Valentina Wyman

En tiempos de paz, un científico pertenece al mundo, pero en tiempo de guerra pertenece a su país-así lo sentenció el químico alemán Fritz Haber, quién tuvo una notable contribución a su país en tiempos de guerra.                                                        

Es difícil negar que las guerras han sido un gran aliado para impulsar avances en el ámbito de la medicina, del desarrollo de tecnologías comunicacionales e incluso de avances a nivel de tecnologías y generación de conocimientos aeroespaciales. Y es lógico considerando que en situaciones de amenaza, el ingenio y la adrenalina se potencian y nos hacen llegar a soluciones novedosas e innovadoras.  

Sin embargo, el ingenio no lo es todo. En tiempos de guerra las prioridades y el destino de los recursos cambian, pues el país necesita ser competitivo para enfrentar al enemigo. Se necesita armar estrategias de invasión, planes de ataque, tecnología para el traslado militar, armas de ataque, kit médico y  de alimentación, equipos portátiles, dispositivos de comunicación y un sinfín de desarrollos. En otras palabras, se necesita de personal humano que contribuya al desarrollo científico y tecnológico e inversión en esos proyectos para hacer de país un país competitivo.

¿Acaso faltan evidencias para demostrar que destinar recursos en Ciencia y Tecnología, CyT, hace a un país más competente? Si es así, ¿por qué en tiempos de guerra se acuerdan de los científicos? ¿Por qué se reconoce el desarrollo científico y tecnológico como un arma fundamental a la hora de desarrollar armas y medicamentos cuando tememos perder “algo”? ¿Será muy loco pensar que un país puede ser competitivo en el tiempo desarrollando políticas que fomenten la actividad CyT en el tiempo?

“La ciencia es fundamental para el desarrollo del país” “Sin ciencia no hay futuro” “Los países desarrollados presentan un mayor aporte del PIB en áreas de CYT” y suman y siguen las frases que avalan el desarrollo de las ciencias y tecnologías como factores positivos para el desarrollo de un país. Sin embargo, ¿por qué es tan difícil destinar fondos o hacer una inversión importante en el área de las CyT bajo un contexto “normal”?

¿Tendremos que esperar una guerra para que se invierta en CyT? ¿O esperar una crisis para incentivar el desarrollo tecnológico? Uff, un momento… Cuando estábamos en plena Primera Guerra Mundial, los alemanes dieron con el salitre sintético y con ello se inició la crisis salitrera en nuestro país. ¿Acaso no contamos con suficientes antecedentes para invertir en CyT?

Si bien existen diversas iniciativas locales enfocadas en crear una cultura científica a nivel país, el resultado se proyecta a largo plazo. En la búsqueda de una respuesta inmediata, quizás, en vez de organizar marchas por la CyT deberíamos organizarnos con algún país vecino (que tenga escasez de políticas de fomento al área del CyT) para declarar una guerra fría, así nos hacemos un mutuo favor.

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Valentina Wyman
Magíster en Ciencias de la Ingeniería Quimica. Sus áreas de investigación son la gestión y valorización de residuos agrícolas mediante la producción de biogas y enzimas. Es egresada de la primera generación de la academia ADA de Girls in Tech. Escríbenos a contacto@chilecientífico.com

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