Harold Nuñez

Treinta y ocho billones. Ese es el número de bacterias estimadas que habitan en nuestro cuerpo. Si pudiésemos recolectarlas, el total de su peso sería cercano a los 200 gramos. Considerando que se estima que en nuestro cuerpo existen treinta billones de células, parece importante estudiar nuestra relación con las bacterias.

Estos organismos microscópicos nos acompañan desde nuestro nacimiento y nos benefician de muchas formas distintas. Modulan nuestro sistema inmune, nos protegen de infecciones y tienen un rol crucial en la digestión y nutrición. De hecho, trabajos recientes indican que, junto a otros factores, muy probablemente estén determinando nuestro desarrollo y crecimiento.

Habitualmente utilizamos el término microbiota para referirnos a toda la población de microorganismos que coloniza un lugar particular. Esto incluye no sólo a las bacterias, sino también a otros microorganismos como hongos, arqueas, virus y protozoos. Así, existe la microbiota del suelo, del agua, de la piel y del intestino.

Algo muy interesante de la microbiota humana es que difiere entre personas sanas y enfermas, cambia a lo largo de la vida y varía de acuerdo a nuestra dieta. Existen diversos estudios que muestran estos cambios y sus efectos en la salud de humanos y animales de laboratorio.

Por ejemplo, trastornos alimentarios como la obesidad se han vinculado al tipo de bacterias que habitan en el intestino. Ensayos en ratones obesos y en ratones sanos han mostrado que el trasplante de la microbiota intestinal entre ambos grupos vuelve obesos a los sanos. Y de forma recíproca, ratones obesos reducen significativamente la acumulación de grasa al recibir bacterias intestinales de ratones sanos. A raíz de estos hallazgos, se han iniciado estudios del efecto del trasplante de microbiota fecal en humanos, mostrando una reducción en los niveles de ácidos grasos en ayuno.

Otro ejemplo interesante es la relación entre leche materna y un grupo de bacterias llamadas Bifidobacterium. La leche materna es rica en azúcares complejos que denominamos oligosacáridos de la leche humana o HMO por sus siglas en inglés. Estos azúcares son uno de los componentes principales de la leche materna, sin embargo, no son digeridos por los bebés.

¿Cuál sería su función entonces? Los HMO son una fuente de energía para un grupo específico de bacterias intestinales del bebé, llamadas Bifidobacterium longum infantis. Los HMO favorecen su crecimiento, lo que es una ventaja evolutiva. A cambio, B. infantis libera ciertos ácidos grasos que luego son utilizados por las células intestinales de los lactantes, favoreciendo su desarrollo intestinal.

Simultáneamente, B. infantis modula el sistema inmune, promoviendo la producción de anticuerpos como la IgG, y actúa estimulando la producción de proteínas que sellan las uniones entre células intestinales, cerrando el paso a otras bacterias. Todos estos beneficios son mucho más reducidos en bebés alimentados con leche de fórmula, ya que esta no contiene ni la cantidad ni la variedad de HMO que favorecen el crecimiento de B. infantis.

Pero no sólo la dieta influye en nuestra microbiota. El cómo nacemos ha mostrado tener un rol en el tipo de microorganismos que colonizan nuestro intestino. Los bebés nacidos vía vaginal, poseen una mayor proporción de bacterias del género Bifidobacteriumy Bacteroides que los bebés nacidos por cesárea. Estos hallazgos se han asociado a un aumento en el riesgo de desarrollar desórdenes metabólicos y enfermedad inflamatoria intestinal en bebés nacidos por cesárea (Chile es uno de los países con más cesáreas dentro de la OCDE).

Como vemos, qué comemos y cómo nacimos tienen importantes efectos sobre nuestra salud y desarrollo. Sabemos que son muchos los factores involucrados en la composición de nuestra microbiota y la alimentación, el consumo de antibióticos y con quiénes nos relacionamos son sólo algunos.

Por millones de años hemos desarrollado una relación de mutuo beneficio con los microorganismos que habitan en nuestro cuerpo pero sólo recientemente hemos logrado atisbar y comenzar a comprender esta relación. Una comprensión completa de ella requiere de tiempo y más ciencia.

Referencias:

Jandhyala SM, Talukdar R, Subramanyam C, Vuyyuru H, Sasikala M, Reddy DN. Role of the normal gutmicrobiota. World J Gastroenterol. 2015. 21(29): 8787–8803.

Parekh PJ, Balart LA, Johnson DA. The Influence of the Gut Microbiome on Obesity, Metabolic Syndrome and Gastrointestinal. Clinical and Translational Gastroenterology, 2015. 6, e91.

Rutayisire E, Huang K, Liu Y, Tao F. The mode of delivery affects the diversity and colonization pattern of the gut microbiota during the first year of infants’ life: a systematic review. BMC Gastroenterol. 2016. 16: 86.

Sender R, Fuchs S, Milo R. Revised Estimates for the Number of Human and Bacteria Cells in theBody. PLoS Biol. 2016. 19;14(8):e1002533.

Comenta con Facebook
Harold Nuñez
Tecnólogo Médico y doctor en Ciencias Biomédicas. Actualmente trabaja como consultor científico en uBiome Chile. Sus intereses son el estudio de las comunidades de microorganismos que habitan en el cuerpo humano, buscando establecer que relación tienen ellos con nuestra salud.

Dejar respuesta

Por favor ingrese su comentario
Por favor ingrese su nombre aquí