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Fútbol aversión de multitudes

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[avatar user=»Paulo Dávalos» size=»original» align=»left»/]

 

Siempre que llegamos a un nivel notorio de fanatismo y nuestras redes sociales se llenan de mensajes de fanáticos de «lo que sea», también aparecen los haters, los que no les gusta que otras personas sean felices y muestren su felicidad, o ven amenazada su estabilidad mental porque otras personas expresan sus sentimientos con respecto a algo.

El Fútbol debe ser una de las primeras cosas que genera odio, porque ¿Cómo vamos a divertirnos viendo correr 22 giles detrás de una pelota? No tiene sentido.

Aún así querido amigo único y especial, el fútbol (así como muchas otras cosas) tiene una característica muy interesante: un público masivo extremadamente atento a todo lo que tenga que ver con su tema/equipo/personaje/concepto. No voy a analizar el valor intrínseco de la actividad misma, porque nos da para mucho, pero sí quiero centrarme en el poder de tener esa cantidad de gente atraída a un tema tan particular.

Personalmente, cuando empiezo a ver sobre algún tema particular que despierta fanatismo, despierta mi curiosidad ¿qué los mueve a enamorarse de una serie? ¿Cómo logra un deporte, como el fútbol, ese nivel de atención? ¿Por qué cuando vemos un partido de la selección estamos pegados?

Aunque apenas estemos en contacto con el fútbol tenemos más o menos claro que a la futura copa América iremos a puro sufrir, sin el capitán más encima. Porque, por frecuencia en algún punto de nuestro día a día nos llega un mensaje relacionado con el fútbol, informalmente en una conversación de pasillo, formalmente en la radio, indirectamente en un aviso publicitario en medio de tu programa favorito. Todos los medios se vuelcan al fútbol. Y este público futbolero empieza a leer, ver, escuchar todo lo que tenga relación con lo mismo, creando una oportunidad inmejorable para los comunicadores.

No digo que podríamos poner: Rueda renuncia a la selección. Ahora que tenemos tu atención queríamos hablarte del calentamiento global.

Pero sí podríamos generar espacios como, si los órganos del cuerpo humano fueran un jugador de fútbol ¿Cuál sería Gary Medel? O como varias veces se hace, ¿qué animales son representativos de la selección de cada país? Si la era humana fuera un partido de fútbol, en qué tiempo estaríamos, sin duda estamos en los descuentos ¿Ganaremos ese partido? ¿Por qué lo estamos perdiendo? El número primo maravilla, y los números magos, perdón números mágicos ¿Cuáles serán?

Esto es lo que queremos hacer con el equipo de Trile y Chile Científico, un espacio donde a través de la ciencia miramos y desglosamos una pasión. El fútbol.

¡Pitazo inicial!

Dulce mentira: el riesgo de los edulcorantes

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[avatar user=»Lorena Diaz» size=»thumbnail» align=»left» /]

La comercialización de la sacarina ha significado una de las revoluciones más grandes de la industria alimentaria. La sacarina es un edulcorante artificial sin valor energético -es decir, sin calorías-, es aproximadamente 300 a 400 veces más dulce que el azúcar y no reacciona químicamente con otras sustancias, por lo cual su conservación es sencilla.

La sacarina fue producida por primera vez en 1879 por Constantin Fahlberg en el laboratorio de Ira Remsen, en la Universidad Johns Hopkins. Este último recibiría, en 1923, la prestigiosa Medalla Priestley, el mayor galardón otorgado por la Sociedad Americana de Química. Siete años después, en 1886, Fahlberg comenzó la producción masiva de esta sustancia en una fábrica en Alemania [1]. Sin embargo fue mucho después, entre los años 1960 y 1980 que la popularidad de la sacarina como edulcorante se disparó, en corcondancia con la masificación de las dietas para bajar de peso.

Hoy, casi 40 años después, el consumo de alimentos libres de azúcar continúa en aumento debido al alza de las tasas de sobrepeso y obesidad, incidencia de enfermedades cardiovasculares y enfermedades metabólicas como la diabetes tipo 2 en la población mundial. Para ello, se utilizan edulcorantes que son cientos de veces más dulces que el azúcar. Dentro de los edulcorantes están los no-nutritivos, que pueden ser sintéticos como el acesulfamo K, aspartamo, ciclamato, sacarina y sucralosa, o naturales como la taumatina y los glucósidos de esteviol. Los edulcorantes nutritivos, como los polioles y los alcoholes del azúcar, son por ejemplo el maltitol, sorbitol, xilitol y eritritol.

La European Food Safety Authority, agencia de la Unión Europea, y el Codex Alimentarius, conjunto de normas respaldado por la FAO, han evaluado y confirmado que estos edulcorantes son seguros para el consumo humano y no causan cáncer u otros problemas de salud relacionados, siempre y cuando su ingesta no sobrepase la dosis diaria recomendada [2].

En Chile, el uso de los edulcorantes artificiales es regulado por el Reglamento Sanitario de los Alimentos, artículo 1467 [3]. Y a pesar de que son bien tolerados por el organismo, sus efectos sobre la intolerancia a la glucosa y la alteración a la composición de la microbiota intestinal son controversiales.

Las comunidades bacterianas intestinales, también conocidas como “flora intestinal” o «microbioma», juegan un papel fundamental en la salud humana, dado que participan en el metabolismo, la inmunidad, el crecimiento y la regulación del sistema nervioso [4][5]. Muchas investigaciones dan cuenta que el consumo de edulcorantes no-nutritivos conlleva al desarrollo de intolerancia a la glucosa ya que genera cambios en la composición de la microbiota intestinal [6].

La composición y el funcionamiento de la microbiota intestinal son susceptibles a los cambios en la dieta, vale decir, modificaciones sustanciales en los hábitos alimenticios, ya sea en la cantidad o diversidad en los alimentos consumidos diariamente, pueden alterar el comportamiento de los microorganismos en el intestino. Hasta ahora, sólo ha sido demostrado que la sacarina, la sucralosa y la estevia modifican la composición de la microbiota intestinal [7].

Al ser consultada al respecto, la nutricionista Valentina Vera de DietingCl [8], advierte que “hay que tener cuidado al interpretar estos estudios porque trabajan con dosis que no son reales, como si alguien se tomara 25 latas de bebida”. Además, agrega que “algunos estudios advierten que ciertos edulcorantes artificiales como el aspartamo, la sucralosa, la sacarina y el acesulfamo-k, han demostrado ser tóxicos para las bacterias en el tracto digestivo.

Se ha demostrado que los edulcorantes tienen un papel activo en el tubo gastrointestinal al interactuar con los receptores de sabor dulce, produciendo cambios en la respuesta hormonal, conduciendo a un aumento en el nivel de insulina circulante”. Por último, recalca que “todo esto continúa en revisión”.

Frente a estos antecedentes, la recomendación es no abusar de los edulcorantes, ni de los alimentos y bebidas dietéticas, ya que, si bien en algunos aspectos son más saludables que consumir azúcar, su ingesta en exceso puede generar daños a nivel sistémico y conducir al desarrollo de enfermedades metabólicas.

Además, es importante conocer la relevancia de los microorganismos que habitan nuestro aparato gastrointestinal, ya que son determinantes para nuestro estado de salud general, y preocuparse de mantener una alimentación equilibrada para no provocar alteraciones.

Los invitamos a leer más de los especiales «Dietas» en Chilecientífico.

 

¿QUÉ PASA SI ME “SALTO” EL DESAYUNO?

 

 

 

A VER, ¿CÓMO TE EXPLICO?

 

 

Referencias:

[1] https://pdfpiw.uspto.gov/.piw?Docid=00319082

[2] https://www.sciencedirect.com/topics/pharmacology-toxicology-and-pharmaceutical-science/acceptable-daily-intake.

[3] https://www.minsal.cl/reglamento-sanitario-de-los-alimentos/

[4] Clemente, J. C., Ursell, L. K., Parfrey, L. W., & Knight, R. (2012). The impact of the gut microbiota on human health: an integrative view. Cell, 148(6), 1258–1270. doi:10.1016/j.cell.2012.01.035. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/22424233

[5] Ma, Q., Xing, C., Long, W., Wang, H. Y., Liu, Q., & Wang, R. F. (2019). Impact of microbiota on central nervous system and neurological diseases: the gut-brain axis. Journal of neuroinflammation, 16(1), 53. doi:10.1186/s12974-019-1434-3. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC6397457/

[6] Suez J. et al (2014). Artificial sweeteners induce glucose intolerance by altering the gut microbiota. Nature volumen 514, p. 181-186. https://www.nature.com/articles/nature13793

[7] Ruiz-Ojeda, F. J., Plaza-Díaz, J., Sáez-Lara, M. J., & Gil, A. (2019). Effects of Sweeteners on the Gut Microbiota: A Review of Experimental Studies and Clinical Trials. Advances in nutrition (Bethesda, Md.), 10 (suppl_1), S31–S48. doi:10.1093/advances/nmy037. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC6363527/

[8] https://dietingcl.wordpress.com/

¿Trabajar o no trabajar? He ahí la cuestión del migrante internacional

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[avatar user=»Baltica Cabieses» size=»original» align=»left» /]

Rosana tiene 31 años, es colombiana y se vino a Chile buscando trabajo. Inició su llegada a Antofagasta hace dos años, donde intentó encontrar trabajo como técnico en enfermería, pero no logró convalidar su título. Luego se fue a Santiago a probar suerte, puesto que su familia en Colombia contaba con su trabajo remunerado para aportar con remesas al ingreso familiar. Consiguió trabajo de mesera en un “café con piernas” en el centro, donde trabaja hasta la fecha. Rosana no pierde la esperanza de que algún día podrá trabajar en lo que realmente ama, cuidar a personas enfermas, mientras sobrevive en una pieza arrendada y sirve café, para enviar una remesa a su familia. “El trabajo nos mueve a migrar, el trabajo es el centro, yo estoy bien mientras pueda trabajar. Si dejara de trabajar no sé qué haría…” Dice, mirando un café frío mientras recibe su propina.

Migrar es parte de la existencia del ser humano desde su origen como especie. Y hoy, en la era de la globalización, y dadas las facilidades de acceso a información, el avance en las comunicaciones y el menor tiempo y costo de los traslados, el llegar de un lugar a otro resulta más rápido y menos costoso que en el pasado.

Esto, sumado a procesos de estratificación internacional del trabajo, pobreza, conflicto y desastres naturales que suceden de manera desigual en nuestro planeta, hacen que las migraciones internacionales hayan aumentado en un 40% en los últimos 20 años, alcanzando la cifra estimada de 258 millones de personas a nivel mundial el año 2017 [1].

El desplazamiento humano en todas sus formas es, entonces, uno de los mayores desafíos de la humanidad en este tiempo de la historia y requiere de especial atención y análisis.

La principal razón por la cual las personas migran en todo el mundo es la oportunidad de trabajo. El migrante “laboral” es, entonces, reconocido como el migrante más frecuente que se desplaza buscando oportunidades de manera temporal o permanente. Este también es el caso de migrantes internacionales en la región de Latinoamérica, y en particular de Chile. Gran parte de la población inmigrante en nuestro país viene en búsqueda de un mejor trabajo, el que no siempre alcanza a cumplir sus expectativas iniciales de remuneración, estabilidad o seguridad.

De acuerdo con la Encuesta Nacional CASEN 2015, entre los años 2009 y 2015 el porcentaje de población, de 15 años o más, migrante internacional que se encontraba laboralmente ocupada aumentó, pasando de un 62,3% en 2009 a un 72,4% en 2015. Por el contrario, la cantidad de chilenos ocupados se elevó discretamente, pasando desde un 49,8% en 2009 a un 53,4% en 2015 [2].

Para todos los últimos años de aplicación de esta encuesta en nuestro país, la tasa de ocupación fue siempre mayor en población migrante internacional que en población nacida en Chile. En cuanto a tasa de participación, medida como la proporción de población del país en edad productiva en el mercado laboral, ya sea trabajando o buscando trabajo (cantidad de ocupados por cada 100 personas de 15 años o más), consistentemente para todos los periodos, fueron los migrantes internacionales quienes presentaron una mayor tasa en comparación con los nacidos en Chile.

Respecto del tipo de trabajo que desarrollan, datos de la misma encuesta nacional CASEN entre 2009 y 2013 sugieren que los migrantes internacionales se desempeñan principalmente en dos tipos de ocupaciones: como trabajadores por cuenta propia y empleados del sector privado [2]. Estas categorías agrupan a más del 70% de esta población, lo que es similar a la población nacional.

En relación con el tipo de contrato de trabajo, 82,2% de los migrantes internacionales poseen contrato de tipo indefinido, esta cifra está por sobre la de la población chilena, la cual llega al 74,3%. Respecto del tipo de jornada de trabajo el 91% del colectivo migrante reporta trabajar jornada completa, ligeramente superior a los nacionales que llegan al 85,3%. En lo que respecta a la jornada de trabajo (diurna o nocturna) la situación es similar para ambos grupos en donde sobre el 80% trabaja solo en jornada diurna [2].

Estos indicadores generales dan cuenta de una mayor participación laboral de inmigrantes comparado con nacionales, lo que podría responder a la migración de tipo laboral que se describe en Chile. No obstante, esta categoría general podría invisibilizar a migrantes internacionales solicitantes de asilo y refugio, que también buscan trabajo, pero que experimentan mayores vulneraciones de derechos y riesgos de trauma y estrés. También invisibiliza las condiciones de vida y trabajo de migrantes internacionales en situación irregular, o de migrantes que están expuestos a trabajo informal, que este tipo de encuestas no logra capturar.

De esta forma, aportar con nuevas investigaciones orientadas a comprender no sólo las experiencias y riesgos de migrantes internacionales laborales sino que también de aquellos que buscan refugio, en especial cuando este es informal o vulnera sus derechos humanos, es una tarea pendiente para nuestro país.

Referencias:

[1] https://publications.iom.int/system/files/pdf/wmr_2018_sp.pdf

[2] http://observatorio.ministeriodesarrollosocial.gob.cl/casen-multidimensional/casen/casen_2015.php

¿Cómo aseguramos la protección de nuestra información?

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Hoy, las tecnologías de la información se han convertido en un elemento central de las sociedades modernas. A raíz de la hiperconexión, el mundo digital forma parte central de nuestras vidas cotidianas, desde la gestión de telecomunicaciones, bancos, hasta el uso de teléfonos inteligentes y dispositivos médicos.  

Para abordar esta problemática ChileCientífico junto a la Universidad Bernardo O’Higgins, UBO, ha decidido realizar el conversatorio, ¿Cual es el límite? ¿Cómo aseguramos la protección de nuestra información y resguardamos nuestra privacidad?

Fecha: 3 de junio entre las 9:00 y 12:30 horas.

Lugar: Auditorio Campus Rondizzoni, General Gana 1702. Universidad Bernardo O’Higgins.

Invitados:

  • Claudio Ruff, Máster en Finanzas y Doctor en Ciencias de la Ingeniería. Rector de la UBO.
  • Pablo Viollier, analista de políticas públicas de Derechos Digitales.
  • Patricia Peña, investigadora y académica de la Universidad de Chile.
  • Modera: Alfredo Barriga, Consultor en Transformación Digital, académico UDP y autor del libro “Futuro Presente: cómo la nueva revolución digital afectará mi vida”.

¿Cómo afrontan las universidades la Ley de Identidad de Género?

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A partir de este año entró en vigencia la Ley de Identidad de Género, la que permite que las personas transgénero mayores de 14 años modifiquen su nombre y género en los registro públicos. En este contexto, algunas casas de estudio, tales como la Universidad de Chile y la Universidad de Las Américas, establecieron a comienzos de 2018 autorizar uso de nombre social a alumnos trans.

En Chile, un 56% de las personas trans ha intentado suicidarse a lo menos una vez en su vida, y un 84% de estos intentos se realizan antes de los 18 años, según datos de la encuesta-T en 2017.

¿Cómo se vive, en la práctica, esta situación en las universidades? Para abordar esta problemática ChileCientífico junto al Consejo de Universidades Privadas Acreditadas, CUPa, ha decidido realizar el conversatorio, “¿Cómo afrontan las universidades la Ley de Identidad de Género?”.

Fecha: 27 de mayo entre las 10:30 y las 13 horas.

Lugar: Auditorio Campus Providencia, Manuel Montt 948. Universidad de Las Américas.

Invitadas:

Paulina Hernandez, abogada y secretaria general de la Universidad de las Américas.

Emilia Schneider, estudiante de Derecho Universidad de Chile y Presidenta de la Fech.

Isabel Amor, socióloga y directora de educación Fundación Iguales.

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¿Qué pasa si me “salto” el desayuno?

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[avatar user=»Lorena Diaz» size=»thumbnail» align=»left» /]

Todos hemos escuchado el dicho popular “Desayuna como Rey, almuerza como Príncipe y cena como mendigo”. Esta frase refuerza la idea de que el desayuno es la comida más importante del día y que no debe ser obviada de la dieta diaria. Sin embargo, una alarmante cantidad de personas no desayuna, ya sea por tiempo, porque les da asco comer tan temprano en la mañana, o porque siguen alguna dieta de moda que les impone ayunar.

El ayuno intermitente es una de las tendencias fitness más comentadas del último tiempo, ya que promete pérdida de peso, mejora del estado de salud y simplificación del estilo de vida. Tiene por lo menos 3 modalidades (ver imagen), siendo la más simple la que consiste en ayunar por un día completo, 24 horas, una o dos veces a la semana. A diferencia de otras dietas que alcanzan niveles parecidos de popularidad, el ayuno intermitente ha sido ampliamente estudiado y existe respaldo científico para sus beneficios, por ejemplo, la prevención de diabetes tipo 2 en adultos con sobrepeso y obesidad [1].

En roedores, el ayuno intermitente o periódico protege contra la diabetes, cáncer, enfermedades cardíacas y neurodegeneración; mientras que en humanos ayuda a reducir la obesidad, hipertensión, asma y artritis reumatoide. Estos estudios han permitido concluir que el ayuno tiene el potencial de retrasar el envejecimiento, al mismo tiempo que ayuda a prevenir y tratar enfermedades al minimizar los efectos secundarios causados por intervenciones dietarias crónicas [2].

Sin embargo, la evidencia científica al respecto aún no llega a consenso y todo depende del modelo de estudio y el tiempo de tratamiento, entre otras variables. Es así como diferentes estudios se han encargado de comprobar la importancia de un desayuno contundente para iniciar el día. La evidencia científica asegura que debemos ingerir una mayor de cantidad calorías en la mañana, para así lograr activar correctamente nuestro metabolismo y de esa forma evitar la obesidad. El consumo de desayuno afecta el apetito, el procesamiento de la energía y las respuesta endocrina y metabólica asociadas a las comidas posteriores [3]. Mientras que “saltarse” el desayuno se asocia con un riesgo aumentado de diabetes  [4].

A pesar de que el consenso indica que tomar desayuno es un hábito saludable, cerca de un tercio de la población en países desarrollados no toma desayuno [5]. En Chile, un alto porcentaje de los trabajadores prefiere no tomar desayuno con tal de llegar a la hora al trabajo. Otros escogen tomar desayuno en el trabajo, varias horas después de despertar. Los menos saludables recurren a locales de comida rápida y reemplazan su desayuno y almuerzo por un completo o un sándwich contundente. El desayuno típico chileno incluye pan de harina blanca, acompañamientos con baja cantidad de fibra dietaria y de proteínas magras.

Una reciente revisión sistemática y meta-análisis sugiere que la adición de desayuno al plan de alimentación diario puede no ser una buena estrategia para la pérdida de peso. No obstante, sus autores son cautelosos al señalar que se debe tener cuidado con la recomendación de no tomar desayuno en adultos y que se necesitan más ensayos controlados de alta calidad para examinar el rol del desayuno en el mantenimiento del peso ideal [6]. Este descubrimiento desafía la premisa de que saltarse el desayuno desacelera el metabolismo y conduce a comer en exceso más tarde en el día.

Finalmente, todo depende del estado de salud y el propósito de quien decide seguir un régimen alimentario en particular. En cualquier caso, es siempre recomendable ir al médico especialista y consultar cuál es la dieta idónea para cada uno, según estatura, peso, estilo de vida y patologías pre-existentes. Por ejemplo, si se tiene problemas con el metabolismo de azúcares, o problemas a la tiroides, no es recomendable “jugar” de esta manera con la alimentación diaria. Si se tiene una alimentación balanceada y un peso saludable, no hay motivo por el cual experimentar con el ayuno intermitente.

Los estudios científicos arrojan resultados variables ya que las poblaciones estudiadas son diversas, en algunos casos se estudian los efectos del ayuno en pacientes con obesidad, en otros, en adultos con peso normal pero con alguna patología de alta incidencia poblacional. Por eso recalcamos la importancia de consultar con el médico tratante. Lo que es claro es que la alimentación es fundamental para funcionar en el día a día, mantener una vida saludable y mitigar los efectos negativos del envejecimiento.

Referencias:

[1] Barnosky AR, Hoddy KK, Unterman TG, Varady KA (2014). Translational Research Volume 164, Issue 4, Pages 302-311. https://doi.org/10.1016/j.trsl.2014.05.013

[2] Longo VD, Mattson MP (2014). Fasting: Molecular Mechanisms and Clinical Applications. Cell Metabolism, 19(2): 181–192. doi: 10.1016/j.cmet.2013.12.008

[3] Astbury NM,  Taylor MA, Macdonald IA (2011). Breakfast Consumption Affects Appetite, Energy Intake, and the Metabolic and Endocrine Responses to Foods Consumed Later in the Day in Male Habitual Breakfast Eaters. The Journal of Nutrition, Volume 141, Issue 7, Pages 1381–1389. https://doi.org/10.3945/jn.110.128645

[4] Ballon A, Neuenschwander M, Schlesinger S (2018). Breakfast Skipping Is Associated with Increased Risk of Type 2 Diabetes among Adults: A Systematic Review and Meta-Analysis of Prospective Cohort Studies. The Journal of Nutrition, Volume 149, Issue 1, Pages 106–113. https://doi.org/10.1093/jn/nxy194

[5] Rita Rubin, MA (2019). Does Skipping Breakfast Lead to Weight Loss or Weight Gain? AMA. Publicado online 1 de Mayo. doi:10.1001/jama.2019.2927

[6] Sievert K, Hussain SM, Page MJ, Wang Y, Hughes HJ, Malek M, Cicuttini FM (2018). Effect of breakfast on weight and energy intake: systematic review and meta-analysis of randomised controlled trials. BMJ; 364. doi: https://doi.org/10.1136/bmj.l42

 

¿Qué rol quieres jugar?

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[avatar user=»Valentina Wyman» align=»left» /]

La decisión constituye una manifestación de libertad. Decidir qué quiero hacer, hacia dónde quiero ir, con quién quiero trabajar y dónde quiero trabajar, etc., son actos que pueden marcar nuestras vidas y experiencias. Ahora bien, ante situaciones de mucha incertidumbre, ¿qué elementos pueden ser útiles para fundamentar o canalizar de mejor manera una decisión?

A veces, se nos hace fácil cuestionar las decisiones de los demás, dar consejos y pensar en qué haría yo si fuese tú. Como cultura, solemos mirar el pasto del vecino más verde y más atractivo que el que nosotros mismos hemos regado. Sin embargo, a la hora de elegir entre dos o más opciones se nos hace difícil y solemos buscar las respuestas de nuestras decisiones en otras personas. A lo mejor, pensamos y/o creemos que ellos pueden “ver” en nosotros/as esa esencia, fortaleza o motor que no hemos sido capaces de descubrir o que simplemente nos rehusamos a ver.

Si bien es cierto, es nuestro deber aprovechar, comprender y reflexionar de cada experiencia cuál fue el rol que jugué y qué factores determinaron o limitaron cierto(s) comportamiento(s); lograr un autoconocimiento es un proceso consciente y continuo que requiere escucharse a sí mismo como también, recibir el feedback de aquellos que nos rodean. Implica ser consciente de cómo aprendo, qué quiero hacer; tolerar las diferencias existentes con lo demás; reconocer el potencial de cada integrante del equipo; detectar desafíos; conocer los valores que me rigen y hacia dónde voy a focalizar mi energía para lograr mi objetivo de vida y aquellos que son parte de la etapa específica que se está viviendo.

El autoconocimiento, permite que nos gestionemos a nosotros mismos, nos empodera y de cierta forma, no permite aprovechar nuestros momentos de libertad. No obstante, la dependencia económica muchas veces nos lleva a ceder y transar nuestras convicciones en realizar actividades que no nos potencian o en las que se no somos buenos, impactando a nuestro desarrollo y el entorno.

Buscar un trabajo es una tarea simple al compararla con el desafío de encontrar un trabajo que nos cause satisfacción tanto por lo que nos entrega como por lo que podemos aportar.  Conocerse a sí mismo es fundamental para encontrar el lugar que potencia nuestras fortalezas y desde donde podamos trabajar las debilidades.

¿Estás ejerciendo el rol qué crees que es el que permite que explotes tu potencial? ¿Tienes claro qué es lo que te apasiona? ¿Eres capaz de ver en tus colegas sus fortalezas? ¿Eres capaz de ver tus fortalezas?

En términos formales, la “carrera” científica es una elección y, según entiendo, no es algo que se entre a estudiar directamente en la universidad, sino que es un camino al que puedes optar durante y/o luego de terminar el pregrado.

Sin embargo, ganas de ser científico y un par de papers con un pregrado no bastan para optar a un puesto de trabajo que ofrezca desarrollo profesional y un valor horas hombre de mercado.  

Lamentablemente, para dedicarse a la investigación, en muchas instituciones el talento tiene que ser respaldado por un postgrado (doctorado, al menos). Sin embargo, por más que tu motor sea la investigación, las actividades administrativas y las clases son parte del pack de hacer investigación en universidades.

¿Cuántas veces hemos escuchado de investigadores que son “dioses” y sus clases son espantosas? ¿Cuántas veces hemos estados en cátedras de profesores excelentes pero que son poco valorados dentro de sus pares porque tienen baja producción? ¿Tiene sentido que seamos todos medidos de la misma manera, si no estamos jugando un rol desde nuestra fortaleza? ¿Cuán libres son los científicos para auto gestionar su talento y decidir qué quieren hacer? ¿Las instituciones nos limitan o abren puertas?

Si el conocimiento es poder, ¿por qué los gestores y generadores del conocimiento no tienen el poder de elegir su rol dentro de la sociedad?

“La química debe ser respetada”

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[avatar user=»Christian Castro» size=»original» align=»left» /]

Todos hemos escuchado o leído alguna vez: “Este producto es libre de químicos”. Me pregunto de qué estará hecho entonces…¿estará hecho de éter o algún tipo de material novedoso? pues la verdad es que la química está en todo y por ende vivimos rodeados de “químicos”. Incluso se ha reportado como una fobia a la excesiva aversión irracional o prejuiciosa sobre cualquier producto o vínculo con la química basándose más en las emociones que en información real (hola quimiofobia [1]).

Pero seamos sinceros: Todo lo que nos rodea está formado por átomos que se unen para formar moléculas y la química es la ciencia maravillosa que nos permite estudiar cómo se combinan. Repito, la química está en todo.  Debemos tener presente en nuestro discurso que algo “natural” como el veneno de una araña puede ser muy tóxico, y a su vez, algo “artificial” ser muy inocuo.

Sin embargo, soy consciente de la existencia de personajes a lo largo de la historia que han utilizado el lado “más oscuro” de la química [2,3]. Por ejemplo, con el fin de crear sustancias sintéticas que utilizadas en exceso ocasionan contaminaciones a ecosistemas, aplicaciones bélicas, compuestos que atentan contra la salud, entre otros múltiples efectos negativos que podamos imaginar.

Lamentablemente la codicia y avaricia no son ajenas a la ciencia dado que es una labor realizada, al fin y al cabo, por humanos pero considero que empañar la evolución y  desarrollo de la ciencia química por lo mencionado anteriormente sería muy injusto con la disciplina.

Una vez leí que las personas que trabajan en química son los seres más creativos del planeta, pues literalmente crean cosas que nunca antes han existido [4] y no puedo estar más de acuerdo. Por ejemplo, detrás de los smartphones que utilizamos, quien “crea” no es la compañía, sino el químico que concibió y fabricó nuevos materiales capaces de generar pantallas táctiles y con potencial de conducir información.

Coincidentemente, 50 años antes de este anuncio, Max von Laue obtenía un Premio Nobel por descubrir la técnica de difracción de rayos X mediante cristales.

Cuando me refiero a “el químico” lo hago de manera genérica. Esta disciplina se ha construído no sólo al alero de los hombres sino que también de mujeres. Por mencionar a un par, basta con recordar a la emblemática Marie Curie (Nobel de Química en 1911 [5]) y Dorothy Hodgkin, como símbolos del siglo XX.

Es probable que a Dorothy no la conozcas, pero quiero tomarme la licencia para presentártela y que la admires al igual que yo de aquí en adelante. Ella es una química de la cual no se habla mucho pero ya que mencioné aspectos de las buenas aplicaciones de la química y coincidentemente esta semana conmemora su natalicio 109°, es justo hablar de ella en profundidad:

Dorothy Crowfoot Hodgkin (1910-1994) fue una trabajadora química infatigable que nació un 12 de Mayo de 1910 en El Cairo, Egipto, cuando este territorio era parte de una colonia inglesa. Posteriormente, tras el fin de la primera guerra mundial, se estableció en el viejo continente junto a su familia y desde pequeña se interesó por la ciencia gracias a un libro obsequiado por su madre [6].

A la temprana edad de 24 años, y cuando comenzaba su doctorado en química en la Universidad de Cambridge, fue diagnosticada con una artritis reumatoide, enfermedad crónica inflamatoria en las articulaciones que afecta a todo el cuerpo y con un cuadro clínico que progresivamente puede llevar a diversos grados de invalidez. A pesar de este anuncio que la acompañará toda su vida, no vio mermada su pasión y dedicación por la química estructural, en particular con los cristales y la cristalografía de rayos X. Una vez terminados sus estudios, la Dra Hodgkin logró una plaza como académica en la Universidad de Oxford (Somerville College) en tiempos en los cuales era muy difícil que una mujer casada prosiguiera una carrera académica.  

Siempre consideró que quería ver las estructuras tridimensionales de moléculas con importancia biológica. De esta forma, tuvo un primer acercamiento a ellas gracias a un tipo de colesterol [7] en 1945, pudo dilucidar su estructura completa y esto no hizo más que motivarla a continuar.

La determinación consecutiva de las estructuras de la penicilina y la vitamina B12 (de ¡181 átomos!) le valieron méritos de sobra para obtener el Premio Nobel de Química en 1964 por su aporte notable en la cristalografía de rayos X. No obstante, en su momento, la prensa británica local tituló esto como “Ama de casa gana un Nobel” [8].

El aporte de Dorothy Hodgkin fue fundamental para el entendimiento de las propiedades biológicas de éstas y otras moléculas. Incluso, tras 35 años de trabajo, dilucidó con su grupo en 1969 a la estructura de la insulina. Sembrando así un aporte tremendo en lo que sería la comprensión y el tratamiento de patologías relacionadas a su uso, como la diabetes [9].

«Fui capturada de por vida por la química y los cristales».[1] Dorothy Crowfoot Hodgkin.
Además de su magnífico aporte en el laboratorio, Dorothy estuvo siempre preocupada por la responsabilidad social de los científicos. Fue electa y aún hasta ahora es la única presidenta que ha habido en las Conferencias de Pugwash, que son una organización internacional que reúne a académicos y figuras públicas para trabajar en la reducción del peligro de los conflictos armados y para buscar soluciones a las amenazas a la seguridad global. La Dra Hodgkin siempre reconoció la influencia de su madre en inculcarle la lucha por las inequidades sociales y en particular, hizo lo que pudo por combatir el uso de las armas, especialmente nucleares. Como consecuencia de aquello recibió el Premio Lenin por la Paz en 1985.

 

Dicho esto sobre la Dra Hodgkin, es prudente volver al título que nos convoca y repensar de qué manera la palabra “química” genera miedo, desconfianza y rechazo. Quizás uno de los motivos es que se piensa en ella como un conjunto de laboratorios e intereses y no le asociamos rostros que generen mayor confianza. Te invito a utilizar de ejemplo casos como éste, en los que la química junto a una brillante mujer nos ha brindado beneficios y avances en el conocimiento, para considerarla como una disciplina igual de vanguardista que la astrofísica o la genética. La química es la ciencia que está en la base de toda la revolución farmacológica y médica, industrial  y de telecomunicaciones, o incluso de la biología sintética.

Finalmente porque este domingo 12 de mayo cumpliría 109 años y por todo lo que contribuyó a comprender la química y biomoléculas relevantes para nuestra existencia, hoy te saludamos Dorothy Crowfoot Hodgkin.

Referencias:

[1] Quimiofobia. Wikipedia, la enciclopedia libre.

[2] Garlaschelli L. y Carrer A. ‘El “científico loco”: Una historia de la investigación en los límites’. Capítulo 4: Viaje alucinante: la ciencia hippie de los años 1970.

[3] Ibíd [2]. Capítulo 6: Ciencia y poder: armas y control de la mente.

[4] Estupinya, P. “El Ladrón de Cerebros. Comer cerezas con los ojos cerrados” Capítulo: Poesías invisibles para expandir la mente y la vida. Un respeto por la química.

[5] Garcia P, Daniela y Garcia B, Cristián. Marie Curie, Una gran científica, una gran mujer. Rev. chil. radiol.

[6] Oakes, Elizabeth H. International Encyclopedia Of Women Scientists. New York, NY: Facts On File, Inc. (2002)

[7] http://www.chemspider.com/Chemical-Structure.18598715.html

[8] “Oxford housewife wins Nobel” Daily Mail, 1964: 

[9] Crystal Vision. Dorothy Hodgkin & the Nobel Prize. Somerville College. 

A ver, ¿cómo te explico?

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Es probable que muchos de los que están leyendo esta columna no sepan que el pasado 26 de abril la luna estaba en su fase de cuarto menguante [1]. ¿Quién sí lo tenía muy claro? Mi mamá.

Sabiendo cuál iba a ser mi respuesta, mi querida madre me escribe diciendo que quiere hacer la dieta de la luna para bajar de dos a tres kilos en casi 24 horas. «¿En qué consiste?», le pregunto primero, antes de lanzarme en contra sin saber qué es. Me dice que implica no comer nada sólido, sólo tomar líquidos no endulzados desde las 7 de la tarde del día viernes 26 hasta las 7 de la tarde del sábado 27.

Inmediatamente intenté buscar en internet alguna explicación razonable de por qué no habría que hacerla y de los peligros asociados. Sin embargo, no encontré ninguna página confiable, con fuentes respaldadas, que apoyaran mi argumento. Sólo encontré portales de belleza femenina y unos cuantos blogs de «salud» que hablan de esta dieta milagrosa.  Para ser justos, en algunos de ellos si mencionan las contraindicaciones de las célebres «dietas express», pero la mayoría se remitió a destacar que no era tan efectivo hacerla en cuarto creciente como lo era en luna llena.

Desde mi formación científica, moría por decirle que consumir sólo agua por 24 horas le podría provocar un desequilibrio oxidativo. No obstante, mis humildes conocimientos de comunicación me hicieron optar por decirle que es una típica dieta con rebote y que probablemente el peso que perdería lo podría recuperar fácilmente.

Y es que en estos casos uno siempre puede optar por uno de dos caminos: argumentar en base a la fisiología, la biología y la química básicas, corriendo el riesgo de no ser entendido por la otra persona y simplemente perder su atención; o aludir a la baja efectividad de estos inventos de las pseudociencias. Dado que la mayoría de la población muchas veces no comprende explicaciones muy técnicas -y no los culpo ya que a veces los científicos somos poco claros- conviene irse por la segunda opción.

El problema es que ahí perdemos una batalla. Los científicos fallamos día a día en  pequeñas batallas como estas, cuando el interlocutor es un familiar o un amigo. Pero estas batallas cotidianas a veces pueden escalar a grandes dimensiones como la del movimiento antivacunas.

Siguiendo con la historia, y como en toda situación comunicacional, es un hecho que «hay que conocer a tu público» y no me podía poner a buscar papers sobre la ineficacia de la dieta de la luna y enviárselos a mi mamá. Finalmente, le envié una página medianamente confiable en donde recalcaban que no hay evidencia científica respecto a que las fases lunares inciden de alguna manera en nuestro peso corporal y que la dieta de la luna no está validada ni por la comunidad científica ni por la comunidad médica.

Consultada al respecto, la nutricionista Valentina Vera de Dieting.cl [2] señala que “el efecto de esta dieta sobre el organismo es que los alimentos licuados son más fáciles de absorber y dan la sensación de saciedad al aumentar el volumen del estómago”. Sin embargo, también agrega que “en esta consistencia (líquida) existe pérdida de minerales, vitaminas y macronutrientes”. Con esta estrategia la persona logra desnutrirse y sobre-hidratarse en esas 26 horas”. Y por otra parte “lo que se elimina es el exceso de líquidos que se le entregó al cuerpo, lo que logra disminuir algunos gramos o kilos, dependiendo de la persona”. Añade, como dato interesante, que el “creador” de esta dieta es un traumatólogo especializado en pies, lo que podría explicar, en parte, la falta de criterio.

Un estudio publicado en 2017 analizó la presión arterial de 95 individuos sin historial clínico de hipertensión durante el período de Ramadán en las ciudades de Izmit, Zonguldak, Sivas y Adana, en Turquía. 40 de ellos ayunaron durante Ramadán y el resto comió normalmente. Su presión sistólica, que corresponde a la presión que la sangre ejerce sobre las paredes de los vasos cuando el corazón se contrae, fue medida a las 0, 4, 13, 14, 18, 19 y 20 horas de inanición. Los resultados mostraron un aumento significativo de la presión sistólica en aquellos individuos que no consumieron alimentos en las mediciones de las 18, 19 y 20 horas [3]. Lo delicado es que cuando la presión arterial se mantiene alta por mucho tiempo, significa que el corazón está bombeando con demasiada fuerza, realizando un trabajo excesivo, lo que puede ocasionar serios problemas de salud como ataques cardíacos, accidentes cerebrovasculares, insuficiencia cardiaca, e insuficiencia renal [4].

A pesar de lo masivas y populares que son estas dietas exprés, no es mucha la investigación dedicada a ellas. Esto permite que cualquier personaje con una mínima cuota de carisma se presente en los medios de comunicación hablando de su propio régimen alimentario, prometiendo resultados extraordinarios, sin referirse a las consecuencias fisiológicas que este pudiera provocar. Es, entonces, labor de las comunidades médica y científica, aclarar a la población cuál es la verdad, utilizando un lenguaje cercano y certero, que no deje cabida a dudas.

Invito a todos los científicos a preocuparse más por estas pequeñas batallas cotidianas, y a todos ustedes lectores a contarnos qué otras dietas o tratamientos populares les gustaría desmitificar aquí en Chile Científico.

Referencias:

[1] https://www.timeanddate.com/moon/phases/

[2] https://dietingcl.wordpress.com/

[3] https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/28225380

[4] https://medlineplus.gov/spanish/highbloodpressure.html

De batas blancas y overoles

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[avatar user=»Lorena B. Valderrama» size=»original» align=»left» /]

Cuando en 1913 el Ministerio de Instrucción Pública de Chile investigaba la administración del director del Observatorio Astronómico Nacional, el principal denunciante declaraba que los miembros de esta institución científica estatal eran “jornaleros de la ciencia i nada más!”[1]. Esta calificación, escondía una verdad que sigue provocando a más de alguien hoy en día: la ciencia es un trabajo y quienes la realizan son trabajadoras y trabajadores.

Durante siglos, la ciencia fue considerada una vocación, una actividad que se hacía por amor al arte, altruismo y, por ello, era moralmente superior a quien realizaba actividades como forma de subsistir. Era considerada efectivamente algo más que el trabajo y la condición de trabajador era vista con desprecio. Quienes construían conocimiento científico tenían un alto capital social y económico para invertir en este quehacer y para no basar su subsistencia en la venta de su fuerza de trabajo.

Luego, la burguesía educada levantó el discurso de que la ciencia era la vía para alcanzar el progreso y el bienestar material de los pueblos, y, por ello, era superior a otras formas de construcción de conocimiento y productos.

Las Computadoras o «calculadoras» de Harvard. El trabajo de astronomía era poco reconocido y valorado, y generalmente eran los supervisores quienes se llevaban todo el mérito. Henrietta Swan Leavitt (sentada, tercera desde la izquierda), Annie Jump Cannon, Williamina Fleming (de pie en el centro) y Antonia Maury.

La inserción de, sobre todo, la pequeña burguesía en el mundo científico no fue fácil. En Estados Unidos a inicios del siglo XIX, por ejemplo, el científico no trabajaba para un patrón y su identidad estaba dada por esa condición: por esa marginalidad del sistema productivo y la fantasía de que la ciencia se hace para satisfacer la curiosidad intelectual. Ingenieros, médicos y geógrafos, entre otros, eran llamados profesionales: personas que se ganaban la vida prestando sus servicios a cambio de una remuneración, sobre todo en el ámbito privado [2].

Para los científicos, los profesionales tenían una condición diferente: aliada, pero no igual (e inferior en algunos casos). Con el re-ordenamiento de los títulos profesionales durante el siglo XX, en su aspiración de considerarse científicos y parecerse a la clase alta (heredera tradicional de la ciencia), la naciente clase media científica, vio que su inserción a ese estatus de lo científico, pasaba también por negar su condición de trabajadores.  

Hoy en día, parte de la actual comunidad científica nacional oculta bajo batas blancas sus overoles. Quiere tener el estatus de una ciencia altruista, pero no tiene el capital social y económico de sostener esa ilusión.

La paradoja es que se construye la ciencia a costa de nuestro trabajo, pero negando que la ciencia es un trabajo en sí. Tenemos una comunidad que se debate entre lo que aspira y lo que puede, entre lo que quiere ser y lo realmente es.

De esta manera, hablamos de la inserción del capital humano avanzado y no de cesantes educados con dinero público, pedimos becas, como formas de subsistir y no contratos por investigación (contratos laborales como existen en otros países), demandamos más fondos y no mejores condiciones laborales para científicos y científicas que llevan años boleteando dentro de los mismos laboratorios.

La torre de marfil de la ciencia nos alude al privilegio de aislamiento del resto del mundo y desconexión de las preocupaciones de la vida cotidiana en favor de sus propios fines.[3]

Salir de la torre de marfil no es acercar la ciencia a la sociedad (como superficialmente se ha entendido): es volver a conectar con la realidad y dejar de darle la espalda a la sociedad de la que somos parte. Es asumir que no somos (ni queremos ser) los herederos de un grupo que, en nombre de la ciencia, cree que está por encima del resto. Es reconocer que la ciencia es un trabajo más y, por lo mismo, merece condiciones dignas para sus  trabajadoras y trabajadores. Es, finalmente, tomar posición y no esperar a que nos pase lo del hambriento Asno de Buridán, que teniendo a su alcance dos sacos de heno, no logró decidirse por alguno, muriendo de inanición [4].

Referencias:

[1] “Lo del Observatorio Astronómico”, Diario La Razón, 3 de enero de 1913.

[2] Lucier, P. (2009). “The Professional and the Scientist in Nineteenth-Century America”, Isis 100 (4): 699-732.

[3] Shapin, S. (2012). “The Ivory Tower: the history of a figure of speech and its cultural uses”, BJHS 45 (1): 1–27

[4] Nota de la autora: dado que no existe una versión canónica de la fábula del Asno Buridán, ni ésta tampoco pertenece al filósofo Jean Buridán (1295-1358), se ha permitido una versión reducida para facilitar su comprensión.

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