Lorena Díaz

Desde la leche baja en grasa con la que se prepara el café matutino para comenzar bien el día hasta la insulina sintética que toman los pacientes diabéticos como parte de su tratamiento, prácticamente todas las actividades cotidianas se han visto influidas -en su mayoría de manera positiva- por los avances en ciencia y tecnología. Sin embargo, el detalle de las investigaciones responsables de estos avances constituye una especie de cubo Rubik de máxima dificultad con el que no muchos se animan a jugar. Entonces, cuando se publican notas sobre ciencia en los medios de comunicación es de esperar que el nivel de entendimiento del trabajo científico que se comenta sea, lamentablemente, muy bajo. Pero, ¿quién es el responsable? ¿El “experto”, el periodista, la editorial, el lector, o todos los anteriores?

Las noticias sobre ciencia y las entrevistas a científicos suelen tener titulares del tipo “un grupo de personas muy inteligentes descubrió algo sumamente relevante”, seguidos de un intento de explicación cargado de una gran cantidad de nombres y conceptos que a nadie le resultan familiares, lo que no hace más que ratificar la complejidad del asunto.

Muchas veces el mensaje que se transmite es que es prácticamente imposible que quien lea el artículo o la entrevista logre entender realmente el resultado de la investigación o los alcances concretos del hallazgo, sin embargo, concluyen con frases como “es un avance que promete cambiar el curso de la historia como la conocemos”.

A pesar de que la situación en Chile ha mejorado considerablemente en cuanto a que ha aumentado la penetración de temas científicos en los medios de comunicación masivos, la calidad de la divulgación científica es considerada como “mala a regular” según un estudio publicado el año 2017 por un grupo de periodistas de chilenos y españoles[1].

En la misma línea, la encuesta de Percepción Social de la Ciencia y la Tecnología realizada por CONICYT en 2016 reveló que un 76,9% de los consultados se siente “poco o nada informado” acerca de ciencias, en total desconexión con el dato de que un 84,9% cree que el desarrollo científico-tecnológicoes beneficioso [2], reconociendo su importancia para el país.

Figura 1. Porcentaje de respuestas a la P6 de la Encuesta de Percepción Social de la Ciencia y la Tecnología 2016 de CONICYT sobre el nivel de información acerca de deportes, tecnología, policial y delictual, política, cine y teatro, y ciencia.

En la consulta de CONICYT un 51,3% de los encuestados califica su nivel de educación científica y técnica como “muy bajo o bajo”, lo que en sí ya constituye un terreno poco fértil para la comunicación científica. No es de sorprender entonces que, en el contexto de una sociedad con una formación científica débil como la chilena, la rápida proliferación y posterior consolidación de noticias falsas e ideas equivocadas haya resultado tan fácil.

Figura 2. Porcentaje de respuestas a la P26 de la Encuesta de Percepción Social de la Ciencia y la Tecnología 2016 de CONICYT sobre el nivel de educación científica y técnica recibido.

Por otro lado, hay una percepción bastante generalizada de que existe poca voluntad por parte de los científicos para hablar con periodistas y medios de comunicación acerca de su trabajo. Es entendible que cuando a un investigador que ha dedicado varios años de su vida a un cierto proyecto le piden sintetizar sus resultados “en pocas palabras y en lenguaje sencillo”, le resulte no sólo difícil, sino también un poco molesto. Esta complicación se suma al siempre presente temor a ser tergiversado y a luego encontrarse con titulares exagerados extraídos de sus dichos.

Un 80,6% de los investigadores consultados en el estudio publicado en 2017  considera que los periodistas emplean un “lenguaje insuficiente para lo que el público requiere”, mientras que un 27,3% señala no tener contacto con medios de comunicación o periodistas [1]. Sin embargo, si este público se siente poco culturizado con respecto a temáticas científicas, el uso de una terminología demasiado técnica o específica no se justifica.

Para evitar titulares como el de la humorada del comienzo de esta columna, el agente comunicador -que puede ser el científico, un divulgador o un periodista especializado- debe considerar algunos puntos importantes:

Primero, el nivel de conocimiento del público al cual está dirigido el mensaje, que se relaciona directamente con el tópico a tratar. En Chile, por ejemplo, las noticias de astronomía son un asunto más familiar para las personas en comparación con temas como la ingeniería genética o la clonación. Por esta razón, tanto el grado de comprensión como la complejidad del tema deben ser evaluados para determinar qué tan técnico debe ser el lenguaje y cuánto detalle es necesario incluir en el mensaje.

El fin último de la comunicación científica es facilitar el acercamiento de la ciencia a las personas que no la desarrollan como su actividad profesional -el mal llamado “público general” o “los no científicos”-, para lo cual el entendimiento en profundidad de los fundamentos científicos no es una obligación.

Segundo, e íntimamente relacionado con el primer punto, se debe evitar tratar al público como un estudiante -el propósito de la divulgación no es dar cátedra- o como un receptor completamente ignorante. Otro error es entregar el mensaje con la intención explícita de convencer al público de que está equivocado o de que su pensamiento es erróneo.

En tercer lugar, es importante que el comunicador tenga presente que, a través de su artículo o noticia, es imposible entregar toda la información referida a un proyecto de investigación científica o con respecto a un tema en particular. El deber del comunicador debiera ser incluir en el cuerpo de la noticia las herramientas necesarias para que cualquier interesado investigue por cuenta propia acerca del tema tratado, poniendo a disposición el nombre de los investigadores responsables, de las instituciones involucradas o de las publicaciones asociadas.

Partiendo desde la noción de que la ciencia es concebida como una disciplina relegada a una elite intelectual y cuya complejidad hace que se distancie de las personas, la comunicación de la ciencia aporta a los pilares sociales que son la educación y la cultura, y es por esta razón que su ejercicio no debe ser tomado a la ligera. En esta tarea es imprescindible la participación directa y el compromiso de los científicos, en conjunto con mantener un espíritu colaborativo entre científicos y agentes comunicadores, con la responsabilidad y el profesionalismo que ambos oficios exigen.

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Referencias:

[1] J Tabja Salgado, C Broitman Rojas, A Camiñas Hernández (2017). “Percepción de los científicos y periodistas sobre la divulgación de la ciencia y la tecnología en Chile”. Revista Latina de Comunicación Social, 72 pp. 1107 a 1130.

[2] Departamento de Estudios y Gestión Estratégica de la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica, CONICYT (2016). Resumen Ejecutivo Encuesta Nacional de Percepción Social de la Ciencia y Tecnología 2016. [disponible en http://www.conicyt.cl/wp-content/uploads/2014/07/resumen-ejecutivo-encuesta-nacional-de-percepcion-social_web.pdf]

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Lorena Díaz
Ingeniera en Biotecnología Molecular de la Universidad de Chile. Sus áreas de trabajo son células troncales, terapia celular y biomedicina.

2 Comentarios

  1. Muy buen articulo, que demuestra la realidad de la percepción de la ciencia y en donde creo que como científicos somos los primeros responsables por la falta de conocimiento o de interés de las personas en temas científicos, esto por que la gran mayoría. Como bien explica el texto, estamos fallando en comunicar lo que hacemos y en donde los científicos no tienen como prioridad comunicar ciencias si no mas que nada a hacer sus papers en donde el mismo sistema ha llevado a que solo en los laboratorios y gente entendida tenga acceso al conocimiento cuando el común de la gente, que son la mayoría , desconoce y no tiene las herramientas para saberlo. Finalmente mencionar que creo que hoy en día somos mas la gente que quiere comunicar pero siento que las condiciones de hoy en dia no apoyan mucho a esta práctica, por lo que lo hace más difícil. Por eso valoro este tipo de noticias y que se esten haciendo más iniciativas al respecto.

  2. Esto puede dar para una discusión, así que allá voy. En mi opinión para divulgar no tienes por qué ser un profesional ni un experto en un tema concreto, pero sí tienes que ser capaz de transmitir y utilizar un lenguaje que el público entienda. Generalmente la divulgación es el punto débil de casi cualquier disciplina.

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