En un artículo publicado en la revista ‘Metabolism’, científicos apuntan que la concentración de vitamina D en la sangre puede tener influjo sobre el perfil de la microbiota y sobre el riesgo cardiometabólico

Un estudio brasileño dado a conocer en la revista Metabolism sugiere que los niveles de vitamina D circulantes en el organismo pueden tener influencia sobre el perfil de la microbiota intestinal y, por consiguiente, en el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares y metabólicas.

Tal como resaltan sus autores, el artículo plantea únicamente indicios acerca de la existencia de esta relación, lo cual aún deben confirmar mediante la profundización de las investigaciones.

“Ya se sabía que la vitamina D es importante para la homeostasis del sistema inmunológico. Lo que nuestro estudio le añade a esto es que esa relación ocurre, al menos en parte, debido a las interacciones con la microbiota intestinal”, afirmó Sandra Roberta Gouvea Ferreira Vivolo, docente de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de São Paulo (FSP-USP) y coordinadora de la investigación apoyada por la FAPESP.

Estas conclusiones se basan en el análisis de los datos de 150 voluntarios de entre 20 y 30 años (el 91% del sexo femenino) que están cursando o han concluido la carrera universitaria de Nutrición. Tal como explicó Gouvea Ferreira Vivolo, esta investigación trasversal constituye un despliegue de un estudio mayor de tipo longitudinal conocido como Nutritionists Health Study (NutriHS), en cuyo marco se realiza un seguimiento de los hábitos de vida de una muestra específica de estudiantes de Nutrición y nutricionistas desde el año 2013.

“Resulta oportuno evaluar a los nutricionistas, pues son individuos aptos para responder cuestionarios técnicos, especialmente aquéllos relacionados con la alimentación. Asimismo, son personas muy ligadas a cuestiones inherentes a la alimentación y a la salud, lo cual puede influir sobre los hábitos alimentarios”, dijo Gouvea Ferreira Vivolo.

De acuerdo con la investigadora, el primer paso consistió en descubrir si existía una relación entre la ingestión de una cantidad mayor de alimentos ricos en vitamina D y la existencia de un mayor nivel del nutriente en la circulación sanguínea.

“Esta asociación puede parecer de entrada obvia, pero no lo es. La literatura científica es controvertida cuando aborda este tema, pues sólo el 20% de la vitamina D existente en el organismo humano proviene de la alimentación. La cantidad ideal recomendada solamente se obtiene mediante la exposición al sol –algo cada vez más raro en el ambiente urbano– o a través de la ingestión de suplementos”, comentó Gouvea Ferreira Vivolo.

Luego de dosificar la concentración del nutriente en la sangre de los participantes y de analizar el estándar alimentario, el grupo arribó a la conclusión de que existía efectivamente una asociación entre la mayor ingestión de alimentos ricos en vitamina D y la existencia de niveles circulantes más elevados. Las principales fuentes alimentarias presentes en la muestra fueron los huevos, la leche y sus derivados.

Con base en estos resultados, se estratificó a la población estudiada en tres grupos: el primero con niveles insuficientes de vitamina D, el segundo con concentraciones intermedias, dentro del mínimo recomendado, y el tercer grupo con las concentraciones más altas, en el cual se ubicaban los participantes que hacían uso de suplementos polivitamínicos.

El paso siguiente consistió en comparar el perfil de salud de los tres grupos, teniendo en cuenta factores tales como el índice de masa corporal (IMC), la circunferencia de la cintura, la presión arterial, la glucemia y la sensibilidad a la insulina.

“En ninguno de estos aspectos notamos una diferencia significativa. Observamos únicamente que los participantes con mayor nivel de vitamina D circulante exhibían una cantidad menor de lipopolisacáridos (LPS) en la sangre”, comentó Gouvea Ferreira Vivolo.

Tal como explicó la investigadora, las moléculas de LPS están presentes en la superficie de algunas bacterias tipo gramnegativas del tracto intestinal. Cabe subrayar que gran parte de las bacterias gramnegativas son patogénicas, en tanto que la mayoría de las grampositivas no lo son: a algunas de éstas incluso se las considera beneficiosas para la salud humana. 

“Este dato nos permite postular la hipótesis de que los individuos con mayor suficiencia de vitamina D tienen una composición más sana de la microbiota intestinal, lo que tendría a su vez a un impacto benéfico con respecto al riesgo cardiometabólico”, sostuvo.

Según Gouvea Ferreira Vivolo, se considera que la molécula de LPS es inmunogénica, es decir que es capaz de inducir una respuesta inflamatoria en el organismo. Por ende, niveles sanguíneos más altos de esta sustancia favorecerían el desarrollo de un estado de inflamación subclínica (crónica, de bajo grado y sistémica), un factor que ha sido asociado en diversos estudios al desarrollo de enfermedades cardiovasculares y metabólicas, entre ellas la diabetes.

“La composición de la microbiota intestinal ha sido asociada al desarrollo de enfermedades, no sólo infecciosas sino también aquéllas que tienen relación con inflamaciones de pequeño grado. Es posible que la vitamina D tenga alguna participación en este proceso, pero aún es prematuro como para apuntar una relación de causa y consecuencia. Para ello sería necesario efectuar un estudio de intervención, es decir, comparar grupos que ingieren distintas cantidades del nutriente durante un largo tiempo y observar el impacto sobre la microbiota”, dijo la investigadora.

Un censo microbiano

En busca de nuevas pistas que permitan comprobar la hipótesis planteada, el grupo que Gouvea Ferreira Vivolo coordina realizó una especie de censo bacteriano en muestras de materia fecal de los participantes del estudio. Mediante técnicas de secuenciación de ADN y con la ayuda de métodos estadísticos, el grupo logró detectar, entre los billones de microorganismos presentes, los filos y los géneros más frecuentes en cada grupo de voluntarios.

“Sólo en alguno de los géneros identificados observamos alguna relevancia estadística. Por ejemplo, en los participantes con más vitamina D fueron menos abundantes los géneros Haemophilus y Veillonella, ambos de bacterias gramnegativas. Por otra parte, esos mismos voluntarios poseían más bacterias de los género Coprococcus y Bifidobacterium, ambos de bacterias grampositivas”, comentó Gouvea Ferreira Vivolo.

Luego de ajustar el análisis considerando factores que pueden sesgar los resultados, tales como el sexo y la edad de los participantes, además de la estación del año en que se realizó el examen (lo cual puede influir en el nivel de vitamina D, en función de la exposición solar), lo que restó en términos significativos, según Gouvea Ferreira Vivolo, fue la asociación entre el mayor nivel de vitamina D y la mayor abundancia de los géneros Coprococcus y Bifidobacterium, ambos considerados beneficiosos para la salud humana. Las llamadas bifidobacterias están clasificadas como probióticas, es decir, que favorecen la existencia de una flora intestinal más sana. Existen estudios que indican que las mismas ayudan a controlar el crecimiento de bacterias nocivas y minimizan síntomas de alergias e inflamaciones.

“El análisis de los resultados nos permite conjeturar que la relación de la vitamina D con la microbiota es un camino de doble mano. Encontramos evidencias tanto de que el nutriente puede interferir en la composición de la flora intestinal –toda vez que la vitamina D es una especie de guardiana del organismo que favorece la homeostasis del sistema inmunológico– como también de lo opuesto, es decir, que un determinado perfil de microbiota podría influir sobre el nivel de vitamina D circulante. Se hacen necesarios análisis longitudinales y de intervención para probar estas hipótesis”, afirmó Gouvea Ferreira Vivolo.

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