El domingo 24 de febrero, a las 22:30 PM, se incendiaba una ladera que el Parque Metropolitano de Santiago intentaba restaurar con flora nativa. Esto activó un protocolo en el Zoológico Nacional para la evacuación temprana de especies en peligro de extinción como el lémur rufo, el panda rojo y la ranita de Darwin, entre otros.

Sin duda era intencional. Horas después, el grupo anarquista “Liberación Animal” se adjudicaba el incendio. En sus consignas se leía: “fuego a las jaulas”, algo que coincidía con unos rayados que aparecieron el pasado 10 de febrero en el Parque Metropolitano, los que decían “Quemar el zoo” y “Liberación Animal”.

El estado actual de la biodiversidad a nivel mundial es grave. El índice del planeta Vivo, informe realizado por la WWF que nos da el estado de la biodiversidad de nuestro planeta, mostró que entre 1970 y 2012 la abundancia de poblaciones de mamíferos cayó a un 58% [1].

Rodolfo Dirzo et al. [2] en la prestigiosa revista Science explica que el proceso de “defaunación” era muy notorio en todo tipo de seres vivos, y aquellos que ya estaban amenazados seguían declinando. Por otro lado, recientemente la revista Biological Conservation publicó un trabajo de los investigadores Sánchez-Bayo & Wyckhuys [3] sugiriendo un verdadero Apocalinsect y que, de continuar, las tendencias actuales de pérdida de insectos, la extinción podría ser masiva.

Ilustración de Javiera Constanzo. @JavieraIlustradora

El cambio climático generará un aumento de las temperaturas en los océanos, lo cual obligará a los animales que sobrevivan a redistribuirse buscando condiciones esenciales para su sobrevivencia [4]. Para qué hablar de los efectos negativos que tendrán todas estas pérdidas en la prestación de servicios ecosistémicos al ser humano, los cuales son gratuitos, renovables y esenciales para nosotros.

Los zoológicos modernos no son los centros de entretenimiento que existían en Londres o París en el siglo XIX. Hoy, zoológicos como el St. Louis Zoo o el Edinburg Zoo se dedican a la recuperación de los caracoles endémicos del género Partula que fueron aniquilados por el caracol lobo rosado (Euglandina rosea), trabajando en su reproducción y una futura reintroducción [5].

Un caso reciente, el guacamayo azul (Cyanopsitta spixii) fue declarado extinto en la naturaleza en 2018. Hoy quedan entre 60 y 80 individuos repartidos entre zoológicos y colecciones en todo el mundo [6]. Los zoológicos jugarán un rol importante en su recuperación.

Por otro lado, el Zoológico Nacional de Santiago hoy es parte de una red de recintos que participan en la recuperación de especies como Varecia rubra o Lemur rufo, el cual es una especie en peligro de extinción y se trabaja en la reinserción en su hábitat. Esta especie está al amparo de la Lemur Conservation Foundation y patrocinada por Wildlife Conservation Society en Madagascar. ¿Qué sucede si las dos crías de lemur rufo en el Zoológico Nacional de Santiago hubiesen muerto calcinadas?.

Los zoológicos salvan vidas y recuperan especies. Salvan aquellas vidas ignoradas por los movimientos extremistas. ¿Cuantas lagartijas o abejas nativas murieron en el incendio del Cerro San Cristóbal? ¿Se habrán preocupado que en ellas habían crías de aves nativas?

Cuándo llega un Pudú atacado por un perro feral al Zoológico Nacional, ¿por qué los movimientos animalistas no ven el trasfondo real de esta situación?

Escribí una una columna hace algunos días, rescato un comentario como muestra de una ideología sesgada: “Ese discurso de conservación de especie es solo una técnica para hacer ver estas cárceles como algo bueno”.

No cabe la menor duda que la mayoría de los movimientos animalistas fundamentalistas han ignorado la fauna nativa en Chile y en todo el mundo para dar prioridad a mascotas y animales de granja. A mi juicio eso puede deberse a algo muy sencillo: la pérdida de la experiencia, la pérdida de conexión con la naturaleza.

Jamás he sabido de movimientos animalistas que estén trabajando en pro de la conservación del Pangolín, la vaquita marina, la rana de Mehuín o las mariposas alas de pájaro. Sin duda que los zoológicos salvan más vidas que los animalistas. Así lo respaldan los números.

Rodrigo M. Barahona-Segovia 
Dr. (c) en Ciencias Silvoagropecuarias y Veterinarias
Universidad de Chile

Referencias:

[1] Living Planet Index 2016); WWF (2018) Living Planet Report 2018: Aiming higher (eds. Grooten N & Almond REA). WWF, Gland, Switzerland.

[2] Dirzo et al. 2014; Defaunation in the Anthropocene. science, 345(6195), 401-406. 2014.

[3] Sánchez-Bayo & Wyckhuys 2019, 2019. Worldwide decline of the entomofauna: A review of its drivers. Biological Conservation, 232, 8-27.

[5] Bick, C. S., Pearce-Kelly, P., Coote, T., & Ó Foighil, D. (2018). Survival among critically endangered partulid tree snails is correlated with higher clutch sizes in the wild and higher reproductive rates in captivity. Biological Journal of the Linnean Society, 125(3), 508-520

[4] Molinos, J. G., Halpern, B. S., Schoeman, D. S., Brown, C. J., Kiessling, W., Moore, P. J., … & Burrows, M. T. (2016). Climate velocity and the future global redistribution of marine biodiversity. Nature Climate Change, 6(1), 83.

[6] Butchart, S. H., Lowe, S., Martin, R. W., Symes, A., Westrip, J. R., & Wheatley, H. (2018). Which bird species have gone extinct? A novel quantitative classification approach. Biological Conservation, 227, 9-18.

Foto principal: Cristián Pardo.

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