Inmunidad Temporal: La limitante de la vacuna contra el SARS-CoV-2

La respuesta inmune provocada por una infección por SARS-CoV-2 y el posterior desarrollo de COVID-19, está cambiando la forma en cómo los científicos entienden el funcionamiento de las vacunas, desde su mecanismo, hasta la forma en cómo debe administrarse. Los expertos aseguran que las primeras vacunas estarán activas por un tiempo limitado y requieren de varios refuerzos cada pocos años. Otras, podrían aliviar los síntomas más graves, pero no impedir la infección.

En definitiva, una vacuna históricamente no es una solución ni absoluta, ni inmediata. Esta disyuntiva y preocupación define nuevos desafíos, en los que se centran nuevos estudios, donde los anticuerpos neutralizantes, encargados de evitar la propagación del virus, juegan un rol clave. Un resumen de estas investigaciones es lo que te presentamos esta semana.

Existen diversos tipos de anticuerpo, cada uno con características y tareas específicas. Los denominados anticuerpos neutralizantes (AN) corresponden a aquellos que se adhieren al virus, impidiendo que éste logre infectar a una célula. Tal como un jugador haciendo una marca a un miembro del equipo contrario, lo sigue para todos lados, intercepta sus posibilidades de interacción y, aún cuando el rival puede seguir corriendo, no logra hacer su jugada.

Lo que ocurre con COVID-19

Después de una infección con Sars-CoV-2, queda un alto número de anticuerpos neutralizantes en el cuerpo por un par de semanas, pero luego disminuyen, según observó un estudio realizado en China. Este trabajo también reveló que los niveles de los anticuerpos IgG, que se encargan de la defensa en fluidos como la sangre, presentaban valores significativamente menores en los pacientes asintomáticos, en comparación con los pacientes que sí presentaban síntomas. Además, los niveles de AN medidos en la primera fase de recuperación de la enfermedad disminuían en un 81,1% en pacientes asintomáticos y un 62,2% en pacientes sintomáticos.

Actualmente, se analizan las variables de la inmunidad que se podrían generar en personas que logran recuperarse de COVID-19, o en aquellas a las que se les suministrará una posible vacuna. Los inmunólogos trabajan para determinar cómo podría ser el mecanismo de protección contra SARS-CoV-2 –y más importante– cuánto tiempo podría durar esta protección. La mayoría de estos estudios están centrados en las proteínas que evitarían la unión del virus a las células, los anticuerpos neutralizantes.

“Mientras más virus, más anticuerpos y más tiempo permanecen”, declaró George Kassiotis, inmunólogo del Centro de Investigación Biomédica del Instituto Francis Crick, ubicado en Londres, Inglaterra.

Esto, puede ser determinante para definir las estrategias sanitarias de inmunidad, ya que se ha observado patrones similares con otras infecciones virales, incluido el SARS (Síndrome respiratorio agudo severo). La mayoría de las personas que sufrieron esta enfermedad perdieron sus anticuerpos neutralizantes después de los primeros años. Pero aquellos que tuvieron SARS de forma severa, aún tenían anticuerpos cuando se volvieron a analizar 12 años después, señaló Kassiotis.

El grupo de investigación chino aún no conoce qué nivel de anticuerpos neutralizantes se necesitan para combatir la infección por Sars-CoV-2, o al menos para reducir los síntomas de COVID-19 en una segunda enfermedad. Los datos en humanos, aunque escasos, sugieren que, en este caso, las vacunas generan potentes anticuerpos neutralizantes que pueden bloquear la infección del virus por las células. Lo que aún no está claro, es si los niveles de estos anticuerpos son lo suficientemente altos como para detener nuevas infecciones y cuánto tiempo persisten estas moléculas en el cuerpo.

Duración, eficacia y efectividad de una vacuna

Según el Centro Asesor de Inmunizaciones (IMAC), la duración de la inmunidad varía según la enfermedad y la vacuna. Una infección natural, al contraer una enfermedad, no siempre va a proporcionar una inmunidad de por vida. Asimismo, la duración de la inmunidad otorgada por las vacunas puede variar dependiendo de factores como la edad en la que se aplica la vacuna, la cantidad de dosis entregadas, el tipo de vacuna, la variabilidad de respuesta del individuo, entre otros.

Todos estos parámetros deben ser evaluados con el objetivo de lograr la mejor protección inmune para cubrir el período de la vida en que la vulnerabilidad a la enfermedad es más alta. Actualmente, para el SARS-CoV-2, existen una amplia gama de posibles vacunas que están desarrollándose al mismo tiempo, y cada una difiere en los factores ya mencionados para frenar, en teoría, la creciente ola de contagios tanto en una primera etapa, como en las posibles etapas de reinfección. 

Por otro lado, la eficacia y la efectividad de una vacuna son medidas que comparan las tasas de la enfermedad entre personas vacunadas y quienes no lo están. Mientras que la eficacia se mide en ensayos clínicos controlados, la efectividad se evalúa una vez que la vacuna ya está aprobada para su uso en la población general. Entre estos últimos, podemos identificar la proporción de personas vacunadas, las cuales se esperaría que estuvieran protegidas.

Asimismo, la inmunidad colectiva (también llamada inmunidad de rebaño) es un mecanismo importante por el cual se protege a la comunidad en su totalidad. Para algunas enfermedades –si suficientes personas son inmunes– la transmisión de la enfermedad se reduce o elimina.  Para lograrlo, se debe tener una alta cobertura de la vacuna, ya que así se evita un reingreso de la enfermedad a la comunidad.

Cabe señalar, y recalcar, que ninguna vacuna tiene acción 100% efectiva, por lo que existe un pequeño porcentaje de personas que no quedan protegidas, incluso después de ser vacunadas. Mientras que, por otro lado, también existe un porcentaje en el cual la protección dada por una vacuna puede disminuir en el tiempo. De manera similar, están las personas que no pueden inmunizarse, debido a ciertas afecciones preexistentes, como la supresión inmune farmacológica, por lo que se debe mantener inmune a aquellos que los rodean.

Conclusiones de la inmunidad por tiempo limitado para COVID-19

Robert J. Kosinski, profesor de la Universidad Clemson de Estados Unidos, realizó un estudio de simulación, el cual consistía en utilizar modelos matemáticos para proyectar el efecto de la inmunidad por tiempo limitado en los nuevos brotes de COVID-19.

Considerando que dejan a fuera gran parte de la complejidad del mundo real, este experimento refleja con claridad que la duración de la inmunidad, por sí misma, puede influir en el curso de una epidemia. Para ello, se incorporaron y analizaron las siguientes variables:

1. R0: por el cual se estima la velocidad con que una enfermedad puede propagarse en una población.

2. Tiempo de inmunidad: Periodo de tiempo, luego de contraer una enfermedad, en el que una persona se mantiene inmune o que no es susceptible a contraerla nuevamente.

3. Modo de expiración de la inmunidad: La inmunidad frente a una enfermedad puede desvanecerse gradualmente o ser completamente efectiva mientras dura.

Como resultado de su estudio se obtuvieron las siguientes conclusiones:

1.     Una corta duración de la inmunidad puede no ser efectiva en terminar la pandemia, pero causa oscilaciones en la prevalencia de la enfermedad.

2.     Periodos de inmunidad larga pueden suprimir exitosamente la enfermedad, pero se caracteriza por brotes repetidos, gatillados por la expiración de la misma inmunidad de la población.

3.     Si la pérdida de inmunidad es gradual, se reduce de manera importante el periodo de tiempo entre brotes de la infección.

Reinfección por SARS-CoV-2

Actualmente no hay evidencia científica concluyente sobre la posibilidad de reinfecciones de SARS-CoV-2. Por un lado, tenemos un estudio de in vivo de macacos, en el que 4 primates fueron inoculados (inyectados) con la misma cepa de SARS-CoV-2 (con 3 primates para el control de variables) 28 días después de la primera infección, en la fase temprana de recuperación. Los 4 macacos no presentaron síntomas clínicos, cambios histopatológicos ni diseminación viral detectable. Los autores plantean, en base a los resultados, que una exposición primaria a este virus podría proteger contra una reinfección.

Por otro lado, existen reportes recientes sobre pacientes que, incluso luego de haberse resuelto sus síntomas y de quienes se obtuvo pruebas negativas para el virus, han vuelto ha arrojar positivos para COVID-19. El hecho de que un paciente vuelva a resultar positivo luego de, aparentemente, haber superado la enfermedad, no necesariamente implica una reinfección efectiva con presencia de partículas virales infecciosas. Una posible explicación es que el testeo positivo se deba a la detección de fragmentos virales residuales, recordando que el testeo por RT-qPCR se fundamenta en la detección de una porción del genoma viral y no, necesariamente, de partículas virales infecciosas.

RIAC.

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