Gonzalo Avaria

Finalmente podemos decir habemus ministro” de ciencia. El 17 de diciembre fue la “puesta en marcha” (así decía la invitación oficial) del nuevo Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación (#MinCTCI para los que usamos Twitter).

Quienes ya están dirigiendo esta cartera vienen de las ciencias biológicas: el Ministro Dr. Andrés Couve, ex-Director del Instituto Milenio de Neurociencia Biomédica, y la Subsecretaria Dra. Carolina Torrealba, ex-Directora de la Iniciativa Científica Milenio.

Las nuevas autoridades fueron una gran sorpresa para todos, ya que se podría decir que muchos apostábamos -literalmente habían apuestas con nombres de candidatos- que la nueva autoridad sería más cercana a la administración y gestión, que a las ciencias “duras”.

Ministro Dr. Andrés Couve, ex-Director del Instituto Milenio de Neurociencia Biomédica, y la Subsecretaria Dra. Carolina Torrealba, ex-Directora de la Iniciativa Científica Milenio, junto al Presidente Sebastián Piñera durante la ceremonia de nombramiento.

Fue interesante observar que en la ceremonia abundaban actores específicos de la ciencia en Chile, como rectores, investigadores renombrados, premios nacionales y miembros de la academia de ciencias, en fin: la élite de la ciencia en Chile. Por ahí, unos pocos, miembros de las agrupaciones más activas en política y ciencia: la Red de Investigadoras, Artes y Humanidades, Asociación Nacional de Investigadores de Postgrado, Ciencia al Congreso, etc.

Ambos grupos, la élite y las agrupaciones, estaban conformados por personas de generaciones muy diferentes. Supongo que eso explica también los intereses de cada una respecto a la Ciencia en Chile. Por un lado tenemos a una elite que busca más fondos para hacer I+D. Y por el otro, las agrupaciones luchan por la equidad de género en la investigación, valorar la generación de conocimiento en todas sus formas, generar mejores condiciones de contratación y eliminar la precariedad de quienes realizan investigación, y utilizar el conocimiento y la evidencia científica en la elaboración de legislación y las políticas públicas.  

¿Cuál era el denominador común en todo ese público?

La gran mayoría forma parte de la academia. Eso podría explicar la percepción actualmente extendida: En Chile la investigación sólo se hace en universidades. Digo actualmente porque esto no siempre fue así y el nuevo ministerio tiene un gran desafío en esa misma línea: lo que establece uno de los artículos de la Ley 21.105 sobre las funciones de la nueva institucionalidad. Un poco más adelante detallaré a qué me refiero.

¿Has escuchado alguna vez sobre los “Institutos Tecnológicos y de Investigación Públicos (ITIP)” o “Institutos de Investigación del Estado”?


Si tu respuesta es afirmativa, eres parte de un grupo bastante acotado. Por otro lado, si es la primera vez que escuchas ese término, no estás solo. Es más, dentro del mismo Estado hay un desconocimiento de la existencia de estos institutos. Aquí te lo contaré.

Primero, una pequeña introducción a qué son los ITIP. Las primeras instituciones estatales que desarrollaron algún tipo de actividad científica se remontan a 1811, con la creación de FAMAE: “Fabricas y Maestranzas del Ejército”. En 1843 nace la “Oficina de Estadísticas” y, 31 años después, se crea la “Oficina Hidrográfica de la Armada”. En 1888 se funda la “Dirección de Obras Públicas”, donde aparecen los primeros laboratorios de investigación. De ahí en adelante continúa el establecimiento de nuevas instituciones, con una diversidad muy interesante que recomiendo revisar [1].

Avanzando  a la década de los 60,  se realizó una reforma al sistema universitario chileno, la cual  institucionalizó la investigación en las universidades. Antes de eso, era llevada a cabo por esfuerzos individuales de algunas personas de ciencia o en instituciones dependientes del Estado. Es más, en 1967 se crea CONICYT, lo que define una nueva institucionalidad para la generación de conocimiento en el país.

Finalmente, a partir de la promulgación del DFL 33 [2] de 1981 que crea FONDECYT, la ciencia toma un rumbo completamente academicista. Es cosa de ver de qué ministerio dependía CONICYT hasta antes de la creación del MinCTCI: el Ministerio de Educación.

Demos otro salto, hasta el 16 de Enero de 2017. Día en el que la entonces Presidenta Michelle Bachelet firmó el proyecto de ley que creaba el Ministerio de Ciencia y Tecnología, el cual ingresó a trámite legislativo a través de la Comisión Desafíos del Futuro del Senado. En ese proyecto de ley se definía el Sistema de Ciencia y Tecnología como el “conjunto de personas e instituciones, públicas y privadas, que realizan, fomentan o apoyan actividades relacionadas con dichas materias” [3].

Después de una compleja discusión en el Senado y la Cámara de Diputados, en la que participaron actores de distintos ámbitos de la ciencia, tecnología, conocimiento e innovación, se aprobó la ley que rige al actual Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, estableciendo que el sistema de CTCI “se compone de los organismos públicos, instituciones públicas de investigación y desarrollo e instituciones de educación superior estatales[4].

¿Por qué me parece importante hacer esta distinción? Durante la gestación de la Ley, la que incluyó múltiples hitos que bien describe Pablo Astudillo -investigador, uno de los fundadores de @masciencia y autor del libro “Manifiesto por la Ciencia”- en su blog, no se discutió el rol y la importancia de los institutos tecnológicos y de investigación públicos [5]. Sólo se les nombraba en documentos oficiales como instituciones que debían mantenerse al alero de sus respectivos ministerios sectoriales [6].

Pero, ¿qué sucedió para que los ITIP no fueran considerados en la discusión previa de esta ley?

Es una pregunta que aún no logro descifrar. He consultado con diversas personas que participaron de esos consejos y no me han podido decir con certeza. Mi hipótesis tiene dos variantes: que nadie se acordó que existen los ITIP, o que era demasiado complejo determinar con quién debían hablar en cada uno de ellos y por eso no fueron convocados. Esto último porque los Institutos dependen de ministerios, lo que usualmente implica que las autoridades de cada ITIP no poseen mucha independencia en las discusiones que pueden participar, ni  en las decisiones que pueden tomar.

De esta forma, solo es necesario consultar al ministro/ministra de cada cartera y con eso determinan la versión institucional. Sin embargo, falta la voz de quienes participan directamente haciendo investigación en dichos institutos.

Andrés Zurita, Presidente del Sindicato de Profesionales del INIA. Foto gentileza del INIA.

¿Cómo se encuentran actualmente los ITIP? En una situación muy delicada. A muchos de estos institutos se les está exigiendo “autofinanciamiento”, de tal forma que deben realizar la “venta de servicios” para poder suplir la diferencia en fondos que les son asignados por parte del gobierno central.

Un ejemplo de ello es lo que menciona el Presidente del Sindicato de Profesionales del Instituto de Investigaciones Agrarias (INIA), Dr. Andrés Zurita, respecto a que a dicho instituto se le exige que más del 50% de los fondos que permiten su funcionamiento sean logrados a través del autofinanciamiento [7].

Se utiliza entonces los equipos, el material y a los profesionales en tareas que se salen del ámbito de la investigación. Este tipo de solicitudes de autofinanciamiento es transversal a todos los ITIP.

Por otro lado, estos ITIP cuentan con muy pocos investigadores (por ejemplo, la Comisión Chilena de Energía Nuclear, CCHEN, posee menos del 10% de su personal dedicado a la investigación) y no existen instrumentos orientados para facilitar la contratación de nuevo personal [8] en los ITIP. Las plantas en estas instituciones disminuyen todos los años y no hay un plan de contratación con fondos específicos.

¿Cuál es el desafío del nuevo Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación respecto a los ITIP?

La ley 21.105 contempla, en su artículo 4 inciso K, que el ministerio tendrá como función “Generar y dirigir instancias de coordinación con otros ministerios y organismos públicos para velar por el desarrollo, el fomento y la actuación conjunta de los institutos tecnológicos y de investigación públicos” [9].

Las nuevas autoridades tendrán que desarrollar las acciones para que los ITIP pasen a tomar, finalmente, la posición que tuvieron desde siempre dentro de las instituciones que generan y transfieren conocimiento al país. De igual forma, con la creciente cesantía de nuestros investigadores jóvenes luego de las solicitudes de retribución de las becas Chile, los ITIP se presentan como lugares excepcionales para poder dar cabida a estas nuevas generaciones de personas de ciencia.

Debemos ser conscientes de que no solo se hace investigación en la academia. Hay investigación en la industria, en las Fuerzas Armadas y en los Institutos Tecnológicos y de Investigación Públicos. Sin embargo, los fondos de inserción de investigadores sólo contemplan la academia y la industria. Es imperativo replantear los subsidios a la inserción de investigadores e investigadoras en Chile.

No debemos olvidar que nuestros ITIP fueron creados para estudiar y cuidar los recursos nacionales (naturales y sociales), para estudiar los fenómenos de la naturaleza con los que convivimos diariamente (sismos, volcanes, inundaciones, etc), para ser órganos asesores y dotar de evidencia científica a los ministerios y servicios públicos, y para generar conocimiento desde el Estado, que puede ser traspasado a políticas públicas o a apoyar el desarrollo económico en conjunto con privados.

Como comunidad científica debemos ser más activos en promover que nuestras instituciones de investigación sean fomentadas, valoradas y potenciadas, así como también proponer que éstas instituciones sean actores indispensables en la definición de la política científica del país.

Debemos velar para que desde el Estado se desarrolle el conocimiento, un valor estratégico y esencial para mantener la independencia de nuestro país, asegurando así el bienestar y seguridad de quienes habitan en esta isla llamada Chile.

 

Referencias:

[1] http://iopscience.iop.org/article/10.1088/1742-6596/720/1/012057/meta

[2] https://www.conicyt.cl/fondecyt/files/2012/08/dfl33.pdf

[3] http://www.senado.cl/appsenado/index.php?mo=tramitacion&ac=getDocto&iddocto=11615&tipodoc=mensaje_mocion

[4] http://www.leychile.cl/Navegar?idLey=21105&tipoVersion=0

[5] https://manifiestoporlaciencia.wordpress.com/2018/12/27/los-cinco-hitos-en-el-camino-al-ministerio-de-ciencia-tecnologia-conocimiento-e-innovacion/

[6] http://www.cnid.cl/wp-content/uploads/2015/07/Informe-Ciencia-para-el-Desarrollo.pdf

[7] https://youtu.be/nmtIhUa0Lzg?t=791

[8] https://www.conicyt.cl/pai/category/lineas-del-programa/

[9] https://www.leychile.cl/Navegar?idNorma=1121682

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Gonzalo Avaria
Doctor en Física y Diplomado en Comunicación de las Ciencias. Académico e Investigador de un Instituto de Investigación del Estado. Sus áreas son la espectroscopia de descargas pulsadas de plasma para fusión nuclear. Escríbenos a contacto@chilecientífico.com