Báltica Cabieses

Rosana tiene 31 años, es colombiana y se vino a Chile buscando trabajo. Inició su llegada a Antofagasta hace dos años, donde intentó encontrar trabajo como técnico en enfermería, pero no logró convalidar su título. Luego se fue a Santiago a probar suerte, puesto que su familia en Colombia contaba con su trabajo remunerado para aportar con remesas al ingreso familiar. Consiguió trabajo de mesera en un “café con piernas” en el centro, donde trabaja hasta la fecha. Rosana no pierde la esperanza de que algún día podrá trabajar en lo que realmente ama, cuidar a personas enfermas, mientras sobrevive en una pieza arrendada y sirve café, para enviar una remesa a su familia. “El trabajo nos mueve a migrar, el trabajo es el centro, yo estoy bien mientras pueda trabajar. Si dejara de trabajar no sé qué haría…” Dice, mirando un café frío mientras recibe su propina.

Migrar es parte de la existencia del ser humano desde su origen como especie. Y hoy, en la era de la globalización, y dadas las facilidades de acceso a información, el avance en las comunicaciones y el menor tiempo y costo de los traslados, el llegar de un lugar a otro resulta más rápido y menos costoso que en el pasado.

Esto, sumado a procesos de estratificación internacional del trabajo, pobreza, conflicto y desastres naturales que suceden de manera desigual en nuestro planeta, hacen que las migraciones internacionales hayan aumentado en un 40% en los últimos 20 años, alcanzando la cifra estimada de 258 millones de personas a nivel mundial el año 2017 [1].

El desplazamiento humano en todas sus formas es, entonces, uno de los mayores desafíos de la humanidad en este tiempo de la historia y requiere de especial atención y análisis.

La principal razón por la cual las personas migran en todo el mundo es la oportunidad de trabajo. El migrante “laboral” es, entonces, reconocido como el migrante más frecuente que se desplaza buscando oportunidades de manera temporal o permanente. Este también es el caso de migrantes internacionales en la región de Latinoamérica, y en particular de Chile. Gran parte de la población inmigrante en nuestro país viene en búsqueda de un mejor trabajo, el que no siempre alcanza a cumplir sus expectativas iniciales de remuneración, estabilidad o seguridad.

De acuerdo con la Encuesta Nacional CASEN 2015, entre los años 2009 y 2015 el porcentaje de población, de 15 años o más, migrante internacional que se encontraba laboralmente ocupada aumentó, pasando de un 62,3% en 2009 a un 72,4% en 2015. Por el contrario, la cantidad de chilenos ocupados se elevó discretamente, pasando desde un 49,8% en 2009 a un 53,4% en 2015 [2].

Para todos los últimos años de aplicación de esta encuesta en nuestro país, la tasa de ocupación fue siempre mayor en población migrante internacional que en población nacida en Chile. En cuanto a tasa de participación, medida como la proporción de población del país en edad productiva en el mercado laboral, ya sea trabajando o buscando trabajo (cantidad de ocupados por cada 100 personas de 15 años o más), consistentemente para todos los periodos, fueron los migrantes internacionales quienes presentaron una mayor tasa en comparación con los nacidos en Chile.

Respecto del tipo de trabajo que desarrollan, datos de la misma encuesta nacional CASEN entre 2009 y 2013 sugieren que los migrantes internacionales se desempeñan principalmente en dos tipos de ocupaciones: como trabajadores por cuenta propia y empleados del sector privado [2]. Estas categorías agrupan a más del 70% de esta población, lo que es similar a la población nacional.

En relación con el tipo de contrato de trabajo, 82,2% de los migrantes internacionales poseen contrato de tipo indefinido, esta cifra está por sobre la de la población chilena, la cual llega al 74,3%. Respecto del tipo de jornada de trabajo el 91% del colectivo migrante reporta trabajar jornada completa, ligeramente superior a los nacionales que llegan al 85,3%. En lo que respecta a la jornada de trabajo (diurna o nocturna) la situación es similar para ambos grupos en donde sobre el 80% trabaja solo en jornada diurna [2].

Estos indicadores generales dan cuenta de una mayor participación laboral de inmigrantes comparado con nacionales, lo que podría responder a la migración de tipo laboral que se describe en Chile. No obstante, esta categoría general podría invisibilizar a migrantes internacionales solicitantes de asilo y refugio, que también buscan trabajo, pero que experimentan mayores vulneraciones de derechos y riesgos de trauma y estrés. También invisibiliza las condiciones de vida y trabajo de migrantes internacionales en situación irregular, o de migrantes que están expuestos a trabajo informal, que este tipo de encuestas no logra capturar.

De esta forma, aportar con nuevas investigaciones orientadas a comprender no sólo las experiencias y riesgos de migrantes internacionales laborales sino que también de aquellos que buscan refugio, en especial cuando este es informal o vulnera sus derechos humanos, es una tarea pendiente para nuestro país.

Referencias:

[1] https://publications.iom.int/system/files/pdf/wmr_2018_sp.pdf

[2] http://observatorio.ministeriodesarrollosocial.gob.cl/casen-multidimensional/casen/casen_2015.php

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Báltica Cabieses
Epidemióloga social, profesora titular Universidad del Desarrollo. Encargada del Programa de Estudios Sociales en Salud, Instituto de Ciencias e Innovación en Medicina (ICIM). Profesora visitante de la Universidad de York y epidemióloga adjunta del Bradford Institute for Health Research. Escríbenos a contacto@chilecientífico.com