Macarena Echeverría

Partamos con algo de historia. Desde tiempos inmemoriales ha existido una guerra en la tierra entre los seres humanos y las bacterias, estos organismos unicelulares microscópicos son relativamente sencillos si se comparan con nosotros. Las bacterias nos requieren para su desarrollo mientras que nosotros no las queremos.

Aquí entra el primer punto, ¿todas las bacterias pelean para su ejército? La respuesta es no, algunas bacterias ya se pasaron a nuestro lado. Por ejemplo, solo en nuestro intestino contamos con más de un kilo de bacterias, las que nos aportan desde diversos sentidos: generan componentes benéficos, degradan los alimentos que nosotros por sí solos no podríamos, y nos aligeran en al menos un kilo a todos. Estas bacterias, nuestras aliadas, son benéficas. Claramente algunas siguen fiel a su causa formando parte de las filas del enemigo, estas son las bacterias patógenas. No conforme con no estar de nuestro lado nos atacan, producen enfermedades y en el peor de los casos la muerte.

Es contra estas bacterias patógenas donde todas las fuerzas se han centrado desde el inicio de la microbiología. Hace muchos años surgieron nuestras primeras y más feroces armas, los antibióticos, y como todas las grandes cosas de la vida su descubrimiento fue una maravillosa casualidad.

Una tarde, el científico inglés Alexander Fleming estudiaba cultivos bacterianos en su laboratorio y como todos nosotros se quiso ir temprano a casa, por lo mismo dejó olvidadas todas sus placas sobre la mesa. Al regresar al trabajo al día siguiente, notó que en las placas donde crecía el hongo que produce la penicilina (Penicillium chrysogenum) no había bacterias, descubriendo, por casualidad, el primer componente capaz de matarlas. Por lo mismo padres, no reten a sus hijos si no limpian bien su pieza, ¡quizás tengamos otra feliz casualidad!

El olvidadizo Fleming exhibiendo la contaminación de su placa por un hongo

Las bacterias se dispusieron a contraatacar y lo hicieron con su herramienta más poderosa: su alta tasa de crecimiento y mutaciones, es decir, las bacterias evolucionan para evitar su muerte. Cuando uno lee o escucha mutaciones, generalmente lo asocia a enfermedades letales y malformaciones, cambiemos este paradigma. Para que un antibiótico sea efectivo debe atacar un componente específico bacteriano que los humanos no tengamos, claramente no queremos pasarnos a llevar en esta pelea.

Las bacterias, al crecer tan rápido y generar múltiples mutaciones, van cambiando estos componentes haciendo cada vez más difícil el actuar de nuestros antibióticos. Por lo tanto, esas son mutaciones benéficas. Y para que veamos que somos más parecidos de lo que creemos, nosotros también presentamos diversas mutaciones que no afectan en nada nuestro funcionamiento y a veces incluso lo mejoran.

Las bacterias crecen muy rápido

Hasta ahora parece que la batalla está siendo ganada por las bacterias, y déjenme decirles que es efectivamente así. Estudios indican que dentro de aproximadamente 8 años, todos los antibióticos que disponemos quedarán obsoletos [1]. Si, esto significa que estaremos expuestos e indefensos a todas las bacterias que nos quieran atacar.

¿Tenemos culpa en esta pelea? Claro que sí. El uso indiscriminado de antibióticos es el que ha disminuido tan drásticamente los años que nos quedan disponibles utilizándolos. Entendamos el por qué de esta situación.

Las bacterias viven en comunidad, cuando usamos antibióticos es probable que no muera toda la comunidad, sino que la mayoría. Las que quedan vivas ven lo que ocurrió y cómo ocurrió, es como si el antibiótico fuera un mapa y solo algunas pueden leerlo. Luego de leerlo lo memorizan y le van entregando esta información a toda su descendencia hasta que todas ellas lograron memorizar cómo actuar para no morir frente a este antibiótico.

Así, estimados humanos, nosotros le estamos dando las herramientas a las bacterias para sobrevivir. Existen infinitos grupos de científicos realizando esfuerzos para encontrar nuevas herramientas, nuevas direcciones para eliminar las bacterias pero esta es una batalla en que todos formamos parte.

Si no queremos repetir los errores del pasado debemos aprender a utilizar con sensatez y cuidado los antibióticos o nuevos componentes antibacterianos que se vayan desarrollando. No hay que bajar la guardia, nos quedan pocos años pero si trabajamos en conjunto podemos utilizar las herramientas que se nos entreguen por los siglos de los siglos y quién sabe si algún día podamos ganar la batalla final. Espero que así sea.

  1. https://www.nature.com/articles/nrmicro.2017.75

Imagen: Expansion.com

 

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3 Comentarios

  1. Que gran artículo. Muy bien redactado y ejmplificado. Caemos muchas veces en la irresponsabilidad de consumir antibióticos hasta sin prescripción si saber el daño que nos estamos haciendo. Esperemos que las investigaciones avancen a miras de un futuro mejor. Felicidades a la autora del artículo

  2. Muchas gracias Miguel, me alegra mucho que te haya gustado el artículo y de tu visión sobre el consumo irresponsable. Saludos

  3. Una exposición sobre el estudio inicial de genes de la persona enferma, antes de aplicar antibióticos, me pareció muy interesante.
    Agradezco toda información sobre el tema que Usted domina.

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