La mayoría de los estudios mencionan el efecto que tendría el cambio climático sobre la flora nativa y cómo esta podría tolerar las variaciones de temperatura, humedad y dispersión de las especies, ignorando su potencial de generar disturbios en los bosques. Los disturbios, tanto de origen humano como naturales influyen en la composición, estructura y procesos funcionales de los bosques. Cada uno de los disturbios afecta de distinta forma. Algunos generan una mortalidad a gran escala, modificando las organizaciones y estructuras comunitarias. Por otro lado, agentes de daño como patógenos, insectos y el fuego pueden disminuir la capacidad de proveer bosques sanos, especialmente cuando los patrones naturales de disturbios o ciclos de este tipo de agentes son alterados por la acción humana.

Chile se encuentra en el top ten de los países más afectados por eventos meteorológicos asociados al cambio climático (COP22). Dentro del país, la zona central es la que se encuentra más afectada, registrándose una de las peores sequías en los últimos siete años asociada a una importante disminución en la frecuencia de lluvias. Evidentemente esta variación en las precipitaciones y las altas temperaturas afecta a distintas especies arbóreas que se distribuyen en esta zona. Dentro de ellas, las formaciones vegetacionales que presentan un mayor daño corresponden al bosque esclerófilo, compuesto principalmente por peumo, boldo, patagua, quillay y espino. Esta formación boscosa, que es propia del país, se distribuye desde la 5ta hasta la 8va región, y se caracteriza por soportar bien las condiciones propias del clima mediterráneo de inviernos lluviosos con fríos intensos y veranos secos con altas temperaturas. Sin embargo, las condiciones actuales han debilitado a las especies al punto de dejarlas en un estado de predisposición, que junto a los actuales incendios generan un estado de mayor susceptibilidad al daño de distintos agentes. Si bien este tipo de bosque no se ve irremediablemente afectado por el cambio climático, sí se ha observado una pérdida general de vigor y biodiversidad.

Por otro lado, dentro de las especies más afectadas por las variaciones climáticas se encuentra la araucaria, árbol endémico de Chile y Argentina. Esta especie ha mostrado una anormalía en su desarrollo, presentando una coloración café en las ramas basales de su copa, que avanza progresivamente en la medida en que el árbol se ve mayormente afectado, logrando necrosar la copa completa, lo que provoca finalmente su muerte. Esta sintomatología ha sido observada tanto en la Cordillera de la Costa como en la de Los Andes.

La posible explicación que existe actualmente al daño foliar de la araucaria es atribuida a las condiciones climáticas extremas que sufre en su distribución natural ya mermada por la acción del hombre y asociada principalmente a la falta de agua. Esta especie tiene un crecimiento lento, lo que limita el desarrollo de sus raíces dejándola incapacitada de alcanzar las napas freáticas ahora más distantes producto de la sequía. Esto termina por debilitar el árbol y lo mantiene en un estado de  estrés  constante que lo deja susceptible al ataque de factores tanto bióticos como abióticos.

En general, se espera que otras especies forestales, nativas e introducidas, también se vean afectadas por las severas variaciones climáticas a las que se verán expuestas, modificando su distribución, expandiéndola o limitándola, provocando en algunos casos como el de la araucaria una disminución de su distribución natural que puede llevarla a la extinción.

Es necesario tomar las medidas necesarias para conservar la biodiversidad y estructuras de nuestros bosques para no perder las características únicas con la que cuenta nuestra flora, y el momento de tomar acciones es ahora.

Referencia:

Conferencia de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP22)

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