Este 22 de mayo se celebró el 25° aniversario de la entrada en vigencia del Convenio sobre la Diversidad Biológica que fue suscrito por Chile en 1995. Este documento tiene entre sus objetivos “la conservación de la diversidad biológica, la utilización sostenible de sus componentes y la participación justa y equitativa en los beneficios que se deriven de la utilización de los recursos genéticos” [1].

Gentileza de Moisés Gallo.

La elaboración de este documento ocurrió en un tiempo en que el desarrollo vertiginoso abrió paso a la época de las consecuencias ambientales, marcando un punto de inflexión en nuestro re-conocimiento de la naturaleza.

Por una parte, instaló el concepto de que el cuidado de la biodiversidad -entendida como la variedad de formas e interacciones entre los organismos vivos-, es esencial para el funcionamiento del planeta y de nuestra sobrevivencia. Por otra parte, generó un espacio para que nosotros, los ciudadanos, resignifiquemos el concepto de patrimonio biológico a partir de nuestra propia relación con el entorno.

Poner de manifiesto esta relación es complejo. Aún más complejo es tratar de explicar por qué el daño que causamos a la biodiversidad, puede volver a nosotros de forma amplificada.

Una buena herramienta para valorar los componentes tangibles e intangibles de la biodiversidad son los servicios ecosistémicos.

Éste concepto fue propuesto el año 2005 en la Evaluación de Ecosistemas del Milenio [2] y se refiere a los beneficios que obtenemos a partir de los componentes y procesos que ocurren en la naturaleza.

Existen cuatro categorías de servicios ecosistémicos. La primera corresponde al servicio ecosistémico de soporte, que engloba todos los procesos que favorecen la aparición de otros servicios. Por ejemplo, el océano almacena y aporta nutrientes a todos los organismos que habitan en él.

En segundo lugar, el servicio ecosistémico de regulación, que corresponde a todos los beneficios obtenidos a partir del ajuste de procesos, ya sean naturales o artificiales. Las dunas y los humedales costeros, por ejemplo, otorgan protección contra marejadas, mareas y tsunamis.

A su vez, el servicio de provisión se refiere a todos los productos tangibles que obtenemos de los ecosistemas, así como los pescados y los mariscos que podemos encontrar a la venta en una caleta o terminal pesquero.

Gentileza de Fabiola Orrego.

Finalmente, los servicios culturales se refieren al disfrute, el estudio o la contemplación espiritual que ocurre en estos ecosistemas. En este sentido, la caminata de una pareja por la playa, una expedición por los roqueríos de la costa para conocer las algas que la habitan, o el estudio de los residuos que se alojan en la arena, son ejemplos de este servicio.

Estas categorías se pueden aplicar a todos los ecosistemas, desde el desierto de Atacama hasta los campos de hielo sur. Y si bien es un concepto que sigue en desarrollo, nos permite efectaur un acercamiento consciente a la diversidad que nos rodea.

Este año, la celebración de la diversidad biológica se situó bajo el lema “celebrando 25 años de acción por la biodiversidad”. Esta frase busca reconocer los esfuerzos que cada país ha realizado para generar acuerdos en pro de la protección del patrimonio natural a nivel mundial. Pero esta época, quizá más que ninguna otra, nos invita también a reconocer aquellos que han defendido la biodiversidad desde el patio de sus casas hacia sus pueblos y regiones.

Personas como Berta Cáceres, líder indígena y activista ambiental hondureña que fue brutalmente asesinada por enfrentarse a la construcción de una central hidroeléctrica en el río Gualcarque, considerado sagrado por los indígenas de la zona [3]. Personas como Macarena Valdés, que junto a su familia cambió Santiago por la comunidad mapuche de Tranguil, en Panguipulli. En este lugar, rodeado bosques y ríos, apareció muerta un día después de que trabajadores de una mini central hidroeléctrica trataron de desalojarla en medio de amenazas [4].

Personas como Berta y Macarena murieron por su profundo cariño a la naturaleza y la valoración de todos los beneficios que entrega no solo a nuestras comunidades, sino que a todos los que habitamos el planeta. Y así como ellas, muchos otros serán los que llevan y llevarán la voz del amor por su tierra -nuestra tierra- más allá de las fronteras marcadas por montañas y océanos.

Voces que más que nunca, nos invitan a observar nuestro entorno y aprender que la biodiversidad que existe en nuestro planeta es tan nuestra como de cada organismo que la habita, y que es nuestro deber fomentar su cuidado.

 

Referencias:

[1] https://www.cbd.int/idb/2018/

[2] https://www.millenniumassessment.org/documents/document.356.aspx.pdf

[3] http://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/04/150423_honduras_berta_caceres_am

[4] http://www.mapuexpress.org/?p=15619

Fuente: Fabiola Orrego, Bióloga y estudiante de doctorado en Ciencias de la Agricultura, PUC, y Moisés Gallo, Licenciado en Biología Marina y estudiante de doctorado en Conservación y Gestión de la Biodiversidad, UST.

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