El colapso de los contextos en la tele-educación

El confinamiento en contexto de pandemia ha redefinido diversas relaciones humanas. Una de ellas es el “experimento” forzado de clases y evaluación remotas, las que presentan nuevos desafíos, pero también ofrecen la oportunidad para replantearse el sistema de aprendizaje, confianza y colaboración que se genera dentro del aula. 

En el capítulo LIES de Acrónimo conversamos sobre esta superposición de la vida personal-académica-laboral con Margarita Guarello y Trinidad González, quienes complementaron la reflexión con esta editorial.

Desafíos y proyecciones para resignificar los procesos de enseñanza-aprendizaje en educación superior a propósito del contexto de Pandemia por Covid-19

¿Cuál es el modelo tradicional que hemos utilizado para evaluar aprendizajes en la educación superior y cómo se está desenvolviendo en este nuevo contexto de Pandemia? 

El modelo tradicional de educación en general, y de evaluación en particular, que habíamos conocido hasta antes del contexto de la pandemia por Covid-19, se ha visto profundamente alterado desde variadas aristas. Una de éstas, y que ha afectado el proceso formativo en distintos niveles, se refiere a las posibilidades de cumplir los objetivos de enseñanza-aprendizaje que originalmente se planificaron y determinaron para contextos presenciales, en los emergentes procesos remotos.

Esta problemática tiene que ver con la valoración del tiempo para el aprendizaje, tanto desde la experiencia de estudiantes, como de docentes. Desde la perspectiva de los primeros, cuando la educación era mayoritariamente presencial, su rol se concretaba y observaba principalmente en el aula (lo sincrónico). En este espacio, el liderazgo y la gestión del tiempo académico eran, por lo general, de responsabilidad de los y las docentes.

Por otro lado, el trabajo autónomo de estudiantes (lo asincrónico) era principalmente su responsabilidad; debían distribuir sus tiempos, tareas y prioridades en función de sus rutinas y del equilibrio entre los contextos personales y académicos, claramente delimitados. Siempre, bajo el supuesto que el trabajo en aula representaba el ejercicio -al menos- suficiente del rol como estudiantes al alero del liderazgo docente. 

El liderazgo docente, se ejerce a través de un estilo mayoritariamente jerárquico en la sala de clases. Es en este ámbito donde despliegan la mayor parte de sus esfuerzos a través de variadas metodologías, las que pueden ser monitoreadas in situ gracias al control explícito de variables relacionadas con la interacción presencial con sus estudiantes.

Un nuevo contexto

Con el contexto remoto, en que la interacción es mediada por pantallas y recursos digitales, el liderazgo jerárquico es poco viable, ya que las certezas que tradicionalmente orientaban las decisiones pedagógicas, y que estaban basadas en la observación directa de las actitudes y reacciones de estudiantes, están actualmente debilitadas o derechamente desvanecidas.

A lo anterior, se suman también las condiciones contextuales; debilidades de conexión, falta de equipamiento, tiempo y espacios adecuados para el estudio, con el consiguiente aumento de estudiantes que presentan problemas o desajustes con los procesos de enseñanza.  

Un principal cambio epistemológico de la significancia del alcance de los contextos de enseñanza-aprendizaje, es el desafío para los docentes de responsabilizarse del trabajo asincrónico o personal de sus estudiantes, con materiales, metodologías, y estrategias de evaluación más elaboradas y personalizadas, con el objetivo de que estas ponderen las dificultades emocionales, formativas y de contexto de sus estudiantes. Esta nueva exigencia implica un trabajo mucho mayor de planificación y de diseño metodológico, que demanda estrategias creativas para reconocer las particularidades de los y las estudiantes, generando instancias de apoyo, contención y monitoreo permanente a nivel personal  y de aprendizaje.

LIES, el desafío al sistema de aprendizaje en el aula en pandemia
Las salas en centros de educación en Chile se encuentran vacías desde marzo, cuando se establecieron las primeras medidas sanitarias para restringir los contagios por Sars-CoV-2.

Adicionalmente, implica que la docencia requiere de elaboradas estrategias de autocuidado y de formación. De hecho, las iniciativas que sistematizan las problemáticas docentes a propósito del actual contexto, y que ya han comenzado a publicarse, están orientadas a proponer nuevas instancias que van en esta misma línea; a generar plataformas de contención y de convivencia, y espacios para compartir herramientas de evaluación (de manera de poder hacer más eficiente los procesos evaluativos más personalizados), entre otras.  Lo transversal que se recomienda, es generar instancias para concertar recursos, generar comunidades, y potenciar la apropiación de los espacios de docencia con flexibilidad y motivación intrínseca. 

Por otro lado, algunos de los problemas que se han levantado y sistematizado a nivel nacional e internacional a propósito de la emergencia por la Pandemia Covid-19, se relacionan con la salud mental de estudiantes (ansiedad, estrés, cuadros depresivos, crisis de pánico, problemas de sueño, etc.), así como la falta de recursos y la vivencia en contextos “inapropiados” para el aprendizaje. Lo anterior se complica ante la ausencia de los espacios habituales de interacción, fundamentales para la experiencia educativa, tales como áreas comunes, cafeterías, bibliotecas, canchas deportivas, entre otras. 

El colapso de los contextos

En este nuevo contexto educativo remoto, se espera que los y las estudiantes tengan un nivel mayor de liderazgo sobre sus procesos de aprendizaje. Así, el modelo tradicional se ve modificado en la ponderación de la responsabilidad que estudiantes y docentes ejercen sobre las decisiones que concluyen los procesos sincrónicos y asincrónicos de enseñanza-aprendizaje. Este nuevo modelo debiera entonces caracterizarse por un nuevo estilo de liderazgo que implique un cambio en la distribución de responsabilidades.

La literatura actual que reflexiona acerca de estas problemáticas, conceptualiza lo anterior como el “colapso de los contextos” (superposición de la vida personal-académica-laboral). Lo anterior, implica procesos permanentes de incertidumbre, manifestado tanto por estudiantes como por docentes de todos los niveles educacionales. Para abordar este colapso, se propone la generación de espacios de confianza para mitigar los efectos negativos que implica esta sensación de incertidumbre y sus consecuencias para la salud mental. Sin embargo, la construcción de confianza en espacios educativos virtuales desafía la interacción docentes-estudiantes y la necesidad de revisitar las tradicionales normas de convivencia o las expectativas programáticas y de contenido diseñadas para la presencialidad. 

En relación a lo anterior, vale la pena remontarnos a una de las tradicionales reflexiones que realiza Hannah Arendt a propósito de la permanente crisis de la educación, y que hoy nos puede iluminar más que nunca:

“Una crisis se convierte en un desastre sólo cuando respondemos a ella con juicios preestablecidos, es decir, con prejuicios. Tal actitud agudiza la crisis y, además, nos impide experimentar la realidad y nos quita la ocasión de reflexionar lo que esa realidad nos brinda”.

Una nueva propuesta

Tanto docentes como estudiantes debemos ser flexibles a proponer nuevos “acuerdos” exentos de prejuicios, que se adapten a las problemáticas emergentes. En este sentido, se abre una nueva oportunidad de concebir a las instancias evaluativas como procesos sistémicos para reflexionar, monitorear y mejorar nuestra realidad, y no como instancias sumativas y de control. Esto implica generar nuevos “juicios” respecto a la experiencia de la evaluación, y deconstruir las definiciones tradicionales que usualmente la caracterizaban. Un principal acercamiento práctico a esta definición, creemos que tiene que ver con aumentar la autonomía y el liderazgo en estudiantes, haciéndoles protagonistas de sus propios procesos evaluativos; que generen sus propios objetivos, que discutan las estrategias más adecuadas y acordes a sus contextos, y que proyecten así, las consecuencias esperadas de los productos de evaluación.

LIES, el desafío al sistema de aprendizaje en el aula en pandemia
Las clases en modalidad on line o remotas han desafiado la creatividad de docentes para generar nuevos sistemas de interacción, colaboración dentro del aula, participación e independencia de sus estudiantes.

De esta manera, la integridad con la que se aborden las instancias de evaluación, estará directamente vinculada con el nivel de apropiación de estudiantes en estos procesos. De forma que permitan levantar y enfrentar las dificultades, intereses y proyecciones de todos y todas las estudiantes. Con esto se refuerza la necesidad de apoyo a la docencia generando comunidades que permitan compartir estrategias de evaluación y monitoreo, así como también que se potencien las instancias de autoevaluación y evaluación de pares.

Dado que se resignifica la evaluación en pos de levantar las particularidades de estudiantes, y no la generalidad de la apropiación de los contenidos, entonces, la evaluación se constituye como un proceso más complejo, que requiere de más tiempo y más herramientas, tanto para su diseño, como para la sistematización de la evidencia para la toma de decisiones en el espacio de enseñanza-aprendizaje. 

La creatividad, flexibilidad y la generación de nuevos juicios, son los principales desafíos éticos que debemos imponernos en tiempos de emergencia, de forma de que nos movilice a la co-creación permanente de los contextos de enseñanza-aprendizaje que resguarden a nivel sistémico, el desarrollo de distintas habilidades, tanto disciplinares como socioemocionales, en nuestros modificados espacios educacionales.

Trinidad González Larrondo – Investigadora LIES, Facultad de Matemáticas, UC. Estudiante de Doctorado en Psicología, Escuela de Psicología, UC.

Margarita Guarello de Toro – Directora de Educación Continua, UC.

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