Encontramos la vacuna, ¿qué sigue?

El 12 de junio, el Ministro Couve anunció que Chile está realizando negociaciones para realizar ensayos clínicos en el país y así una vez desarrollada la vacuna, asegurar prioridad en la entrega de dosis. El anuncio no fue bien recibido, es cierto que en un momento en que aún estamos viviendo lo peor de Covid-19, parece un anuncio vacío y a destiempo, incluso un error comunicacional. Si, aunque no tengamos idea de cuál será la vacuna – si es que encontramos siquiera una vacuna- la compleja tarea de garantizar dosis, se hace ahora.

Hay muchas interrogantes sobre el virus de la COVID19, muchas más interrogantes que respuestas. La única certeza es que, si el virus llegó para quedarse, necesitamos desarrollar una vacuna para recuperar nuestra libertad de movimiento.

A veces lo olvidamos, ya que en Chile aún intentamos contener la crisis sanitaria y nuestra atención se centra en los reportes diarios, las cifras y sus debates. Sin embargo, fuera de las paredes de nuestro encierro y entre las de numerosos laboratorios, se están desarrollando vacunas para definitivamente acabar con la pandemia. Mientras, “entre paredes” de salas -virtuales o reales- los países de todo el mundo intentan asegurar dosis para su población.  

En Chile, no importa que metodología se utilice, las cifras son desmoralizantes.
Al 19 de junio 2020, según el Minsal:
231.393 contagiados en total
4.093 fallecidos en total

Normalmente, el desarrollo de una vacuna toma 10-15 años desde que se comienza a estudiar  hasta que es encontrada efectiva y segura para uso Humano. La vacuna contra el virus del Ébola se encontró en 2003 y estuvo 16 años (2003-2019) en tramitación para que se aprobara su aplicación,  Debido a la gran complejidad del virus del SIDA, descubierto hace 36 años (específicamente en 1984) aún no logran desarrollar una vacuna contra el VIH. Aún nos vemos obligados a convivir con ella y no nos va muy bien, según un informe del Minsal, el 2019 había en Chile 71 mil personas viviendo con VIH-SIDA.

La buena noticia, es que los avances tecnológicos, científicos y la coyuntura general del brote de Covid-19 ha acelerado todo el proceso. Se identificó el virus causante de la enfermedad 7 días después de que China notificará a la OMS sobre esta nueva pneumonia, 10 días después de eso, conocimos el primer genoma completo del Sars-CoV-2 y, 3 días después, Estados Unidos afirmó estar en la búsqueda de una vacuna. Todo esto se traduce en cantidades nunca antes vistas de investigación básica y aplicada, en la búsqueda de herramientas para frenar – esperamos de manera definitiva – el avance de la pandemia. Desde entonces, se desató una verdadera carrera por crear la vacuna contra el SARS-CoV-2

¿Qué pasará cuando el primero cruce la línea? Hablemos de lo que puede pasar una vez que se haya encontrada la preciada vacuna. Las implicancias éticas, geopolíticas, económicas y morales, que de seguro se generarán, respecto de lo que parece tan evidente, como que la vacuna debiera estar disponible para todas y todos. 

Un experimento mental

No sabemos cómo se van a desarrollar los hechos, ni las decisiones nacionales e internacionales respecto a la vacuna y el proceso de vacunación. Dentro de muchos escenarios posibles, los invito a que nos imaginemos el – muy probable – escenario siguiente:            

Un país del Hemisferio Norte, desarrolló una vacuna que ha pasado por los estudios pre-clínicos (en células aisladas y modelos animales) y las tres fases de estudios clínicos (en Humanos voluntarios) requeridas: La Fase 1, que estudia la seguridad de la vacuna en pocos pacientes. Fase 2, que estudia tanto la seguridad como la efectividad (capacidad de generar anticuerpos contra SARS-CoV-2) de la vacuna, en un mayor número de pacientes. Fase 3, una vez comprobada la seguridad y efectividad, se hace un estudio a gran escala, con miles de pacientes, y se hace un seguimiento por un largo periodo de tiempo. 

En la fase 2 no se infecta a ninguno de los pacientes con el virus, por lo tanto, se requiere monitorear a un gran número de voluntarias y voluntarios, para asegurar que, eventualmente, sean naturalmente expuestos al virus y saber si la vacuna fue, o no, efectiva. Finalmente, las agencias de salud de distintos países van a evaluar los resultados y autorizar, o no, el uso de la vacuna en su población.  

Para acelerar el largo proceso – en algunos casos, de varios años – en la fase 3 se puede recurrir a “ensayos de desafío Humano”, en los cuales se infecta con el virus a adultos voluntarios, que han dado su consentimiento informado y así evaluar la efectividad de la vacuna. Esta es una opción altamente controversial y se deben evaluar los pros y contras.

Algo más de información necesaria para el debate.  De las 161 vacunas en distintas fases de estudio (pre-clínicos y clínicos), sólo 48 provienen de Universidades con fondos públicos. De estas, muchas están actualmente asociadas con una farmacéutica o empresa biotecnológica privada. Por lo tanto, las probabilidades indican que la primera vacuna en llegar a la meta será privada. Su producción y distribución, probablemente, también responderá a la lógica del mundo privado. Con todos estos antecedentes, nos enfrentaremos a nuevas interrogantes de orden político, social, económico y éticos. Y no van a ser de fácil respuesta.

Las preguntas incómodas

Una vez que encontremos la vacuna que cumple los criterios de efectividad y seguridad, se pondrá en marcha una máquina de producción de vacunas como nunca antes vista por la Humanidad. Se necesitarán 7.8 billones de dosis para garantizar que cada persona en el mundo se inmunice. ¿Habrá insumos suficientes para fabricarlas? ¿Se liberarán las patentes para que distintos laboratorios en el mundo puedan producirla al mismo tiempo?

Adelantemos el tiempo. Ya logramos generar las dosis necesarias, pero ¿querrán todos vacunarse? ¿Habrá resistencia desde los movimientos anti-vacuna, que ya han sido exitosos en perjudicar décadas de trabajo para erradicar enfermedades como el sarampión

Respecto a esto, el Proyecto de Confianza en Vacunas (VCP por sus siglas en inglés), ha demostrado que, en general, ha aumentado la aceptación a las vacunas. Pero no basta sólo con un “aumento”, para que una campaña de vacunación sea efectiva se necesita alcanzar, como mínimo,  que un 80% de la población se inmunice. Incluso las mejores vacunas sin vacunación efectiva y masiva, no sirven de nada. El esfuerzo debe ser comunitario.   

Ok, entonces decidimos vacunarnos. Sin embargo, un barco con 19 millones de dosis no llegará a Chile a erradicar la pandemia. Tampoco, una vez descargadas y distribuidas, se vacunará a todos los chilenos en un día, o una semana, o un mes, siquiera.. Razonablemente, habrá que priorizar al momento de comenzar la vacunación.  ¿Quiénes son los grupos en riesgo? ¿Se vacuna al personal de salud primero? ¿Pueden los gobiernos hacer un llamado obligatorio a la vacunación? Si es así, ¿deberían los Estados financiar o co-financiar el precio de las vacunas? ¿Cuál será el precio de esta vacuna lograda en tiempo récord? Si alguien tiene el poder adquisitivo para adquirir las vacunas de manera privada y saltarse una lista de espera, ¿dónde queda la equidad en salud?

Infinidad de preguntas, todas complejas e incómodas de responder.

Aprender a compartir

El país donde se produzca la vacuna puede solicitar garantizar primero las dosis para su población antes de exportar, ¿lo hará? 

Ya hay antecedentes al respecto. Durante la epidemia de H1N1, en 2009, Australia fue de los primeros países en crear una vacuna, pero no autorizó su exportación hasta asegurar las dosis para su población. Hace unos meses, el Presidente de los Estados Unidos intentó comprar CureVac, una compañía Alemana, para desarrollar una vacuna ‘exclusivamente para los Estados Unidos’. Un hecho éticamente cuestionable, pero – no sorpresivamente – legal. 

En Chile, el Instituto Milenio en Inmunología e Inmunoterapia de la UC llegó a un acuerdo colaborativo con la biofarmacéutica China SINOVAC para participar de los estudios clínicos.

En respuesta a la necesidad de que haya una distribución equitativa de vacunas, los 194 países miembros de la OMS firmaron un acuerdo para asegurar la distribución justa y equilibrada de medicamentos y vacunas para COVID-19. Lamentablemente, la OMS no cuenta con ningún poder para forzar el cumplimiento de ese acuerdo.

Las fábricas trabajarán sin cesar para generar dosis para la población mundial. Pero, como en cualquier producción masiva de productos, subirán los costos de los insumos y éstos mismos pueden escasear.

Por ahora, el llamado es a dejar que las investigaciones científicas sigan su curso natural. El proceso investigativo es lento y puede equivocarse en el camino, pero eventualmente encontraremos una solución para la pandemia de COVID-19. En el intertanto, debemos cuidarnos de los anuncios anticipados por parte del sector público y del sector farmacéutico/biotecnológico. Ya ocurrió con Gilead y Moderna, por mencionar solo dos empresas biotecnológicas, que tras anunciar resultados preliminares prometedores vieron un importante aumento en el precio de sus acciones. 

La información hay que transmitirla y recibirla como lo que es, información en desarrollo y por lo tanto, incompleta. No caigamos en el facilismo de creer que cada nuevo anuncio será la cura definitiva. Repito el llamado, a dejar que la ciencia siga su curso. Eso, muchas veces, incluye que resultados preliminares sean posteriormente refutados.  Pero más aún, requiere que políticas y políticos tomen las decisiones correctas y a tiempo.

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