Ensayo de Martin A. Schwartz, Department of Microbiology, UVA Health System, University of Virginia, Charlottesville, VA 22908, USA. e-mail: maschwartz@virginia.eduJournal of Cell Science 2008 121: 1771 doi: 10.1242/jcs.033340

Traducido por Felipe Asenjo.

Recientemente vi a una vieja amiga por primera vez en muchos años. Fuimos estudiantes de doctorado al mismo tiempo, ambos estudiando ciencias, aunque en diferentes áreas. Ella eventualmente dejó el postgrado, fue a la escuela de leyes de Harvard y ahora es una abogada senior para una gran compañía medioambiental. En algún punto, la conversación giró hacia el por qué ella dejó el postgrado. Para mi asombro, dijo que fue debido a que la hacía sentir estúpida. Después de un par de años de sentirse estúpida cada día, estaba lista para hacer algo más.

Yo pensaba en ella como una de las personas más brillantes que conocí y su carrera subsiguiente demostraba esa visión. Lo que me dijo me molestó. Me dejó pensando y, en algún momento al día siguiente, lo entendí.

La ciencia también me hace sentir estúpido. Tan sólo que me he acostumbrado a ello.

De hecho, tan acostumbrado estoy que busco activamente nuevas oportunidades para sentirme estúpido. No sabría que hacer sin ese sentimiento. Incluso pienso que esa es la manera en que debe ser. Me explicaré.

Para la mayoría de nosotros, una de las razones por las que nos gusta la ciencia en el colegio y universidad es porque somos buenos en ella. Esa no puede ser la única razón – la fascinación y entendimiento del mundo físico y una necesidad emocional por descubrir cosas nuevas tiene que tener cabida también.

Pero en el colegio y en la universidad, la ciencia significa tomar cursos, y aprobar los cursos significa tener las respuestas correctas en las pruebas. Si tú sabes esas respuestas, entonces aprobarás los cursos y te sentirás inteligente.

Un doctorado, en el cual tienes que hacer un proyecto de investigación, es una cosa totalmente diferente. Para mí, fue una tarea desalentadora. ¿Cómo alguna vez podría plantear yo las preguntas que llevarán a descubrimientos significativos?; ¿diseñar e interpretar un experimento tal que las conclusiones fueran absolutamente convincentes?; ¿prever dificultades y ver maneras de evitarlas, o habiendo fallado en esto, resolverlas cuando ellas ocurriesen?

Mi proyecto de doctorado fue interdisciplinario y, por durante un periodo de tiempo, cada vez que caía en un nuevo problema, molestaba a los profesores en mi departamento que eran expertos en las variadas disciplinas que yo necesitaba. Recuerdo el día cuando Henry Taube (quién ganó el Premio Nobel dos años antes) me dijo que él no sabía cómo resolver el problema que yo tenía en esa área. Yo era un estudiante de tercer año de doctorado y pensé que Taube sabía 1000 veces más que yo (un estimado conservador). Si él no tenía la respuesta, nadie la tenía.

Ahí fue cuando lo entendí: nadie la tenía. Es por eso que era un problema de investigación. Y al ser problema de investigación, estaba en mí resolverlo.

Una vez que enfrenté ese hecho, resolví el problema en un par de días (no fue muy complicado; sólo traté unas cuantas cosas) La lección crucial fue que el alcance de las cosas que no sé no era simplemente vasto; era, para todos fines prácticos, infinito. Darme cuenta de eso, en vez de ser desalentador, fue liberador. Si la ignorancia es infinita, el único curso de acción posible es salir del paso lo mejor que podamos.

Me gustaría sugerir que nuestros programas de doctorado le hacen un flaco favor a los estudiantes de dos maneras. Primero, no pienso que los estudiantes entiendan lo difícil que es investigar. Y cuán muy, pero muy difícil es hacer una investigación importante. Es muchísimo más difícil que tomar todos los cursos requeridos. Lo que lo hace difícil es la inmersión en lo desconocido. No sabemos lo que estamos haciendo. No podemos estar seguros si estamos haciendo la pregunta correcta o haciendo el experimento correcto hasta que obtenemos la respuesta o el resultado. Cierto es que la ciencia se hace difícil por la competencia por fondos y espacio en revistas de alto impacto. Pero aparte de eso, hacer investigaciones significativas es intrínsecamente complicado, y las cambiantes políticas departamentales, institucionales o nacionales no lograrán disminuir esta dificultad intrínseca.

Segundo, nosotros no hacemos un trabajo suficientemente bueno al enseñar a nuestros estudiantes cómo ser productivamente estúpidos – esto es, si no nos sentimos estúpidos significa que nos estamos realmente tratando. No estoy hablando de “estupidez relativa”, en la cual otros estudiantes en la clase realmente leyeron el material, pensaron en él y aprobaron el examen, mientras que tú no. Tampoco estoy hablando de gente brillante que podría estar trabajando en áreas que no coinciden con sus talentos.

La ciencia implica confrontar nuestra “estupidez absoluta”. El tipo de estupidez que es un hecho existencial, inherente a nuestros esfuerzos por empujar nuestro camino hacia lo desconocido. Los exámenes preliminares y de tesis tienen la idea correcta cuando los comités de profesores presionan hasta que los estudiantes empiezan a tener las respuestas incorrectas o se rinden diciendo “no lo sé”.

El punto del examen no es ver si el estudiante tiene todas las respuestas correctas. Si las tiene, entonces los profesores reprobaron el examen. El punto es identificar las debilidades del estudiante, en parte para ver dónde se necesita poner más esfuerzo y en parte para ver si el conocimiento del estudiante falla a un nivel suficientemente alto como para que esté listo para tomar parte de un proyecto de investigación.

La estupidez productiva significa ser ignorante por elección. Al enfocarnos en preguntas importantes nos ponemos en la rara posición de ser ignorantes.

Una de las cosas bellas de la ciencia es que nos permite vacilar, equivocarnos de vez en cuando y sentirnos perfectamente bien mientras aprendamos algo cada vez.

Sin duda, esto puede ser difícil para aquellos estudiantes que están acostumbrados a tener todas las respuestas correctas. Sin duda, niveles de confianza razonables y resistencia emocional ayudan, pero pienso que la educación científica podría hacer más para facilitar lo que es una gran transición: de aprender lo que otra gente una vez descubrió a hacer tus propios descubrimientos.

Mientras más a gusto nos volamos con ser estúpidos, más profundo nos adentraremos en lo desconocido y más probable será hacer grandes descubrimientos.

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Felipe Asenjo
Académico y Doctor en Ciencias con mención en Física. Con postdoctorados en Umeå Universitet, Suecia, y The University of Texas at Austin, USA. Escríbenos a contacto@chilecientífico.com

2 Comentarios

  1. Me gustó mucho lo que escribiste. En tantas ocasiones nos sentimos, estúpidos, inútiles etc, pero como dices hay que acostumbrarse. Eso igual nos hace buscar más y más respuestas (con nuevas preguntas)…y creo que es que nos volvemos más conscientes de las tantas cosas que no sabemos y de lo complejo que es un fenómeno o disciplina. Este tipo de reflexiones son muy útiles para estudiantes de posgrado que muchas veces estamos sumergidos en una tarea a veces solitaria. Saber que otros están en las mismas me levanta el ánimo y me ayuda a no decaer en mi estupidez.

  2. Hola Mónica,
    Qué bueno que te gustó. Tienes toda la razón. Para cualquier actividad creativa es fundamental darnos cuenta que sentirse estúpido es parte del proceso de creación, de ingresar a la desconocido. Deberían decirle a cualquier alumno que es una etapa normal, que lo único que significa que uno va por buen camino. De esta forma, afrontar la propia ignorancia no sería algo descorazonador, sino que se volvería inspirador.
    Saludos

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