Es decisión de cada alérgico si quiere conservar a su compañero peludo y acostumbrarse a vivir comprando pañuelitos desechables, o entregarse a los brazos de la soledad.

En sólo unas semanas se dará inicio a la primavera en el hemisferio sur, encendiendo las alarmas de los esclavos de la loratadina. Una comezón en la nariz es el primer síntoma, luego vienen los estornudos, los ojos llorosos, la tos incesante, el sarpullido en la piel, incluso, en los peores casos, la hinchazón de la lengua, los labios o la cara.

La Loratadina está en la mesa!

Sin embargo, en el mes de los gatos es otra la alergia que nos convoca. Una de las alergias más comunes en la población mundial es la alergia a las mascotas. Así como en las alergias primaverales el alérgeno (que es el elemento que produce la alergia) más recurrente es el polen, en la alergia a los gatos los alérgenos son las proteínas presentes en la saliva, orina y caspa de los gatos. Es por eso que la alergia a los gatos está presente todo el año.

Pero esta reacción corporal no es culpa de estos felinos indiferentes, sino que es producto de un sistema inmune hipersensible. El sistema inmune de los alérgicos confunde elementos inofensivos y los procesa como invasores peligrosos, gatillando la respuesta inmune en el cuerpo, lo que se percibe como los síntomas de la alergia.

Un componente importante de la respuesta inmune es la liberación de histamina. El mecanismo de acción de los medicamentos contra la alergia (antihistamínicos como la loratadina, desloratadina o clorferamina)  consiste en bloquear los receptores periféricos de histamina localizados en la piel y en las vías aéreas, interrumpiendo así la reacción alérgica.

Si bien los antihistamínicos son efectivos en el combate contra las alergias, en los últimos años se ha registrado un aumento sostenido en la prevalencia de alergias a nivel mundial. En particular, el incremento en las consultas por alergia a las mascotas en países industrializados se debe a la decisión de los humanos de incluir mascotas como perros, gatos, conejos y roedores, a sus núcleos familiares.

Otras teorías, como la “Hipótesis de la Higiene”, sindican a la falta de exposición a agentes infecciosos en la edad temprana como la causante de un sistema inmune hipersensible, producto de una nueva generación de padres más sobreprotectores y, en general, una sociedad más germofóbica que la de antes.

El cambio climático y el calentamiento global también son apuntados como responsables del aumento de la prevalencia de alergias en el mundo. Un clima más cálido empeora las enfermedades respiratorias y extiende el período de floración de las plantas.

La alergia no es una enfermedad, sino una anomalía del sistema inmunológico. Sin embargo, es un factor de riesgo importante para el desarrollo de asma y rinitis. Las alergias no tienen cura, sólo remedios temporales que ayudan a controlar los molestos síntomas que producen.

Es decisión de cada uno si quiere conservar a su compañero peludo y acostumbrarse a vivir comprando pañuelitos desechables, o entregarse a los brazos de la soledad.

 

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Lorena Díaz
Ingeniera en Biotecnología, diplomada en Comunicación Digital. Asistente Administrativa del Instituto Milenio de Astrofísica MAS. Escríbenos a contacto@chilecientífico.com