Madres investigadoras: producir como si no tuviesen que criar

La pandemia y la gestión de ésta ha evidenciado las profundas desigualdades en nuestra sociedad. En este contexto, tener trabajo todavía es un privilegio y la Academia es de esos rubros donde menos ha impactado la cesantía, aún. Universidades, centros de investigación y laboratorios en el país, si bien no han podido realizar sus labores de la forma habitual, han podido negociar plazos, entregas y formas de seguir generando conocimiento, sin despedir a su personal de planta. Incluso algunos trabajadores a honorarios han podido proseguir en sus funciones sin recortes de sueldo.

Sin embargo la ejecución de estas labores se ha trasladado a la intimidad de nuestros hogares: reuniones y clases por video conferencia, análisis corriendo de nuestras laptops, en un escenario en donde la separación de lo público y lo privado (si es que existe) se diluye por completo [1]. En este escenario han salido los trapitos al sol de quiénes hacían la pega doméstica [2] y se agudizan aún más las diferencias entre los investigadores y las investigadoras nacionales. 

Si bien desde antes ya se manifestaban condiciones laborales y de trayectorias profesionales disímiles entre hombres y mujeres [3], en las cuales a ellas les costaba más entrar en la academia, mantenerse allí [4] y publicar a la par que los hombres, para las madres la brecha es aún mayor [5].  No por nada, muchas veces se posterga, se decide abortar la carrera investigadora o bien se les cierran puertas a las madres. Estudios han demostrado que “2/3 de las mujeres que optaron por carreras académicas de alto nivel nunca tuvieron hijos” [6]. En ambientes de alta competencia y demanda de tiempo, como lo es la investigación, tener hijos e hijas afecta el ascenso, la promoción, la adjudicación de proyectos y el liderazgo de estos, disminuyendo más la productividad científica de la mujer que la del hombre [7]. Hay investigadores que siendo padres de lactantes, logran compatibilizar perfectamente la vida académica, social e incluso política, llegando a ser autoridades en universidades y centros de investigación, a la par de seguir participando en el equipo de fútbol y el colectivo o partido.  

A las madres de lactantes, en cambio, si es que logran conciliar trabajo y familia, las verán siempre corriendo. Sí, son ellas, las que en reuniones están mirando sus teléfonos donde les avisan que su hija o hijo se metió un juguete en la nariz,  mordió a pepito, no quiso comer o vomitó. Ellas, las que nunca pueden asistir a la reunión o charla “cualquier día después de las 6 pm” [8] muy a diferencia de sus pares hombres, quienes delegan estas tareas en sus parejas, aunque estas también sean investigadoras. 

Las madres investigadoras en general rechazan asumir tareas directivas, dar conferencias, ir a congresos fuera de la ciudad o realizar pasantías en el extranjero, porque todo ello les aleja de sus tareas de cuidado y crianza; o bien les implica tensas negociaciones [9]. Son las de ojeras permanentes, que en su periodo de mayor productividad e inserción en el mundo científico o académico coincide con su periodo de maternaje (27 a 40 años) [10]. 

Aquellas que olvidan nombres, las distraídas, las multitareas. Las madres solteras, las que se divorciaron o las que crían en pareja asumiendo el doble de las tareas domésticas y de cuidados. Unas más estresadas que otras [11],  pero todas intentando conciliar el mundo familiar y el laboral, sin morir en el intento. Las que tratan de escribir el paper, el libro o la tesis mientras amamantan o se extraen leche en el baño de su primer trabajo. Son las mujeres de las que la academia no quiere hablar, porque es vulgar, precario, demasiado íntimo y subjetivo para estos ambientes asépticos, intelectuales, competitivos, indolentes y fríos de quienes se sienten llamados a pensar el país (usualmente, sin el país).  

Son las madres investigadoras que se abren camino allí, en ese espacio hecho a la medida del sujeto moderno [12]; que trabajan en universidades, centros de investigación y laboratorios, sin mudadores, salas de lactancia, guarderias o jardines infantiles en muchos casos, porque aún no son suficientes o no tienen tiempo ni para demandar o exigir mejores condiciones. 

En este contexto de maternaje diurno y teletrabjo nocturno las exigencias y mediciones siguen siendo las mismas para investigadores e investigadoras, hasta que las instituciones y comunidades científicas y políticas así lo sigan queriendo. Por mientras, las madres investigadoras seguirán trabajando para ellos (y más que ellos), produciendo como si no tuviesen criar y criando como si no tuviesen que producir. 

Referencias:

  1. https://radio.uchile.cl/2020/05/02/maternidad-trabajo-domestico-y-teletrabajo-la-triple-jornada-laboral-de-miles-de-mujeres-en-la-pandemia/?fbclid=IwAR11mT3HhV_FA3NUqHi-E6OMM4GzPJsiri026anFEOeouMAwj7PeyKWpNhs
  2. https://www.elmostrador.cl/noticias/opinion/2020/04/07/el-teletrabajo-y-los-trapitos-al-sol/
  3. http://www.genderdiversity.cgiar.org/publications/genderdiversity_WP17.pdf
  4. https://www.youtube.com/watch?v=ywm4FNhwx-8
  5. Xie, Y. y K.A. Shaumen (1998), “Sex Differences in Research Productivity: New Evidence About an Old Puzzle”, American Sociological Review, 63 (6):847-870.
  6.  Drago R., C. Colbeck, K.D. Stauffer, A. Pirretti, K. Burkum, J. Fazioli, G. Lazarro and T. Habasevich (2005), “Bias against Caregiving”, Academe, 91.
  7. http://www.genderdiversity.cgiar.org/publications/genderdiversity_WP17.pdf
  8. Frase textual escuchada por la autora a más de un padre científico, sólo entre el 3 y el 13 de marzo 2020.
  9. https://www.latercera.com/que-pasa/noticia/madre-cientifica-chile-muchas-mujeres-optan-postergar-la-maternidad-no-caer-la-productividad-cientifica/559103/
  10. http://www.ciencia.gob.es/stfls/MICINN/Ministerio/FICHEROS/UMYC/LibroBlanco-Interactivo.pdf
  11. https://www.theguardian.com/higher-education-network/2017/jan/13/im-a-single-parent-and-a-scientist-and-im-dangerously-stressed
  12. http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0188-70172009000200005#notas