Emilio Méndez

Hoy en día todos pueden decir fácilmente qué es la ciencia. La respuesta comienza con “es el estudio de la blablá blablá”. Sin embargo, suena lejana, distante y aburrida. Los invito a que hagamos ciencia y vean lo simple que es, cuando terminemos podrán escuchar las afirmaciones de una manera diferente.

Veamos, como ejemplo, un artículo muy comentado publicado en el mes de octubre de 2017 en la revista “Journal of Psychopharmacology”. Trabajemos paso a paso desde la información que circuló por Internet pero sin leer el artículo.

El titulo decía: “La Ciencia demostró que la cerveza ayuda a hablar otros idiomas”, hagamos el ejercicio científico a la inversa. La hipótesis de este estudio sería: “El consumo de cerveza favorece la comunicación en lenguas no maternas”.

El diseño experimental para validar esta hipótesis podría ser, reunir un grupo de personas que hablan un idioma foráneo en un nivel básico o intermedio (todos deben manejar exactamente el mismo nivel). Luego, dividimos el grupo en tres, un subgrupo bebe cerveza con alcohol, el segundo cerveza sin alcohol, y el último bebe agua. De esta manera podemos hacer una comparación valida entre los grupos (son iguales, lo único diferente es lo que beben). Finalmente, realizamos el experimento, les pedimos que conversen en la lengua extranjera.

Luego necesitamos convertir una conversación en algo que podamos medir, para esto un experto en lingüística analiza y cuantifica el rendimiento de cada conversación, entregando un valor de rendimiento, generando así los resultados de nuestro experimento. Mediante la estadística podemos saber si hay diferencias “reales” (no producto del azar) en el rendimiento de cada grupo.

Si nuestro primer grupo hablase mejor que los otros dos, la conclusión sería que el alcohol ayuda a hablar en otro idioma. En cambio, si los dos primeros grupos hablan mejor, la conclusión cambia, sería la cerveza ayuda a hablar en otro idioma. Por último, si no hay diferencia estadística significativa de mejora en ninguno de los tres grupos, se descarta la hipótesis planteada.

Ahora viene lo entretenido, las preguntas: ¿Cuánto debo tomar? ¿Qué marca de cerveza? ¿Eran mujeres y hombres? ¿Habrá sido la cerveza o el alcohol? La lista puede ser muy larga, pero si quedaron con preguntas del experimento están haciendo ciencia, se hacen preguntas validas que pueden ser sujetas a experimentación.

Esta forma de pensamiento es ciencia, por eso todas las ciencias tienen apellido, porque son esta forma de pensamiento aplicado a una rama de estudio.

 

Esto es una invitación a que piensen de una manera diferente y se pregunten cosas en sus trabajos, en la casa, viendo una serie o mientras van en la calle. Todos nacemos científicos y preguntamos cosas, porque no conocemos el mundo que nos rodea. No dejen de preguntar, y verán el mundo de una manera diferente.

Y por último, lamento informar que no era cerveza, sino vodka, la confusión apareció en los portales en español por confundir el comentario de un portal internacional el cual mencionaba que la cantidad ingerida de alcohol era “equivalente” a medio litro de cerveza, pero si este ejercicio fue útil, ustedes ya saben la diferencia.

Referencias:

Dutch courage? Effects of acute alcohol consumption on self-ratings and observer ratings of foreign language skills
Fritz Renner, Inge Kersbergen, Matt Field, Jessica Werthmann, Journal of Psychopharmacology Vol 32, Issue 1, pp. 116 – 122doi: 10.1177/0269881117735687

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Emilio Méndez
Doctor Biología Celular y Molecular PUC, Biólogo del Desarrollo por pasión, Aprendiz de escritor de Ciencia-Ficción. Escríbenos a contacto@chilecientífico.com