Josefina Hepp

En el cartel de bienvenida del Banco de Semillas del Milenio (Millennium SeedBank, MSB), del Jardín Botánico de Kew en Sussex, Reino Unido, dice: “Acabas de ingresar al mayor hotspot de biodiversidad del mundo. Bajo tus pies se encuentran más de 2 mil millones de semillas, de más de 34.000 especies de plantas silvestres, de los 80 países asociados al Banco de Semillas del Milenio… ¡y va en aumento!”.

Es literalmente así. El centro de visitas del MSB (ver imagen) se encuentra justo sobre la bóveda, o más bien el búnker, que en un espacio relativamente reducido almacena esta inmensa cantidad de semillas de todas partes del mundo, a muy baja humedad (alrededor de 4-6%) y temperatura (entre -18 y -20°C) [1].

Además, desde el lugar donde se arman las exposiciones para los visitantes hay vista hacia los laboratorios, de modo que cualquier persona puede ver el trabajo que se hace adentro, desde limpieza de semillas hasta distintos análisis de las colecciones. Y todo esto en un parque -ridículamente bonito- donde continuamente hay actividades según la estación, para todo público [2].

La meta del MSBen un principio fue almacenar semillas de todas las especies de plantas nativas del Reino Unido, lo cual fue cumplido en 2009 -excepto por algunas especies muy raras o con semillas particularmente difíciles de almacenar-. Actualmente, su idea es conservar el 25% de las especies vegetales del mundo para 2020, con un foco en las plantas más amenazadas, las endémicas restringidas y los parientes silvestres de especies de importancia económica. Según ellos, lo van a lograr.

Banco de Semillas del Milenio (Millennium SeedBank, MSB), del Jardín Botánico de Kew en Sussex, Reino Unido.

La conservación ex situ de especies (fuera de su hábitat natural) hoy en día es cada vez más importante, dados los rápidos cambios que están sufriendo los ecosistemas y la incertidumbre respecto de cómo se adaptarán las especies a estos cambios globales.

Es lo que se hace en los Bancos de Semillas, y también en colecciones in vitro, colecciones vivas en jardines botánicos (como el Yew Conservation Hedgeen el Jardín Botánico de Edimburgo), bancos de genes en campo, bancos de ADN y polen, y otros.

Cada uno podría ser definido como una especie de “copia de respaldo” contra la extinción de especies en la naturaleza. Todos esperamos nunca sea la última “copia”, pero así como vamos, es bastante posible que la necesitemos en algún minuto.

Todo esto es parte de una meta mundial a 2020. La Estrategia Global para la Conservación de Plantas [3], en el marco del Convenio sobre Diversidad Biológica, establece en el Objetivo 8 que “al menos el 75% de las especies de plantas amenazadas se encuentra en colecciones ex situ, preferiblemente en el país de origen, y al menos el 20% está disponible para programas de recuperación y restauración”.

En muchos países existen este tipo de iniciativas e instalaciones (pueden leer más sobre algunos de ellos aquí). Un Banco de Semillas famoso es el que se encuentra en Noruega: el Svalbard Global Seed Vault. Es conocido porque circulan varios videos en redes sociales, como este por ejemplo, hablando sobre esta especie de “Arca de Noé” para el mundo construida en medio del permafrost.

Banco de Semillas del Milenio (Millennium SeedBank, MSB), del Jardín Botánico de Kew en Sussex, Reino Unido.

De hecho, hace poco hizo noticia [4] porque una parte se inundó por las altas temperaturas y lluvias inusuales que provocaron que el hielo se derritiera y el agua llegara a un sector de la bóveda. Pero según explicaron después, aunque fue un poco más de agua de la que hubieran querido, las colecciones de semillas nunca estuvieron en real peligro [5]. Este Banco es el respaldo del respaldo, o sea que almacena colecciones duplicadas en otros sitios, y por eso es tan importante que esté a salvo de cualquier amenaza.

Otro menos conocido es el Navdanya, en India, liderado por Vandana Shiva [6]. Se trata de una red de productores de semillas y productores orgánicos distribuidos en 22 estados, quienes han ayudado a establecer 122 bancos comunitarios de semillas en todo el país, además de desarrollar múltiples otras actividades. ¿Se imaginan tener algo así en Chile? ¿Que todos nos preocupáramos de conocer, almacenar y cultivar las plantas que nos importan?

En nuestro país, de hecho, existe una Red de Bancos de Germoplasma, administrados por el INIA (Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria), organismo dependiente del Ministerio de Agricultura. El Banco que aloja las especies nativas está en Vicuña, en la región de Coquimbo, y es un Búnker con capacidad para guardar por más de 50 años aproximadamente 75 mil muestras [7].

Ahí, un pequeño grupo de especialistas está a cargo no solo de hacer colectas exitosas por todo el país (suficientes semillas, de la especie indicada, a partir de suficientes individuos y poblaciones, y de buena calidad) y almacenarlas por el tiempo que se requiera, sino que también de entender cómo hacerlas germinar, y luego cómo cultivar las plantas.

Cada cierto número de años hay que chequear que las colecciones estén en buen estado en el Banco. No es poco trabajo: es muchísimo. Y para nadie debe ser sorpresa que esta no es una prioridad para el país, en parte porque hay muchas otras necesidades, y en parte porque desconocemos el real valor y la real urgencia de hacer conservación ex situ de las especies que habitan este territorio y que se encuentran amenazadas.

Pero imaginemos, por un instante, que entendiéramos que ya no podemos esperar, y nos comprometiéramos a colaborar con esta tarea. Si nos propusiéramos, cada uno, adoptar una especie y protegerla de la extinción, ya sea aportando semillas (que podrían recibir y almacenar los Bancos, como describen en su sección “Cómo colaborar”), o comunicando esta necesidad para que se asignen más recursos, o aprendiendo a cultivar y propagar alguna planta de interés.

Si alguien se atreve a intentarlo, acá está el Manual de Recolección de Semillas de Plantas Silvestres con todo lo que hay que saber para convertirse en un recolector. También pueden revisar la base de datos y solicitar una muestra de semillas (máximo 50):  del sistema de distribución de la red de Bancos del INIA.

Qué bonito sería que el Banco de Semillas fuera algo conocido y respetado por todos, incluso un punto de interés turístico; que se mostrara con orgullo todo el trabajo que se hace ahí y cómo todos estamos involucrados: porque lo que se guarda ahí es valiosísimo.

Las plantas no sólo nos proporcionan alimento, madera, fibras, medicinas. También producen el oxígeno que respiramos, capturan carbono (contribuyendo a la regulación del cambio climático), controlan inundaciones al filtrar y regular el agua de lluvias, purifican el agua y contribuyen al ciclado de nutrientes en el suelo. No nos dan Internet, pero básicamente sustentan la vida como la conocemos en este planeta.Y las semillas son el origen de cada planta.

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Referencias:

[1] Colección de semillas de Kew: https://www.kew.org/science/collections/seed-collection
[2] Página web del MSB: https://www.kew.org/wakehurst/attractions/millennium-seed-bank
[3] Objetivos de la Estrategia Global, de la Convención sobre Diversidad Biológica: https://www.popsci.com/seed-vault-flooding
[4] https://www.cbd.int/gspc/targets.shtml
[5] https://www.theguardian.com/environment/2017/may/19/arctic-stronghold-of-worlds-seeds-flooded-after-permafrost-melts
[6] Mensaje de Vandana Shiva, fundadora: http://www.navdanya.org/site/component/content/article?id=618
[7] Noticias INIA: http://www.inia.cl/recursosgeneticos/Noticias17.html

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Josefina Hepp
Agrónoma y Máster en Protección y Manejo Ambiental, estudiante de doctorado en Ciencias de la Agricultura. Escritora de libros infantiles informativos y de ficción. Escríbenos a contacto@chilecientífico.com

1 Comentario

  1. Pienso q hoy más q nunca se hace necesario preservar también ADN (o lo q sea necesario) de abejas polinizadoras y otros insectos q sean necesarios para la polinización y eventualmente para asegurar su supervivencia, hoy muy gravemente amenazada.

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