Lorena Valderrama

“La física fue inventada y construida por hombres, no por invitación“[1], declaró el físico italiano Alessandro Strumia en el marco de una charla en el Centro Europeo de Investigación Nuclear (CERN). En ésta, se pretendía discutir sobre igualdad de oportunidades en el área, pero Strumia negó públicamente que las mujeres fueran discriminadas en los entornos laborales y que, por el contrario, están recibiendo beneficios, al menos en el área de la física.

Su opinión indignó a la comunidad científica y sobre todo a las mujeres que se han visto histórica y sistemáticamente invisibilizadas, oprimidas y amenazadas de diferentes formas en sus entornos laborales, comunidades disciplinares y áreas científicas específicas. Indignó, porque las mujeres constituyen un tercio de la fuerza trabajadora en las áreas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemática [2].

Alessandro Strumia investigador de la Universidad de Pisa. Créditos: Thomas Lin/Simons, Science News.

Ésta es una situación de desventaja que viven las mujeres que no se debe pasar por alto a la hora de hacer balances y diseñar políticas al respecto.

No por nada de todos los Premios Nobel entregados desde 1901, sólo 49 mujeres han sido reconocidas; y de los 210 nobel de física sólo 3 han recaído en mujeres [3]. ¿Es que acaso Emmy Noether, Cecilia Payne-Gaposchkin, Lene Hau, Sandra Faber y Lise Meitner (entre muchas otras) no contribuyeron a la física de su tiempo?

“[Marie] Curie, etcétera, fueron bienvenidas después de mostrar de lo que eran capaces y ganaron el Nobel” [6], agregó el físico italiano en su presentación. Dentro de la visión de Strumia tanto mujeres y hombres son, y deberían ser, medidos por los méritos de sus contribuciones y sería el mérito de éstas lo que permitiría el acceso a determinadas comunidades disciplinares. 

Pero el discurso en torno al mérito, tan expandido en la sociedad neoliberal, esconde las desigualdades sociales estructurales, y valida los privilegios de quienes ostentan y han ostentado el poder en determinados entornos [4].

Las mujeres que trabajan y atienden a la familia tienen una doble carga mental y física, que no se puede desconocer. Además están entre otros aspectos: la brecha salarial, la ausencia de referentes femeninos y estímulos en el ámbito educativo que motive a las niñas a estudiar ciencias, los mensajes escritos y visuales de la industria cultural que sólo consideran a los hombres como contribuyentes al conocimiento científico, la dificultad que se les presenta para ser electas para determinados trabajos o como autoridades universitarias, los prejuicios que existen a la hora de evaluar proyectos científicos liderados por mujeres y que se les mida su productividad con el mismo criterio que a los hombres o bien considerando – erróneamente- que la carga de la maternidad termina con el postnatal.

Todas estas son barreras que se les ponen a las mujeres desde que son niñas y a las que se les suman prácticas propias de determinadas comunidades científicas.

Algunas no sólo han perpetuado la desigualdad y defendido los privilegios de algunos, sino que han escondido y normalizado situaciones de abuso y acoso sexual en entornos educativos y laborales.

Sí, me refiero a esa vergonzosa historia que tiene nuestra comunidad científica y que la movilización feminista universitaria nos enrostró: la existencia de prácticas laborales deleznables que permitían (y permiten) que hombres abusaran de mujeres que querían acceder, avanzar o mantener sus carreras profesionales, académicas y/o científicas [5]. Abusos que hemos visto no son sólo sexuales, sino que también consisten en el robo de ideas, proyectos, publicaciones y autoría por parte de algunos colegas, profesores o jefaturas que las amenazan, hostigan y persiguen.

Si no acceden a sus requerimientos: las evalúan negativamente, las cercan editorialmente, las desprestigian y calumnian, no las ascienden y no las premian. Tampoco las invitan: porque sí, aunque cueste creerlo, a la física como las demás ramas del conocimiento se accede también por invitación. Te invitan a formar de un proyecto, te invitan a formar parte de una comisión, te invitan a evaluar otros proyectos, te invitan a dar una conferencia, te invitan a publicar en un determinado dossier, te invitan a escribir para una prestigiosa editorial. Te invitan, nadie te obliga y rara vez postulas de manera abierta, pública y ciega a estas instancias que forman luego parte de tu creciente currículum y carrera científica y, que a la larga, permiten posicionarte en un determinado lugar y jerarquía dentro de tu comunidad académica. 

La invitación es parte esencial de la práctica científica, donde tienen mucho más que ver las redes que has tejido, que el mérito de tus ideas, trayectorias o investigaciones.

Así en la ciencia, como en muchas otras actividades sí importa – y mucho- quién eres, dónde has estudiado, quién fue tu mentor y si eres mujer u hombre. Este aspecto te sitúa en una posición u otra, este aspecto puede determinar el acceso, el ascenso y el avance en una carrera profesional y científica.

Estos aspectos también importan a la hora de evaluar y juzgar las contribuciones, de tomar decisiones, porque tanto las contribuciones como las decisiones sólo se pueden comprender y dimensionar en el marco de las trayectorias… y es en las trayectorias que recorremos y construimos donde las mujeres encontramos las más grandes barreras.

Por eso aunque tengamos las supuestas mismas “oportunidades” y los caminos estén supuestamente abiertos para todas, todos (y todes) no podemos aprovecharlas de igual manera. Estamos y hemos estado históricamente en situación de desventaja. De ahí que las políticas de género en C&T deban necesariamente considerar las brechas sociales entre hombres y mujeres que nos acompañan desde la niñez y a lo largo de toda nuestra vida.

¿Eso implica que algunos perderán privilegios y cuotas de poder que han ostentado sólo por su género? Esperamos que sí.

Referencias:

[1] https://www.bbc.com/mundo/noticias-45707202

[2] UNESCO Institute for Statistics (2018), Women in Science.

[3] https://www.bbc.com/mundo/noticias-45726259

[4] Michael Young (1961). The Rise of the Meritocracy, 1870-2033: An Essay on Education and Equality.

[5] https://www.latercera.com/nacional/noticia/acoso-sexual-investigan-132-casos-16-universidades/252893/

[6] https://www.theguardian.com/science/2018/oct/01/physics-was-built-by-men-cern-scientist-alessandro-strumia-remark-sparks-fury

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Lorena Valderrama
Doctora en Historia de la Ciencia y Comunicación Científica. Académica del Departamento de Periodismo de la Universidad Alberto Hurtado. Sus áreas de investigación son las relaciones entre tecnociencia y sociedad.

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