilidad de la institucionalidad y capacidad estatal, sino que también del mercado. Finalmente, cualquiera sea la falla bajo escrutinio, las autoridades responden desde la absoluta sorpresa, apelando a la responsabilidad individual (de los otros, jamás la propia), desconociendo el carácter estructural de dicha falla. ¿El resultado? El bucle de incertidumbres se perpetúa, lo que solo nos deja dormir en la medida de lo posible. 

Invito al/la lector/a a analizar el marco anterior a la luz de dos de los eventos más comentados de la semana pasada: las cifras de fallecidos por COVID-19 y el proyecto de postnatal de emergencia. 

Es de conocimiento público que, a nivel mundial, Chile se encuentra dentro de los 10 países que registran el mayor número de muertes y casos confirmados de COVID-19 por millón de habitantes. El último informe epidemiológico contabiliza 8.935 defunciones totales, si consideramos casos confirmados y sospechosos.  Las medidas para revertir estas trágicas cifras, sin embargo, son las mismas que aquéllas que les generaron: cuarentenas dinámicas y parciales, pero en un mayor número de territorios, restricción en el número de permisos temporales (policiales) a la semana, además de subsidios, canastas de alimentos, y aportes económicos que llegan a destiempo solo a los “más vulnerables”. 

¿El resultado? Según datos publicados por CIPER, mientras la movilidad recreacional ha disminuido considerablemente, no sucede lo mismo con la movilidad por razones de trabajo. Si bien el Ministerio de Economía ha realizado un amplio listado de los servicios esenciales autorizados a funcionar en cuarentena, la movilidad laboral no disminuye, siguiendo marcadas diferencias socioeconómicas.

¿Es posible esperar resultados diferentes haciendo más de lo mismo? Por un lado, es difícil limitar el número de servicios esenciales si consideramos la siguiente restricción estructural: el modelo de desarrollo chileno se basa sobre la provisión de servicios y la exportación de materias primas. Además, en lugar de mercados competitivos, el capitalismo “a la chilena” es uno de tipo jerárquico de lazos familiares. Por otro lado, las empresas cuentan con las garantías no solo para cambiar su giro y definirse como proveedores de bienes esenciales, sino que para asegurar su funcionamiento a través de permisos únicos colectivos para que sus trabajadores/as puedan seguir trabajando y, ergo, transitando por la ciudad.

Mientras tanto, a los empresarios se les exige buen criterio y se les avisa de potenciales multas, se establecen sanciones penales individuales a quienes se fiscalice en la vía pública sin portar el permiso correspondiente. ¿En dónde está la responsabilidad del Estado para asegurar dicho buen criterio?, ¿Dónde está la presión del mercado para castigar a las empresas que no cuentan con el buen criterio de seguir funcionando, pero garantizando la seguridad de sus trabajadores/as y sus familias?  

La última interrogante permite introducir el debatido proyecto de postnatal de emergencia. Declarado inconstitucional por el Senado al no contar con el patrocinio del Ejecutivo y tratar materias de gasto público, el proyecto original finalmente fue aprobado en comisión mixta. Pero, mientras sucedía esta polémica constitucional, el gobierno anunció un nuevo proyecto de ley: en vez de beneficiar ”solo a 22 mil mujeres”, se busca beneficiar a padres y madres de niños/as menores de 6 años a través de la protección de su empleo con cargo al seguro de cesantía. De este modo, en vez de enforcarse en aquellas mujeres con niños/as recién nacidos/as, se beneficiaría a más de 850 mil trabajadores/as. 

¿El resultado? Más incertidumbre, a la que se suma un ya no tan solapado conflicto entre el Ejecutivo y el Legislativo. Por un lado, ya en la forma de encuadrar el debate, se institucionaliza la crianza como una tarea que recae únicamente en las mujeres. No solo ello, también se desconoce que las mujeres son un grupo particularmente vulnerable durante la pandemia debido a la sobrecarga de trabajo doméstico en un contexto en que las redes de apoyo de cuidados se encuentran suspendidas. Por otro lado, nuevamente se trata de una política pública que mientras carga el costo de su implementación en las personas, desconoce que son los/as trabajadores/as quienes generan los fondos con que las empresas pagan el seguro de cesantía. 

¿Es posible esperar buenos resultados con este nivel de incertidumbre? El fin de semana pasado, menos de 48 horas después de estallar el conflicto entre los proyectos de postnatal, se hizo público el funcionamiento irregular de un jardín infantil en Maipú, en donde trabajadoras de Fruna dejaban a sus hijos/as durante su jornada laboral y que contaba con la autorización de la empresa al ser calificado como un servicio esencial.

Se sabe que las sanciones individuales para la sostenedora y las educadoras de párvulos detenidas pueden ser hasta de 5 años de cárcel y 50 millones de pesos por una “estupidez que no tiene límite”, en tanto, se anuncia que Fruna solo arriesga sanciones y sumario sanitario. ¿Por qué no cuestionar el que una fábrica de helados funcione como proveedora de bienes esenciales?, ¿Por qué no pensar en cuáles eran las otras opciones de cuidado tenían los/as niños/as de las trabajadoras de Fruna, todas las mujeres de escasos recursos, sin redes de apoyo, y muchas de ellas jefas de hogar? Nuevamente, ¿Dónde están el Estado y sus instituciones para prever y solucionar estas situaciones?, ¿Dónde está la sanción del mercado ante esta evidente falta de buen criterio empresarial? 

En octubre de 2019, “Chile despertó” porque vivir “en la medida de lo posible” implicaba tolerar un nivel de desigualdad en donde un pequeño grupo tiene no solo tiene un exceso de dinero, sino que también de derechos, oportunidades, influencia, y, sobre todo, poder. La pandemia ha revelado que dicho nivel de desigualdad es extremo y si bien beneficia a unos pocos, nos afecta a todos. Ocho meses después de despertar y cinco meses después del primer caso de COVID-19 en Chile, seguir gobernando, exigiendo vivir, y durmiendo “en la medida de lo posible” es, simplemente, insostenible. No hay cuerpo que aguante.

Edición. Paz Santader.

Dexametasona: una alternativa para salvar vidas

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La inflamación -el molesto enrojecimiento, aumento de  volumen, dolor o sensación de calor- no constituye en sí mismo una enfermedad, sino que es  uno de los mecanismos de combate del organismo frente a la infección por un patógeno. Este ataque a los intrusos debe ser regulado en tiempo e intensidad, sin embargo, a veces el sistema inmune se acelera y la reacción puede llegar a tener resultados fatales. En medio de la crisis por el Sars-CoV-2,  RIAC (Repositorio de Investigación Académica sobre Coronavirus) revisó las novedades sobre un medicamento del siglo pasado que está dando la batalla para salvar esas vida: La Dexametasona.

Recordemos, primero, que los graves cuadros respiratorios que sufren los pacientes con COVID-19 disparan la respuesta inmune, por lo que la inflamación resulta completamente inadecuada. Esto, porque cuando el sistema inmunológico detecta al Sars-Cov-2, desata una tormenta de citoquinas pro inflamatorias que puede ser más dañina que el mismo virus.

La dexametasona es capaz de regular la acción de las células del sistema inmune causantes de la tormenta de citoquinas,  a través de diversos mecanismos. Puede inhibir la maduración de la célula, reducir su capacidad de procesar antígenos, disminuir la producción de las citoquinas pro-inflamatorias o, por el contrario, aumentar la producción de citoquinas anti-inflamatorias. 

Tormenta de citoquinas

Las citoquinas son proteínas encargadas de coordinar la respuesta inmunológica, viajan por el torrente sanguíneo indicando a otras células que activen la respuesta inflamatoria. Sin embargo, cuando se producen demasiadas de estas “mensajeras”, se propagan más allá de las zonas infectadas, atacando tejidos sanos.

Un ejemplo concreto es lo que pasa en los pulmones, las paredes de los vasos sanguíneos se abren para permitir el paso de las células inmunes, pero son tantas filtraciones, que finalmente los pulmones pueden llenarse de líquidos y la presión sanguínea (como una manguera llena de agujeros) comienza a bajar.

En términos químicos, la dexametasona es un glucocorticoide sintético que actúa como antiinflamatorio e inmunosupresor. Desde su creación, en 1957, se ha utilizado para tratar alergias y enfermedades respiratorias  tales como el asma. También es ampliamente utilizado por la comunidad científica en investigaciones in vitro, ex vivo e in vivo como inmunomodulador, es decir, para producir tolerancia en pacientes con enfermedades autoinmunes, como por ejemplo la artritis reumatoide. 

En términos prácticos, se trata del primer medicamento cuya utilidad clínica para disminuir significativamente la mortalidad de pacientes con COVID-19 es comprobada. 

Desde la aparición del COVID-19 a la fecha se han registrado 9.343.488 de contagios y 479.818 muertes en el mundo. De ellos, un 30% desarrolla un cuadro respiratorio grave que precisa asistencia de ventilación mecánica, por lo que un tratamiento capaz de regular la intensa respuesta inmunológica es muy necesario. Esta semana, revisaremos el ensayo clínico realizado por la Universidad de Oxford con 2100 pacientes en Reino Unido usando Dexametasona como tratamiento experimental. 

El estudio que hoy salva vidas

A partir del 17 de junio, en todo el Reino Unido se está utilizando el  tratamiento de Dexametasona para salvar la vida de pacientes hospitalarios gravemente enfermos con Covid-19. A pesar de que el reciente estudio publicado por la Universidad de Oxford no representa una cura, ni una vacuna preventiva, sí constituye una buena noticia para quienes sufren cuadros respiratorios graves (conectados a ventilación mecánica u oxígeno): las y los autores de este estudio concluyeron que, en el caso de pacientes dependientes de ventiladores, una de cada tres muertes podría prevenirse y, en el caso de pacientes con oxígeno, una muerte de cada cinco muertes podría ser prevenida con el uso de este tratamiento.

Los investigadores administraron durante 10 días una dosis diaria de 6 mg de dexametasona. El progreso clínico de estos pacientes se comparó con una muestra aleatoria de poco más de 4.300 personas que no recibieron tratamiento adicional con dexametasona. Los resultados mostraron que, para los pacientes con ventiladores, el riesgo de muerte se redujo del del 40% al 28%, mientras que para los pacientes con oxígeno el riesgo de muerte se redujo de 25% a 20%. 

Por otro lado se observó que el medicamento no funciona en personas con síntomas más leves, porque suprimir su sistema inmunitario en este punto no sería de gran ayuda, e incluso podría ser contraproducente. Los resultados dieron cuenta de que, en pacientes sin asistencia respiratoria, tampoco hubo un beneficio significativo.

En base a estos resultados este tratamiento se recomienda a adultos, sin incluir a las embarazadas o en período de lactancia, que se encuentren conectados a respiración mecánica o administración de oxígeno. 

A pesar de todo, este descubrimiento trae grandes beneficios

Los efectos secundarios comunes de la dexametasona que se han observado cuando es usada para tratar otras afección,  incluyen ansiedad, dificultad para dormir, aumento de peso y retención de líquidos. Los casos más raros incluyen trastornos oculares, visión borrosa y hemorragia.

Sin embargo, los pacientes con coronavirus solo necesitan una dosis relativamente baja, lo que limitaría los efectos secundarios. Además, la dexametasona es un medicamento de bajo costo que ya existe y está en buen suministro. En muchas naciones africanas, por ejemplo, la droga cuesta menos de dos dólares.

En Sudáfrica, donde se fabrica el medicamento, al gobierno ya se le ha recomendado usarlo para tratar a los pacientes con oxígeno o ventilación.

Los resultados presentados por el grupo de investigación de Oxford University fueron aceptados y celebrados por la Organización Mundial de la Salud, que al conocer los detalles de esta investigación clínica, hizo un llamado a aumentar la producción mundial de Dexametasona. 

Algunos de los pacientes que fueron parte de este estudio, fueron dados de alta luego de una semana de comenzar el tratamiento con el medicamento. Sin embargo, no debe usarse para tratar a nadie con coronavirus que no esté en el hospital. y su uso aún se está estudiando en niños.

*La publicación corresponde al trabajo desarrollado por  RIAC (Repositorio de Investigación Académica sobre Coronavirus).

*La imagen utilizada en el fondo de la portada es parte de la serie de Obras de Arte en Cuarentena de José Manuel Ballester.

Líderes que se adaptan

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Todos los países están enfrentando esta crisis sin precedentes, la que ha dañado sus economías, las formas de relacionamiento y las dinámicas estudiantiles y laborales. Cada estamento de la organización confía en que sus líderes tomarán las decisiones adecuadas considerando la emergencia sanitaria, lo cual obliga a aceptar la detención de proyectos, anteponer la salud, y colocar a la economía mundial absolutamente en vilo.

La vulnerabilidad es lo que nos define como seres humanos, porque hoy nadie está protegido ante la posibilidad de contagio, por lo cual, la antigua frase que señala que las crisis crean líderes, tiene más vigencia que nunca. Entonces, si estamos enfrentados, por obligación, a un escenario que exige cambios dinámicos, priorización de la salud, adaptabilidad del proceso académico y otros, necesitamos que los liderazgos se ajusten e incluyan miradas que no siempre están en el radar.

La primera sería la mirada “hacia afuera”, es decir, adelantarse a lo que va a pasar, captar más rápidamente los cambios que suceden fuera del ámbito académico, tanto los evidentes como los sutiles. Y la otra mirada es la “hacia adentro”, donde el diagnosticar y medir rápidamente cuáles son las capacidades que realmente tiene cada uno para identificar aquello que le falta y, desde esa toma de conciencia, anticipar acciones que sirvan para mantener las fortalezas a largo plazo, a la vez que el líder se arriesga en desarrollar otras nuevas.


Y luego, está el aspecto cultural, el que envuelve a la institución. Ese se verá fuertemente afectado. Las culturas organizacionales se desarrollan durante largos períodos de tiempo y cada compañía tiene su propia trayectoria, con sus subculturas, por lo que también se aplicaría esta regla “afuera” versus “dentro”, y todo podría evolucionar en otros procedimientos académicos, incorporaciones de otros escenarios y otros actores, como parte del proceso de generación de conocimiento y que, antes de esta pandemia, no habían sido considerados. Lo que sí es evidente, es que el líder deberá visualizar el bienestar colectivo, lo cual, en el ambiente universitario, significa pensar en grandes volúmenes de personas que tienen y tendrán distintas dudas y preguntas; en ese momento, el líder debe adaptar a su labor diaria la comunicación constante y la transparencia, es decir, ser un líder consciente, que se cuida a sí mismo para estar a disposición de sus colaboradores.

La toma de decisiones para salir adelante es un gran desafío para los gestores académicos, siendo el mayor reto la resistencia al cambio, ya que los estamentos estudiantiles, académicos y laborales, no estaban preparados para ajustarse a un incremento de las obligaciones. Reorganizar para trabajar desde casa y liderar equipos virtualmente, esto está replanteando los liderazgos.

Estamos a medio camino, pero hay convicción en quienes detentamos cargos de liderazgo, que deberemos ser impulsores del cambio, ser gestionadores de soluciones de reorganización poniendo al frente la salud, y priorizar la capacitación de nuestro capital humano, un activo que necesita fortalecerse para enfrentar el paso de una universidad presencial a una virtual. El mejoramiento continuo de los equipos debe estar en las prioridades de este líder, sobre todo en tecnologías, si queremos  mantener el compromiso de cada integrante de la institución en la prueba más difícil de la humanidad en el último siglo.

Juan Carlos Espinoza, Decano de la Facultad de Ingeniería USACH.

COVID-19 y sus efectos neurológicos

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Si los primeros meses del COVID-19 nos dedicamos a observar a los pulmones, desde la toma de radiografías torácicas hasta el análisis del epitelio de los alvéolos, la diversidad de síntomas y manifestaciones de la enfermedad nos ha obligado a mirar otros órganos vitales, entre ellos, los efectos que tiene sobre el cerebro. RIAC (Repositorio de Investigación Académica sobre Coronavirus) analizó esta semana las conclusiones que ofrece Frontiers.

La OMS describió que los primeros síntomas clínicos comunes constan de fiebre, tos, producción de esputo, fatiga, dificultad para respirar y principalmente síntomas del tracto respiratorio. Pronto, se identificó que un número creciente de casos manifestaron otros cuadros, entre ellos, pacientes con implicancias neurológicas como trastornos olfativos y del gusto, razón por la que estudiar los posibles efectos transitorios y permanentes de la infección de SARS-CoV-2 en el sistema nervioso cobró vital importancia.

El trabajo titulado “Manifestaciones neurológicas de la enfermedad pandémica del coronavirus de 2019: Una revisión sistémica.” (The Neurologic Manifestations of Coronavirus Disease 2019 Pandemic: A Systemic Review, en inglés) publicado por los autores Sheng-Ta Tsai, Ming-Kuei Lu, Shao San y Chon-Haw Tsai fue publicado el pasado 19 de mayo en la revista científica Frontiers y realiza un estudio estadístico de meta-análisis de las manifestaciones neurológicas descritas en 63 estudios clínicos de pacientes con COVID-19, con el objetivo de revisar integralmente los efectos en el sistema nervioso de la infección y, de esta manera, contribuir en la labor de las y los médicos que se encuentran combatiendo la pandemia en centros de salud de todo el mundo.

SARS-CoV-2: El “nuevo virus respiratorio” queda corto

Los primeros estudios del SARS-CoV-2 dieron cuenta de un nuevo virus de la familia Coronaviridae compuesta por otros como los ya conocidos MERS y SARS. Los análisis de su genoma viral completo demostraron que presenta una similitud de nucleótidos del 89.1% con el SARS-CoV original, razón por la que fue bautizado como SARS-CoV-2.

Su amplia similitud ha permitido a la comunidad científica homologar un gran número de información basada en los hallazgos previos de este otro coronavirus. Bajo esta lógica, cuando aparecieron los primeros casos de COVID-19 con síntomas neurológicos, las investigaciones relacionadas con los efectos en el sistema nervioso de SARS-CoV cobraron mucha relevancia.

Un artículo publicado en 2018 por investigadores chilenos dio cuenta de que el coronavirus humano es capaz de ingresar al sistema nervioso central a través del bulbo olfatorio (estructura neural implicada en la percepción del olfato), causando desmielinización, es decir, daño en la capa de mielina que protege las fibras neuronales, e inflamación producto de la secreción de citoquinas proinflamatorias por parte de las células gliales, que son las células encargadas de darle soporte a las neuronas.

El mecanismo de ingreso e infección del SARS-CoV-2 en el sistema respiratorio ya ha sido descrito y se relaciona con la acción de dos enzimas presentes en las células del tracto respiratorio: la enzima convertidora de angiotensina 2 (ECA2) y la proteasa transmembrana de serina 2 (TMPRSS2).

Sin embargo, ECA2 no sólo se encuentra presente en las células respiratorias, sino que también en las células de las arterias, el corazón, los riñones y el intestino. Más aún, su presencia ha sido reportada en el cerebro, específicamente sobre la superficie de células gliales y neuronas. Esto sugiere, que la presencia de ECA2 en las células gliales y neuronas, podría ser el mecanismo por lo que que la infección del SARS-CoV-2 pueda llegar al sistema nervioso.

Manifestaciones neurológicas de la enfermedad pandémica: Una revisión sistémica en Frontiers

En este estudio se realizaron diversas búsquedas en plataformas digitales de revistas científicas y base de datos médicas sobre las manifestaciones clínicas neurológicas del COVID-19 publicadas entre diciembre del 2019 y el 30 de abril de 2020. De esta manera se logró obtener la información que se encuentra detallada en la tabla.

Trastornos olfativos y/o gustativos

Curiosamente, las infecciones previas por otros coronavirus no presentan una gran proporción de pacientes con trastornos olfativos y del gusto. Sin embargo, los pacientes con COVID-19 con frecuencia presentan estas anormalidades.

Las diferencias en la incidencia de la disfunción olfativa y/o del gusto dada por el momento y la distribución geográfica puede revelar información importante de que el virus puede tener el potencial de alterar su afinidad con el sistema nervioso central. No obstante, las posibilidades de una mayor tasa de detección de la disfunción olfatoria en pacientes diagnosticados por ciertos especialistas, como neurólogos u otorrinolaringólogos, no se pueden excluir por completo. El metaanálisis realizado en este artículo, mostró a partir de diversos estudios que los trastornos olfativos y/o gustativos se presentaron en un 35,6% de casos de COVID-19.

Convulsiones

Con respecto a las convulsiones en la infección viral, generalmente el período paroxístico (síntomas con recurrencia o intensidad repentina) puede ser una consecuencia de múltiples complicaciones de la enfermedad sistémica, como alteraciones metabólicas, hipoxia (falta de oxígeno en los órganos), etc.

En los dos informes de casos de COVID-19 que presentaron convulsiones, ambos tenían afectación del lóbulo temporal mesial (uno por inflamación aguda y otro por accidente cerebrovascular isquémico — infarto cerebral — previo). Dado que el número de casos es limitado, solo podemos especular que las convulsiones pueden ser causadas por el mal estado generalizado, la tormenta de citoquinas o la participación del lóbulo temporal mesial en pacientes graves con COVID-19. Las convulsiones se presentaron en un 1.5% de los casos analizados en el presente estudio.

Estado mental alterado

Varios países se enfrentan actualmente a una crisis de escasez de ventiladores. La insuficiencia respiratoria de pacientes infectados con COVID-19 puede estar parcialmente relacionada con la insuficiencia del tronco encefálico, ya que el virus Sars-CoV-2 pasa a la célula a través del receptor ACE2 y este se expresa en el cerebro. Además, se encuentra principalmente en el tronco encefálico, específicamente en los núcleos asociados con el control cardiorrespiratorio.

En la investigación previa sobre SARS-CoV y MERS-COV, el tronco encefálico estaba gravemente infectado, lo que posiblemente contribuye a la degradación y falla de los centros respiratorios. Además, el sistema de activación reticular ascendente (ARAS), que es responsable de la conciencia humana, también se origina en el tronco encefálico. Esto puede explicar en parte el estado mental alterado de los pacientes con COVID-19.

Sin embargo, identificar la fuente de la alteración de conciencia es complejo. Teniendo en cuenta que muchos pacientes con COVID-19 estaban gravemente enfermos con insuficiencia multiorgánica, tanto el efecto de las citocinas como el impacto sistémico de la disfunción orgánica también pueden conducir a esta alteración de la conciencia, que se presentó en un 7,8% de casos de COVID-19, de acuerdo al metaanálisis de esta revisión sistemática.

Dolor de cabeza y mareos

Según los resultados obtenidos en este estudio, las personas enfermas con COVID-19 presentan dolores de cabeza en un 10,7% de los casos y mareos en un 7,9%. Ambas manifestaciones neurológicas se consideran síntomas generales no específicos. Se sabe que las citocinas inducidas por infección viral aumentan la permeabilidad de los vasos, esto causa hinchazón cerebral e irritación de las meninges (capas de membranas que recubren el sistema nervioso central). La irritación meníngea estimula las terminales nerviosas del nervio trigémino y desencadena la sensación de dolor.

Enfermedad vascular cerebral aguda

El accidente cerebrovascular isquémico (ACI) también ocurre en pacientes con COVID-19 porque la infección puede causar elevación del dímero D, trombocitopenia y estado hipercoagulable, que son tres parámetros considerados factores de riesgo para un ACI. Además de una inflamación sistémica o una “tormenta de citoquinas”, el cardioembolismo (oclusión de una arteria cerebral) por lesión cardíaca relacionada con una infección viral podría aumentar aún más el riesgo de accidente cerebrovascular. El metaanálisis de la presente revisión arrojó que un 8,1% de personas enfermas de COVID-19 presentan enfermedad vascular cerebral aguda.

Mecanismos posibles de los efectos neurológicos

Imagen publicada por Tsai, 2020.

Adicionalmente los autores de este trabajo, revisaron algunos estudios disponibles para determinar posibles mecanismos por los que se producen los síntomas y signos neurológicos antes descritos.

Se cree que la enfermedad COVID-19 puede causar manifestaciones neurológicas como consecuencia de secreción de citoquinas, circulación general del virus (viremia) o invasión directa a través de los numerosos receptores ACE2 en el epitelio olfativo.

En el de trastorno olfativo se trataría directamente de daño al epitelio olfativo. Con respecto a la fiebre, se cree que es causada por el efecto de las citoquinas o la perturbación funcional del hipotálamo. La convulsión podría ser causada de igual forma por una tormenta de citoquinas, pero también podría ser por una condición de enfermedad severa o por la afectación del parénquima cerebral (tejido esencial del cerebro), especialmente el lóbulo temporal mesial. De la misma forma, el estado mental alterado puede ser una consecuencia de insuficiencia orgánica múltiple, infección grave o compromiso del tronco encefálico. Finalmente, se describe que el dolor de cabeza es causado por irritación meníngea.

Los autores recalcan que esta revisión está limitada por la información actual, los informes limitados y la considerable heterogeneidad en los datos. Además, las investigaciones de la nueva pandemia emergen rápidamente. A este respecto, solo se revisaron los resultados disponibles hasta el 30 de abril de 2020.

En conclusión, los autores de este trabajo sugieren que la causa más probable para las manifestaciones neurológicas del SARS-CoV-2 es que se encuentren relacionadas con la tormenta de citoquinas y su circulación por el torrente sanguíneo, insuficiencia orgánica múltiple o infección viral directa. Sin embargo, la fisiopatología detallada que causa efectos en el sistema nervioso por COVID-19 aún no se ha dilucidado.

Y tú ¿con cuál tipo de padre te identificas?

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Ranita Darwin (Rhinoderma darwinii)
Ranita Darwin (Rhinoderma darwinii).

Existen diferentes historias sobre el origen del día del padre, las más conocidas están documentadas en Estado Unidos y Europa. En el caso del norteamericano se asocia a Sonora Smart Dodd, quien en 1909 propuso celebrar el día del padre, el tercer domingo de junio, como una forma de homenajear a aquellos que cumplían tanto el rol de paterno como materno, como fue el caso de su propio progenitor.

En la Europa católica ortodoxa en cambio, se proponía celebrar este día el 19 de marzo por San José, el padre adoptivo de Jesús. En ambos casos las historias hablan de figuras paternales no convencionales, aquellos que también cumplen el rol de madre y los adoptivos.

Más allá de esa concepción “tradicional” de la familia, no hay nada más natural que la diversidad. Esta gran multiplicidad de estrategias para enfrentar la paternidad (expectativas culturales) y el paternaje (involucramiento activo en la crianza) también las podemos observar en otras especies de animales que no son los humanos.

Los invitamos a revisar unos cuantos ejemplos y una sorpresa al final.

8 tipos de padre que se pueden encontrar en la naturaleza

1. El defensor: El aguará guasú (Chrysocyon brachyurus). Cuando nacen las crías del Lobo de crin o Aguara Guasu, las hembras se vuelven muy agresivas con el padre, es por esto que inicialmente el macho colabora de manera indirecta, aumentando sus conductas territoriales y protectivas, a pesar de no poder tener contacto con sus crías. Luego, una vez que los cachorros emergen desde la madriguera, el padre puede comenzar a mostrar un cuidado directo con sus cachorros jugando con ellos y alimentándolos.

2. El que es padre y madre a la vez: El playero manchado (Actitis macularius). Cuando las hembras ponen sus huevos muchas veces estas aves abandonan el nido. De esta forma dejan la tarea de la incubación al padre mientras ella vuelve a reproducirse y conseguir una segunda nidada, ya sea del mismo macho o de otro. Otro ejemplo llamativo es el del Casuario (Casuarius spp), este, incuba sus huevos por semanas y luego cría por meses mostrando conductas defensivas muy fuertes para mantener a su familia segura.

3. El proveedor: El zorro cangrejero (Cerocyon thous), el padre trae comida a la madre y a los cachorros la cual deja a la entrada de la madriguera, para cuando sus crías salen de la cueva se convierte en un padre más activo acicalándolos y transportándolos a diferentes lugares para su protección.

4. El ayudante del parto: Perro Venadero o perro de agua (Speothos venaticus) es el que presenta el cuidado parental más complejo. Participa desde el primer momento ayudando a remover los cachorros del canal del parto de la hembra, comportándose casi como una matrona ya que es capaz de retirar la placenta de sus crías.

5. El embarazado: El caballito de mar (Hippocampus). Cuando se reproducen, la hembra deposita hasta 1500 huevos en el saco de crianza del padre, donde luego libera su esperma para fertilizar los huevos. Durante las siguientes semanas la hembra visita al macho sólo por unos minutos al día, dejándole a éste las tareas parentales, dentro de las cuales están producir suficiente oxígeno y prolactina que permiten mantener un ambiente adecuado para las crías dentro del saco.

6. El paciente: La ranita de Darwin (Rhinoderma darwinii). Durante la temporada reproductiva el macho vocaliza para atraer a una pareja, una vez que ella aparece la lleva a un sitio protegido donde ocurre el cortejo y el desove. La hembra puede depositar alrededor de 40 huevos los cuáles son fertilizados por el macho, quien se quedará sólo cuidándolos durante su desarrollo. Luego de aproximadamente 20 días, los renacuajos comenzarán a moverse dentro del huevo, momento en el que el padre utiliza su lengua para introducirlos en su saco vocal. Es en este saco donde los huevos eclosionan (salen del interior del huevo) y se produce la metamorfosis, la que puede tardar entre 6 y 8 semanas, salen del saco vocal y son liberados por el padre a través de su boca. Hay que considerar que un padre sólo puede incubar 19 renacuajos a la vez.

7. Los padres del mismo sexo: Es el caso del pingüino Rey (Aptenodytes patagonicus), se ha documentado que en el zoológico de Baltimore una pareja de machos de estos pingüinos adoptó el huevo de otra pareja, incubando y criando al polluelo, conducta que realizaron en dos ciclos reproductivos consecutivos, misma situación con Roy y Silo pingüinos barbijo (Pygoscelis antarcticus), quienes estuvieron emparejados por 6 años en el zoológico de Nueva York, y también incubaron y criaron huevos de otras parejas de manera exitosa.  

8. El estratega: la Carpita cabezona (Pimephales promelas) adopta huevos de otros peces. En este caso lo hace como una estrategia para encontrar pareja, ya que las hembras prefieren a los machos con huevos, por lo que para los individuos jóvenes que recién comienzan su etapa reproductiva la adopción es una buena forma de atraerlas y aumentar así sus posibilidades de reproducirse en comparación a otros individuos.

A propósito del día del padre, preparamos un set de postales en alta resolución que destacan esta diversidad en las relaciones de cuidado entre padres y sus crías en la naturaleza.

Puedes revisarlas y descargarlas aquí.

Autor y Diseño: Tamara Tadich.

Editor. Sebastián Escobar.

Agradecimientos: Paz Santader.

Referencias.

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  • Parades I, Keddar MA, Bonadonna F, Dobson S. (2013). Male‐Biased Mate Competition in King Penguin Trio 2013 https://doi.org/10.1111/eth.12076
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Encontramos la vacuna, ¿qué sigue?

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El 12 de junio, el Ministro Couve anunció que Chile está realizando negociaciones para realizar ensayos clínicos en el país y así una vez desarrollada la vacuna, asegurar prioridad en la entrega de dosis. El anuncio no fue bien recibido, es cierto que en un momento en que aún estamos viviendo lo peor de Covid-19, parece un anuncio vacío y a destiempo, incluso un error comunicacional. Si, aunque no tengamos idea de cuál será la vacuna – si es que encontramos siquiera una vacuna- la compleja tarea de garantizar dosis, se hace ahora.

Hay muchas interrogantes sobre el virus de la COVID19, muchas más interrogantes que respuestas. La única certeza es que, si el virus llegó para quedarse, necesitamos desarrollar una vacuna para recuperar nuestra libertad de movimiento.

A veces lo olvidamos, ya que en Chile aún intentamos contener la crisis sanitaria y nuestra atención se centra en los reportes diarios, las cifras y sus debates. Sin embargo, fuera de las paredes de nuestro encierro y entre las de numerosos laboratorios, se están desarrollando vacunas para definitivamente acabar con la pandemia. Mientras, “entre paredes” de salas -virtuales o reales- los países de todo el mundo intentan asegurar dosis para su población.  

En Chile, no importa que metodología se utilice, las cifras son desmoralizantes.
Al 19 de junio 2020, según el Minsal:
231.393 contagiados en total
4.093 fallecidos en total

Normalmente, el desarrollo de una vacuna toma 10-15 años desde que se comienza a estudiar  hasta que es encontrada efectiva y segura para uso Humano. La vacuna contra el virus del Ébola se encontró en 2003 y estuvo 16 años (2003-2019) en tramitación para que se aprobara su aplicación,  Debido a la gran complejidad del virus del SIDA, descubierto hace 36 años (específicamente en 1984) aún no logran desarrollar una vacuna contra el VIH. Aún nos vemos obligados a convivir con ella y no nos va muy bien, según un informe del Minsal, el 2019 había en Chile 71 mil personas viviendo con VIH-SIDA.

La buena noticia, es que los avances tecnológicos, científicos y la coyuntura general del brote de Covid-19 ha acelerado todo el proceso. Se identificó el virus causante de la enfermedad 7 días después de que China notificará a la OMS sobre esta nueva pneumonia, 10 días después de eso, conocimos el primer genoma completo del Sars-CoV-2 y, 3 días después, Estados Unidos afirmó estar en la búsqueda de una vacuna. Todo esto se traduce en cantidades nunca antes vistas de investigación básica y aplicada, en la búsqueda de herramientas para frenar – esperamos de manera definitiva – el avance de la pandemia. Desde entonces, se desató una verdadera carrera por crear la vacuna contra el SARS-CoV-2

¿Qué pasará cuando el primero cruce la línea? Hablemos de lo que puede pasar una vez que se haya encontrada la preciada vacuna. Las implicancias éticas, geopolíticas, económicas y morales, que de seguro se generarán, respecto de lo que parece tan evidente, como que la vacuna debiera estar disponible para todas y todos. 

Un experimento mental

No sabemos cómo se van a desarrollar los hechos, ni las decisiones nacionales e internacionales respecto a la vacuna y el proceso de vacunación. Dentro de muchos escenarios posibles, los invito a que nos imaginemos el – muy probable – escenario siguiente:            

Un país del Hemisferio Norte, desarrolló una vacuna que ha pasado por los estudios pre-clínicos (en células aisladas y modelos animales) y las tres fases de estudios clínicos (en Humanos voluntarios) requeridas: La Fase 1, que estudia la seguridad de la vacuna en pocos pacientes. Fase 2, que estudia tanto la seguridad como la efectividad (capacidad de generar anticuerpos contra SARS-CoV-2) de la vacuna, en un mayor número de pacientes. Fase 3, una vez comprobada la seguridad y efectividad, se hace un estudio a gran escala, con miles de pacientes, y se hace un seguimiento por un largo periodo de tiempo. 

En la fase 2 no se infecta a ninguno de los pacientes con el virus, por lo tanto, se requiere monitorear a un gran número de voluntarias y voluntarios, para asegurar que, eventualmente, sean naturalmente expuestos al virus y saber si la vacuna fue, o no, efectiva. Finalmente, las agencias de salud de distintos países van a evaluar los resultados y autorizar, o no, el uso de la vacuna en su población.  

Para acelerar el largo proceso – en algunos casos, de varios años – en la fase 3 se puede recurrir a “ensayos de desafío Humano”, en los cuales se infecta con el virus a adultos voluntarios, que han dado su consentimiento informado y así evaluar la efectividad de la vacuna. Esta es una opción altamente controversial y se deben evaluar los pros y contras.

Algo más de información necesaria para el debate.  De las 161 vacunas en distintas fases de estudio (pre-clínicos y clínicos), sólo 48 provienen de Universidades con fondos públicos. De estas, muchas están actualmente asociadas con una farmacéutica o empresa biotecnológica privada. Por lo tanto, las probabilidades indican que la primera vacuna en llegar a la meta será privada. Su producción y distribución, probablemente, también responderá a la lógica del mundo privado. Con todos estos antecedentes, nos enfrentaremos a nuevas interrogantes de orden político, social, económico y éticos. Y no van a ser de fácil respuesta.

Las preguntas incómodas

Una vez que encontremos la vacuna que cumple los criterios de efectividad y seguridad, se pondrá en marcha una máquina de producción de vacunas como nunca antes vista por la Humanidad. Se necesitarán 7.8 billones de dosis para garantizar que cada persona en el mundo se inmunice. ¿Habrá insumos suficientes para fabricarlas? ¿Se liberarán las patentes para que distintos laboratorios en el mundo puedan producirla al mismo tiempo?

Adelantemos el tiempo. Ya logramos generar las dosis necesarias, pero ¿querrán todos vacunarse? ¿Habrá resistencia desde los movimientos anti-vacuna, que ya han sido exitosos en perjudicar décadas de trabajo para erradicar enfermedades como el sarampión

Respecto a esto, el Proyecto de Confianza en Vacunas (VCP por sus siglas en inglés), ha demostrado que, en general, ha aumentado la aceptación a las vacunas. Pero no basta sólo con un “aumento”, para que una campaña de vacunación sea efectiva se necesita alcanzar, como mínimo,  que un 80% de la población se inmunice. Incluso las mejores vacunas sin vacunación efectiva y masiva, no sirven de nada. El esfuerzo debe ser comunitario.   

Ok, entonces decidimos vacunarnos. Sin embargo, un barco con 19 millones de dosis no llegará a Chile a erradicar la pandemia. Tampoco, una vez descargadas y distribuidas, se vacunará a todos los chilenos en un día, o una semana, o un mes, siquiera.. Razonablemente, habrá que priorizar al momento de comenzar la vacunación.  ¿Quiénes son los grupos en riesgo? ¿Se vacuna al personal de salud primero? ¿Pueden los gobiernos hacer un llamado obligatorio a la vacunación? Si es así, ¿deberían los Estados financiar o co-financiar el precio de las vacunas? ¿Cuál será el precio de esta vacuna lograda en tiempo récord? Si alguien tiene el poder adquisitivo para adquirir las vacunas de manera privada y saltarse una lista de espera, ¿dónde queda la equidad en salud?

Infinidad de preguntas, todas complejas e incómodas de responder.

Aprender a compartir

El país donde se produzca la vacuna puede solicitar garantizar primero las dosis para su población antes de exportar, ¿lo hará? 

Ya hay antecedentes al respecto. Durante la epidemia de H1N1, en 2009, Australia fue de los primeros países en crear una vacuna, pero no autorizó su exportación hasta asegurar las dosis para su población. Hace unos meses, el Presidente de los Estados Unidos intentó comprar CureVac, una compañía Alemana, para desarrollar una vacuna ‘exclusivamente para los Estados Unidos’. Un hecho éticamente cuestionable, pero – no sorpresivamente – legal. 

En Chile, el Instituto Milenio en Inmunología e Inmunoterapia de la UC llegó a un acuerdo colaborativo con la biofarmacéutica China SINOVAC para participar de los estudios clínicos.

En respuesta a la necesidad de que haya una distribución equitativa de vacunas, los 194 países miembros de la OMS firmaron un acuerdo para asegurar la distribución justa y equilibrada de medicamentos y vacunas para COVID-19. Lamentablemente, la OMS no cuenta con ningún poder para forzar el cumplimiento de ese acuerdo.

Las fábricas trabajarán sin cesar para generar dosis para la población mundial. Pero, como en cualquier producción masiva de productos, subirán los costos de los insumos y éstos mismos pueden escasear.

Por ahora, el llamado es a dejar que las investigaciones científicas sigan su curso natural. El proceso investigativo es lento y puede equivocarse en el camino, pero eventualmente encontraremos una solución para la pandemia de COVID-19. En el intertanto, debemos cuidarnos de los anuncios anticipados por parte del sector público y del sector farmacéutico/biotecnológico. Ya ocurrió con Gilead y Moderna, por mencionar solo dos empresas biotecnológicas, que tras anunciar resultados preliminares prometedores vieron un importante aumento en el precio de sus acciones. 

La información hay que transmitirla y recibirla como lo que es, información en desarrollo y por lo tanto, incompleta. No caigamos en el facilismo de creer que cada nuevo anuncio será la cura definitiva. Repito el llamado, a dejar que la ciencia siga su curso. Eso, muchas veces, incluye que resultados preliminares sean posteriormente refutados.  Pero más aún, requiere que políticas y políticos tomen las decisiones correctas y a tiempo.

¿Qué hay detrás de las “cajas de alimentos”?

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Para quienes crecimos durante la transición, nos dijeron que la pobreza era algo del pasado. Chile no era como el resto de los países de América Latina y la palabra “hambre”, había que asociarla con África. Pero en nuestras ciudades habían familias para quienes el hambre era cotidiana. La transición maquillaba a Chile tan cerca del desarrollo, que “ser de clase media” se convirtió en nuestra identidad nacional.


Sin embargo, en estos últimos meses el concepto de “clase media” desapareció de los discursos oficiales. Para entender las implicancias de este hecho debemos comenzar revisando lo que sabemos sobre ella. Desde las Ciencias Sociales, la clase media ha sido objeto de investigación hace más de una década en Chile dando paso a una nutrida producción científica [1,2].

Hoy “la clase media” indica “todo y nada” a la vez [3].

La clase media representa “todo”, es nuestra identidad nacional, pues encarna los ideales de nuestro modelo económico y social: “ser de clase media” se vincula a la promesa de la meritocracia que, tarde o temprano, retribuirá justamente nuestros esfuerzos en mayores ingresos, mejores condiciones de vida, y movilidad social ascendente (ya sea para nosotros o nuestros hijos). En este sentido, la clase media es la mejor aliada de las políticas públicas que consideran al mercado como el árbitro para distribuir recursos y oportunidades (tales como la educación subvencionada y basada sobre mecanismos de selección).
La clase media, no obstante, es un concepto tan amplio y usado transversalmente, que invisibiliza nuestra estructura social bajo nuestra biografía y aspiraciones personales. En este sentido, las políticas públicas diseñadas para este grupo social (tales como la masificación de créditos de consumo y la educación subvencionada) poco hacen por resolver las inequidades que hacen casi imposible materializar la promesa de la meritocracia.

La clase media representa “nada” porque en ella cabemos todos: de hecho, casi el 70% de los chilenos decimos ser de clase media, en una diversidad que va desde un Presidente de la República que actualmente ocupa el lugar 804 en el ranking Forbes, hasta quienes son beneficiarios de los bonos, subsidios, y gratuidades que incluyen el término “clase media” [4], incluyendo a todos quienes se identifican con expresiones tales como “no soy pobre, pero tampoco rico”.
Todo lo anterior tiene correlatos prácticos. Por un lado, la literatura reconoce distintos sectores al interior de la clase media, dando cuenta de su carácter heterogéneo. Por ejemplo, si analizamos su definición por ingresos familiares, la clase media chilena se define por un rango que oscila entre 2,5 millones y 600 mil pesos mensuales por hogar [5]. Sin embargo, si tomamos un hogar compuesto por 4 personas que disponen de un total de 600 mil pesos al mes, sus integrantes resbalarían de este grupo pues, per cápita, los 4 se ubicarían por debajo la línea de la pobreza por ingresos [6]. Por otro lado, la identidad de clase media creó un sentido de pertenencia que muchas veces dificultó el debate sobre desigualdad social, reduciéndolo a diferencias personales y no a inequidades estructurales. Ser de clase media es un lugar seguro que nos permite hablar de clases sociales sin nombrarlas. Ejemplos cotidianos sobran: para toda persona que haya vivido en Chile por el tiempo suficiente, sabe que basta el sonido de una sílaba para saber que no es lo mismo vivir en “shile” que en “tchile” [7], dos realidades que corren por carriles paralelos dentro de un mismo país.

Lo que ha develado la pandemia

La pandemia llegó a removerlo todo, marcando una coyuntura en los discursos oficiales ya resquebrajados desde octubre.
Durante el estallido de octubre, los discursos oficiales apelaron a la clase media como símbolo de la unidad nacional. Se le pidió perdón por “no hacer caso de sus temores y carencias”, mientras se buscaba su lealtad para con el modelo económico y social que les proveyó de oportunidades que antes resultaban totalmente impensadas. Meses después, la clase media ha desaparecido de los mismos discursos que antes le otorgaban un protagonismo absoluto. La clase media, al parecer, ya no inspira relatos épicos (en la “Batalla por Santiago”), ni evoca declaraciones románticas (en donde “solo el pueblo ayuda al pueblo”), ni se sostiene por sí sola como la meritocracia prometió. ¿Qué cambios supone este cambio de estrategia?


En términos prácticos, la desaparición de la clase media ha dado paso a la “pobreza” – palabra que no era mencionada en una comunicación oficial desde 2009 [8] – encontrando entre “los más vulnerables” el protagonista, aliado, y destinatario de bonos, y subsidios. Sin embargo, la clase media es, casi, una expresión que no se quisiese nombrar. Como ya apareció en una columna: a fin de cuentas, “la clase media vulnerable no era más que una pobreza con acceso a crédito” [9], una grieta que el modelo económico y social rellenó con políticas sociales que solo maquillaron carencias materiales. Desde las Ciencias Sociales, no obstante, las nociones de “clase media” y “vulnerabilidad” aparecen ligadas en conceptos tales como “inconsistencia posicional” [10]: para ciertos sectores – con excepción de la clase media acomodada – siempre ha existido la imposibilidad de consolidar su posición en la sociedad, estando siempre “a un paso” de (re)caer en la pobreza: este miedo permanente, antes asociado a una enfermedad mental, un desastre natural imprevisible, o a la cesantía, hoy lo representa contraer COVID-19 y el ciclo interminable de cuarentenas dinámicas.


La pandemia, no solo ha traído nuevas representaciones de este miedo, sino que, también, ha agudizado estos temores. Asimismo, dichos miedos se han extendido a sectores que, quizás, se pensaron seguros hasta que comenzaron las cuarentenas en marzo. Pensemos, por ejemplo, en quienes confiaron en la meritocracia y siguieron sus reglas: aquella primera generación universitaria, hoy endeudada con créditos universitarios e inmobiliarios, quienes nunca consiguieron un contrato de trabajo formal pese al diploma universitario, o en aquellos que optaron por emprender, pero que hoy no pueden abrir sus negocios.

¿Cuál ha sido la respuesta desde las políticas públicas?

Si bien la pandemia supone un escenario de emergencia y, por tanto, requiere una respuesta rápida; lo cierto es que se ha vuelto a aplicar una receta conocida: más instrumentos de mercado y garantías estatales de duración limitada. La diferencia, claro, es que los criterios de focalización se han flexibilizado para lograr su masificación y alcanzar nuevos sectores. Ello, ha derivado en la aplicación de la misma receta de bonos y subsidios, junto a algunas innovaciones como las cajas de alimentos, para un número mayor – pero todavía indeterminado – de millones de chilenos vulnerables [11].
¿Qué efectos podemos esperar de estas medidas? Es probable que no haga nada con la vulnerabilidad que dice combatir, tanto en el mediano como en el largo plazo. Sin embargo, la desaparición de la clase media de los discursos oficiales mientras se aplica la misma receta de políticas públicas puede abrir una puerta, pues nos obliga a dejar de ignorar el debate sobre cuán desigual es nuestra sociedad y cuáles son las políticas públicas más efectivas si queremos combatirla.


La entrega de bonos, subsidios, y cajas de alimentos ha develado cuán ineficaz es nuestro Estado de Bienestar [12] al dejar la red de protección social al vaivén del mercado y a respuestas cortoplacistas a coyunturas específicas. Si bien el riesgo de contraer COVID-19 es transversal, no todos tenemos las mismas oportunidades de hacerle frente: definitivamente, no es lo mismo enfermarse en “shile” que en “tchile” porque ambas realidades no cuentan con condiciones equiparables para hacerle frente al interminable ciclo de cuarentenas dinámicas.


La radicalidad de las medidas, acompañadas de explicaciones corto-placistas, solo han acrecentado la vulnerabilidad haciendo imposible desligarla del hambre: se vive el día, se planifica semana a semana, mientras se espera que la autoridad controle su cumplimiento. Hay pocas certezas, incluso para sectores que nunca conocieron la pobreza: tanto la clase media “baja” como la clase media “media” (sector que, se supone, nunca se había enfrentado la pobreza ni el hambre) se enfrentan a un descenso social casi sin escalas [13].
La entrega de bonos, subsidios, y cajas de alimentos también ha develado cuán desigual es un país que se decía “de clase media”. Estas medidas resultan ineficaces en el corto y largo plazo porque no solo nuestro Estado de Bienestar es débil, sino que nuestro mercado también lo es. Nuestra red de protección social ha sido inoperante debido a su débil institucionalidad y capacidad: los bonos no protegen lo que dicen proteger, los subsidios no alcanzan a cubrir lo que pretenden pagar, y las cajas de alimentos no han llegado a la mayoría de los hogares a los que se anunció su llegada. Nuestros mercados, han puesto en jaque la disponibilidad de alimentos para la subsistencia, mostrando que su funcionamiento se acerca más a un “capitalismo jerárquico de lazos familiares” [14] que a la eficiente regulación de la oferta y la demanda. Al respecto, pensemos cómo han actuado durante la pandemia instituciones como LATAM, las Isapres, o Cencosud.


Lo anterior es de gran importancia pues este conjunto de medidas y omisiones oficiales perpetúa una lógica en donde se culpa a “quienes tienen menos” por la “carga excesiva” que significa el “que dependan del Estado”, ignorando el rol clave de “quienes tienen más” en (re)producir la desigualdad. En Chile, dos de las razones que explican que tanto el Estado como los mercados sean débiles no se debe solo a un patrón de desigualdad “persistentemente alto” [15] sino que, también, es una desigualdad primordialmente impulsada desde “la parte superior” [16] de la pirámide social. Pensemos en que casi el 50% de lo que el Estado de Chile recolecta corresponde al Impuesto de Valor Agregado (IVA) [17], el impuesto más regresivo de todos y que afecta mayormente a quienes “tienen menos”. Si compramos un kilo de pan, el 19% de IVA es la misma cifra “absoluta” para todas las personas, sin embargo, su peso “relativo” varía a lo largo de distribución de ingresos. En este sentido, “pertenecer a la parte superior” – a esta cúspide, o grupo cerrado – no solo implica “tener más” sino que “tener en exceso” dinero, recursos, privilegios y, sobre todo, poder.

¿Entonces, qué hacer?

La desaparición de la clase media en los discursos oficiales, definitivamente, abre una discusión compleja, con distintas capas de profundidad. Puede parecer un detalle durante una pandemia que ya ha significado miles muertes en el mundo. No obstante, más que una sutileza, su omisión no debe ignorarse y, por el contrario, supone abrir la discusión sobre las consecuencias en el corto y largo plazo: ¿realmente las medidas implementadas combatirán la vulnerabilidad de cada vez más amplios sectores?, ¿cuáles serán sus implicancias para nuestra estructura social y patrón de desigualdad? ¿“vulnerabilidad” o “ser de clase media” significarán lo mismo después de la pandemia? Al menos, sabemos que, históricamente tanto la definición de clase media, como sus ocupaciones, posturas, y repertorios políticos, han variado [18].


Es cierto que, por un lado, la desaparición de la clase media de los discursos oficiales – asociada a la aparición de las ollas comunes y la censura del hambre [19]– ha desmontado el mito de ser un “país de clase media”. Sin embargo, es menos cierto que esto se ha traducido, hasta ahora, en cambios hacia un Estado de Bienestar y mercados más modernos, inclusivos, democráticos, y eficientes. Necesitamos que las autoridades reconozcan tanto la evidencia que las Ciencias Sociales han producido, como las necesidades y las formas de organización de gente. El llamado, entonces, es invitarles a salir de “la caja”, a no sólo responder a lo que se dice, sino que también, aprender a responder a lo que se calla.
Debemos seguir prestando atención a los silencios en donde antes había palabras y sentido común.

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