Lorena Valderrama

Cuando los privilegios defendidos por las instituciones se cuestionan, inunda el miedo. Y como decía uno de los más grandes filósofos de todos los tiempos: “El miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio lleva al sufrimiento, el sufrimiento al lado oscuro” [1].

Hoy en día en nuestro país se están cuestionando los privilegios dentro de la academia: Universidades y centros de investigación han tenido que realizar sumarios, dar explicaciones públicas y comenzar a diseñar políticas de acoso y género específicas.

Cuando inunda el miedo a perder privilegios, cuando se están cuestionando las malas acciones de quienes tienen poder para hacer y deshacer, se pueden realizar genuinas reparaciones del mal actuar o combatir con todas las fuerzas a quienes nos cuestionan y desafían. Es decir, castigar a la persona que dice que no, castigar a quienes denuncian.

Incluso se puede excusar este castigo argumentando que está dentro de la normativa y que se hizo por el bien de la institución, pero estas usualmente son excusas desesperadas, vacías y que no se condicen con la realidad. Muchas veces los castigos se ejecutan por aleccionamiento, por amedrentamiento, por intereses propios. Porque a quienes ejercen poder les cuesta tolerar que otro -y sobretodo otra– les diga que no, los desobedezca, los ignore, los excluya, los exponga y/o los denuncie.

Galileo, por ejemplo, desobedeció a una de las instituciones más importantes de la época, pero tenía suficientes amigos en el clero como para que hicieran la vista gorda (el papa incluido). Lo que le hizo caer en desgracia, es que ofendió a los amigos en un momento de crisis institucional.

En una época en la cual las universidades y el quehacer científico estaban estrechamente vinculados a la Iglesia católica, Galileo desobedeció una orden y no se sometió al mandato de la autoridad en un momento crucial de miedo institucional: la reforma protestante avanzaba enfrentando a reinos por Europa y las cortes de Italia se disputaban el poder.

Por otro lado, en la academia, estudiosos de ciencias consideradas “inferiores” en la época (como las matemáticas y la astronomía)  disputaban los privilegios a teorizar que tenían los representantes de las más prestigiosas ciencias en ese entonces: La filosofía y la teología [2]. ¿Han visto un gato asustado y acorralado? Así mismo debe haber estado el Vaticano en ese entonces.  

Imagen del Juicio del Robo de las Tartas, tomado del libro Alicia en el país de las Maravillas.

Cuando quienes tienen poder se ven así de cercados y cuestionados, constituyen tribunales de cartón, donde se instituyen como juez y parte, así como en El País de Las Maravillas. En el Juicio del Robo de las Tartas que le toca presenciar a Alicia, se estaba culpando al Valet (el naipe del juego de cartas) de haber robado las tartas que la Reina de Corazones había hecho. El Rey era el juez y los testigos citados eran constantemente amenazados de muerte [3].

Me imagino que las dos académicas de la Universidad de O’Higgins -a quienes no se le renovó su contrato de trabajo- deben sentirse un poco como Alicia o al personaje enjuiciado en esa historia. Karina Bravo había denunciado hostigamiento por parte de sus superiores y Vania Figueroa había actuado como testigo durante la investigación sumaria.

Ambas doctoras cuentan con buenas evaluaciones docentes, son activas científicas defensoras de la equidad de género, reconocidas en sus áreas e investigadoras de proyectos científicos competitivos. Es más, una de ellas incluso participó en la acreditación de la carrera de medicina de la UOH y la otra se adjudicó en diciembre pasado un proyecto del Programa Atracción e Inserción de Capital Humano Avanzado de Conicyt, que se debería ejecutar hasta el año 2021.

Pese a ello, los mismos superiores denunciados en el sumario interno, al parecer, realizaron un “análisis de desempeño” y la Universidad decidió no renovarles el contrato [4]. ¿Cuáles son las verdaderas razones por las cuales se desvinculó a ambas académicas? Esa es la gran duda que tenemos como ciudadanas, ciudadanos y comunidad nacional de profesionales dedicados a construir conocimiento. Al ser la UOH una universidad estatal, si es que hubo algún incumplimiento en las funciones de las académicas, ello debería ser evaluado por una instancia oficial reglamentada bajo criterios públicos y conocidos, en igualdad de condiciones con sus pares. Por alguna razón, no se actuó de esa manera con la Dra. Bravo y la Dra. Figueroa.

¿Cuál es el bien superior de la institución que se intenta proteger cuando de manera arbitraria quien tiene el poder decide castigar a quien ha denunciado una mala práctica o una irregularidad?

Al igual que Alicia, cuando tras sus protestas durante el juicio el mismo Rey se puso a inventar reglas, normas y medidas para sacarla de la sala e incluso la Reina amenazó con cortarle la cabeza. De esta forma, da la impresión de que las académicas de la UOH han sido víctimas del abuso de poder, de quien haciendo uso de autoridad se hace juez y parte de procesos viciados, porque todas las pruebas (verídicas o no, razonables o no) fueron usadas en contra de quien ha denunciado, de quien no se ha sometido a callar y aceptar este abuso de poder.  

Imagen del video compartido por la RedDeInvestigadoras. Alumnas y alumnos del Inst. de salud de la Universidad de O’Higgins pronunciándose sobre desvinculación de las académicas.

No es posible que el sistema académico e investigativo en Chile permita estas situaciones. El caso de las doctoras  de O’Higgins, no es un hecho aislado. Lo de la UOH es un síntoma de cuánto abuso de poder hay en nuestras casas de estudios, espacios de investigación y la sociedad en general. Normas y concursos hechos a medida,  comités de evaluación poco transparentes, procesos en los cuales se cobran favores y se ejecutan represalias, desvinculaciones, ascensos, promociones, renovaciones y no-renovaciones cuestionables y poco éticas.

Acciones de este tipo son dañinas para la construcción de conocimiento y generan indignación social. Por ello, más de 800 personas ya han firmado la carta abierta de la Red de Investigadoras que denuncia esta situación y hace un llamado al debido proceso [5].

Hoy tenemos dos ministerios que reglamentarán gran parte de la praxis investigadora en el país: el  Ministerio Educación que regula a los establecimientos  donde se concentra la mayoría de profesionales abocados a estas tareas, y el nuevo Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, a cargo de estimular la investigación en el país.

Ambos ministerios regirán las condiciones de trabajo, el quehacer, la productividad y la medición de esta productividad de una gran cantidad de personas que hacen investigación en Chile. Es decir, liderarán y guiarán la forma en la cual trabajamos para construir conocimiento.

De poco nos servirá un ministerio y autoridades que provengan del mundo de las ciencias y conozcan de primera fuente este escenario profesional si no hay voluntad política y acciones concretas para disminuir la inequidad en todo su amplio espectro, de erradicar las situaciones de precariedad laboral y de eliminar el abuso de poder como modus operandi, del sometimiento de la comunidad de investigadoras e investigadores en nuestro país.

De poco servirá esta nueva institucionalidad, si permitimos que injusticias como las sufridas por Vania Figueroa y Karina Bravo se sigan repitiendo.

Referencias:

[1]  Yoda, La amenaza fantasma

[2] Sobre el tema se puede leer más en: ARTIGAS, M. ; WILLIAM, S. (2009), El caso Galileo. Mito y realidad, Madrid, Ediciones Encuentro; BELTRÁN MARÍ, A. (2006), Talento y Poder. Historia de las relaciones entre Galileo y la Iglesia Católica, Pamplona, Editorial Laetoli; BOWLER, P.; MORUS, I. (2007), Panorama General de La Ciencia Moderna, Barcelona, Editorial Crítica.

[3] DE MORAES GODOY, A.S. (2013): “Derecho y Literatura: El juicio del robo de las tartas y la justicia en Alicia en el País de las Maravillas”, en Revista europea de historia de las ideas políticas y de las instituciones públicas, 5: 13-21.

[4] https://www.emol.com/noticias/Nacional/2018/12/13/930632/La-primera-crisis-de-la-U-de-OHiggins-Estudiantes-protestan-por-desvinculacion-de-dos-academicas-de-la-Escuela-de-Salud.html

[5] https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLSe4LQ879LhsEj5lsn4JNz6eiKp5hUywVYO3flw4NIiSAiDZYw/viewform

Foto principal: El Desconcierto

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Lorena Valderrama
Académica de la U. Alberto Hurtado y Doctora en Historia de la Ciencia y Comunicación Científica. Sus áreas de investigación son las relaciones entre tecnociencia y sociedad. Escríbenos a contacto@chilecientífico.com

2 Comentarios

  1. En los dos últimos siglos, algunas mujeres han intentando romper el dominio masculino, que las controla, somete y condiciona en su forma de ser mujer…. pero, lamentablemente, como lo demuestra este artículo, el avance no ha sido mucho… El Estado, las instituciones, empresas y demás organizaciones, siguen imponiendo el criterio machista y punto. Pueden marchar, protestar, empelotarse o lo que sea para provocar la reacción del sistema, pero nadie les teme y todo sigue igual… No son consideradas como peligrosas para el modelo político, económico y social que tenemos… A los ojos del patriarcado solo son “pataletas y mañitas”, ya se les pasará… Creo, que mientras la mujer siga sometida, será imposible lograr CAMBIOS, concretos e innovadores en la sociedad humana… La dualidad Mujer y Hombre, indica que somos parte de un Todo, mucho más complejo, de lo que somos capaz de imaginar y comprender hoy. Más allá, de la Ciencia o las Religiones, la Mujer debe romper con todo lo que ha sido y buscar en lo más profundo de su Esencia, quién realmente “Es”. Si no logramos superar este desafío, seguirá imponiéndose “la soberbia humana místico religiosa, de creernos Hijos de Dios y que nos salvará…” Pero, los dinosaurios dicen otra cosa.

  2. Creo que va más allá de un tema de genero. Es un tema de poder, simple poder. Es algo que está en el alma de nuestro país. Cualquier institución de nuestro país que sea sometida a una investigación tendrá casos bastante similares. Nuestro problema es que los miembros que se ubican en las altas jerarquías de cualquier institución de nuestro país no tienen idea de tratar al prógimo, no son empáticos, tienen un complejo de superioridad abismante, son ciegos ante cualquier cosa que no se trate de ellos mismos o de los que son como ellos. El poder en Chile no necesita dar explicaciones a nadie y eso lo convierte en algo tremendente estúpido y peligrosamente ajeno a la humanidad.

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