Jorge Blake

En el contexto de la crisis de la institucionalidad científica en Chile, la discusión sobre la política científica y tecnológica nacional ha adquirido notoriedad en los últimos años. Esta discusión surge particularmente en el contexto de la crisis administrativa y financiera que la Comisión Nacional de Ciencia y Tecnología (CONICYT) -principal entidad pública en esta materia-, arrastra desde hace ya una década.

Junto a las diferentes propuestas (y promesas) de creación de una nueva institucionalidad para la ciencia, un significativo involucramiento de actores del mundo de la ciencia y el conocimiento ha ido marcado este debate. Estos actores y acontecimientos sitúan un proceso de reflexión sobre la política científica en Chile, que ha llegado a ser reconocible a nivel mediático –alcanzando cobertura internacional[1]– y a ocupar un lugar relevante en el debate público nacional. En este artículo hago un repaso por algunos de los hitos de esa “historia política reciente de la “problemática científica” en Chile.

Durante los últimos años la inestabilidad general en la dirección de Conicyt, los problemas administrativos con Fondecyt y Becas Chile, sumado a las diferentes promesas de creación de un Ministerio de Ciencia, han dado lugar a un intenso debate sobre la “problemática científica”. Puesta en perspectiva, esta discusión, que adquirió mayor notoriedad mediática especialmente entre los años 2015 y 2016, emerge de un proceso más largo de movilización y crítica gestado lentamente a partir de distintos hitos de participación pública de científicos e investigadores.

Si hacemos memoria de estos hitos, en 2012 nos encontramos quizás con uno de los episodios más icónicos dentro de la historia política de la ciencia nacional: en septiembre de ese año se dio a conocer la controvertida propuesta[2] de traspasar la dependencia de Conicyt del Ministerio de Educación al de Economía, realizada por el ministro de esa cartera Pablo Longueira. Este planteamiento suscitó una airada reacción por parte de distintos actores del mundo de la ciencia (que se movilizaron en las calles y a través de los medios de comunicación[3]contra la medida).

Tras una avalancha de reclamos y manifestaciones en contra, en diciembre de 2012 se anunció que la propuesta de Longueira finalmente no sería llevada a cabo. Fue particularmente la crítica a la así llamada “concepción economicista de la ciencia”, referida a una mirada reduccionista de la actividad científica, concebida como instrumento al servicio de la productividad económica, lo que terminó por derrumbar la propuesta. De acuerdo a los promotores de esta mirada “economicista”, el traslado de Conicyt al MINECON aparecía como la medida “perfecta” para establecer un vínculo estrecho entre ciencia, productividad e industria, poniendo a la ciencia al servicio del crecimiento económico y la innovación. En oposición, para muchos científicos e investigadores el cambio en la dependencia administrativa de Conicyt representaba una potencial amenaza al desarrollo de la investigación científica básica, al quedar ésta última subordinada a la hegemonía de investigaciones con aplicaciones rentables.

En este escenario, la necesidad de creación de un Ministerio de Ciencia, que diera a ésta un esquema de organización propio, comenzó a escucharse de manera cada más transversal en distintos círculos del mundo científico. Esta “demanda institucional” -que venía siendo planteada por organizaciones como Más ciencia para Chile desde el año 2010- así como el problema de los escasos recursos destinados a apoyar la investigación científica, entonces pasaron a ser las temáticas centrales en la discusión.

Un poco más tarde, a inicios de 2013 el ex presidente Piñera convocó la comisión asesora presidencial “Institucionalidad: Ciencia, Tecnología e Innovación” con el fin de elaborar una propuesta de modernización de la institucionalidad científica y tecnológica del país.  El informe resultante del trabajo de esta comisión -cuya composición fue cuestionada por excluir mayormente la participación de miembros de la comunidad científica[4]– advirtió la existencia de un ordenamiento institucional disperso y fragmentado en materia de ciencia y tecnología, sin una estructura de conducción ni un esquema coherente de toma de decisiones sobre el uso de los recursos públicos y privados.

Entre las propuestas presentadas, se incluyó la creación de un nuevo ministerio que asumiera en forma directa el diseño y la elaboración de las políticas de ciencia, tecnología e innovación, incluyendo también a la educación superior. Se enfatizó además la necesidad de coordinación entre las instituciones y agencias vinculadas a la ciencia, con la formación de capital humano avanzado y el mejoramiento de la productividad de la economía. Siguiendo la misma dirección de la fallida propuesta de Longueira, el intento de la comisión convocada por Piñera de acercar la ciencia a las exigencias productivas y al rendimiento económico, fue también acusado por algunos científicos de propiciar una organización economicista de la actividad científica.

A tres meses de entregado el informe de la comisión, tuvo lugar la renuncia de José Miguel Aguilera a la presidencia de Conicyt (septiembre de 2013), poniendo de manifiesto una serie de dificultades administrativas, presupuestarias y políticas que habrían estado afectando a la institución.[5]  A estos problemas se sumó, terminando el 2013, el escándalo del cobro desproporcionado de reposición de dineros de Becas Chile a investigadores de postgrado de diferentes programas y universidades, conocido como el problema de los “inhabilitados”[6]. Ambos hechos ilustran la delicada situación que Conicyt estaba atravesado en esa época. Tal como mostraré en una próxima columna, esta situación que se prologó durante el 2014, llegará a su punto más álgido a mediados de 2015, con la mediática renuncia de otro presidente de Conicyt: Francisco Brieva.

[1] “Protesta de científicos chilenos es portada de revistas ‘Nature’ y ‘Science’” disponible en http://www.lanacion.cl/noticias/tecnologia/ciencia/protesta-de-cientificos-chilenos-es-portada-de-revistas-nature-y-science/2015-11-17/181456.html), recuperado el 24/06/16; “Prestigiosa revista ´Nature´ recoge en portada la crisis científica en Chile disponible en http://www.elmostrador.cl/cultura/2015/11/17/impacto-internacional-prestigiosa-revista-nature-recoge-en-portada-la-crisis-cientifica-en-chile/, recuperado el 24/06/16.

[2] En la prensa: http://www.mascienciaparachile.cl/?p=3719, http://radio.uchile.cl/2012/09/11/conicyt-sera-traspasado-al-ministerio-de-economia-ante-el-rechazo-del-mundo-cientifico, http://www.cooperativa.cl/noticias/sociedad/ciencia/ministerio-de-economia-prepara-integracion-de-conicyt-a-su-cartera/2012-09-11/194122.html, recuperados el 24/06/16.

[3] Columna en El Dínamo, 25 de septiembre de 2012, César Hidalgo, físico chileno e investigador del MIT, párr. 8 y 11.

[4] “Los investigadores Pablo Astudillo y Carlos Blondel, miembros de “Más Ciencia para Chile”, criticaron en la curiosa composición de esa comisión que busca fomentar la ciencia dejando fuera de la discusión a los científicos. “De los 15 miembros de esa comisión 11 son economistas”, afirman Astudillo y Blondel” (CIPER, 2013)

[5] Ya desde antes de la renuncia de Aguilera ha habido una permanente inestabilidad en la presidencia de Conicyt. Así lo muestra el hecho de que presidente en la fecha de publicación de este trabajo (noviembre de 2016) Mario Hamuy, es el séptimo presidente de la institución en 10 años.

[6] “«Inhabilitados por Conicyt», una agrupación informal y coyuntural a este problema, contribuyó a visibilizar la crisis en redes sociales y la prensa.” (Orellana, 2016, párr.3)

Fotografía principal: El Quinto Poder.

Lee también La historia política reciente de la “Problemática científica en Chile” II

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Jorge Blake
Sociólogo y Magíster en Sociología de la Pontificia Universidad Católica. Está interesado en investigar sobre la crisis de la institucionalidad científica en Chile, explorando las complejas conexiones entre ciencia y política en los discursos de científicos e investigadores. Actualmente es profesor de "Sociología de la ciencia" en el Instituto de Sociología UC y consultor independiente en temas educacionales.

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