Transitando de lo individual a lo colectivo. El caso de la ciencia ciudadana

Dinka Acevedo

En 1980, el sicólogo social holandés Geert Hofstede, luego de haber estudiado 70 países durante cuatro décadas, concluyó que la sociedad chilena era colectivista. Esto se traducía en que los objetivos del grupo y su bienestar eran valorados por encima de los del individuo. Sin embargo, 30 años después, un  estudio británico que analizó los valores culturales de 36 países (Culture and Self-construals: Clarifying the Differences) reveló un hallazgo impresionante, Chile es el segundo país más individualista del mundo.

Esto significa que de las naciones estudiadas, y siguiendo los postulados de Hofstede, un país individualista da mayor importancia a la consecución de los objetivos personales. Según estos estudios Chile es uno de los países donde sus habitantes tienen mayor dificultad para adaptarse a los otros; donde se tiende a predominar las ideas y opiniones propias, incluso a costa de afectar las relaciones sociales y la convivencia. Como efecto, tenemos un mal liderazgo en lo laboral, pocas soluciones consensuadas y muchos conflictos que son evitables en la mayoría de los ámbitos sociales.

Mirando hacia otras partes del mundo, hoy podemos ver que es lo colectivo lo que está revolucionando la forma de hacer las cosas. Cada día hay más iniciativas que se financian con aportes grupales (crowfounding), existen espacios abiertos para compartir en lo laboral (coworks), incluso laboratorios de fabricación libres y colectivos como los innovadores fablabs, donde cualquiera puede crear sus artefactos tecnológicos. Las redes sociales abren espacios para debatir temas colectivamente usando un hashtag; y aunque pueda parecer una revolución del neologismo, todo esto tiene mucho que ver con la nueva sociedad del siglo XXI.

¿Y dónde está la ciencia?

En la ciencia apostar hacia lo colectivo tampoco es nuevo. Desde los años 60 en Estados Unidos, los estudiosos de las aves han utilizado plataformas participativas para aumentar la cobertura de observación y monitoreo, donde actualmente gracias a la colaboración masiva es posible tener registro del 98% de las especies  de aves existentes en el planeta, por solo dar un ejemplo. Esta forma de hacer ciencia de manera grupal recibe el nombre de ciencia ciudadana.

En Chile la ciencia ciudadana es una modalidad en aumento. Busca romper estos patrones culturales individualistas,que en el mundo científico se traducen en reducir el conocimiento a grupos de expertos que investigan y manejan sus experimentos en solitario, pasando a un modelo de investigación abierta, con participación ciudadana en todas sus fases, con nuevas formas de comunicar los resultados, incluso abriéndose a nuevas preguntas que provengan de las personas  y no de los científicos.  Es así como hoy en Chile podemos encontrar investigaciones con apoyo de los ciudadanos para investigar el impacto de la extinción del abejorro chileno, terapias paliativas para el dolor oncológico, e incluso pluviómetros ciudadanos para conocer el comportamiento de las lluvias en nuestro territorio. Todo pensado desde lo colectivo, porque el esfuerzo personal puede mejorarse exponencialmente con el poder de la multitud.

Desde la Fundación Ciencia Ciudadana, apoyamos y difundimos todas estas iniciativas. Más que promover proyectos nos motiva generar un cambio cultural desde un mundo en apariencia lejano pero que realmente está al servicio de las personas: la ciencia. Además de ser una transformación cultural también es una oportunidad, ya que los temas de investigación no siempre pueden salir desde los mismos grupos. Es la gente, con su vida cotidiana, con sus problemáticas locales y con sus propias realidades quienes tienen mucho que decir y mucho que preguntar.  La calidad de su agua, cómo convivir con el ruido, el manejo de la basura, el cambio climático en sus comunidades y muchos otros temas que asociados con los científicos generan conocimiento, cambian políticas públicas y abren nuevos temas de debate.

Sabemos que ningún cambio cultural ocurre de un día para otro, y menos en la ciencia. Sin embargo, debemos expandir nuestras fronteras y mirar cómo el mundo está cambiando. La tendencia es lo colectivo, y lo colaborativo, y por  eso que queremos abrir espacios para que tanto los científicos como el resto de la población tenga lugares de encuentro, pueda hacer proyectos en conjunto, piensen nuevas preguntas, y tensionen a los tomadores de decisión a mirar hacia un modelo de investigación mas abierto, enfocado en abordar cómo ir hacia lo colectivo en un país de individualismos, ya que muchas veces un buena investigación mueve más que mil twiteos.

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