Dexametasona: una alternativa para salvar vidas

La inflamación -el molesto enrojecimiento, aumento de  volumen, dolor o sensación de calor- no constituye en sí mismo una enfermedad, sino que es  uno de los mecanismos de combate del organismo frente a la infección por un patógeno. Este ataque a los intrusos debe ser regulado en tiempo e intensidad, sin embargo, a veces el sistema inmune se acelera y la reacción puede llegar a tener resultados fatales. En medio de la crisis por el Sars-CoV-2,  RIAC (Repositorio de Investigación Académica sobre Coronavirus) revisó las novedades sobre un medicamento del siglo pasado que está dando la batalla para salvar esas vida: La Dexametasona.

Recordemos, primero, que los graves cuadros respiratorios que sufren los pacientes con COVID-19 disparan la respuesta inmune, por lo que la inflamación resulta completamente inadecuada. Esto, porque cuando el sistema inmunológico detecta al Sars-Cov-2, desata una tormenta de citoquinas pro inflamatorias que puede ser más dañina que el mismo virus.

La dexametasona es capaz de regular la acción de las células del sistema inmune causantes de la tormenta de citoquinas,  a través de diversos mecanismos. Puede inhibir la maduración de la célula, reducir su capacidad de procesar antígenos, disminuir la producción de las citoquinas pro-inflamatorias o, por el contrario, aumentar la producción de citoquinas anti-inflamatorias. 

Tormenta de citoquinas

Las citoquinas son proteínas encargadas de coordinar la respuesta inmunológica, viajan por el torrente sanguíneo indicando a otras células que activen la respuesta inflamatoria. Sin embargo, cuando se producen demasiadas de estas “mensajeras”, se propagan más allá de las zonas infectadas, atacando tejidos sanos.

Un ejemplo concreto es lo que pasa en los pulmones, las paredes de los vasos sanguíneos se abren para permitir el paso de las células inmunes, pero son tantas filtraciones, que finalmente los pulmones pueden llenarse de líquidos y la presión sanguínea (como una manguera llena de agujeros) comienza a bajar.

En términos químicos, la dexametasona es un glucocorticoide sintético que actúa como antiinflamatorio e inmunosupresor. Desde su creación, en 1957, se ha utilizado para tratar alergias y enfermedades respiratorias  tales como el asma. También es ampliamente utilizado por la comunidad científica en investigaciones in vitro, ex vivo e in vivo como inmunomodulador, es decir, para producir tolerancia en pacientes con enfermedades autoinmunes, como por ejemplo la artritis reumatoide. 

En términos prácticos, se trata del primer medicamento cuya utilidad clínica para disminuir significativamente la mortalidad de pacientes con COVID-19 es comprobada. 

Desde la aparición del COVID-19 a la fecha se han registrado 9.343.488 de contagios y 479.818 muertes en el mundo. De ellos, un 30% desarrolla un cuadro respiratorio grave que precisa asistencia de ventilación mecánica, por lo que un tratamiento capaz de regular la intensa respuesta inmunológica es muy necesario. Esta semana, revisaremos el ensayo clínico realizado por la Universidad de Oxford con 2100 pacientes en Reino Unido usando Dexametasona como tratamiento experimental. 

El estudio que hoy salva vidas

A partir del 17 de junio, en todo el Reino Unido se está utilizando el  tratamiento de Dexametasona para salvar la vida de pacientes hospitalarios gravemente enfermos con Covid-19. A pesar de que el reciente estudio publicado por la Universidad de Oxford no representa una cura, ni una vacuna preventiva, sí constituye una buena noticia para quienes sufren cuadros respiratorios graves (conectados a ventilación mecánica u oxígeno): las y los autores de este estudio concluyeron que, en el caso de pacientes dependientes de ventiladores, una de cada tres muertes podría prevenirse y, en el caso de pacientes con oxígeno, una muerte de cada cinco muertes podría ser prevenida con el uso de este tratamiento.

Los investigadores administraron durante 10 días una dosis diaria de 6 mg de dexametasona. El progreso clínico de estos pacientes se comparó con una muestra aleatoria de poco más de 4.300 personas que no recibieron tratamiento adicional con dexametasona. Los resultados mostraron que, para los pacientes con ventiladores, el riesgo de muerte se redujo del del 40% al 28%, mientras que para los pacientes con oxígeno el riesgo de muerte se redujo de 25% a 20%. 

Por otro lado se observó que el medicamento no funciona en personas con síntomas más leves, porque suprimir su sistema inmunitario en este punto no sería de gran ayuda, e incluso podría ser contraproducente. Los resultados dieron cuenta de que, en pacientes sin asistencia respiratoria, tampoco hubo un beneficio significativo.

En base a estos resultados este tratamiento se recomienda a adultos, sin incluir a las embarazadas o en período de lactancia, que se encuentren conectados a respiración mecánica o administración de oxígeno. 

A pesar de todo, este descubrimiento trae grandes beneficios

Los efectos secundarios comunes de la dexametasona que se han observado cuando es usada para tratar otras afección,  incluyen ansiedad, dificultad para dormir, aumento de peso y retención de líquidos. Los casos más raros incluyen trastornos oculares, visión borrosa y hemorragia.

Sin embargo, los pacientes con coronavirus solo necesitan una dosis relativamente baja, lo que limitaría los efectos secundarios. Además, la dexametasona es un medicamento de bajo costo que ya existe y está en buen suministro. En muchas naciones africanas, por ejemplo, la droga cuesta menos de dos dólares.

En Sudáfrica, donde se fabrica el medicamento, al gobierno ya se le ha recomendado usarlo para tratar a los pacientes con oxígeno o ventilación.

Los resultados presentados por el grupo de investigación de Oxford University fueron aceptados y celebrados por la Organización Mundial de la Salud, que al conocer los detalles de esta investigación clínica, hizo un llamado a aumentar la producción mundial de Dexametasona. 

Algunos de los pacientes que fueron parte de este estudio, fueron dados de alta luego de una semana de comenzar el tratamiento con el medicamento. Sin embargo, no debe usarse para tratar a nadie con coronavirus que no esté en el hospital. y su uso aún se está estudiando en niños.

*La publicación corresponde al trabajo desarrollado por  RIAC (Repositorio de Investigación Académica sobre Coronavirus).

*La imagen utilizada en el fondo de la portada es parte de la serie de Obras de Arte en Cuarentena de José Manuel Ballester.