Carlos Ruz

Los seres humanos somos una especie que a diferencia de otras, posee procesos de desarrollo un tanto diferentes en etapas tempranas. Cuando vemos en la sabana africana el nacimiento de una gacela, ésta demora algunos minutos en ponerse de pie.

Al cabo de un rato estará con su madre, para posteriormente sumarse a la manada y seguir su camino. Los humanos somos diferentes. Pueden pasar dos años antes de ponernos de pie con estabilidad, un tiempo semejante en dar los primeros pasos del habla, mientras que la autonomía tarda un par de años más.

Los seres humanos aprendemos de una manera diferente, si tuviésemos que definirlo señalaríamos que es un proceso en el cual se adquieren o modifican habilidades, destrezas y conocimientos, conductas o valores como resultado de la experiencia.

Es la experiencia que se condiciona fuertemente por la forma en la cual nos conectamos con el mundo exterior y con nosotros mismos, de ahí la importancia de entender el contexto en el cual los seres humanos se desenvuelven y condicionan las diferentes formas de aprendizaje. No hay caminos seguros, no hay reglas generales, aprendemos según el medioambiente que nos rodea cada día.

Según los datos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en América Latina existen más de 50 millones de personas menores de cinco años, que viven en una de las regiones más pobres y desiguales del planeta.

Sin embargo, la realidad ha cambiado enormemente en estas décadas. Hoy en día casi todos van a la escuela, y mientras que hace casi 20 años el 40% vivía en pobreza, en la actualidad esa cifra alcanza sólo el 20%. Gozan de mejor nutrición y salud que las dos últimas generaciones pasadas (BID, 2015). Sin duda, las condiciones de entorno material y socioambientales son mucho mejores que hace algunas décadas. La pregunta que surge entonces es, ¿cómo estos entornos de los niños y niñas más pequeños afectan su aprendizaje?, y, por tanto, su desarrollo social a futuro.

Les contaré una historia. Hace algunas décadas, un equipo de investigación realizó un estudio en Guatemala, donde se entregaron suplementos alimenticios a niños y niñas pequeños en aldeas rurales de dicho país. La idea era analizar cómo esta política reduciría el retraso del crecimiento. Funcionó.

Sin embargo, años después, esos mismos niños y niñas obtuvieron puntajes muy altos en pruebas de lenguaje y matemática, en comparación con otros menores de la misma zona. Algo estaba pasando. Luego, a principios de década pasada, ya siendo adultos esos niños y niñas, se dieron cuenta que las ahora mujeres, tenían mayor cantidad de años de escolaridad que sus pares, mientras que los hombres de esa aldea rural, tenían mejores ingresos que el promedio. Algo potente había sucedido.

Diferentes estudios en el mundo y a lo largo de estos años, han evidenciado la relación entre crecimiento pobre y desarrollo neurológico cerebral [1] [2] [3]. Lo que se ha encontrado, es que la pobreza tiene efectos negativos sobre el comportamiento, las capacidades cognitivas y lingüísticas de los niños y niñas, a través de cambios en la estructura de la sustancia gris.

Por otra parte, se han realizado estudios sobre los efectos de influencias biológicas, ambientales y sociales como también la obesidad infantil, hallándose evidencia que señala que los determinantes de la obesidad infantil están precisamente a niveles de factores biológicos, sociales y de comportamiento, asociados a la influencia del entorno familiar del menor [4].

En esa misma línea, los estudios señalan que el aumento de escolaridad de los padres, ingreso familiar, se correlacionan con aumentos de superficies de diferentes regiones del cerebro, asociadas al lenguaje, funciones ejecutivas y la memoria.

Grupo Socioeconómico (GSE). Modificado de Hanson et al. 2013 [5]

Por otro lado, los estudios han mostrado también, que pequeños incrementos en el ingreso familiar, pueden generar grandes cambios en el cerebro [6].

Con ello, es posible afirmar que la pobreza como variable principal que condiciona los aprendizajes y desarrollos de los niños y niñas, no sería irreversible.

En el caso de Chile, un equipo de investigadores del BID estudió hace algunos años cerca de 4 mil colegios y escuelas del país, encontrando fuerte evidencia que relaciona la contaminación ambiental con el rendimiento y aprendizaje escolar, aumentando la incidencia de enfermedades respiratorias, fatiga, absentismo y problemas de atención [7].

Lo anterior, nos permite entender que existe suficiente evidencia para señalar que los entornos sociales, ambientales y familiares afectan fuertemente los desarrollos tempranos de los niños y niñas, alterando sus procesos de aprendizaje y adquisición de habilidades básicas para la vida. La buena noticia, es que esto es reversible y podemos hacer algo para cambiar la vida de los millones de niños y niñas que viven en estas condiciones.

Más que una cuestión de necesidades, las políticas tempranas de infancia son una cuestión de derechos humanos.

Necesitamos garantizar que cada niño y niñas en el mundo, tenga el entorno lo suficientemente apropiado para su adecuado desarrollo, y que permita que sus talentos y capacidades, sean plenamente extendidas durante toda su vida.

Referencias:

[1] Crookston, BT y colMatern. Niño Nutr. 7, 397 – 409, 2011. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/21902807?dopt=Abstract&holding=npg

[2] Sheridan, M. A., Fox, N. A., Zeanah, C. H., McLaughlin, K. A. & Nelson, C. A. III Proc. Natl Acad. Sci. USA 109, 12927–12932, 2012.

[3] Pavlakis, A. E., Noble, K., Pavlakis, S. G., Ali, N. & Frank, Y. Pediatr. Neurol. 52, 383–388, 2015. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/25682481?dopt=Abstract&holding=npg

[4] Campbell, M. Karen. “Biological, environmental, and social influences on childhood obesity”. Pediatric Research 79, 205 – 211, 2016. https://www.nature.com/articles/pr2015208?foxtrotcallback=true

[5] Hanson et al. “Family poverty affects the rate of human infant brain growth”. Vol 8. Diciembre, 2013. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/24349025

[6] Noble et al. “Family income, parental education and brain structure in children and adolescents”. Natural Neurosciencia. 2015 https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/25821911

[7] Vela, B. & Miller, S. “The effects of air pollution on educational outcome: evidence from Chile”. LACER-LACEA. 2014. https://lacer.lacea.org/handle/123456789/12571

Berlinski, S. & Schady, N. “Los Primeros Años: el bienestar infantil y el papel de las políticas públicas”, Banco Interamericano de Desarrollo, 2015. https://publications.iadb.org/bitstream/handle/11319/7259/Los_primeros_a%C3%B1os_El_bienestar_infantil_y_el_papel_de_las_pol%C3%ADticas_p%C3%BAblicas.pdf?sequence=1

 

 

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Carlos Ruz
Estudios de Licenciatura en Matemática en la Pontificia Universidad Católica de Chile, además de Pedagogía en Matemática y Estadística en la Universidad Central de Chile. Profesor de Matemática e Incipiente Investigador en Educación. Director de I+D de Fundación Maule Scholar. Coordinador del Laboratorio de Datos Chile. Columnista en EduGlobal, El Quinto Poder y EduGlobal. Comentarista de Educación en Radio Condell. Gestor en Resultados de Consultora Aprendizaje Activo.