Jorge Blake

En un intento por repasar algunos de los principales hitos de la historia política reciente de nuestra ciencia nacional, en mi columna del martes 20 de junio, revisé algunos episodios claves acontecidos entre el 2012 y 2013: la propuesta de traspaso de Conicyt al MINECOM, la generalización de la demanda por un Ministerio de Ciencias, las diversas dificultades administrativas y financieras en materia de política científica y tecnológica y, por último, la renuncia de José Miguel Aguilera a la presidencia de Conicyt.

En esta columna retomo esta revisión mostrando cómo la ya delicada situación que nuestra institucionalidad científica atravesaba hacia fines del 2013, se tornó en una crisis aún mayor en los años siguientes.

A comienzos del 2014, en los últimos días del gobierno de Piñera se envió al Senado un proyecto de ley para la creación de un Ministerio de Ciencia y Tecnología (basado en el trabajo de la comisión asesora presidencial convocada a inicios del 2013). Sin embargo, veinte días después de enviada esta propuesta, la presidenta recién electa Michelle Bachelet congeló el proyecto, creando a su vez una nueva comisión presidencial llamada ‘Ciencia para el Desarrollo de Chile’. Mientras que algunos celebraron la formación de la nueva comisión por ser más amplía en cuanto a las visiones de sus miembros, al mismo tiempo se observó con preocupación la postergación de la creación definitiva del ministerio. Paralelamente, desde fines del Gobierno de Piñera (2010-2013) y durante los primeros seis meses del gobierno de Bachelet (2014-2017), Conicyt estuvo sin presidente (desde la renuncia de Aguilera). Tras este periodo, en septiembre de 2014 se realizó la designación de Francisco Brieva y se anunció además la reactivación del Consejo Conicyt (órgano colegiado superior de Conicyt que fue suspendido en 1974 por la dictadura cívico-militar). La comunidad científica recibió con esperanzas a Brieva, por su experiencia en investigación y administración. A su vez, la recuperación del Consejo se vio como una solución transitoria a la espera de una institucionalidad definitiva (tras el fallido intento durante el gobierno de Piñera).

La creación del ansiado Ministerio de Ciencia pareció tener una segunda oportunidad a partir de la comisión convocada por Bachelet, cuyo trabajo quedó plasmado en el informe “Un sueño compartido para el futuro de Chile” publicado a mediados de 2015. Integrada por 35 expertos, el trabajo de esta comisión generó altas expectativas. Sin embargo, para decepción de la comunidad científica, no hubo ninguna reacción o anuncio una vez entregados sus resultados. La Presidenta Bachelet recibió sus propuestas en el mismo periodo en que se transparentaba la baja en la economía y el único anuncio que hizo fue que la Iniciativa Científica Milenio dependiente del Ministerio de Economía, se traspasaba a Conicyt (anuncio que fue calificado como “improvisado” por distintos actores de la ciencia). Sólo unos meses después, ante la falta de reacción del poder político y la anticipación de un presupuesto 2016 “de continuidad” para la ciencia, tuvo lugar la mediática renuncia de Francisco Brieva tras menos de un año en el cargo y seis meses sin cobrar su sueldo[1], como así lo afirmó al momento de salir. A partir de este episodio, quizás el más mediático en la historia política de Conicyt (que fue calificado por Jorge Babul, ex-presidente del Consejo de Sociedad Científicas de Chile, como un “desastre para la ciencia”), cientos de científicos e investigadores (incluyendo organizaciones como la fundación “Más ciencia para Chile”, el movimiento “Ciencia con Contrato”, la “Asociación Nacional de Investigadores de Posgrado (ANIP)“, el “Consejo de Sociedades científicas”, el grupo “Conocimiento Colectivo” y la organización “Chile Científico”) denunciaron la precaria situación de la institucionalidad científica nacional en una suerte de catarsis colectiva en los medios de comunicación. También lo hicieron jóvenes estudiantes e investigadores “de a pie”, manifestando su descontento frente al palacio de La Moneda y luego en el frontis de las oficinas de Conicyt.

En este mismo periodo fue ampliamente difundida en los medios una declaración firmada por distintos investigadores titulada “Nuestros gobiernos han elegido la ignorancia”, en la que se lamentaba el nulo interés político por avanzar en materia de institucionalidad científica y tecnológica, a partir del escaso impacto de las propuestas de las dos comisiones presidenciales en la agenda legislativa sobre esta materia. En medio de este panorama desesperanzador para la ciencia el 2015 llegaba a su fin.

La designación del astrónomo chileno Mario Hamuy como presidente de Conicyt y el compromiso de Bachelet sobre el envío del proyecto de ley para crear definitivamente el Ministerio de Ciencia y Tecnología inauguraron el 2016. Sin embargo, una vez más nuevos problemas con la asignación de recursos por parte de Fondecyt y diversas críticas al funcionamiento del Consejo de Conicyt acompañaron el devenir político de la ciencia. Por otro lado, un hito especialmente llamativo en este periodo fue la intervención de los investigadores de Artes y Humanidades. Estos salieron a la luz pública cuando en mayo de 2016 publicaron en los medios de comunicación una carta abierta criticando la exclusión de las Artes y las Humanidades de la discusión sobre la institucionalidad y la política científica nacional y exigiendo al Gobierno una participación vinculante en la formulación del proyecto de creación del Ministerio de Ciencia.

En enero de este año el proyecto fue finalmente firmado por la presidenta Bachelet (no obstante había comprometido su envío al Senado antes de que terminara el 2016). Mario Hamuy, por su parte, ha comentado que se espera idealmente tener el proyecto aprobado en septiembre. Consultado por la poca socialización de la propuesta del ejecutivo durante los últimos meses, Hamuy ha señalado que:

“La comunidad científica participó en buena medida en el año 2015 a través de la comisión Ciencia para el Desarrollo, donde había 35 personas de las sociedades científicas, ex rectores de las universidades… Fue una instancia de reflexión profunda que hizo un trabajo super concienzudo y como resultado desarrolló un informe. Entonces, la Presidenta me dice: ahora que tenemos esto, coordine el proceso para generar un proyecto de ley. No puedo volver atrás y estar en permanente estado de asamblea. Leí el informe y me fui reuniendo con los distintos actores para conocer sus expectativas sobre la nueva institucionalidad y así fui enriqueciendo el proyecto”, La Tercera, 20/01/17.

¿Qué visiones de la ciencia dominarán el establecimiento del nuevo ministerio? ¿Qué influencia tendrán científicos e investigadores de las más diversas áreas del conocimiento en su funcionamiento? Mientras tanto, con el proyecto de ley ya firmado, siguen sumándose nuevos capítulos a la historia política de la ciencia nacional y diversas interrogantes se nos plantean hoy respecto del curso que tomarán los acontecimientos: ¿Cuáles serán los próximos hitos de esta historia? ¿Qué lugar continuarán teniendo los científicos e investigadores en ella? ¿Qué futuro político nos depara el desarrollo de la ciencia en nuestro país?

[1] En la prensa: http://www.nature.com/news/chile-s-scientists-take-to-the-streets-over-funding-1.18800, www.emol.com/noticias/Tecnologia/2015/11/12/758917/Cientificos-protestaron-a-lo-largo-de-Chile-pidiendo-mas-recursos-para-investigacion.html, http://www.latercera.com/noticia/tendencias/2015/11/659-654730-9-la-furia-cientifica.shtml, recuperado el 24/06/16.

Jorge Blake
Sociólogo y Magíster en Sociología de la Pontificia Universidad Católica. Está interesado en investigar sobre la crisis de la institucionalidad científica en Chile, explorando las complejas conexiones entre ciencia y política en los discursos de científicos e investigadores. Actualmente es profesor de "Sociología de la ciencia" en el Instituto de Sociología UC y consultor independiente en temas educacionales.

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