Ignacio Ormazábal

Este año nuevamente se convoca en distintas partes del mundo a marchar por la ciencia y nuestro país no será la excepción. De hecho, en virtud de las últimas discusiones, se le ha llamado “La Marcha por la Ciencia y el Conocimiento” para ampliar el llamado e incluir a los sectores de la investigación que han estado marginados de la discusión en los últimos tiempos.

En vísperas de cumplirse un año de este hito, es importante hacer una evaluación y mirar en perspectiva lo que está pasando en nuestro país.

La marcha por la ciencia nace en EEUU, en el contexto de recortes presupuestarios, restricciones en la difusión de descubrimientos científicos e incluso ignorar la evidencia científica existente a la hora de realizar políticas públicas.

Como era de esperarse, en un mundo con distintos órdenes de dependencia del mercado mundial, esta situación no sólo estaba presente en este país del hemisferio norte, sino también en distintas partes del mundo. Esto generó una convocatoria en más de 500 ciudades del mundo con el objetivo de poner sobre la mesa la necesidad de una ciencia que responda al bien común y sea clave en el desarrollo de los países.

Marcha por la ciencia 2017, Santiago de Chile. Gentileza ANIP

En nuestro país las condiciones estaban dadas, pues existía estancamiento presupuestario en los últimos 10 años, precariedad laboral de investigadores y trabajadores de la ciencia y falta de una visión colectiva a largo plazo de una estrategia de desarrollo del país, por nombrar algunas.

Sin embargo, la posibilidad de reordenar el sistema de ciencia y tecnología y darle rango ministerial a esta materia, era el comienzo de un momento clave en la historia científica e imponía el desafío de convocar y generar un proceso de diálogo, unidad y acumulación de fuerzas para incidir en el debate político.

La efervescencia no se hizo esperar y se organizaron marchas y actividades a lo largo de nuestro país, juntando más de 4500 personas en Antofagasta, La Serena, Valparaíso, Santiago, Concepción, Valdivia y Punta Arenas.

El balance de las organizaciones detrás de la convocatoria fue positivo, pues la marcha fue considerada un hito histórico en relación a manifestaciones anteriores. Además, permitiría abrir camino hacia la conformación de una comunidad científica unida y comprometida con el debate de la política científica y el contacto con la ciudadanía.

En concreto, la posterior formación del “Frente por el Conocimiento” permitió articular a varias organizaciones en un proceso colectivo para aunar posturas y hacer indicaciones al proyecto de ley que crea el ministerio, lo que significa un avance en el plano de las organizaciones sociales.

No obstante, la discusión se mantiene en el plano institucional, lo que en algún momento no permite tener incidencia directa en el proceso. Esto genera, luego de la polémica que llevó a pasar la discusión a comisión mixta, un escenario de incertidumbre que prolonga el ciclo de definiciones y por tanto reorganiza el tablero político, del que las organizaciones podrían quedar fuera si no se replantean la estrategia que han desarrollado últimamente.

Es aquí donde debemos mirar la foto de los acontecimientos y, en mi opinión, situar la marcha como un elemento que dinamice las posiciones de fuerza de los actores involucrados.

Por un lado, el Gobierno que, a pesar de las expresas intenciones de sacar adelante el proyecto dándole urgencia simple, aún entrega pocas claridades de que esto sea efectivo debido a las críticas aún existentes al interior de la derecha y los vacíos heredados del programa electoral del presidente en esta materia.

Más preocupante aún, es la notoria agenda de retroceso que han desarrollado en los últimas semanas en relación a avances del Gobierno anterior. Por ejemplo la flexibilización de protocolo de objeción de conciencia en aborto 3 causales, declarar inconstitucional artículo que prohíbe el lucro en educación por medio del cuestionado tribunal constitucional, o el retiro del proyecto para modificar el CAE.

Esto aumenta las posibilidades de un segundo tiempo en condiciones adversas como describimos en una columna anterior [1], debido a la prolongación de un debate que no aporta al objetivo de rayar la cancha en términos institucionales, por tanto se dilata la aprobación del proyecto. Por otro lado, la oposición que, teniendo la capacidad de tomar la iniciativa en la comisión mixta, se ha mantenido aún en silencio.

En tanto, actores de la comunidad científica han mantenido la estrategia de escribir en el diario o usar el lobby con el objetivo de incitar a los parlamentarios a la toma de iniciativa en el debate, lo que en principio trajo réditos y es necesario en algún momento, pero ante la dilatación anteriormente descrita y a una semana de la marcha por la ciencia y el conocimiento, se hace necesario un viraje táctico.

Es así, que el organizar y convocar activamente a manifestarse el próximo 14 de abril a lo largo del país, se transforma en una posibilidad de llamar la atención y expresar en las calles la necesidad de cerrar este ciclo y concretar un avance en esta materia.

Además, genera nuevas condiciones para reunirse y plantearse una nueva tarea de mediano plazo, que permita la articulación de una agenda de discusiones que contemplen alternativas para el desarrollo de la política científica en un contexto de estancamiento presupuestario, el desarrollo de políticas de género que contribuyan a visibilizar el trabajo y participación de las mujeres en el área, y la focalización de los programas de formación y de proyectos de investigación.

Hay que estar alertas y siempre pensando en que tenemos un largo camino por recorrer. Por lo que, para que el conocimiento creado sea un aporte al desarrollo del país y en beneficio de las mayorías de Chile, debemos articularnos como actores dinámicos y con vocación de transformación para ser parte de las profundas transformaciones que necesita nuestro país.

[1] A pocos minutos del pitazo final: Ideas para el 2° tiempo en la creacion del Mincyt: http://chilecientifico.com/a-pocos-minutos-del-pitazo-final-ideas-para-el-segundo-tiempo-en-la-creacion-del-mincyt/

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Ignacio Ormazábal
Licenciado en Física y candidato a Magíster en Ciencias mención en Física, Universidad de Concepción. Trabajó en el grupo de Sistemas Complejos del Departamento de Física en el área de Sociofísica, aplicando herramientas de la mecánica estadística para la comprensión de los fenómenos sociales. Presidente de la Asociación Nacional de Investigadores en Postgrado, ANIP.

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