Los océanos cubren dos tercios de la superficie terrestre, tienen una biodiversidad que aún no terminamos de descubrir, son una fuente importante para la alimentación mundial, absorben una gran parte del CO2 que liberamos a la atmósfera, generan alrededor del 50% del oxígeno que respiramos, regulan la temperatura del planeta (absorben hasta el 93% del calor debido al efecto invernadero) y, por tanto, tienen un fuerte impacto en el clima. Además, pueden ser una importante fuente de energía renovable.

En fin, la vida en el planeta, y por añadidura, la humanidad depende de los océanos.

A pesar de su rol crucial a nivel global, al parece ser aún no tomamos conciencia de ello. Todos hemos escuchado acerca de los efectos de la pesca indiscriminada, la contaminación por compuestos orgánicos o las más de 30 millones de toneladas de plástico que botamos cada año al mar. Tal vez sean menos los que han oído hablar de la acidificación de los océanos y ni que hablar de la contaminación acústica, por mucho tiempo desestimada.

Barcos, helicópteros, sonares, granjas eólicas, perforaciones petroleras, etc. producen una contaminación acústica cada vez más importante, afectando a los animales marinos tanto en la superficie como en el fondo oceánico. Se culpa a este tipo de contaminación a la muerte de cetáceos por embolia, problemas de orientación, alimentación y comunicación. Y este problema no se remite solo a los mamíferos marinos, peces, cefalópodos e incluso medusas, entre otros, también se ven afectados.

Mientras la contaminación aumenta, no existen reglamentaciones claras al respecto.

Se requieren políticas locales y globales que consideren y protejan la biodiversidad. Una economía sustentable, debe considerar tanto a los ecosistemas terrestres como a los marinos. Y si lo del discurso “altruista” no te convence recuerda que, sin los océanos y su diversidad, tú, yo, nosotros y nuestros hijos no tendremos cabida en este planeta azul.

Virus Marinos

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