Lorena Díaz

Desde su creación el año 2008, el programa Becas Chile ha beneficiado a cerca de 6000 becarios, financiando sus estudios de postgrado en el extranjero, en las áreas de ciencias naturales, ciencias sociales, ingeniería y tecnología. Una de las críticas más potentes que ha recibido Becas Chile es sobre la problemática de la re-inserción al mercado laboral de los profesionales que retornan de sus estudios de magíster, doctorado y postdoctorado.El regreso a Chile para “retribuir la inversión del Estado” pretende asegurar que las capacidades adquiridas por los profesionales sean capitalizadas en el crecimiento del país.

Sin embargo, son demasiadas las historias de investigadores que, luego de no encontrar trabajo en el tiempo de retribución exigido por el programa, aceptan ofertas laborales en el extranjero y dejan el país con una sensación de fracaso amargo. Y este fracaso no es individual, es un fracaso que debe absorber el sistema mismo de Becas Chile y su institución, Conicyt.

Actualmente, el criterio de asignación de becas se basa en el perfil del postulante y en las características del programa y universidad a los que aplica. Siendo estos los dos únicos filtros de selección, el proceso de asignación ha sido calificado como de “libre demanda” y no ha tenido los mejores resultados en cuanto a la re-incorporación de postgraduados de Becas Chile al mundo laboral. Es por ello que el Consejo de Conicyt decidió modificar el programa y, desde el año 2018, focalizar sus recursos en áreas estratégicas de interés prioritario para el país, según anunció el presidente del Consejo y asesor científico de la Presidencia, Dr. Mario Hamuy a fines del mes de julio.

Áreas Prioritarias

Estas áreas prioritarias están siendo evaluadas por el Consejo de Conicyt, en conjunto con representantes de la academia científica, de los sectores productivos y de la sociedad civil, según informaron mediante un comunicado al diario El Mercurio. La idea es que se definan áreas disciplinarias “en donde el país requiera desarrollar nuevos talentos y fomentar la formación de capital humano avanzado” dicta el comunicado.

Esta medida apunta a que la entrega de financiamiento para estudios de postgrado en el extranjero sea más responsable y prudente, mejorando las condiciones de re-inserción de investigadores y fortaleciendo los programas de postgrado nacionales. La definición de áreas disciplinarias estratégicas a nivel país es, sin duda, una idea excelente y positiva. No obstante, genera variados cuestionamientos: en la discusión sobre la selección de áreas prioritarias para el país, ¿primarán los criterios económicos y productivos por sobre las necesidades de desarrollo científico? Segundo, ¿los resultados serán evaluados de manera periódica y sujetos al color político del gobierno de turno? Y, por último, aunque no menos importante, ¿qué lugar tendrá esta lista de áreas estratégicas en el nuevo Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI)?

Si entendemos “área estratégica” relativa a las necesidades de progreso del país, con un alto potencial de desarrollo científico en base a sus características geográficas y de recursos humanos, existe un consenso tácito dentro de la comunidad científica sobre temas como la exploración antártica, la innovación en minería, ciencias forestales y recursos marinos, el impulso de las energías renovables, el desarrollo de la astronomía, la modernización de la salud pública, el mejoramiento de la educación y cultura científica, entre otros que han sido propuestos también por el Consejo Nacional de Innovación para el Desarrollo (CNID). El desafío para el comité encargado de definir las áreas estratégicas para esta nueva etapa de Becas Chile es, entonces, conciliar la postura del gremio científico con los objetivos de productividad y crecimiento planteados por el sector empresarial. Actualmente, las empresas no consideran necesaria la contratación de investigadores con estudios de postgrado, menos cuando su formación está basada en la investigación en ciencia básica, por lo cual la tarea de concertar los intereses de ambas partes es de vital relevancia.

Una vez seleccionadas las áreas estratégicas, es necesario que, en un régimen anual o de mayor duración, estas sean sometidas a una evaluación en cuanto a su pertinencia a la lista de áreas prioritarias para el país. Esta evaluación debiera contemplar no sólo los resultados de empleabilidad de los postgrados y el crecimiento económico del país, sino también el escenario global de la investigación científica, y los avances en materia de ciencia y tecnología alrededor del mundo.

Tanto la definición de las áreas estratégicas, como la evaluación propuesta, no pueden depender de la tendencia política del gobierno de momento. De ser así, estaríamos perpetuando la inestabilidad de la labor científica en nuestro país. Por esta razón, el nuevo Ministerio, como ente autónomo, debiera incluir el listado de áreas estratégicas para la asignación de Becas Chile como un elemento inamovible dentro de su constitución fundamental, de manera tal que las prioridades respecto a la especialización de profesionales en CTI no cambien cada cuatro años en función de la ideología política del nuevo mandatario.

La decisión de focalizar y organizar los recursos entregados por Becas Chile ha sido aplaudida por los investigadores de postgrado, organizados en la Asociación Nacional de Investigadores de Postgrado (ANIP), por la Academia Chilena de Ciencias y por las vicerrectorías de innovación de diferentes universidades.

Ahora sólo queda esperar a que la lista de áreas estratégicas sea publicada con la argumentación correspondiente, y ver cómo afecta esta medida al proceso de postulación 2018.

Lorena Díaz
Ingeniera en Biotecnología Molecular de la Universidad de Chile. Sus áreas de trabajo son células troncales, terapia celular y biomedicina.

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